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BELDADES Y MENTIRAS DE GADAFI

Rodeado de sus beldades, vocifera, desafía, miente. Y la voz telúrica en la tribuna es el canto del cisne.

COLOMBIA: UN PAÍS MINADO POR EL DESPOJO MINERO

En un país en donde nunca estamos sentados a la mesa ni para lo nuestro, no hay otra opción: Terminamos haciendo parte del menú.

REMESAS Y POBREZA EN COLOMBIA: UNA RELACIÓN EVIDENTE

Según previsiones actuales, se recuperarán niveles anteriores de remesas desde el extranjero sólo a partir de 2012 o 2013.

COLOMBIA AFRONTA EL CRECIMIENTO DEL PARAMILITARISMO

La estructura del paramilitarismo se redujo en algunas regiones del país, pero en otras permaneció intacta o hasta creció. .

ENFERMEDADES 'LEVES' QUE MATAN EN COLOMBIA

Los pacientes con diagnóstico de alguna enfermedad prevenible terminan en una gran tragedia personal y familiar, requiriendo cuidados médicos que las entidades designadas no prestan efectivamente.

martes, 17 de noviembre de 2009

Piratas, espejitos y oro

Por: José Félix Rivas Alvarado (*)

Cuando existía la réplica de la nao Santa María en el ahora Parque Miranda, mis dos hijos se acostumbraron a ver el “Barco del Pirata”. Luego, más adelante, cuando descubrían en el colegio que su padre le había dado una versión diferente a la historia oficial, tenía que encargarme de explicar mis argumentos. Era una excelente oportunidad para la educación de la resistencia.

1492. En ese momento histórico, desde los desconocidos ojos europeos, fuimos un accidente. Los corsarios, buscando otra dirección llegaron a estas tierras. Entre la planificación y el azar nuestro devenir se ha ido tejiendo; entre pólvora, epidemias, sangre y misas en latín.


Europa se sacó la lotería cuando, por equivocación, nos encontró. El desarrollo del capitalismo en su territorio no hubiese dado el salto cualitativo sin el aporte de éste continente. Nos insertamos de este modo en el proceso de acumulación capitalista, suministramos el oro (que en ese momento también era dinero), alimentos, minerales metálicos y una serie de productos primarios que permitieron una expansión inédita del régimen del capital.

De ahí se estableció una “condición de dependencia” entre la periferia del sistema capitalista mundial y sus centros de acumulación, En esta historia, nosotros nos convertimos en economías principalmente primario-exportadoras de productos que servían para alimentar a las poblaciones europeas y posteriormente, con la Revolución Industrial, de metales para construir las máquinas, los transportes y las vías de comunicación necesarios para ese explosivo proceso productivo. Pero al mismo tiempo, se conformó en nuestras fronteras una estructura importadora de los bienes finales provenientes de los centros.

Desde esos tiempos, cuando se forjan las cadenas de dominación y dependencia, hasta ahora han transcurrido otras fases del desarrollo del sistema capitalista mundial. Comprender estos condicionantes históricos es fundamental para la construcción de alternativas. Los problemas a enfrentar a través de las políticas económicas tienen sus raíces hundidas en esta historia. Empecemos por explicar por qué somos exportadores de acero y no podemos fabricar un tractor o una rastra, menos un avión o un barco.

Caracas, 16 de Octubre de 2009.


PIRATAS, ESPEJITOS Y ORO (II)

En el pasado artículo finalizamos con una pregunta ¿Por qué siendo productores de acero, de hierro y de aluminio, no llegamos a fabricar un tractor o una rastra, bienes de capital y equipos necesarios para ampliar nuestra producción agrícola y, de esa forma, disminuir la vulnerabilidad alimentaria? ¿Por qué teniendo una industria petroquímica, los cascos de seguridad que utilizan los obreros en Guayana son made in Italy? Responder estas preguntas nos lleva a reconocer lo que pensadores latinoamericanos como Celso Furtado o Ruy Mario Marini, llamaron “condición de dependencia”.

Desde la colonia hasta la fecha seguimos enganchados en una división internacional del trabajo que nos condena a ser vendedores de materias primas y compradores de manufacturas. Nuestro petróleo ha permitido desarrollar la industria de las economías mundiales. Las calles de Nueva York y otras ciudades usamericanas se pavimentaron con el asfalto de nuestro oriente. Somos importadores de cacerolas o de tuberías fabricadas con materias primas que exportamos o que exportan otros países que están atados en la misma condición. El oro que sale de nuestras grandes reservas, localizadas en el sur de nuestro territorio, es succionado por las venas abiertas legales e ilegales.

Las estrategias de desarrollo llevadas a cabo por la democracia burguesa validaron estas cadenas de dependencia y dominación. El megaproyecto de inversión de Guayana estuvo orientado por esta racionalidad dependiente y bajo la tutela de los dominadores. Su diseño, expresado en su escala productiva, siempre estuvo dirigido a fortalecer las cadenas de valorización de las grandes empresas trasnacionales. Es así que heredamos una CVG orientada a un desarrollo exógeno y, por tanto, desarticulada del resto del aparato productivo nacional.

En la IV República, nuestros sectores dominantes locales, en santa alianza con el capital trasnacional, apoyaron un camino que fortalecía la dependencia. En los años 70 la bonanza petrolera permitió continuar el financiamiento del subdesarrollo. La deuda externa no sólo continuó financiando este modelo capitalista dependiente sino que nos inició en la nueva forma de sujeción: la dependencia con el capital financiero. Situación paradójica por demás, en un país cuya condición petrolera le garantizaba una cuantiosa renta. Desde los años setenta no sólo exportamos materias primas, sino que empezamos a exportar renta petrolera a través de la deuda externa.

En los próximos artículos continuaremos esta reflexión sobre cómo, después de tantos años, seguimos vendiendo oro por espejitos y por espejismos.

Caracas 28 de Octubre de 2009.


PIRATAS, ESPEJITOS Y ORO (III)

Algunas personas, de forma ingenua, llegaron a pensar que el proyecto de la Corporación Venezolana de Guayana (CVG) en algún momento estaba orientado, desde su concepción hasta sus mejores tiempos, al “desarrollo nacional”. En otros casos, esta convicción era consecuencia de la identificación con enfoques teóricos que justifican este tipo de megaproyectos, especialmente el enfoque que inició su moda desde finales de los años 40 y mediados de los 50, me refiero a la visión de desarrollo promovida por la teoría del crecimiento neoclásica, entre cuyos más destacados teóricos destacan Robert Solow, Walt Rostow y Rosenstein-Rodan. Considerando de dónde vino el conocimiento que inspiró estos experimentos de industrialización en nuestra tierras, ya se puede asegurar que la historia empezó mal, con un “pecado original”, al ser calco y copia de las visiones nacidas en las realidades del capitalismo central. La aplicación mecánica de concepciones nacidas bajo la experiencia del capitalismo en los centros, es producto de lo que se ha denominado la colonización cultural, y expresa una condición de vasallaje y rastacuerismo de parte de nuestras élites pensantes.

Ciertamente, no podemos obviar que, en algunas actividades intermedias y de fabricación de bienes finales, se sintió la tremenda ventaja que era disponer de una gran capacidad para la producción siderúrgica y de aluminio. Muchas medianas y grandes industrias se apoyaron en el tremendo subsidio que le proporcionaba esta condición afortunada de vivir en un país con abundancia de materias primas industriales, recursos que transformados en flujos financieros alimentaron un inmenso poder regional bautizado con la condición de “zarismo de la CVG”. Igualmente, la CVG ha llegado a proveer el 70% de la energía eléctrica que consume el país, dado su inmenso potencial hidroeléctrico. Energía muy barata, si lo vemos en términos de los costos de producción, pero que servía para apuntalar la acumulación de capital principalmente en el exterior y residualmente en el interior de nuestra economía.

Sin embargo, la relación predominante en el modelo promovido por este proyecto, era la de articularse con las cadenas de valorización de los principales protagonistas del proceso de acumulación a escala mundial: las grandes empresas trasnacionales (ETNs). Considerando esta condición de dependencia, somos productores y exportadores de materias primas industriales baratas, al mismo tiempo que suministramos energía barata al exterior. Nuestra industria básica era, y es básica, para apoyar el proceso de acumulación y de crecimiento de las economías beneficiadas por la actividad de las trasnacionales, las economías centrales. En ese momento es cuando comprendemos, que estos “polos de desarrollo” sí fueron diseñadas para promover el desarrollo, pero el desarrollo de ellos, los del Norte, tal como lo señaló en el caso venezolano el desaparecido profesor Max Flores Díaz.

Esto significa que, por defecto, estos procesos no promueven el desarrollo tal como creen algunos desarrollistas ingenuos o como creen los feligreses del paradigma neoclásico que reduce la noción de desarrollo a la de crecimiento. Estos procesos se concibieron realmente para promover el subdesarrollo y la dependencia. La CVG es un ejemplo, por demás muy pedagógico por ser ilustrativo, casi caricaturesco. Promovieron y promueven el desarrollo de ellos y el subdesarrollo de nosotros, porque tal como lo señalaron Gunder Frank, Mauro Marini, Armando Córdova, y Furtado entre otros de nuestros pensadores: la historia de ellos y la de nosotros forma parte de una misma trama.

Para comprender la conformación de nuestra estructura productiva en el último siglo, tenemos que comprender nuestra inserción en un proceso más amplio como la conformación del Sistema Capitalista Mundial.

Caracas, 06 de Noviembre de 2009.


(*) José Félix Rivas Alvarado es economista, actual director del Banco Central de Venezuela. Ex viceministro de Planificación y Desarrollo económico. Magíster Scientiarum en Desarrollo Económico en el Cendes. Profesor de economía y macroeconomía de los más importantes institutos y universidades venezolanos. Estos artículos han sido publicados en el diario "El Correo del Orinoco", de Venezuela, y cedidos por su autor.

sábado, 18 de julio de 2009

El cuento viejo de las nuevas bases militares estadounidenses en Colombia

Un atentado a la soberanía y la estabilidad regionales

Por: Juan Alberto Sánchez Marín

Durante 2005, según cálculos oficiales, el alto mando militar tenía desplegados en las bases estadounidenses en el exterior 196 mil soldados, otro tanto de empleados y funcionarios civiles del Departamento de Defensa y 81 mil trabajadores extranjeros contratados.


Dice la Wikipedia, enciclopedia libre de la red, que le dio en la cabeza a un Artrópodo como Microsoft y le sacó de circulación su Encarta, que “una base militar es una instalación que es propiedad directa y operada por y/o para el ejército o una de sus ramas. En su mayoría acogen material y personal militar, así como instalaciones para entrenamiento y operaciones”.

Dice el gobierno colombiano, que ni es libre ni mucho menos tiene apuntes enciclopédicos, sobre las bases militares gringas, que de labios para afuera se instalarán pronto en el país y que corazón adentro ya están operando hace años y a sus anchas, dice que estas serán más bien centros de intercambio, formación, cooperación, en fin, cosas amables y beneficiosas que lo extraño es que no hayan sido reconocidas antes y que un gobierno abiertamente sagaz haya tardado dos mandatos para acogerlas en su seno.

Pero la realidad, ay, es otra y bien distinta. Si a la enciclopedia no se le puede creer todo, ni siquiera mucho, a la verborrea subrepticia y culebrera del gobierno hay que creerle menos, o, mejor aún, nada. Por supuesto, la Wikipedia está en lo cierto. Y, también por supuesto, el gobierno no está errado ni es engañado: sólo nos mete los dedos a la boca.

Palabras, sólo palabras

William Brownfield, el embajador de los Estados Unidos, un tejano de pura cepa, que exuda por cada poro la misma patética moral de su anterior jefe, George, a la que se afilia a pasos agigantados el actual, Barak, porque nunca ha tenido otra, dijo hace pocos meses que "Colombia y Estados Unidos estamos colaborando en los esfuerzos contra la droga ilícita, en los esfuerzos contra la delincuencia internacional”. Y, claro, “parte de esa colaboración, sin duda ninguna, requiere acceso a instalaciones entre los dos países y requiere un ajuste".

Ya quisiera yo ver, en medio de tanta reciprocidad, a algún militar colombiano en territorio estadounidense, abriendo la boca para algo más que bostezar. Así fuera en cualquier cenáculo de cortapalos y así fuera para pedir que lo manden de sapo al frente afgano o al iraquí, o a los altos del Golám, “a morir por mis amigos”.

Ahora Brownfield, el pequeño guerrero, egresado del National War College (NWC), una especie de lobanillo en la National Defense University, quien de paso también fue asesor político, entre 1989 y 1990, del Comandante en Jefe del U.S. Southern Command, Comando Sur, en Panamá, insiste en que las bases en Colombia no serán bases, y en todo caso y si por algún azar lo fueran tampoco serán como la Eloy Alfaro de Manta. Así que parece que el desmantelamiento de la base aérea ecuatoriana en los mismo días en los que se anuncia que lo que sea que se monte “para entrenamiento y operaciones” en el país, es mera coincidencia.

Y sostiene el embajador, con un acento de western y un tartamudeo calculados, que lo hacen parecer cándido cuando en verdad es insolente a más no poder, que se trata de una colaboración en la que a los Estados Unidos no sólo van a servirles las bases aéreas, sino también las navales. Que todas les son necesarias a su país para tanquear aviones y barcos, helicópteros y lanchas, en fin.

La misma pavada que ya canturreaba hace meses nuestro actual ministro de Defensa encargado, Freddy Padilla, cuando afirmaba que “una de las funciones que podría asumir Colombia, tras la salida de Estados Unidos de Manta, podría consistir en prestar instalaciones militares para que los aviones americanos se puedan reabastecer y recibir mantenimiento técnico, para evitar que tengan que viajar hasta su país y recibir la misma ayuda que se le puede brindar en Colombia”.

La única diferencia es que nuestro general hablaba de los hechos como dudosos, posibles, quizás deseables, es decir, con los verbos en un modo subjuntivo y en un tiempo digamos que imperfecto, en tanto que el embajador, dando la cara con la impunidad que le otorga ser quien es, en emisión de noticias de televisión del 18 de julio de 2009, lo refería como un hecho no sólo cotidiano, ya en ejercicio, sino como una práctica vieja, sin importancia de lo acostumbrada, o sea, soltando revelaciones en un pretérito perfecto simple del indicativo.

Un tris de memoria

Es una vieja historia la de las bases militares. Los romanos dejaban legiones enteras en las distintas rutas de sus avanzadas coloniales. Esas bases eran la manera obvia de garantizar la sujeción de los territorios conquistados y ocupados. Muy al oriente, unos siglos atrás, Gengis Khan había hecho lo mismo, para hacer posible la cohesión de las miles de tribus que conformaban la colcha de retazos de su imperio. Y España, en su momento, cuando la conquista, atiborró de bases la geografía del Nuevo Mundo. Los hijos de Cristóbal Colón, Diego y Fernando, fueron expertos en el tema. Asesores perfectos aún sin Pentágono. Y España las mantuvo y reforzó durante la colonia, no solo para cuidar las entrañas, sino para defenderse de las bases móviles inglesas y francesas, pioneros como se sabe en las ardides usurpadoras de nuestros tiempos.

Las bases militares son algo consustancial a los afanes imperiales. Ellas permiten mantener bajo control a los pueblos sometidos, sofocar voces y fuegos contrariados, mantener a buen recaudo las riquezas conquistadas, y actuar pronto y a discreción contra cualquier ruido en el sistema.

Estados Unidos, el imperio que en desventura nos toco, ha echado mano de la estratagema desde que es imperio. No le han bastado las incesantes invasiones. En realidad, esas son sólo la fase inicial del cuento. La invasión, el acuerdo, la concesión, por la guerra o por la paz, por presiones, chantaje o voluntad interesada y entreguista de las élites ungidas con el poder local, abren la puerta. Las bases garantizan al gringo adentro.

El Canal de Panamá, desde su inauguración, hasta la entrada en vigencia de los tratados Torrijos – Carter, fue una base militar con canal. Después de eso, no se sabe a ciencia cierta lo que es, pero sí claramente que Panamá érase que se es un pequeño país a un canal pegado. Y la plataforma ahí, más trancada, menos visible, por la que vuelan y revuelan los mismos de antes, aunque ahora el cuartel central del Comando atienda en Miami.

Los Estados Unidos convalidaron internacionalmente el régimen franquista, que tantos devaneos tuvo con la Alemania nazi y la Italia fascista, a punta de bases militares, por la gracia de un tratado oscuro y oculto que todavía no se devela por entero y que facultaba a los Estados Unidos para operarlas con total impunidad. Una aquiescencia costosa, que el país ibérico, ya sin Paco y más de cincuenta años después, sigue pagando por cuotas y a punta de bases estadounidenses autónomas, en un país al que tanto le seducen las autonomías.

Pero no se trata sólo de España. Toda Europa fue minada de bases militares por los Estados Unidos y la OTAN, desde la guerra fría, con el pretexto de hacerle frente a una supuesta e inminente agresión de la Unión Soviética, la cual, claro está, nunca llegó, pero que dejó un cinturón de bases de norte a sur y de este a oeste, la mayor parte de las cuales continúa operativa.

William Brownsfield, embajador de los Estados Unidos en Colombia, fue antes embajador en Venezuela, donde contribuyó a aumentar el clima de tensión entre los dos países, con sus actitudes provocadoras y sus comentarios malintencionados sobre la nacionalización de empresas adelantada por el presidente Hugo Chávez.


Ratones cuidando el queso

América Latina, desde el punto de vista geopolítico, significa para los Estados Unidos exactamente el papel que sus gobiernos le han endilgado con desprecio, desde Harry Truman para acá: el de patio trasero, en el que están los recursos, las reservas, la despensa.

Las bases estadounidense, también por esas casualidades que ya notamos, rodean la Amazonía, pacen junto al Acuífero Guaraní, florecen en las rutas comerciales más importantes, engordan en los lugares estratégicos y acechan como águilas a los gobiernos que no son amigos, que les producen malestar o que causan inestabilidad para sus propósitos, que son todos los de la región, con excepción de Felipe Calderón, en México, Alan García, en Perú, y, quién lo duda, Álvaro Uribe, en Colombia, y no más de 2 o 3 lacayos vergonzantes, en un mapa que suma 36 países.

Algunas de estas bases no tienen límites al número del personal de los Estados Unidos en ellas; le ofrecen acceso a puertos, espacio aéreo e instalaciones de los gobiernos no especificadas consideradas pertinentes; siempre buscan enraizarse, apropiarse, perpetuarse y expandirse en los lugares en los que se instalan; no son transparentes ni están sujetas a fiscalización, y muchas no son cobijadas por las leyes del país en el que están, ni siquiera por las de los propios Estados Unidos o por las leyes internacionales. Todas son un atentado flagrante a la soberanía del país anfitrión, burlando constituciones y llevando a cabo toda clase de funciones soterradas, a parte de las netamente militares, en los terrenos ideológicos, políticos y económicos.

Las gracias de una desgracia

En Colombia, las bases militares estadounidenses siempre han cumplido una función clara, que muy poco tiene que ver con la tergiversación oficial de su cometido, relacionada con pretextos que desmontan las propias cifras de una ojeada.

El combate al narcotráfico es una falacia de la que da cuenta cada informe de Naciones Unidas. El antiguo Plan Colombia, luego Plan Patriota, ahora modelo de la Iniciativa Mérida que se implementa en México, es digno de capítulo aparte. Los mentados logros al respecto devienen de unas magnitudes que se volvieron directamente proporcionales: a mayor inversión, aumento de las fumigaciones con glifosato e incremento de la guerra, el desplazamiento y la persecución, pues más tierras cultivadas con coca y amapola, más “mulas” portando droga en los vientres y más narices enyesadas en las calles de los propios Estados Unidos y Europa.

La militarización constituye el armazón primario sobre el que se monta el proceso de colonización de los Estados Unidos en la región, que se complementa con el andamiaje el económico.

Las bases de Tres Esquinas y Larandia, en el departamento de Caquetá, y de Villavicencio, en el departamento del Meta, que operan con la presencia de aviones y la inteligencia técnica del Pentágono, llevan tiempo apoyando el combate a los grupos subversivos, vigilando las fronteras y soltando en las calles gringos mestizados de afán, consumidores de whiskey, coca y putas silvestres.

Las nuevas instalaciones, según lo reveló la revista colombiana Cambio, son las cinco principales bases de la Fuerza Aérea y la Armada en el país: Apiay, Malambo, Palanquero, Cartagena y Bahía de Málaga. Estas bases harían parte, abiertamente, de la nueva “arquitectura del teatro”, como llama el Comando Sur a la extensa red de facilidades y funciones militares en América Latina y el Caribe, y, de seguro, estos engendros se parecerán más al ambiguo nombre inventado hace unos años por el mismo Comando, las llamadas “localidades de seguridad cooperativa”, CSL (por sus siglas en inglés). Un mecanismo más acorde con los tiempos y los designios actuales, más ágiles, expansivos y peligrosos, de fiera espantada a punta de palos y de los procesos liberadores del vecindario.

Colombia, pues, es el lugar perfecto, geopolíticamente estratégico, con dos mares, cinco fronteras y un presidente vil y servil, un simple mozalbete de espuelas, que los propios gringos ni siquiera tienen que arriar, sino atajarlo. Como cuando pidió a los Estados Unidos, durante la reunión de Davos de enero de 2003, la invasión de la zona del Amazonas, para rematar la lucha contra la guerrilla, y que llegó a impulsar la idea de una "fuerza de paz americana", para que interviniera militarmente en Colombia. Un aliado al que se tiene por el mango.

Un gobierno que se salta las talanqueras legales internas, a espaldas de una Comisión Asesora ornamental, un Congreso propicio, aunque con voces lúcidas e incómodas, unos medios de comunicación que hacen de parlantes de sus frases y comunicados, aunque también con algunas voces claras y chocantes, y un país entero, según sus propias encuestas, inconsecuente y obsecuente.

Un presidente, eso sí, definido y decisivo, que reclamará como un acto más de soberanía la presencia en el país de los estadounidense, sus radares, sus buques, sus aviones y portaviones, por cuanto nos facilitará pelarle los dientes al vecino que sea. Y que reivindicará el acto a través de algún raciocinio para enmarcar: “En las bases de los Estados Unidos instaladas en nuestro territorio, obligamos a los estadounidenses a hacer lo que les venga en gana, dentro o todo el país alrededor de ellas, y nos damos el lujo de ignorar lo que hacen, y, de saberlo, nos permitimos la gracia de que no nos importe.” Queridos compatriotas, ¿qué más queréis?

"Estados Unidos ha atendido durante mucho tiempo sus intereses de seguridad nacional en esfuerzos cooperativos con amigos y aliados en el mundo, algunas veces con bases militares y pequeñas instalaciones de defensa." Esta ironía figura en el portal oficial del gobierno de los EE.UU., cuyas bases alrededor del mundo, según el Pentágono, sumaban 737 en 2007 y 37 de grandes proporciones.

Texto disponible en:
ALAI - Agencia Latinoamericana de Información
Rebelión
Kaos en la Red
Indymedia Colombia
Sur y Sur
TeleSUR
Chamosaurio
El eco de los pasos
Cinoticias - Centro Independiente de Noticias
Señales de los tiempos
Blogueros y corresponsales de la revolución
Enlace Socialista de México
la haine - España
YVKE Mundial

jueves, 16 de julio de 2009

Colombia: De “falsos positivos” a “tangibles simulados”

Fernando Rendón y Evelio Loaiza Muñoz, dos víctimas de una cruzada contra la inteligencia

Por: Juan Alberto Sánchez Marín (YVKE Mundial)

El Festival Internacional de Poesía de Medellín, un evento masivo, ¿incómodo?


El poeta Rendón, hace pocas semanas, y el médico cirujano Evelio Loaiza Muñoz, hace pocos días, fueron acusados de vínculos con el terrorismo, el primero, y de ser cabecilla del ELN, el segundo, en unos montajes judiciales inverosímiles, sólo coherentes con el proceder de un gobierno sin medida ni escrúpulos.


“¿No ha de haber un espíritu valiente? / ¿Siempre se ha de sentir lo que se dice? / ¿Nunca se ha de decir lo que se siente?”. Estos trillados versos de Quevedo definen de pe a pa la palabrería urbista de nuestros tiempos y precisan el discurso serpenteante de los áulicos.

La coherencia es con la tapadera. La mentira es un arma y la sindicación un recurso. Si se dice sí, es que no. Si se dice no, pues es que sí. O que quién sabe. El eufemismo seduce. El disfemismo alterna. Dos verbos, dos sustantivos, algún adjetivo, bastan para enlodar al que sea. Así se calumnian opositores, se carcomen instituciones o se arman expedientes. A la final, en todo caso, la cháchara echa la tierra que más puede sobre ataúdes baratos con muertos de verdad.


Triste y dolorosamente cierto que a los festines de sangre propiciados por el régimen se los denomine: “falsos positivos”. Que a un cáncer cuyas causas hay que hurgarlas en los intríngulis de una ideología enferma y guerrera, todos a una, como en Fuenteovejuna, lo designen como: “casos aislados”.

El vizconde y los medios demediados

Los medios, claro está, hacen eco, retumban. La voz propia es la de la conveniencia. La objetividad periodística es algo que estraga, de tanto tratar de aparentarla todos: la televisión, la radio, la prensa, en fin. Al periodista se le ve atrás la mano negra que lo mueve.

Unos medios mienten más que otros, por supuesto, pero los que se quedan cortos no es por mucha desventaja, ni por falta de ganas. Sólo son mejores para guardar las apariencias, más astutos, quizás, y porque la gallina de los huevos de oro de la publicidad también es esquiva y no anida siempre en la Casa de Nari. Y porque a la hora de la verdad la publicidad y la plata “c'est moi”, y también "L'état c'est moi" (“el estado soy yo”), según Luis XIV, y hasta "la tradizione sono io" (“la tradición soy yo”), según el Pío Nono. Así, cualquiera.

Y si no hay más remedio que registrar el huevo que le entregó una joven con muchos huevos a Uribe, pues que sea de afán y sin repeticiones. Y si toca divulgar el desliz de 30 o 40 o muchísimos más subalternos, dedicados a la amarga cetrería de pobres para presentarlos como trofeos de guerra, pues que se enfatice la gracia y la perspicacia de nombrar con tanto gracejo ese mundo reciente, en el que esas muchas e infames cosas carecían de nombre, pues así no hubo ni habrá que mencionarlas señalándolas con el dedo. Mejor todavía, que se le caiga al caído de David Murcia, que ya Sarmiento Angulo dará el “Aval” para tal.

De la bala a la bola

En este país son muchos los transeúntes desprevenidos que caen como pollos en cualquier parque o esquina víctimas del fuego cruzado de los violentos. Y, por desgracia, cada vez son más los niños que cruzan la calle equivocada y se topan con la bala perdida. Una bala que igual procede del revólver hechizo del atracador de baja estofa, de la escuadra automática del sicario o del paramilitar, o del guerrillero, o del hombre bueno y querido al que se le soltaron las amarras, o del arma de dotación del policía o del soldado.

Pero estas refriegas fortuitas no tendrían nada extraordinario en un país que vive desde hace décadas una guerra frontal, con cuatro o más ejércitos armados hasta los dientes, interesados y empeñados en mantenerla, pues constituye su sostén. Guerra declarada o no, la verdad, importa bien poco, pues las cifras hablan solas. Los múltiples ríos de un país tan acuoso lo gritan portando cuerpos podridos de arriba abajo, o, para no ir más allá de las propias narices, lo berrean los cientos de desplazados que ahora están plantados sin tierra ni futuro en pleno corazón de Bogotá, en un parque que no podría tener un nombre más sarcástico: Tercer Milenio, como evidencia del tiempo de zozobra que es la paz lograda a tiros y bellaquerías.

Pero, decía, lo que tiene esto de extravagante es que cualquier paisano medio pensante, que nade contracorriente, que exprese lo que piensa, o que apenas diga que esta boca es mía, no necesita medir cuadras o tomarse una café afuera a deshoras. Puede toparse de bruces con la balacera en la propia alcoba, bajo la cobija, o en el baño de su casa, empeloto. Porque la claridad política se arregla con un manto de tinieblas. Tanta “pensadera” se endereza a punta de escarmientos. La palabra que clama pidiendo justicia se repara a tiros. Como dirían, en un fenómeno diacrónico, cualquier Adolf Eichmann o algún José Obdulio: “La solución final al problema opositor”.

Y la estrategia, que lo es, también chuza teléfonos, formatea computadoras, avienta boñiga a diestra y siniestra, emponzoña los fastidiosos discursos presidenciales, y, en pocas palabras, busca desenfrenadamente resquicios, gazapos en la vida de cualquiera, y si no los halla, los crea y recrea. Y ahí se regodea.

Fernando Rendón

En diciembre pasado, Patricia Ariza, poeta, teatrera, directora de la Corporación Colombiana de Teatro, y Carlos Satizábal, dramaturgo y profesor de la Universidad Nacional, figuraron en un expediente judicial como supuestos miembros del PC3, el partido clandestino de las Farc, vinculados a un proceso de 500 páginas redactado por un oficial de pluma fácil y un patrullero de la Policía locuaz. Esa era una entre las muchas señales de alarma en un campo cada vez más minado para volarle el cuerpo a la oposición, en una tierra de nadie en donde los peligrosos son los que pregonan la tranquilidad y el orden a cuentas de camándula, golpes de pecho y consejos comunales.

Fernando Rendón no sólo domina con pericia el viejo arte de poner en juego la imaginación mediante las palabras, la poesía, algo más o menos común en Colombia. Si uno habla un rato con él se da cuenta pronto de que, además, le añade a sus versos y a su vida mucho de sensibilidad, sensatez y razón, menjurjes que parecieran escasos en este país y que, desde luego, ubican a cualquiera y de una en la orilla opuesta del uribismo.

Fernando es el alma de la revista Prometeo, una prestigiosa publicación de poesía, con 75 números y 24 años a cuestas, en un país en el que la cultura apenas sirve para negociar y esfumarse, y del Festival Internacional de Poesía de Medellín, el más importante del mundo en su género, ya enrumbado para la edición XX, que mereciera el Premio Nobel Alternativo en 2006 y que este año el Congreso declaró Patrimonio Cultural de la Nación.

Evelio Loaiza Muñoz

Evelio Loaiza Muñoz, por su parte, es cierto que militó en el ELN entre 1969 y 1977, cuando se amnistió, durante el gobierno de López Michelsen, para cambiar de vida, según él mismo. He hablado con sus amigos y conocidos, y todos concuerdan en algo: en que lo logró. Como lo atestiguan 30 años de vida ciudadana y 20 años de trabajo con el ISS. Ahora Evelio está viejo y enfermo, desde hace lustros sigue rutinas que hasta su pequeña perra tiene claras e identificadas. Desalentador que nuestros conspicuos servicios de inteligencia hayan llegado a evidenciarlas con 3 décadas, más que de atraso, de retardo, y muchas incoherencias en los informes, y tanto cobre pelado en las ensambladuras del expediente.

La misma ortodoxia que no le perdona a Evelio haber hecho parte hace años de una agrupación guerrillera y que no le reconoce una amnistía firmada y notariada, sí olvida con notorio descaro los favorcitos de otros a los narcos, hace casi los mismos 30 años, hechos desde la Aeronáutica Civil, que hasta los gringos tienen bien registrados y en estratégico remojo. O, de hace menos, las entradas y salidas por la puerta de atrás de narcos y paramilitares de Palacio, o la reelección truculenta, por ejemplo.

Pero me estoy confundiendo, es cierto. No es igual un presidente que sigue haciendo de las suyas en el poder, para mantenerlo y seguir salvándose, que un médico con 69 años, a la espera de una pensión del ISS, rodeado de pobres y que además tiene el mismo mal de Fernando: le encantan los poemas, y hasta fundó en Sevilla, su pueblo, una casa de poesía.

O que el propio Fernando, alguien tan enrevesado como para ser también gestor y organizador cultural, en un país en el que la cultura vale huevo para los que tienen huevo, que por desgracia insisten en ser hartos.

Y es que le va bien mal a los poetas con los regímenes de malosos. Ni siquiera mencionemos a la España deshilachada de Franco. Quedémonos acá y recordemos los desgraciados años del Estatuto de Seguridad de Turbay Ayala (1978 – 1982), cuando el poeta Luis Vidales, a la sazón con 80 años, fue sacado a empellones de su casa en Teusaquillo, en Bogotá, llevado a las caballerizas de Usaquén, y amarrado semidesnudo a un poste durante toda la noche.

Un sino atroz que también fue el de muchos otros por aquellos días, que ahora ronda con descaro las puertas y se soma por los postigos.

Seguridad democrática y circense

Por suerte, al contrario de tanto eufemismo, la vida misma no es una simple consecuencia lingüística de la “seguridad democrática”. Bien que lo saben Uribe y otros cuantos. De ahí que la búsqueda de una nueva reelección no sea un propósito, sino una urgente necesidad. Hay que seguir evitando a toda costa que las cosas puedan ser llamadas por su nombre. Para que las verdades incómodas no se desatranquen, los payasos, los equilibristas, los malabaristas, los zancudos, los acróbatas, todos, tienen que seguir inventando, armando, cavilando, gerundiando.

Crasa desgracia que personas como Evelio Loaiza Muñoz y Fernando Rendón hayan caído en esos malabares nefastos de tantos señaladores asalariados, funcionarios diligentes, militares acuciosos y patrones ávidos. Y sí no son eufemismos.

Son modalidades de un infortunio aún mayor: tareas, encomiendas, líneas de mando y deberes ciegamente cumplidos, que desgracian por entero al país. Porque, parafraseando a John Donne, en palabras que Hemingway retomó varios siglos más tarde para titular una de sus obras, en este país que se disuelve en pólvora y sangre y mentiras, no hay que preguntar por quién doblan las campanas: doblan por todos.

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martes, 14 de julio de 2009

Evelio Loaiza Muñoz*

Por: Lisandro Duque Naranjo

EL 1º DE JULIO, EN CALI, SE LE HIZO un allanamiento en su casa al médico cirujano Evelio Loaiza Muñoz, por parte del CTI de la Fiscalía y numerosas unidades del ejército que se tomaron por completo la cuadra en ese operativo de captura. Razón del mismo: que el allanado es “miembro de la Dirección Nacional del Eln y comandante del Frente Norte de esa organización”.

La perrita Nieves —mascota de Evelio y su mujer, Ana Luz Pineda— no dejó de ladrarles y tirarles mordiscos a cuantos cumplieron ese aparatoso procedimiento, digno de una celebridad de la delincuencia. Nieves tiene doce años y fue salvada de la calle por la pareja hace diez. Su pelambre es gris, herencia de algún abuelo schnauzer irresponsable. Cuando fueron a llevarse a Evelio, el animal lo agarró de la manga del pantalón para impedir que se consumara la diligencia. Su dueño, entonces, la levantó diciéndole que él no se demoraba, fundiéndose ambos en un abrazo que conmovió a todos los presentes. La funcionaria del CTI alcanzó a decirle a Ana Luz que un hombre así no podía sino ser bueno. Y arrancaron con su preso.


No comparto esa opinión, pues para ser un amor con las mascotas no se necesita ser buena persona. Lo que se manifestó en esa despedida patética entre una pequeña bestia y un ciudadano que cumplirá el 15 de julio 69 años, fue una prueba contundente de la inocencia de éste, la cual deberá tomarse en cuenta a la hora del juicio. En efecto, si Evelio lleva, según el expediente, “quince años comandando en Paraguachón, la Sierra Nevada, el Perijá y el Catatumbo a docenas de guerrilleros elenos con los que ha sembrado el terror”, ¿será que por allá rompía los cercos militares y dejaba acéfalos a sus hombres para volarse a cada rato hacia Cali, a consentir a Nieves, no fuera que ésta se olvidara de moverle la cola y de pararse en las patas para lamerle la cara? Yo tengo también una perra, y sé que éstas se vuelven dignísimas e indiferentes con sus dueños demasiado ausentistas. Al juicio de Evelio debiera llevarse a un especialista en animales afectivos. O citar a la propia Nieves.

Pero no es apenas el instinto de la naturaleza el que concurre a absolver a Evelio. Sus vecinos, en la Ciudadela Comfandi, entre ellos un policía que vive al frente, fueron los primeros en acudir a ofrecer sus testimonios de que llevan quince años viéndolo a diario saliendo por la mañana y regresando por la noche a su casa con su maletín de médico luego de prestar sus servicios a la E.S.E Oriental de los Seguros Sociales en Cali. Y sacando, además, tiempo para atender las emergencias de salud de los del barrio, que se enfermaban tranquilos de saber que contaban, a cualquier hora, con un doctor a mano. Y si algún malicioso preguntara por qué les constaba que tan peligroso cirujano adonde dirigía sus pasos era a su consultorio del ISS, en vez de hacia Paraguachón en La Guajira, están también sus pacientes del Seguro, que han llenado, sin que se les pidiera, de hojas firmadas al abogado en las que testimonian la forma misional como este hombre cumplía su tarea hipocrática.

Y si quedaran dudas, aquí está la prueba reina de cuál ha sido la zona de “operaciones” del cirujano Evelio Loaiza: la resolución del ISS # 900578, del 2009, “confirmando (…) que el tiempo laboral cotizado por el asegurado a entidades de salud del Estado hasta el 28 de febrero de 2009, es de 1.032 semanas, razón por la cual no se le concede la jubilación, pues el tiempo que debe acreditar es de 1.150 semanas”.

Raro un comandante guerrillero de semejante talla, con RUT al día, pasado judicial vigente y elevando derechos de petición ante el ISS para que le reconozcan su jubilación. Y encima de eso sobrándole tiempo para pasársela en el Festival del Bolero en Caicedonia, el de Jazz en Sevilla, el pueblo suyo y mío, en el que fundó, junto a una mano de locos, la Casa de Poesía Pablo Neruda.

Es tan inverosímil todo lo que se le imputa a este hombre, que cuando el general de la III Brigada de Cali, Justo Eliseo Peña, lo presentó esposado ante los medios, se inventó de afán que era “El comandante del Frente Sur Occidental del Eln”, trasladándolo de un solo viajado a una responsabilidad completamente ajena a la que figura en el expediente.
*Miembro del Eln entre 1969 y 1977, año éste en el que, según sus palabras, “abandoné totalmente la militancia insurgente para proyectar de otra manera mi vida personal”.

En la columna: Lo divino y lo humano, del diario El Espectador (Colombia)

jueves, 2 de julio de 2009

Honduras: Al diario “El País” se le sale el golpismo



Por: Patricia Rivas

El buque insignia del Grupo PRISA, el diario de Madrid “El País”, publica este lunes un editorial de esos que hay que guardar, porque revela en toda su dimensión la doble moral y la ideología acomodaticia al poder económico, de éste que trata de presentarse como un diario “de prestigio”, defensor de los valores democráticos y unta de barniz progresista una línea editorial que en nada se diferencia a la derecha más casposa.

El editorial de este lunes, 29 de junio de 2009 se titula “La vuelta del golpe” (http://www.elpais.com/articulo/opinion/vuelta/golpe/elpepuopi/20090629elpepiopi_1/Tes), y es interesante porque la dirección editorial del diario “El País” comienza escribiendo lo evidente: que en Honduras se ha producido un golpe de estado militar completamente denostable y reclamando la restitución del presidente legítimo, Manuel Zelaya… PERO “El País” no se queda ahí. Y subrayamos este pero, porque ahí está el núcleo de la intencionalidad que ha configurado la forma como este diario ha presentado, o mejor dicho, desfigurado la realidad de Honduras durante toda la última semana, desde que los brazos civil y militar de la oligarquía hondureña desafiaron al presidente y sabotearon una consulta popular, una sencilla pregunta al electorado hondureño sobre si estaba de acuerdo o no con la posibilidad de que se pudiera convocar a un referéndum para preguntarle a la ciudadanía si quería una Asamblea Constituyente.

No era -como presentó “El País”- el asunto de la reelección presidencial o la “perpetuación en el poder del presidente”, lo que estaba en juego, ni lo que las élites que siempre han gobernado Honduras rechazaron hasta el punto de quebrar la legalidad constitucional. “El País” lleva una semana presentando al presidente Manuel Zelaya como un “provocador” desafiante a las instituciones democráticas, incluso cuando estaba ya en marcha el golpe militar, con la desobediencia expresa de los militares y su negativa a distribuir las urnas para la consulta del domingo. Por eso, incluso después de conocer el brutal secuestro del presidente y de la canciller, la agresión a los embajadores de Cuba y Venezuela en Honduras por los militares golpistas, y el apagón informativo, el toque de queda y la persecución de dirigentes sociales desatada, el diario “El País” no puede evitar llegar a la conclusión de que el golpe militar es repudiable, pero de alguna forma, “Mel se lo buscó”.

“Pero aunque la condena ha de ser inequívoca y se debe exigir el inmediato regreso del presidente a Tegucigalpa para reasumir funciones, porque el Ejército no es quien para juzgar los actos de Zelaya, no parece que pretenda amodorrarse en las instituciones. Y lo cierto es que ayer domingo el presidente o los militares, unos u otros, iban inevitablemente a violar la legalidad. Zelaya, con una consulta no prevista por la Constitución, y a la que se habían opuesto el Congreso, la autoridad electoral y el Supremo, y los militares tomándose por su mano una justicia que no les corresponde. El Ejército, que ha detenido a la mayoría de los miembros del Ejecutivo y patrulla las calles, parece estar detrás de la designación por el Congreso del presidente de la propia Cámara, Roberto Micheletti, como sucesor de Zelaya. El objetivo sería quitarse el golpe de encima”.

El rotativo estandarte de la socialdemocracia española rechaza única y exclusivamente, el aspecto militar del golpe, mientras avala a los protagonistas civiles de la asonada: la Corte Suprema, el Congreso y el poder electoral.

¿Por qué “El País”, un diario “progresista”, “demócrata”, que hace 30 años incluso veía con simpatía la lucha de los pueblos nicaragüense y salvadoreño por su liberación nacional contra los escuedrones de la muerte, toma hoy partido por la más rancia oligarquía hondureña? Todos sabemos que esta clase política es cómplice del sangriento papel que Honduras ha desempeñado en América Central durante el último siglo, y ahora se aferra a sus privilegios y recurre a sus gorilas, formados por el Pentágono en la Escuela de las Américas, para preservar por la fuerza lo que el pueblo hondureño está desafiando: un marco jurídico-político excluyente, que blinda los privilegios de la clase dominante y es apenas un remedo de democracia.

“El País” revela el porqué de su sesgo en el último párrafo de este sabroso editorial:

“Lo que aquí se dirimía era, en definitiva, el equilibrio de fuerzas en América Latina, de forma que si Zelaya se salía con la suya en la consulta reeleccionista, ganaba terreno el chavismo en América Central, donde ya la Nicaragua de Daniel Ortega hace las veces de fiel escudero del presidente venezolano. Y la misma semana pasada se celebraba, con la asistencia de Zelaya, una solemne ceremonia en Venezuela para subrayar el ingreso de Ecuador en el ALBA, la alternativa económica de Chávez al ALCA que domina Estados Unidos. Pero sea cual fuere el conflicto de ideologías en Iberoamérica, algo ha de quedar claro: los problemas de la política los solventan los políticos, y el Ejército, calladito y encerrado en sus cuarteles”.

Ahora conocemos cuál es, según “El País”, el pecado del presidente constitucional de Honduras: haberse adherido al ALBA, favoreciendo la correlación de fuerzas de la izquierda latinoamericana frente a los intereses de Estados Unidos. Y sabemos también que el diario “El País” se opone única y exclusivamente a la intervención de los militares en política, pero avala completamente las tesis de la oligarquía golpista que controla el poder legislativo, judicial y electoral. Es decir, que si lo que hubiéramos presenciado hubiera sido una destitución del presidente por estos poderes, no habría, según el diario “El País”, mayor conflicto.

Ante esta confesión tan obscena de la ideología que corre por las venas editoriales de este panfleto burgués, lo único que nos resta por añadir, es que “El País” soltó una mentira muy, muy grande y vergonzosa en este mismo editorial, cuando escribe:

“¿Acaso puede tener hoy futuro el golpismo militar en América Latina? La última asonada con éxito se produjo en Ecuador el año 2000, cuando una acción conjunta de fuerzas armadas y movimientos indígenas depuso al presidente Jamil Mahuad, y la siguiente oportunidad ya no pasó de intentona, con ocasión de que el Ejército venezolano depusiera al presidente Hugo Chávez, aunque volvió al poder 48 horas después. La condena era general en América y Europa”.

“¿La condena era general en América y Europa?” No, señores de “El País”, hasta los jóvenes tenemos memoria de lo que ocurrió hace siete años, esa mentira sí no cuela.

La condena no fue general. El gobierno de Estados Unidos avaló el golpe de Estado contra el presidente legítimo de Venezuela, Hugo Chávez, pero fue después de que lo hiciera el cómplice gobierno español del inefable José María Aznar, quien se demoró más en reconocer a los golpistas que el propio ex presidente y amigo carnal (de uña y carne, no sean maliciosos) de connotados golpistas venezolanos, y gurú del diario “El País”, Felipe González.

Lo que fue general en América y Europa fue el apoyo al golpe de Estado en Venezuela, con la excepción de Cuba. Ésa es la verdad que no puede ocultar “El País”, como tampoco puede borrar de las hemerotecas y de los archivos digitales su vergonzoso editorial del día 13 de abril de 2002. Lo reproducimos a continuación, para volver a dejar constancia de la iniquidad, de la traición de este diario a los más elementales principios democráticos, por no hablar de los pueblos y de los oprimidos, que hace ya muchos años que no tienen en “El País” a un defensor, ni a un observador “objetivo”.

Golpe a un caudillo (http://www.elpais.com/articulo/opinion/Golpe/caudillo/elpepiopi/20020413elpepiopi_2/Tes)


13/04/2002

“Sólo un golpe de Estado ha conseguido echar a Hugo Chávez del poder en Venezuela. La situación había alcanzado tal grado de deterioro que este caudillo errático ha recibido un empujón. El ejército, espoleado por la calle, ha puesto fin al sueño de una retórica revolución bolivariana encabezada por un ex golpista que ganó legítimamente las elecciones para, convertirse desde el poder en un autócrata peligroso para su país y el resto del mundo. Las fuerzas armadas, encabezadas por el general Efraín Vásquez, han obrado con celeridad al designar como jefe de un gobierno de transición a un civil, Pedro Carmona Estanga, presidente de la patronal venezolana, a la vez que destituía a los mandos militares compañeros y amigos del depuesto presidente.

Aprovechando la ola de hartazgo de tanta gente con la corrupción del anterior sistema de partidos, Chávez arrasó en las urnas, para hacer luego un uso abusivo de ese poder, con un autoritarismo que llegó incluso a las aulas de los colegios. Su final se veía venir tras las cada vez más numerosas declaraciones de diversos militares, el deterioro de la situación económica y la marea de protesta de la clase media, que creció con la aprobación en diciembre pasado de 49 decretos-leyes de inspiración castrista. Chávez introdujo varios centenares de asesores cubanos en Venezuela, al tiempo que suministraba a La Habana petróleo gratuito, un grifo que ahora se cierra.

La gota que colmó el vaso y levantó a los militares fue la represión protagonizada por la policía y francotiradores adictos a Chávez, que causaron 15 muertos y un centenar de heridos el jueves, en la tercera jornada de una huelga general que unió paradójicamente a sindicatos y empresarios. La protesta recibió un impulso extraordinario cuando paró la estratégica compañía Petróleos de Venezuela (PDVSA) y Chávez ordenó por televisión el cese de algunos de sus directivos. El régimen chavista ha sido tan desastroso que ni siquiera ha sabido gestionar con eficacia esta riqueza nacional, que le convierte en el cuarto exportador mundial, lo que puede obligarle en los próximos meses a bombear y refinar a pleno rendimiento para llenar las cajas de su hacienda pública, en contra de la voluntad de otros países de la OPEP (Organizazión de Países Exportadores de Petróleo), temerosos de que caigan los precios.

La resistencia civil contra Chávez, que atacó a los medios de comunicación y amenazó con nacionalizar las cadenas privadas de televisión, en cuyas emisiones irrumpía, se había organizado en redes que constituyen una esperanzadora semilla de desarrollo de una sociedad civil, y que utilizaron Internet como 'trinchera de la modernidad'. Esta resistencia pacífica esperaba una salida constitucional, aunque fuera para cambiarla a continuación. Por desgracia, lo ocurrido demuestra que en Venezuela el ejército sigue siendo el árbitro de última instancia. A la luz de los hechos, hay que elogiar al menos la decisión de la cúpula militar de ceder el poder a un civil, aunque resulte singular que el elegido sea el presidente de la patronal.

Vaciadas las cúpulas de los partidos políticos tradicionales, es necesario convocar elecciones cuanto antes y redactar una Constitución que restablezca el equilibrio de poderes que Chávez eliminó a su medida, como hiciera Fujimori en Perú. El nuevo presidente interino, Ricardo Carmona, se ha comprometido a nombrar un Gobierno de concentración 'con gente intachable' y a convocar elecciones en el plazo de un año. Además de preparar la transición, tendrá que abordar sin demagogia algunos de los graves problemas sociales que padece el país.

Chávez ha jugado con fuego dentro y fuera. La sombra de EE UU -que importa de Venezuela un 13% del crudo que consume y que ayer le acusó de buscar su propio final- se puede presentir detrás de lo ocurrido. Chávez no parecía haberse percatado de cómo ha cambiado el mundo tras el 11-S: evitó condenar los atentados de Nueva York y el Pentágono, viajó a Bagdad para expresar su apoyo de Sadam Hussein, apoyó la guerrilla colombiana de las FARC, estrechó sus relaciones con Castro y acogió a Montesinos, la mano negra de Fujimori. Retrospectivamente, no es la mejor muestra de acierto que Aznar, al recibirle en Madrid en 1999, subrayara su 'profunda confianza' en Chávez. Tiene ahora, como presidente del Consejo Europeo, una ocasión para que la UE contribuya a la instauración en Venezuela de un régimen democrático normal y estable. Sería bueno que Chávez y algunos de sus colaboradores detenidos rindieran cuentas de sus desmanes autoritarios y corruptos ante los tribunales de su propio país. Su experiencia, como la de Fujimori, debe servir para que se difunda la lección de que la democracia no son sólo votos, sino también usos”.

Artículo disponible en:
Rebelión
YVKE Radio Mundial

miércoles, 3 de junio de 2009

"Tierra en espera": Entrevista con Pascual Serrano

"Tierra en espera", programa de YVKE Mundial que aborda particularmente temas relacionados con América Central y México, entrevistó en su edición número 30 a Pascual Serrano, reconocido periodista y escritor español, especialista en desentrañar las múltiples formas de la manipulación mediatica.

Juan Alberto Sánchez, director del espacio radial, habló con Pascual Serrano acerca de su más reciente novedad editorial, "Desinformación. Cómo los medios ocultan al mundo". El contenido del programa puede descargarse en la parte superior de esta página, en la pestaña correspondiente a "Tierra en espera", en formato MP3.

miércoles, 27 de mayo de 2009

Desinformación. Cómo los medios ocultan el mundo

Novedad editorial de Pascual Serrano

Un recorrido por los principales acontecimientos de los últimos años que nos muestra que lo sucedido no es lo que nos han contando.

La mayoría de los ciudadanos considera que, después de leer la prensa o ver los telediarios, está informada de la actualidad internacional. Sin embargo, la realidad dista mucho de ser la imagen unívoca ofrecida por los medios. Este libro recorre los principales acontecimientos de los últimos años mostrando —mediante entrevistas con expertos, bibliografía especializada y consulta de medios alternativos— que lo sucedido no es lo que nos han contando.

Pascual Serrano, con una incisiva mirada, desentraña el funcionamiento de los grandes medios de masas para hacernos comprender que la desinformación es una constante. Lo que creemos que está sucediendo en el mundo es sólo una falsa composición al servicio de unos intereses que van, poco a poco, conformando la opinión pública. La obra, además, propone técnicas y hábitos de lectura para fomentar una nueva actitud, independiente, ante la información y promover así una ciudadanía resistente a la manipulación.

"Este nuevo libro de Pascual Serrano establece de modo definitivo, con un catálogo abrumador de hechos, datos y ejemplos, la prueba del ADN de que los medios desinforman".
Ignacio Ramonet


Pascual Serrano. "Desinformación. Cómo los medios ocultan el mundo". Editorial Península. Madrid. Junio 2009 ISBN 978-84-8307-880-8 Páginas 624 pgs. Precio 25,90€. A la venta en librerías desde el 28 de mayo de 2009.

ÍNDICE

Prólogo de Ignacio Ramonet

Introducción

I. Así funciona el modelo

Cómo se selecciona la información

¿Pasa lo que nos cuentan?

Sin contextos ni antecedentes

El lenguaje

Adscribirse la opinión pública

El etnocentrismo y las jerarquías

Detrás de los líderes

Silencio con las marcas

El falso pluralismo

Fuentes y analistas

Silencio/portada
II. Europa, sin conocer lo que pasa en casa

Unión Europea

Constitución Europea y Tratado de Lisboa

Ex Yugoslavia

Vuelos de la CIA y cárceles clandestinas

Emigración. Silenciamiento y criminalización

Vuelve la guerra fría con Rusia

Reverencia a las monarquías

Los correctos políticos europeos

El proceso de Bolonia

Silencios

III . América Latina, ¡que viene el populismo!

Populismo

Lo que silencian

Venezuela, el acoso

La conjura contra Cuba

Acariciar a Colombia
IV. EE. UU., todo bajo control

Katrina

Lenguaje

Elecciones

Imagen positiva en los medios

Silenciamientos

V. Asia, la «guerra contra el terrorismo» y el doble rasero dominan la agenda

El islam, los musulmanes, los árabes

El desequilibrio palestino-israelí

Iraq, apoyando la invasión y ocultando la resistencia

Afganistán, una imagen mediática

Líbano. Hezbolláh el Satán

China, la gran amenaza
VI. África, el gran olvido

Congo y Ruanda, los medios al servicio del genocidio

Somalia, otra invasión buena

Buenos y malos en África

Sahara terrorista y Marruecos democrático

Kenia, otra explosión de odio étnico

Los eventos y la realidad

VII. Qué hacer

Preguntas ante un medio

Defensa y desconfianza

Ojo al súbito satán

Participar/protestar

Si somos emisores

Otra información es posible

Algo de paciencia

El referente intelectual

Bitácoras

Si nos hemos perdido

Elijamos nosotros

Periódico personalizado

Tecnofilia/Tecnofobia

Un llamamiento

Epílogo

Cronología

viernes, 1 de mayo de 2009

Diario El País decide prestarse como órgano propagandístico para la reelección de Uribe

Por: Patricia Rivas

El diario español "El País", propiedad del Grupo PRISA, con fuertes intereses en Colombia, publica este jueves una "noticia" titulada "las empresas españolas apuestan por la reelección de Álvaro Uribe". Ni una palabra sobre las ejecuciones extrajudiciales, los vínculos de Uribe con el narco-paramilitarismo, y los escándalos de las escuchas del DAS.


(Foto: Archivo) Francisco González destacó el compromiso de BBVA con Colombia enla presentacion de Alvaro Uribe en el Foro de Europa Press.


El diario español "El País", propiedad del Grupo PRISA, con fuertes intereses en Colombia, publica este jueves una "noticia" titulada "las empresas españolas apuestan por la reelección de Álvaro Uribe", en la que destaca que en su visita al Reino de España, "el mandatario colombiano se ha llevado consigo el visto bueno de las empresas españolas presentes en Colombia a su posible reelección el próximo año, aún sin dilucidar". Ni una palabra sobre las ejecuciones extrajudiciales, los vínculos de Uribe con el narco-paramilitarismo, y los escándalos de las escuchas del DAS.

Fragmento de la portada de la edición digital de El País este jueves.


Reproducimos a continuación apartes de la información-propaganda del diario El País:

"Al término del encuentro que mantuvo con los empresarios ayer por la mañana, el presidente de las Cámaras de Comercio, Javier Gómez-Navarro, aseguró que la posibilidad de que Uribe se vuelva a presentar -lo que supondría, en caso de ganar, un tercer mandato, y para lo cual es necesario una reforma constitucional- "es una buena noticia".

"[Uribe] ha demostrado que cumple sus promesas, lo que, a su vez, da seguridad a las empresas", afirmó Gómez-Navarro tras una reunión con el presidente colombiano, "un gran conocedor de la realidad de su país y de las inversiones españolas". Asimismo, reconoció que el mandatario aportó información "muy valiosa" de la situación económica de su país a los empresarios, que han asumido "muchos riesgos" para invertir en Colombia. El presidente de las Cámaras recordó, a la salida del acto, que Colombia ha sido el único país latinoamericano que jamás ha renegociado su deuda y, a pesar del daño que ha hecho el terrorismo, Uribe ha logrado que las empresas recuperen la confianza para que acudan al país sin ningún temor.

Al encuentro con los empresarios, que según la delegación colombiana desbordó las previsiones, asistieron, entre otros, presidentes y consejeros del Grupo PRISA (editor de EL PAÍS), Endesa, Iberia, Telefónica Latinoamérica, BBVA y Cepsa.

Al concluir el acto, el presidente colombiano se entrevistó en la Embajada de Colombia con el líder del Partido Popular, Mariano Rajoy, a quien reconoció que la situación económica española, debido a la crisis, está afectando a Colombia, ya que España es el segundo país inversor, informa Efe. Como ya ocurrió el martes por la tarde con el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, Uribe también abordó con Rajoy la lucha antiterrorista, con especial énfasis en la que mantiene su país con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

Uribe, galardonado

Esa labor contra el terrorismo ha propiciado que el Ayuntamiento de Cádiz concediese a Uribe el Premio Libertad Cortes de Cádiz, un obsequio criticado por más de 150 colectivos, que opinan que premiar a Uribe, a quien consideran "autoritario" y "cómplice" de delitos de lesa humanidad, por ese motivo es insultar a los derechos humanos.

En su discurso de agradecimiento, muy similar al que ofreció el día anterior en un coloquio organizado por el Foro de la Nueva Economía, Uribe ofreció el premio a los cerca de 1.700 "soldados y policías" de su país mutilados por las minas antipersonas, y que aún se encuentran en algún hospital militar de Colombia recuperándose".


Ésta es solamente una muestra de cómo un diario que se vendió en su día como un medio independiente, se pliega a los intereses empresariales para no informar de las protestas que hubo en Madrid, exigiendo que le retiraran los honores, por las sistemáticas violaciones a los derechos humanos que la política de "seguridad democrática" promovida por el presidente Álvaro Uribe promueve en Colombia, entre ellas las más de mil ejecuciones extrajudiciales de ciudadanos asesinados por el ejército y presentados como guerrilleros caídos en combate en el marco de la "lucha antiterrorista" y los probados vínculos del uribismo con organizaciones criminales paramilitares, responsables de incontables masacres y del desplazamiento forzado de millones de colombianos, además de delitos de narcotráfico, por cierto.

Con respecto al tema de la reelección presidencial, llama poderosamente la atención el doble rasero que sin ningún pudor exhibe el diario El País, distinguiendo entre presidentes que "aspiran a la reelección" y presidentes que "concentran el poder".

Véase si no, el editorial de El País del 17 de febrero de este año, tras el triunfo de la reforma constitucional que abrió en Venezuela la posibilidad de postularse sucesivamente a la reelección de los cargos públicos, sin otro límite que la voluntad popular expresada en las urnas.

O, sin ir más lejos, véase en la edición de ayer, el artículo de Miguel Ángel Bastenier, editorialista y ex responsable de internacional del diario, titulado gráficamente: "Correa, centro del mundo". Vale recordar la respuesta que certeramente le dedicó Pascual Serrano al mismo columnista, por haberse dedicado a insultar a los presidentes latinoamericanos democráticamente elegidos que no son del gusto del periódico, vale decir, del capital, español.

Artículo disponible en:
YVKE
Rebelión

domingo, 5 de abril de 2009

Acción y opción de la crítica en Venezuela

Por: Juan Alberto Sánchez Marín

Día y noche, 1938. M.C. Escher. Litografía.


El pensamiento crítico en Venezuela tiene una tradición que se remonta a los albores del siglo XIX... Una época dorada de la que no es ajeno Simón Bolívar... Hugo Chávez viene de esa vena esencial.


En un proceso como el que vive Venezuela, las etapas plenas y placenteras son sucedidas por etapas espinosas. Y lo contrario. Empiezan y terminan unas y otras, o, simplemente, se transforman, en tandas sin fin que desconciertan, a la vez que propagan la esperanza. O se reinician, para usar un término de moda aplicable. Como en cualquier sociedad, el destino se escribe a medida que se dan los pasos y se queman las etapas. Y ahí podemos hacer una deducción elemental: que las cosas quietas no determinan procesos. Sin embargo, no todo lo que se mueve configura un proceso, que, ante todo, significa avance. Y tenemos una premisa significativa: que no todo lo que se mueve avanza. Lo explica bien el escritor francés Boris Vian: “Evidentemente, cuantos más obstáculos ha vencido uno, más tentado se siente de creer que ha llegado más lejos. Eso es falso. Luchar no significa avanzar” (1).


Ya irá estando exento cada vez más el ánimo de los afanes, serán decididos los lastres e identificados mejor los ruidos en el sistema, ya se ponen en los anaqueles los adalides de las viejas causas, con su polvo y bagatelas, y se ignoran los cantos de sirenas roncas y pitos agudos de la Colomina, la Chirinos, la Angola, del Kiko o del Castillo (2). Importa la comprensión de lo que hay en juego y su valoración constante.

El siempre sinuoso devenir histórico, el tira y afloje del contexto mundial, las agridulces gracias de una cohabitación forzada con un sistema decrépito, poblado de energúmenos conserjes y siervos chiflados, y la supervivencia como si nada bajo un imperio que lo quiere todo, no hacen posible dejar la lucha, y esto a la vez hace difícil no creer que cualquier reyerta de esquina es un avance. Es el engaño. Y la meta es el desgaste. Pero elemental la manera de hacerle frente: no perder la perspectiva, esa trapisonda de las matemáticas, que desde Brunelleschi, en el Renacimiento, es un recurso de la pintura y, por analogía, del modo en que podemos desarmar una realidad engañosamente plana.

Lazo de unión, 1956. M.C. Escher. Litografía.


Flexión y reflexión permanentes

La profundización en la ideología socialista, la mayor claridad en lo que se pretende, la terquedad en algunos aspectos y la sincera convicción en otros, el desarrollo natural del proceso y mil elementos condicionantes más, hacen que las estrategias, las prioridades, los vínculos, incluso, los axiomas, sean reconsiderados cada cierto tiempo. Esa flexibilidad y capacidad de adaptación a las circunstancias cambiantes, también debe cruzar de manera transversal otros aspectos del proceso, para que las honduras del abismo no se vengan encima.

El modelo en obra, por ejemplo, no puede dejar de ser incluyente. Áspero con el enemigo, férreo con el desestabilizador, pero permeable a la crítica, que es un mecanismo fundamental de evaluación. La crítica no es constructiva ni destructiva, ni puede ser favorable o desfavorable. Simplemente, está bien o mal hecha. Es honesta o no. Sirve de muy poco la que nos gusta y lisonjea, y, en todo caso, no más que la que nos ataca con cándida virulencia o con perversa saña. La crítica es análisis, reflexión, examen.

Y, claro está, la mejor crítica viene de adentro, de las propias entrañas. Yo sé por qué he errado, por qué he acertado, cuánto me faltó, qué se estropeó, cómo mejoro, dónde está la cuestión. También: A quién engaño y por qué o por cuánto. Por eso es personal, familiar, grupal, comunal, barrial, municipal, regional, nacional. En ese orden. Es la revisión: la evaluación nuestra de cada día, como el pan o cualquier necesidad fisiológica. Y que, como la reflexión, la participación o la comunicación, es inherente, nace de adentro, del interior de la persona, de la comunidad, del pueblo. Si no, no sirve. La evaluación inducida sólo es útil para generar artimañas para evadirla.


La crítica: opción impajaritable

Una de las cosas que caracterizan la llamada oposición al proceso venezolano es que la crítica brilla por su ausencia. Se lanzan diatribas, emponzoñadas aseveraciones, comentarios malintencionados, frases reiteradas y vacías que se vuelven lemas o cuñas por sus medios masivos, sin sentido, sin observación, sin distanciamiento. La crítica comprometida con uno u otro lado no es crítica, es militancia. Sirve para fastidiar, para desviar la atención, o como propaganda, pero nada para edificar, y poco para corregir errores o reorientar rumbos.

Oscar Wilde, con su esteticismo característico, dijo algo así como que es muy difícil ser bueno con los amigos, pero que en cambio sí es fácil serlo con los enemigos. Nada más cierto. Qué sencillo es decirle al odioso que muy bien por donde va, darle unas palmaditas en el hombro y que siga rumbo al despeñadero. Al amigo, en cambio, cuando menos, toca pararlo y decirle que por ahí no es. Y muy idiota sería aquel amigo que en solidaridad siga caminando callado al lado. Como se dice tanto: con esos amigos, para qué enemigos.

La disensión es parte del análisis, y el cuestionamiento no puede estar aparte del reconocimiento. Es una dialéctica vieja, elemental. La uniformidad atrofia. De poco sirven los dirigentes que comen callados, los ministros que tragan entero, los jefes que no degluten y no toman decisiones, así choquen. Estos son males que se superan cuando el pueblo ya no es apenas una invención de los políticos tradicionales o de los tantos rebeldes que se quedaron sin causa. La unidad, tan necesaria, es contraste, matices, diversidad. Ahí anida el complemento y así se enriquece lo único que tiene que enriquecerse en un socialismo verdadero: el criterio.


El pueblo y el difícil ejercicio de sí mismo

El pueblo venezolano, y esa es la participación hecha a pulso y el Verbo hecho carne, ahora marcha, vota, habla, invalida o convalida. Dice sí o dice no, cuando hay que decir sí o decir no. Para no ir más lejos, acaba de decir que sí, como tantas otras veces. Sí al proceso en marcha, donde el liderazgo probado es aprobado, y tiene la puerta abierta para entrar de nuevo al ruedo. Nada más, pero eso basta y sobra para el aliento, que ha de ser duradero.

No se trata del vocablo pueblo metido a los trancazos en el discurso, para aderezarlo, buscar congracias y pescar incautos. Una cosa es avanzar codo a codo con María Engracia, la del alto, o el negro Pepe Pérez, y otra distinta tomar la palabra con pinzas y con el tapabocas puesto. Mucho media entre personajes de “taranovela”, como Rosales, Ledezma, Mendoza, Borge, López, Capriles, Ocariz, y un extenso etcétera, que meten al “pueblo” en cualquier frase de cajón de sus discursos acomodados, de agencia, y Chávez, metido hasta el tuétano en las barriadas del 23 de Enero, Catia o Petare, oyendo con sus propios oídos el rosario de cuitas de fulano, mengano y zutano. Hasta las de Perencejo.

El pueblo de la oposición venezolana, el que le importa y al que se dirige, es netamente ciudadano, donde ciudadanos son específicamente los moradores de ciertos sectores privilegiados de las ciudades (v.g. “Aló, ciudadano”). No son ciudadanos los habitantes de las afueras, de los cerros, de las cañadas, de los derrumbes, que a pesar de llevar décadas en la ciudad aún llevan encima pasto llanero, musgo andino o arenas de la Guaira. ¿Qué ciudadanos pueden ser entonces los habitantes de las extensas zonas rurales del país, o los de costas al olvido, monte adentro o socavón abajo? Sencillo: No habitan la ciudad, no son ciudadanos, ergo, no existen.

Pueblo: palabra humilde, venteada, que es conjunto, que añade, que siempre tratan de quebrantar. Me decía Fernando Birri, el cineasta argentino, piedra angular del Nuevo Cine Latinoamericano, que nadie había enfermado tantas palabras del idioma español como las dictaduras militares de Sur América. Y doy un ejemplo en Colombia, donde nunca se declaró oficialmente una dictadura de este tipo, porque los militares han tenido siempre tanto poder que nunca necesitaron la Casa de Nariño para regir los destinos del país. En Colombia, la sola palabra “brigada” dio miedo durante años, pues puertas adentro de estas instituciones militares se cometían las más viles torturas y atrocidades durante los tiempos del Estatuto de Seguridad del gobierno de Turbay Ayala, un antecedente poco preclaro de la actual Seguridad Democrática de Álvaro Uribe. Una palabra enferma en Colombia, que gozaba de plena salud en Cuba, donde las brigadas de alfabetizadores, de jóvenes recolectores, de zafreros, o de lo que fuera, construían palmo a palmo la isla. La palabra “pueblo” tiene que seguir así de sana, en Venezuela y donde sea, para afrontar la peste que la asedia, sobre todo, en el campo mediático, en el que tantas bocas habría que poner en cuarentena.

De la misma manera que el pueblo asume a plenitud su capacidad para ejercer la crítica y la auto crítica, en relación con la construcción social en marcha, también refina con cuidado la palabra dulce que lo evoca y lo invoca en el anzuelo. El pueblo sabe ya harto de eso. Son años. Con los mismos, en las mismas, ejerciendo el terror, la amenaza, la falacia, la distracción y lo baladí. Porque ahí sí que no hay crítica. La palabra es espina. La frase tiene doble filo. El comentario es dentellada.


La palabrería desde la orilla opuesta

Miren que es difícil no haber logrado detener, al cabo de tantos años, la ascendente pelea de perros y la división de unos y otros en la oposición. Y hay que estar muy perdidos para creer que un personaje como el filósofo del Zulia, Manuel Rosales, sin carisma, sin proyección, sin discurso, derrotado comediante que se embrolla solo, pudiera haberle hecho algún día algún contrapeso a Chávez. Y debe estar aún más grave esa misma oposición para que, además de apostarle al hampón como su candidato presidencial, vaya gastando por estos días su mojada pólvora en escudar un gallinazo con orden de detención solicitada por la Fiscalía, edil en efugios y alcaldía en fuga.

Y que en diez años, porque la oposición en Venezuela sí que lleva el tiempo completo maquinando, urdiendo y fraguando, desde las tonterías más nimias originadas en algún té canasta, hasta el magnicidio, acariciado desde los medios, con la presta colaboración de las oligarquías de Colombia y sus muchachos, los paramilitares, que en diez años se le siga siendo fiel al lema inútil de que todos los tiempos pasados eran mejores, y conciban todo avance como un estorbo, toda señal de desarrollo como un progresismo barato, la movilización del pueblo como populismo, la soberanía como desgracia, o el liderazgo asumido y comprometido, como dictadura.

Pero, ante todo, miren que era muchísimo más fácil, a estas alturas del partido, haberse inventado alguna alternativa para plantear, y, en cambio, muy difícil llegar a lo que sí logró esta oposición: estar con las manos vacías, a una década de camino, rezando novenas para que se caiga el proceso bolivariano, poniéndole palos y puntillas a las llantas, difamando y saboteando lo que formula y cimienta, abandonando el barco como ratas, porque siempre han creído, querido y pregonado que el barco se hunde. O que ya se hundió.

Tal vez esa ausencia de verdadero análisis por parte de quienes hacen oposición en Venezuela, que ha sido bueno a la hora de dejarle tomar cuerpo al proceso en marcha, cuando estaba tan famélico desde tantos puntos de vista, ha sido negativo precisamente por la misma causa, cuando genera exceso de confianza, “sobradez”, manda las preocupaciones hacia tonterías, no inquieta sobre los resbalones dados, mucho menos sobre el rumbo avante, o termina haciendo pensar que la defensa a ultranza de cualquier pifia es justa y necesaria, pues al saber que no hay análisis, que no hay crítica, sino burdo ataque, pues se defiende a capa y espada todo lo que sea señalado. Eso hace mucho daño, no porque sea una estrategia eficaz, pues es claro que ni siquiera es una táctica, sino porque se le sigue el juego, porque se termine creyendo o haciendo creer que cualquier chambonada es una virtud, o una característica.

En otras palabras, una oposición que no enciende las alarmas sobre los individuos o las cosas que no sirven en el proceso amplio de la construcción del país, sino que desvía la atención y alerta sobre quienes no le sirven a sus intereses particulares o sobre aquello que le estorba al libre desarrollo de su avidez desmedida.

La larga vida del sano juicio

En un contexto de guerra mediática como el que se vive en el país, puede que la crítica certera no se reconozca o no se acepte de manera pública, que incluso haya que negarla una y otra vez, aunque se desgañite el gallo, eso es otra cosa. Pero lo que no puede ser es que en el fuero interno no se tenga en cuenta ni se haga hasta lo imposible para desarmar los yerros que la suscitan. Ese es el desafío, ahí yace la verdadera sinceridad con lo que se arma como idea, se busca como proyecto, se funda como pueblo.

El pensamiento crítico en Venezuela tiene una tradición que se remonta a los albores del siglo XIX, con personajes de tanto peso como Simón Rodríguez, Andrés Bello, Cecilio Acosta o Fermín Toro, entre muchos otros. Una época dorada de la que no es ajeno Simón Bolívar, quien ejerció la crítica constante de su tiempo y su mundo, y una crítica despiadada contra sí mismo y sus propias realizaciones. Hugo Chávez viene de esa vena esencial que, de una parte, interpreta el espíritu de la época y del momento, y se nutre de experiencia y conocimiento, y, de otra, la aplica en la manera de actuar, pensarnos y proyectarnos. Esa herencia es la que empieza a hacerse visible en la calle, en el barrio, en la vereda. Tiene que ser así. Ese beneficio es el que tiene que sembrarse sin tregua, en todo lado y a toda hora.


(1) Vian, Boris (1982). La hierba roja (Trad. Jordi Martí). España: Bruguera (original en francés, 1950).
(2) Periodistas de los medios privados que se han erigido en actores políticos de la oposición.


Artículo disponible en:
YVKE Radio Mundial
Rebelión
Radio Nacional de Venezuela

jueves, 2 de abril de 2009

España: 70 años vencidos

Por: Patricia Rivas

Este 1 de abril se cumplieron 70 años desde el fin de la Guerra Civil Española, cuando las tropas franquistas alzadas contra el Gobierno legítimo de la República española, por fin pasaron por encima del pueblo de Madrid. Comenzaba una dictadura que lo dejó todo atado y bien atado. Hasta el día de hoy.


La historia de la Guerra Civil española es la de muchos héroes y heroínas anónimos, de todos los pueblos de España y de cientos de pueblos del mundo, que entregaron su vida a la causa de la libertad, de la defensa de la legalidad constitucional, de la lucha a brazo partido contra el fascismo.

Es la historia de horrendos crímenes contra la humanidad, durante y después de la guerra, que apenas fueron un ensayo de lo que sufriría toda Europa bajo la bota de Hitler y Mussolini.

Gernika es solamente una de tantas páginas que dejó la contienda civil española para la historia de la depravación. Una metáfora de la guerra y sus víctimas inocentes. Pero fueron muchos los episodios oscuros que llenan la historia más negra de España: la matanza de civiles en la Plaza de Toros de Badajoz, que hizo correr literalmente ríos de sangre por las calles; los bombardeos sobre la población civil de las principales ciudades, que dejaron estampas de mujeres y niños muertos, tan familiares a las que espantaron nuestras retinas durante la reciente masacre israelí en Gaza; las cientos de miles de ejecuciones extrajudiciales durante y después de la guerra, las cunetas, todavía hoy, atestadas de cadáveres por los que nadie se ha atrevido a preguntar en 60 años… Los niños evacuados, separados de sus madres para siempre ante el avance de las tropas fascistas. El exilio de más de un millón y medio de españoles. El hambre, la humillación y la opresión para los que se quedaron dentro.

Madrid no fue la tumba del fascismo. Los franquistas pasaron. Y se quedaron. Ahí siguen, bien instalados en las juntas de accionistas de las principales empresas del país, en los altos cargos de la administración pública, en la judicatura, en el ejército, en la jerarquía católica.

(Foto: Archivo) Primera plana del diario "La Vanguardia" el 1 de abril de 1939. Los Estados Unidos reconocieron al gobierno golpista, ¡qué cosas!


No ha podido la desmemoria, institucionalizada por los arquitectos de esa gran traición al pueblo español que fue la llamada “transición a la democracia”, borrar la línea entre vencedores y vencidos, entre latifundistas y campesinos sin tierra, entre las dos Españas que vislumbró José Ortega y Gasset ya a principios de siglo (y el visionario Francisco de Goya mucho antes que él en el terrible y profético “Duelo a bastonazos”).

Basta con salir a la calle y mirar las placas: Avenida del Generalísimo, Calle General Mola, Calle General Varela, Calle Moscardó… Búsquele una calle a Durruti, a Pasionaria, a Manuel Azaña, a las Brigadas Internacionales, a la República. Son los vencedores quienes escriben la historia, y le ponen nombre a las ciudades.

La desmemoria es una asignatura obligada en España para las personas de mi generación, que nacimos cuando el carnicero ya era un anciano moribundo, aunque todavía firmaba sentencias de muerte. La desmemoria fue la materia con la que se construyó el consenso y la “reconciliación nacional”, la que hizo posible el regreso del Borbón, designado por el dictador como sucesor al frente del Estado.

(Foto: Archivo) Pancarta legendaria en la calle Toledo de Madrid con la consigna de Dolores Ibarruri que ha quedado como lema de resistencia contra el fascismo: "No pasarán"


Pero la monarquía constitucional española tiene cadáveres insepultos, que inexplicablemente y para espanto de sus centrados gobernantes, se escapan inopinadamente del armario y salen a campar por sus respetos, generando molestia y disgusto a los “padres de la democracia” española.

De vez en cuando, miles de campesinos sin tierra se plantan en la Puerta del Sol de Madrid a exigir reforma agraria, recordándole al gobierno “socialista” que la mayor terrateniente de España sigue siendo, desde la Edad Media, la Duquesa de Alba, una señora muy simpática, por lo demás.

De vez en cuando, y cada vez más a menudo, la bandera tricolor ondea en las marchas de estudiantes, de trabajadores, contra la guerra, en defensa de la revolución cubana, de la soberanía de Venezuela. Y no la portan ancianos de 80 años, sino jóvenes que no conocieron a Franco, y que apenas eran niños cuando Felipe González nos metió en la OTAN, privatizó las joyas de la Corona y armó la guerra sucia del GAL.

La guerra terminó hace 70 años. Pero no ha llegado la paz a España. El 1 de abril de 1939 Francisco Franco firmó el último parte de guerra, pero no ha dejado de haber vencedores y vencidos. Ahora, que la crisis aprieta, son más visibles los yugos e inocultables los desesperados intentos de los vencedores porque la cosa no se les vaya de las manos.

Este aniversario llega en un momento oportuno. Las lecciones del siglo XX son vitales para que los pueblos de España entiendan lo que les espera, y para que los pueblos del Sur puedan reconocerse e identificarse con una tierra que con tanta frecuencia simplifican en una caricatura con trazos de país-desarrollado-del-Norte e Imperio colonialista, olvidándose de la otra España, del hilo rojo de la resistencia de los que, por ahora, llaman “vencidos”.

(Foto: Archivo) La jerarquía católica tuvo a los carniceros bajo palio 40 años. "Por sus actos los conoceréis"...

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