English French German Spain Italian Dutch Russian Portuguese Japanese Korean Arabic Chinese Simplified

BELDADES Y MENTIRAS DE GADAFI

Rodeado de sus beldades, vocifera, desafía, miente. Y la voz telúrica en la tribuna es el canto del cisne.

COLOMBIA: UN PAÍS MINADO POR EL DESPOJO MINERO

En un país en donde nunca estamos sentados a la mesa ni para lo nuestro, no hay otra opción: Terminamos haciendo parte del menú.

REMESAS Y POBREZA EN COLOMBIA: UNA RELACIÓN EVIDENTE

Según previsiones actuales, se recuperarán niveles anteriores de remesas desde el extranjero sólo a partir de 2012 o 2013.

COLOMBIA AFRONTA EL CRECIMIENTO DEL PARAMILITARISMO

La estructura del paramilitarismo se redujo en algunas regiones del país, pero en otras permaneció intacta o hasta creció. .

ENFERMEDADES 'LEVES' QUE MATAN EN COLOMBIA

Los pacientes con diagnóstico de alguna enfermedad prevenible terminan en una gran tragedia personal y familiar, requiriendo cuidados médicos que las entidades designadas no prestan efectivamente.

martes, 6 de julio de 2010

Juan Manuel Santos: Cuatro años a bordo de sí mismo

Por:  Juan Alberto Sánchez Marín

El nuevo presidente colombiano Juan Manuel Santos.

En “El libro de la risa y el olvido”, el escritor checo Milan Kundera, en una frase que no por frecuentada pierde singularidad, afirma que “la lucha del ser humano contra el poder es la lucha de la memoria contra el olvido”.

En el gobierno colombiano que ahora inicia, un rasgo distintivo es la sin par capacidad de los elegidos, presidente y vicepresidente, para desdecirse de sí mismos, abjurar de los laudos dictados en primera persona, negar las jaculatorias propias de antier, o rasgarse las vestiduras ante las actuaciones de ayer. Una brutal lucha del olvido contra la más natural memoria.

Hablemos de Juan Manuel. Ha estado al frente de tres ministerios: Comercio Exterior, Hacienda y Defensa, desenvolviéndose para tres gobiernos distintos e incompatibles: César Gaviria, Andrés Pastrana y Álvaro Uribe.


Juan Manuel fue ministro de Comercio Exterior durante el gobierno liberal de Gaviria. Desde esta cartera, fue punta de lanza de una apertura económica de sopetón, que le significo muchos males al país y acabó de sumir al sector rural en la desgracia (que lo digan los productores de trigo, cebada, papa, o los embarcados en los embelecos de la diversificación de cultivos de la Federación Nacional de Cafeteros, de la que el propio Juan Manuel había sido representante incólume en Londres, ante la OIC).

Juan Manuel fue ministro de Hacienda y Crédito Público durante el gobierno conservador de Pastrana, luego de haber sido un franco opositor y crítico acérrimo. Simple voltereta, para llegar de carambola a un ministerio en el que, con su sola llegada, ayudó a ahogar el proyecto presidencial de referendo para revocar el Congreso. Gracias de la vida, “para salvar al gobierno de Pastrana”, según él mismo lo aseveró.

Juan Manuel fue ministro de Defensa durante el gobierno anti gavirista y anti pastranista de Uribe. De malquerido por el presidente, además, a cuya primera reelección se opuso en los inicios, Juan Manuel, un oligarca concreto, un golfista nato, pasó a ser cofrade de Uribe.

Aprovechó la zambapalos generada por el tema de esa reelección en el Partido Liberal, para crear, con la disidencia, el PUN (léase: Partido de Unidad Nacional), el partido uribista de la U del mismo Uribe, en el que aterrizarían paladines, caciques y parapolíticos, y al que aún ahora siguen deslizándose por la puerta de atrás los miembros del PIN, en una suerte de PIN – PUN y ping – pong milagrosos.

Ya en la cresta de un liderazgo inadvertido, con el partido presidencial bajo la manga, Juan Manuel se ganó, por derecho propio, el ministerio que más le serviría en el gobierno de la “Seguridad Democrática”. Asumidas las mudanzas ideológicas y tan claros los fines, importaron poco los medios, sembrados de mentiras y muertos y desplazados, y con el viento de El Tiempo y todos los medios en popa.

Juan Manuel se reunió con las FARC en Costa Rica, sin venia ni autorización del entonces presidente Samper, y llegó a proponerle a la Comisión de Conciliación Nacional, en 1997, la creación de una zona de despeje, más de medio año antes de la reunión de Víctor G Ricardo con Manuel Marulanda Vélez y el “Mono” Jojoy, realizada una semana antes de la elección de Pastrana como presidente y mucho tiempo antes de que a este se le ocurriera la idea.

Pocas veces en la historia del país a un gobierno se le ha cobrado tan cara una decisión, como al de Pastrana la creación de esa llamada “zona de distensión”, en un infructuoso proceso de negociación con las FARC.

Del mismo modo que la esperanza de la paz con el grupo guerrillero fue definitiva para la llegada de Pastrana al poder, la frustración del proceso fue determinante para que Uribe se abriera el camino a la presidencia con su discurso incendiario e intransigente.

Y en el camino, claro está, se llevó por los cachos cualquier política o estrategias de paz: Se instauró un nuevo discurso, de guerra frontal. Y así fue como el mismo Juan Manuel armó diligente el aparataje, organizó las huestes a costillas del PIB y ladró sin moderación desde el Ministerio de Defensa. Franqueó, pues, de una zancada la valla, y, de proponente de la idea, para cerrar con broche de oro, pasó a afirmar, hace unas semanas, que otros candidatos podrían regresar al país a “la oscura pesadilla del Caguán”.

Es aquel Juan Manuel Santos que nunca ha luchado contra el poder, sino por el poder. En una lucha que cualquiera ser humano libraría contra el olvido, Juan Manuel ha optado siempre por perder la memoria. Ahora que lo ha conseguido, que él de cabo a rabo es el poder mismo, ¿qué país tendrá en mente? ¿Cuál población en el olvido?

Y no es cuestión de pedirle peras al olmo. O a un político de corazón, como este Juan Manuel, que no varíe su pensamiento, o que se contradiga de vez en cuando, o que por conveniencia se arrime al árbol que da más sombra. No. Lo que llama la atención es el exacto acoplamiento con la incoherencia y la obstinación enferma por los traspiés. Lo insensato es el tamaño de los virajes, el descaro en los cambios de tercio, la infidelidad a los adictos, los cabeceos abruptos en la palabra .

Claro, siempre puede sostenerse, y no sin razón, que no se pueden traicionar unas ideas cuando nunca se ha creído de cierto en ellas. Y si desde hace tiempo ha sido complicado establecer lo que Juan Manuel cree de las cosas, a estas alturas, cuando ya ha logrado el pensamiento único que siempre ha estado metido en su cabeza, el de ser presidente, pues él todo se hace más inescrutable, con quién sabe cuántas reflexiones en melcocha y la ambición cociendo al vapor.

Juan Manuel, distinguido por el buen olfato político y el certero recular, es corto de vista a la hora de percibir tanta contradicción y paradoja. Él no halla, digamos, incoherencia alguna entre el hecho de haber sido una vez un activo “conspiretas” y reunirse con Raúl Reyes para tramar la caída de un presidente, Samper, y después acusar a Rafael Pardo de acordar con las FARC la unión con las fuerzas de oposición para evitar la reelección del ya recién arrogado patrón, Álvaro Uribe, en una acusación malintencionada y embustera.

Tampoco la ve en abrazar al mismo Reyes en Costa Rica o El Caguán, y después matarlo en un país vecino. Mejor dicho, en haber pasado, en un santiamén, de pacifista consumado a pacificador furibundo.

Situaciones como estas nos dejan hoy de bruces sobre un Juan Manuel que habla sin ton ni son y un Santos que todavía farfulla en la palestra. Y, peor aún, ad portas de un gobierno de labios para afuera.

Ojalá, por el bien del país, ahora en la presidencia Juan Manuel Santos vuelva a llevarse la contraria, a actuar en contravía de lo que dice que hará y de todas las pavadas que promete, y haga por fin algo que valga la pena o sirva de algo, aunque sea para los propios desdichados que lo eligieron.

Cualquier bagatela que esté más allá de las patrañeras cifras económicas que mostraba en PowerPoint en Minhacienda, cualquier cosa signifique más que las victorias de guerra anunciadas en podio de vitrina en esa área farandulera que volvió el Mindefensa, cualquier fruslería que vaya más allá de los guarismos hueros y las esperanzas baldías con que atragantó a Mockus y esperanza a sus círculos criollos. Es que, de a de veras, Colombia no se merece que él no siga siendo el mismo.

Artículo reproducido por:

Question Digital
ALAI - Agencia Latinoamericana de Información
Rebelión - España
Kaos en la Red - España
Sur y Sur
Indymedia Colombia
La Radio del Sur
Radio Nacional de Venezuela (RNV)
Aporrea - Venezuela

domingo, 20 de junio de 2010

Adiós, que le vaya bien…

LA SALIDA DEL PRESIDENTE COLOMBIANO ÁLVARO URIBE

Por: Juan Alberto Sánchez Marín

Adiós, patrón, don Álvaro otra vez muy pronto, que le vaya bien, que no lo vaya a coger el carro desbocado y zigzaguero del propio legatario, que dios quiera no lo parta el rayo de esas justicias terrenal y divina tan trampeadas a punta de bendiciones episcopales y hasta pontificales, y que no lo vaya a espichar el choque de trenes entre poderes y entre colombianos que usted nunca dejará atrás.



El presidente colombiano, Álvaro Uribe Vélez, deja el poder padeciendo lo que el escritor y filósofo Fernando González, también antioqueño de pura cepa, llamó, en 1936, “un estado de conciencia vanidosa”.

El eximio paisano del presidente sostenía entonces que: “…escribir groserías en las paredes de edificios públicos; robar, cuando nadie lo sabrá; vender la patria, cuando nadie lo sabrá y ejecutar actos buenos, heroicos, cuando lo han de saber, es un estado de conciencia vanidosa”.

La coherencia entre el pensamiento anticipado del filósofo y el estado de conciencia, “muy limitada en verdad”, que ha imperado en La Casa de Nariño durante el último gobierno, resulta evidente si recordamos algunos casos del nutrido bestiario mediático nacional reciente, en los que esta clase de soflama presidencial se hace sentir.

La premisa incluye eso de tirar la piedra y esconder la mano. Como en el caso del malmirado acuerdo militar con los Estados Unidos, que da vía libre a la presencia de tropas de ese país en 7 bases militares.


Uribe, en la Segunda Conferencia de la Convención de Ottawa, efectuada en Cartagena el 3 de diciembre de 2009, dijo delante de todos que: “Muchos países, para enfrentar problemas de inseguridad, se han cerrado a la vigilancia internacional. Nosotros abrimos las puertas de par en par a esa vigilancia”.

Es más, el 31 de octubre del mismo año, en Ibagué, según la propia Secretaría de Prensa de la Presidencia, ya había dicho que: “Tenemos toda la entereza para que ese texto lo conozca, de principio a fin, la comunidad nacional y la comunidad internacional”. Y que, como “es un acuerdo de vital importancia”, “…estará a disposición de todos los colombianos la semana siguiente, de acuerdo con lo que me ha confirmado la Cancillería”.

A tantos meses de la promesa y ya en la puerta de salida, el presidente Uribe sigue sin divulgar un ápice del referido acuerdo militar, ni adentro, ni afuera. En un santiamén dejó de importar. Y que a alguien le importara era una tontería. Porque hasta se corrió la voz de que el acuerdo no era tal, sino adéndum, parágrafo, quizás paráfrasis, a otro convenio viejo y empolvado de los años cincuenta. Y los medios corrieron obsecuentes a echarle tierra al asunto.

Las razones del mutismo son elementales: El acuerdo viola la Constitución, que ni siquiera autoriza el tránsito de tropas. Y viola los mínimos procedimientos de curso requeridos: Se salta hasta la talanquera fácil del legislativo, con la propia anuencia del poder afectado. Si no, como es que en octubre de 2009, el mismo presidente de entonces de la Cámara de Representantes, Édgar Gómez, dijera con cara de palo que el Ejecutivo colombiano consideraba que "el acuerdo no afecta la neutralidad del Estado, no implica el tránsito de tropas (extranjeras), y no contempla el paso de personal militar con finalidad ofensiva". Y que, por estos motivos, quién lo duda, “el gobierno de Álvaro Uribe consideró que dicho acuerdo no debe ser sometido a discusión y aprobación por parte del Legislativo”. Lo dijo como si nada, sin anestesia, la voz cantante de un poder malogrado a punta de puestos y dadivas.

“La conciencia vanidosa” se pega. Y en esa misma razón infeliz nos mintieron diciendo que son acuerdos de igual a igual, con nuestros amigos los estadounidenses, en un despiste sin parangón, en el que no hay nada bajo control, excepto la verdad y las buenas intenciones, siempre mantenidas a buen recaudo.

La fila de ejemplos puede atisbarse de una sola ojeada en cualquier página de estos arduos dos cuatrenios. Álvaro Uribe, como “amigo”, le metió una puñalada trapera a Hugo Chávez, el presidente de Venezuela, en una mediación pedida por el mismo gobierno colombiano y a la que le dio curso con la certeza de que sería infructuosa. La situación se salió de madre cuado las gestiones del vecino, en vez de irse a pique, empezaron a ser eficaces. Entonces y sin aviso, el presidente colombiano dejó colgado de la brocha al presidente venezolano, al que por demás acusó de tratar de ayudar en un conflicto infame, pero requerido para sostener el caballito de batalla que es la máquina de guerra de “la seguridad democrática”.

Uribe hizo de todo, cuanto le dio la gana y de las maneras que quiso. Hizo de la contradicción y la paradoja destrezas gubernamentales. Y de la mentira simple y llana un canon gerencial, en esta empresa necia que es Colombia. Agobió ciudades, pueblos y aldeas remotas con circenses consejos comunales transmitidos sin tregua. Reconvino al aire, de labios para afuera, a ministros y menestrales.

Soltó la jauría de caza del DAS tras opositores, periodistas críticos, líderes sindicales y todo el surtido de los ciudadanos incómodos. Configuró, al interior de las fuerzas militares, un torvo mecanismo de estímulos, que, por entre un tubo, condujo a que las tropas en repetidos golpes de gracia llevaran a cabo el asesinato de campesinos y otros pobres, en un patrón siniestro al que el gobierno y los medios llamaron y llaman con un eufemismo sinvergüenza: “falsos positivos”.

Oyó y atendió los susurros aviesos y solapados de José Obdulio Gaviria, el primo de don Pablo (Escobar). Sentó a su diestra, como Secretario Privado de la Presidencia, a Bernardo Moreno Villegas, un habilidoso egresado de la Financiera de Desarrollo Territorial (FINDETER). Camanduleó de más con César Mauricio Velásquez, su Secretario de Prensa, una especie de predestinado del Opus Dei, a cuyas convicciones no les calza la democracia, si no es de papel.

En fin. Con la partida de Uribe es de esperar que se vayan los cohechos no tan idos, con Yidis, Teodolindo y el ido de Sabas Pretelt. Se van, por fin, Fabio Valencia Cossio y sus intervenciones abiertas, descaradas y reiteradas en esa especie de apéndice del Ejecutivo que han terminado siendo el Congreso de la República y la Cámara de Representantes durante este tiempo, donde apenas si son audibles unas pocas voces independientes y dignas.

Se va también la vanagloria inmoderada, más bien insolente, de la junta del gobierno con toda clase de malas compañías: pendencieros, trapisonderos y malhechores; los que entran por la puerta de atrás a Palacio; los muchos otros que también fungen de asesores, directores o secretarios, y fingen de piadosos; los que son defendidos a capa y espada por el presidente, en cuyas diatribas recriminatorias a la Justicia está la procura de exculparse a sí mismo, como máximo responsable de todos los quebrantamientos a la ética y las leyes.

Álvaro Uribe dijo en UNASUR: “Colombia ha tenido una democracia respetable, de independencia de instituciones, de plenitud de libertades”. Y en Barrancabermeja, el 11 de agosto, hace casi un año, afirmó durante el V Encuentro de la Jurisdicción Constitucional, que “La Justicia en Colombia es autónoma, independiente, y se ha fortalecido bastante, gracias a nuestros esfuerzos presupuestales y a la Seguridad Democrática.” Y sostuvo que “este Gobierno le permite hoy (a la Justicia) actuar en todas las regiones y frente a todos los temas. Hoy no tiene restricciones territoriales ni restricciones de materia”.

Sin palabras. Cuando la Corte Suprema de Justicia es una de las instancias más atacadas por el presidente y sus partidarios. Donde los jueces son vilipendiados y desautorizados por el propio Álvaro Uribe, y acusados de politiqueros, de falseadores y de calumnia. Cuando toda la rama judicial es desprestigiada y puesta en el banquillo de los acusados, en tanto que los acusados, sus subalternos y secuaces, cómo no, son absueltos a priori por el Jefe de Estado. Los pájaros tirándole a las escopetas. Claro está, al fin y al cabo, a lo sumo una nueva variedad de los mismos “pájaros” de nuestra Violencia con mayúscula, aquella en la que hay tantas raíces de tanto.

Se lleva Uribe a cuestas una moral retrechara, gazmoña y afincada en la psicodelia: serán malos, pero adinerados y útiles los buenosmozos; serán buenos, pero pobres los desgraciados. ¡Qué viva Sarmiento Angulo! ¡Abajo los desplazados, esa suerte de infiltrados!

El 23 de marzo de 2009, en un consejo de seguridad en Tibú, Norte de Santander, el presidente aseveró que en sólo 22 procesos de los llamados “falsos positivos” iniciados entonces, se había encontrado soporte jurídico para las denuncias. "Nosotros somos los primeros en exigir que no haya ‘falsos positivos', que haya total transparencia, pero tenemos que ser los primeros en denunciar que mucha gente, amparada en este tema, lo que ha hecho es crecer falsas acusaciones, para tratar de paralizar la acción de la Fuerza Pública contra los terroristas".

Unos meses después, el 3 de diciembre pasado, en una videoconferencia, el presidente Uribe volvió a llamar la atención porque “hay personas e instituciones que, en muchas ocasiones, acusan a nuestras Fuerzas Armadas falsamente, simplemente por afectar nuestro proceso de Seguridad Democrática”.

Las cifras escandalosas de muchachos asesinados en distintas partes del país, que ya sobrepasan los dos mil, acallaron pronto esta monserga del presidente. Echando mano a palabras de José María Vargas Vila, dichas en otro contexto, pero con medidas que ahora parecieran tomadas por escribano notarial, o, mejor, por sastre de pueblo, el presidente Uribe siempre trató de hacernos creer que no se daba cuenta de que andaba “por sobre las cenizas de los muertos”. Así estuvo todo el tiempo y así se va.

Cuando la Justicia condenó a 30 años al coronel retirado Alfonso Plazas Vega, volvió la carga al machete de Álvaro Uribe Vélez, con idénticas argumentaciones:

"El terrorismo, que está perdiendo, en su osadía, ahora quiere ganar a través de tinterillos con acusaciones falsas contra la seguridad democrática". Lo dijo el 3 de junio, en una ceremonia de ascensos de la policía, en la Escuela General Santander, y agregó: "Los tinterillos, los idiotas útiles e inútiles, están en contra de esta política y atemorizan a la Justicia que a veces les da recibo".

Álvaro Uribe sangró por la herida y una sombría asociación de ideas debió incrustársele en esa alma de tantas encrucijadas fatídicas: El infeliz veredicto contra una extralimitación remota y brutal debió hacerle pensar al presidente que por ahí anda suelto el artífice de las Convivir, principio del paramilitarismo, y el regente de un régimen en el que ha corrido mucha sangre inocente.

Al gobierno del presidente Uribe, en el tema de la guerra interna y de su “Seguridad democrática”, le puede pasar igual que a la Inglaterra de “La guerra de los Cien Años” contra Francia, que ganó casi todas las batallas decisivas, pero a la final perdió la guerra.

Es que ni “Jaques”, ni “Camaleones”, ni toda la calaña de los montajes bélicos, sin desconocer su carácter paliativo en el retorno de civiles y militares, y en la reunión de las familias, conducen a parte alguna, mientras los caminos restantes, los del diálogo, de la equidad, del empleo digno, de la seguridad social básica, por ejemplo, sigan siendo minados sin miramientos con la intolerancia de un dogmático y la jactancia de un ubérrimo.

“Que el amor por esta Patria sea la llama a través de la cual Nuestro Señor y la Santísima Virgen me iluminen para acertar; también, para superar la humana vanidad y rectificar cuando incurra en el error”. Esto lo imploró Álvaro Uribe en su discurso de posesión durante su primer mandato, el 7 de agosto de 2002. Era el Álvaro Uribe del corazón grande. Pero aún así, los santos cielos no lo oyeron. En muy pocas cuestiones acertó. Jamás superó la humana vanidad y más bien se le acendró a toda la hornada a su alrededor el “estado de conciencia vanidosa”. Y, como hemos visto, en vez de rectificar cuando incurrió en errores, se volvió iracundo (y lo dejó ver), y le endilgó todas las culpas a quienes no pensaran como él.

Álvaro corazón grande recuerda mucho a Ricardo Corazón de León, aquel rey inglés de la segunda mitad del siglo XII, y no sólo porque al uno, al criollo, lo seduzcan las caballerizas y los caballos, y al otro la caballería, sino por lo cruzados ambos, el corte anacrónico de la cohorte y los escuderos, y, claro está, por el poquísimo gusto por gobernar (que se disimula en trabajar, trabajar y trabajar). Y, a cambio, sí la enfermiza fascinación por la guerra, por desgastar a sus patrias con el embeleso de ganar batallas minúsculas e intrascendentes.

El uno, a última hora, tuvo su Saladino, su carcelazo y su derrota; el otro, el nativo, todavía no lo sabemos, pero ya el personaje escucha por todos los puntos cardinales los pasos de animal grande de la Justicia, la nacional (a la que no logró sojuzgar) y la internacional (que ya le hace regar el tinto del caballo). Y hoy, a diferencia de ayer, no vamos a quedar en manos de Juan Sin Tierra, pero sí en las de Juan Manuel sin Tiempo, y, de cierto, cual siervos sin tierra, como siempre.

Bajo el yugo de los dos gobiernos seguidos de Álvaro Uribe Vélez, mucho del país se fue muriendo en el entre tanto, golpe a golpe, peso a peso. Bala a bala, mejor. Después de estos implacables años de tanta “conciencia vanidosa”, más allá de la mentada “seguridad democrática”, de la cohesión antisocial, de las amañadas cifras de crecimiento o de la espelucada confianza inversionista, yace tendida y exánime la esperanza en un país justo, y es irremediable que luzcan mal y cabizbajos los sueños de una Colombia más incluyente y menos violenta.

A la manera de decir las cosas del finado poeta calarqueño Luis Vidales, a esta Colombia se le han muerto tantas cosas que ya parece un poco fantasma. La prueba de ello es que a estas alturas ni siquiera nos espante la idea de que Juan Manuel Santos sea el sucesor de Uribe y el continuista del aquelarre nacional que ha sido tal mandato.

Ojalá que la callada movilización popular que no deja de brotar a lo largo y ancho del país, siga avanzando y haciéndose incesante. No se la ve en los medios, pero ahí está. No se la registra, porque se la disimula, pero ahí va. Por supuesto, también tiene algo de espectral: no figura en las encuestas, no come cuento, no traga entero, se la nombra como algo amorfo.

Es de estudiantes, de indígenas, de negros, de obreros, de desempleados o mal empleados, de desplazados, de víctimas de todo tipo y de familiares de víctimas, de pobres que no tienen nada y, quién lo duda, de algunos pobres diablos colados que ni siquiera saben que también son pobres aunque tengan algo de plata. En otra palabras: esa parte innegable del país que nunca hizo parte del manipulable “estado de opinión” tan propugnado por el presidente que ya se va.


Artículo también disponible en:

REBELIÓN (España)
Sur y Sur
Agencia TINKU - Información alternativa
Kaos en la Red (España)
Indymedia - Colombia
La Radio del Sur
Ajintem (España)
QUESTION Digital (Venezuela)
Visiones Alternativas (México)
RSN - lA RADIO DE EL PACÍFICO (Ecuador)
ARGENPRESS (Argentina)
teleSUR

miércoles, 16 de junio de 2010

Todos ponen, pocos ganan

LAS PROPUESTAS ELECTORALES DE SANTOS Y MOCKUS EN COLOMBIA

Por:  Juan Alberto Sánchez Marín


Miserables que creen que eligen presidente. Boyantes que saben bien que eligen candidatos a su talla y medida.

Antanas Mockus y Juan Manuel Santos, candidatos a la presidencia de Colombia para el período 2010 a 2014.


Antanas Mockus es una derecha a carta cabal, disimulada de centro y agazapada en lo que se ha dado en llamar “una ideología moderada”, lo que es un desatino más bien desmesurado.

Juan Manuel Santos, por su parte, es una derecha asumida sin tapujos, “de los ricos, por los ricos y para los ricos”, que, además, se ufana hasta el empalago de continuar la armazón de la extrema derecha de Álvaro Uribe.

En pocas palabras: En Mockus, la derecha, con claro tinte de autoritarismo, escuelismo, neoliberalismo, y unos cuantos ismos más igual de azarosos. En Santos, una derecha aún más a la diestra (por ende, más siniestra), que se debate entre los extremos desgraciados de la infalibilidad de Uribe y José Obdulio, y el culebreo oportunista del propio candidato.

Muy mal deben andar las cosas en un país en el que lo esperanzador de una propuesta de gobierno es la sencilla promesa de respetar la Constitución y las leyes, algo inherente a una democracia y que es un supuesto que debería ser precepto para cualquier gobierno medianamente honorable.


Y donde lo reseñable de la otra es la falacia de una “unidad nacional” que sofríe en una misma sartén politiqueros, parapolíticos, hamPINnes (del Partido de Integración Nacional), expresidentes caramboleros de Colombia y de la OEA, y, claro está, al inevitable y próximo ex presidente y sus secuaces.

No hay que ser muy astuto para saber que Juan Manuel Santos es un buen vendedor de ilusiones. Apela y explota sin piedad las características malditas de unos ciudadanos (clientes, compradores) condenados a 200 años de vida republicana y de soledad, sí, dos veces los cien del ilustre García Márquez:

Desmemoria, olvido, atraso, ignorancia, ausencia de los servicios básicos y de todos los otros y de todo, son sólo algunos de esos elementos que, con el apoyo ya casi innecesario de la coacción, de la amenaza, del chantaje, mueven la maquinaria continuista de Juan Manuel.

Como buen prestidigitador, jugador de póker, tramador de “falsos positivos” (asesinatos ciertos), urdidor de entelequias y otras picardías, Juan Manuel también miente sin empacho. Y ahí enreda al otro, a Mockus, un candidato que, cocinado en la salsa propia de mucha filosofía y matemáticas, y pocas nueces, procura vender a punta de verdades (más impuestos, por ejemplo) una gran mentira: la de un sistema que no apunta a transformar, modificar, o, por lo menos, revisar las estructuras fundamentales, sociales, políticas, económicas, de un país al que otra farsa, la de la seguridad democrática, no le ha frenado, no le frena, ni le frenará así nunca, la caída de culos al estanque.

Y la gran mayoría de los otros electores descastados, la clase media, la del voto de opinión, la que sigue los debates electorales por la televisión, lee la prensa y hasta inspecciona las secciones política o económica, tiene Internet en casa y se expresa gustosa en las encuestas, le cree a Santos a pie juntillas. Incluso, se fanatiza y aguanta la idea de que el delfín de Uribe atacará la corrupción, significará progreso y sacará a flote, no se sabe de dónde ni con qué alientos, un talante reformista.

Peor aún, una buena parte de esa clase media, intelectual, pensante, de tanto ver la tele y leer El Tiempo, cree a ojos ciegos en la coherencia de Santos, entre lo que dice ahora y lo que hará después, como si la hubiera habido entre lo que hizo ayer y lo que hoy mismo dice que hizo.

Apenas la minoría pudiente y poderosa de Colombia, los pocos grandes grupos económicos, los parvos habitantes del estrato 6 y hacia arriba, hacen sus apuestas por ambos, no tienen pérdida, no corren riesgos. Con Santos ganan Ardila Lule y Sarmiento Angulo, con Mockus gana Santodomingo. Frente al país entero, con cara gano yo, con sello pierdes tú. Con Santos o con Mockus, siempre salen airosos.

Ellos, que son pocos, poquitos, poquísimos, en un país de inequidades, donde el 49,1% de los ingresos va a parar a las arcas del 10% más boyante, frente al 0,9% que se queda en el lado enjuto de los más miserables.

Miserables que creen que eligen presidente. Boyantes que saben bien que eligen candidatos a su talla y medida.

Artículo disponible en:

Rebelión (España)
Sur y Sur
La Radio del Sur
RNV - Radio Nacional de Venezuela
Indymedia Colombia
Kaos en la Red (España)
Prensa Indígena (México)
ALAINET - Agencia Latinoamericana de Información

miércoles, 2 de junio de 2010

El elegido

Por: Cecilia Orozco Tascón


GRAN SALTO HACIA ATRÁS HA DADO Colombia, al menos la plebeya, con la cuasi elección de un representante de las dinastías más conspicuas, Juan Manuel Santos.

Nada sorprendente, después de ocho años de admirar el represor estilo de finales del siglo XIX que impuso Álvaro Uribe, el ganador del domingo pasado: nadie discute que el poco carismático Juan Manuel no habría obtenido ni la cuarta parte de los votos de la U de no ser por la simbiosis con su patrón. Si Uribe escogió como paradigma político al nefasto Rafael Núñez, Santos parece haber seleccionado como el suyo al conservador Mariano Ospina Pérez, tal vez por aquello de que éste fue sobrino y nieto de presidentes y el tío abuelo de Santos también lo fue. Juan Manuel tiene otros elementos en común con Ospina Pérez. Uno, que ambos fueron considerados “el hombre de los cafeteros”, por haber contado con el impulso de la cúpula de la Federación más privilegiada del país. Dos, que el gobierno de “Unidad Nacional” que propone Santos es título copiado del que propuso Ospina. Esperemos que las coincidencias sólo lleguen hasta ahí, porque si continuaran, habría que espantarse, dado que la época conocida como “La Violencia” se inició en la administración Ospina y aún no hemos podido salir de ella.


Ospina pretendía calmar al liberalismo con el acicate de la “unidad”, entregándole unos ministerios de segunda y unos puestos de tercera. Santos pretende darle sepultura definitiva al partido que lo catapultó con una fórmula similar. La verdad, no tendrá que esforzarse mucho: puso a babear a la mayoría de los liberales con su dedo meñique. Éstos, incluso algunos que creíamos enhiestos, hace tiempo que perdieron su identidad ideológica. Ni siquiera tuvieron el coraje de actuar de frente. El viernes pasado juraban que iban a votar por su candidato. El sábado empezaron a airear su voto por la U y el domingo adhirieron al tipo despreciable de ayer, al que, según rumoraban, intentó aliarse con Mancuso, Reyes y Carranza. Y qué decir de los conservadores. Ellos se mimetizaron con el amo y así continuarán, guiados por el inventor de las “medidas técnicas” que impidieron entregarles subsidios del Estado a los campesinos. Se sabe que con tal de ganar, Santos no se para en pleitos. Su casta capitalina cede ante la necesidad de los votos y se mezcla con la política provinciana más ramplona, aquella a la que le ofreció hace unos años $300 mil millones en “partidas regionales” para entregárselas, en rama, a sus senadores y representantes. ¡Lo que se ha de ver!

Loa a quien ganó la primera vuelta ampliamente. En Antioquia, con el apoyo del destituido parlamentario César Pérez, investigado por la masacre de Segovia. En el Valle, con Dilian Francisca Toro, procesada por parapolítica. En ese departamento y otros, con el concurso del partido de la Picota. ¿O habrá que ser superdotado para adivinar que al PIN le interesa únicamente jugar con el ganador? En Atlántico, con los votos del campeón del clientelismo, José Name. En Córdoba, con los de los involucrados Zulema Jattin, Musa Besaile y, tal como se vieron los resultados, con el 50% de los partidarios del condenado Juan Manuel López, o bien, con los de su señora, Arleth Casado. En Bolívar, con Piedad Zuccardi y su marido condenado por peculado, Juan José García. En Sucre, con la sucesión de Álvaro García Romero, condenado a 40 años por la masacre de Macayepo. En Caldas, con Adriana Gutiérrez, y, en el Meta, con Luis Carlos Torres. ¡Oh gloria inmarcesible!, ¡oh júbilo inmortal! Si no nos importó de dónde venía ni quiénes eran los amigos de un antioqueño arriero, ¿qué nos vamos a preguntar cómo triunfa alguien que nació para ser elegido?

Columna de 2 de junio de 2010, en El Espectador.

domingo, 30 de mayo de 2010

Los hamPINcillos

¿A que no adivináis a cuál candidato apoya tanto hamPINcillo suelto por ahí?

Blanco es, la gallinita de Uribe lo pone.

La tierra, siempre la tierra

Por: Alfredo Molano Bravo

Sobre la película colombiana: "Retratos en un mar de mentiras"
(Ver debate entre Gustavo Petro y José Obdulio Gaviria en la columna derecha de este blog)

DE LOS BARRIOS QUE SE DERRUMBAN solos, porque fueron canteras de arena y ahora son hervideros de gente, huyen de la muerte y del desarraigo los desterrados.

Y nunca terminan de huir del mar de mentiras de la publicidad oficial y del mar de verdades criadas por el terror. Pero huyen, siguen huyendo. Huyen hacia atrás, hacia el origen de la tragedia, en una renoleta destartalada. Ella, una mujer enmudecida por el pavor y aferrada a un Divino Niño del Veinte; él, un rebuscador que deambula con un caballo de madera y un sombrero mexicano de terciopelo negro, fotografiando a quien se deje, en cualquier plaza de ferias, en cualquier atrio, en cualquier cuartel. Son primos, se temen, se necesitan. Van a desenterrar los papeles de la tierra que el abuelo, en la huida, enterró en las cenizas de su mujer, su casa, su finca. Todavía creen que son los títulos y no las pistolas los que acreditan la propiedad. Al Gobierno los únicos papeles que le importan son los de identidad. Bajan de los páramos —donde aún nacen las aguas y los frailejones— a los valles —donde los ríos ya no llevan bocachico ni blanquillo—, esquivando tractomulas gigantescas por carreteras estrechas y rodeadas de soldaditos que saludan con el dedo de matar pulgas mirando al cielo. Inocentes criaturas. Pasan por puentes amarillos sobre ríos embravecidos, bajan el abismo por un laberinto pavimentado. La mujer grita. Aparecen niños jugando con el ruido que hace una moneda regalada en un tarro de plástico. Piden limosna...


Un retén de policía. La mujer grita. El hombre le dice entre dientes, cállese prima, son la ley, yo los arreglo: Señor agente, ¿una foto? ¿Sí? ¡Con sombrero de mariachi y Galil queda bacano! ¿Y para la gaseosa? No, para eso sí no hay. Siguen, otro retén, la guerrilla dispara en montada; el Ejército se parapeta detrás de los civiles. Él toma fotos. Tiros en el carro. La vida no se detiene. La renoleta saca la mano: el empaque de la culata. El viaje sigue en escalera. El plante —caballo, sombrero y Divino Niño— a la mano. Comen por fin: un sancocho de pescado, sin pescado; pura yuca. Después, el fandango, buqué de velas, chupacobres en andamio. La tienda de don Juan es ahora de un John Jairo que atiende con poncho y sombrero vueltiao. A la orden: ¿vienen a comprar o a investigar? Porque aquí nadie sabe de nada, aquí la historia se acabó. Más bien tómense un trago allá con ellos, con los patrones; son los que saben de tierras. ¿Tierras? No, compa, aquí eso ya no hay. Más bien váyanse a dormir la que llevan puesta. Duerman. Al piso, hijueputas, al piso. La mujer grita. Vuelve a gritar lo mismo que gritó hace 15 años: ¡Nooooo, no nos maten! ¡A la Ranger!, ordena el patrón. ¡Ya encontraron lo que buscaban! La Ley los despide con un “suerte muchachos”. A la Ranger van. ¡Hay que hacerlos perdedizos!, grita el patrón. En la trocha, bajo una bonga, un pegadero, la Ranger se clava. Todos empujan. Un descuido y ella corre monte adentro, él también. Disparan, lo hieren. Llegan al hospital dando un rodeo. No atienden, hay paro. La Policía cuida. Al hombre, sangrando, lo meten al cuarto de los muertos de anoche. Los chulos revolotean de cadáver en cadáver, les gustan los ojos aún tibios; la Policía se divierte haciéndoles tiros. Los huyentes desisten, no hay droga. Ella se lleva a su primo arrastrado. Muere en el beso del mar.

Son las imágenes que me han quedado de la película Retratos en un mar de mentiras, de Carlos Gaviria, que no es pariente ni de Carlos ni de Víctor. En una entrevista publicada en http://www.retratosenunmardementiras.com/, Petro opina: “no es una película, es la palpitante realidad de un país que vive en guerra por la tierra”. José Obdulio balbucea: “no, es una mentira repetida”. “Sí —revira Petro—, repetida cuatro millones y medio de veces, una por cada colombiano desplazado”. Gustavo Petro —digo yo— ha vuelto a meter el dedo en la llaga: el origen del problema —siempre tapado a bala— es la tierra. A todos los candidatos ha puesto a hablar sobre la cuestión agraria. Es el mayor acierto de los muchos que ha tenido en su campaña. Votaré por él.

Columna del 30 de mayo de 2010, en El Espectador.

jueves, 20 de mayo de 2010

Lo "positivo" de Santos


El uribismo es tan falso que ahora nos quiere meter este Santos positivo.

domingo, 16 de mayo de 2010

Novela picaresca

Fue otro Santos, Francisco —“criado de la casa real”—, quien al final del siglo XVII contribuyó como escritor al género picaresco español.

Tres siglos después otro Santos, Juan Manuel, se confesó experto en picardías, al admitir que pretendió ponerle picante a la campaña con la cuña radial que imita la voz de Álvaro Uribe, para hacer creer a los incautos que el mandatario lo apoya. Santos dice que los uribistas lo han felicitado por la “genial” mentira, y lo creo, porque este es el país de la picardía. Veámoslo.

Es muy probable que nunca en su vida el estratega venezolano J.J. Rendón haya tenido visa para trabajar aquí; sin embargo, ha participado en dos campañas presidenciales, fue gestor de un partido político, sacó a sombrerazos a un joven parlamentario, ha ganado importantes sumas de dinero, probablemente no ha pagado impuestos o lo ha hecho con avara discreción, y recientemente al vincularse a un candidato presidencial, armó la grande. ¡Qué tal que hubiere tenido permiso de trabajo! A lo mejor fue suya la idea de imitar a Uribe, obviamente porque en esa suplantación era seguro que otra picardía los pondría a salvo: la de que el imitado no desautorizaría el pequeño “engaño”, porque para eso sí tiene humor.


El escándalo de las “chuzadas”, por cuenta del cual aún no están presos todos los que deberían estarlo, por obra y gracia de la picardía ha terminado en que la agencia civil de inteligencia admite que hay carpetas de 28 millones de colombianos, incluidos magistrados y hasta los parlamentarios que asistieron impávidos a semejante confesión, sin que se oyera una sola protesta en el recinto. Cosas de la picardía, que no vale la pena alborotar, menos cuando los afectados no se inmutaron.

La ex directora de una agencia civil de inteligencia confiesa que ella puso su oficina y los esfuerzos de sus subalternos al servicio de un litigio personal de su jefe, y como se trata de una picardía menor, tampoco hay un Procurador que la investigue y sancione.
El Gobierno diseña un plan de subsidios para las gentes del campo, del cual sin embargo se benefician grandes potentados, los mismos que luego aparecen aportando a la campaña presidencial de un fallido ministro y candidato, y la picardía blinda a sus influyentes protagonistas.

Algunas firmas encuestadoras utilizan un inusual filtro para medir la intención de voto de los colombianos, encuestando solamente a quienes tienen registradas sus cédulas, y el candidato del régimen, que va perdiendo, milagrosamente empieza a puntear las mediciones. Ya no importa que otra sea la realidad en las calles, porque para eso los medios amigos sabrán maquillar todo para que no se note nada. Lo que importa es que también allí la picardía hace sus gracias.
Un cardenal de un culto religioso acuña un peculiar método de intervenir en la actividad partidista que le está vedada, dando patente de católico a su candidato presidencial preferido. La feligresía aplaude la picardía celestial de hacer proselitismo, sin que nadie lo advierta.
El punto 103 de la propuesta del fogoso candidato presidencial del régimen denunciado por corrupción, falsos positivos, reelección comprada, interceptaciones ilegales, zonas francas, etc., anuncia que en su eventual gobierno va a trasladar la Fiscalía al Ejecutivo, dizque para luchar “contra la delincuencia, y para mejorar la rendición de cuentas ante la sociedad”, y la galería no se estremece. Más picardías, de las buenas, claro.

Un Procurador politiquero y de bolsillo absuelve con las mismas pruebas que el Vicefiscal llama a juicio y, como si fuera poco, silenciosamente pretende que su prestigioso abogado personal se convierta en su Fiscal. En la Procuraduría se carcajean con la picardía del Absolvedor.
Nada de qué aterrarse. Juan Manuel tiene razón en su fe por la picardía. Esa es la Colombia del tercer milenio, y la de siempre.

~~~

Adenda. Patriótica la propuesta del parlamentario independiente Roy Barreras, para que Álvaro Uribe sea senador vitalicio. Felicitaciones, así habilitará a la Corte Suprema en la que tanto cree su amo, para que lo investigue y lo juzgue en su condición de parlamentario.

(En "El Espectador", columna "Notas de Buhardilla")

lunes, 19 de abril de 2010

Chao, Uribe

Por: Lisandro Duque Naranjo

Hacía ocho años exactamente que no experimentaba un relajamiento como el que ahora me embarga.

Esa molicie, por supuesto, se debe a la certeza de que al actual presidente le quedan ya pocas semanas en su cargo, lo que me basta para ni siquiera pensar todavía en quién vaya a sucederlo y dedicarme más bien a disfrutar el instante.

Obviamente no soy el único contento, pues gran parte del país se siente como si lo hubieran soltado de un patio de cárcel. Se estrena un aire de desinhibición, una temporada de liviandad. Yéndose Uribe, hasta los aguaceros dan buen genio. Los magistrados de la Corte Suprema, por ejemplo, que sufrieron sus groserías y las contestaron con un léxico íntegro pero contenido, ahora emplean términos más desenfadados. Eso en cuanto al organismo al que el azote del barrio se la pasaba haciéndole espionaje y conminándolo a la expiación. La Corte Constitucional, por su lado, a la que supuso de lavar y planchar, ya le sacó la maleta del todo desde el referendo y, cogiéndose confianza, acaba de tirarle por la borda su lastimoso proyecto de emergencia social. Por su parte, la Fiscalía, tan acomodada a las circunstancias, apenas estuvo segura de que el señor Uribe salía de la escena, y encima de eso supo que Juan Manuel se estancaba en las encuestas, sacó del limbo los expedientes por lo de las chuzadas y volvió a empapelar a Sabas Pretelt y Palacio Mejía por lo de la yidispolítica.


Ahí nos vamos dando cuenta de todo lo que iba a empolvarse en los anaqueles si hubiéramos tenido un Uribe III. Muy justo que el hombre aprenda por fin lo que es la soledad del poder, que en su acepción no literaria equivale al descaro con que sus obsecuentes de la víspera le pierden el miedo y hacen, por fin, lo que les dicta su conciencia. Un poco tarde, pero nada es perfecto. Y para colmos, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos despide a su gobierno con un severo cuestionamiento a propósito de la matada de pobres muchachos (falsos positivos), la colaboración de su Fuerza Pública con criminales y el hostigamiento a magistrados y periodistas.

Aún así, este presidente ya en las últimas se la pasa peregrinando por emisoras para implorar que no le dejen botadas aquellas letanías rancias ya: “¡Seguridad democrática, confianza inversionista, cohesión social, por favor!”. Y eso que falta que, en el caso de sucederlo alguno de los que él cree va a darle continuidad a esa retahíla, termine asestándole la decepción final, pues a la fija le cambiará el nombre a todo eso y quizás hasta lo descarte por chatarra.

No le pido entonces mucho al próximo gobierno, ni me preocupa de momento lo que haga. Me basta simplemente con que se limite a ser el posterior al actual, cuya ausencia me procura un placer químico. De lo que estoy seguro, es de que quede quien quede al mando del país, y toco madera para que no sea cierta persona, jamás me hará decir que “me sentía mejor con Uribe”. Es que después de éste es imposible seguir más hacia abajo. Uribe es la excepción a la norma de que “todo es susceptible de empeorar”.

~~~

Piedad Córdoba: Otro caso patético es el del procurador Ordóñez Maldonado, quien viéndose a gatas por el emplazamiento que le ha hecho la Corte a causa de su onanista concepto del cohecho, volvió a poner en circulación las boberías trasnochadas contra Piedad Córdoba. Si este funcionario fuera correcto, y en lugar de un misal leyera textos de derecho, a quien debiera citar es al propio Presidente que fue el que le pidió a la Senadora emprender las gestiones y contactos por los que ahora cree poder enjuiciarla y que ella cumplió a la vista de todos. Y con resultados tan satisfactorios —ya perdí la cuenta de los secuestrados cuya devolución a sus familias y hasta al propio Ejército obtuvo con la desganada autorización del Gobierno—, que el país lo que le adeuda es un desagravio del mismo tamaño de su solidaridad.


Columna: "Lo divino y lo humano", El Espectador, 17 de abril de 2010.

jueves, 25 de marzo de 2010

Tariq Alí, Edward Said y por qué la Autoridad Nacional Palestina debería disolverse

Por: Patricia Rivas

Tariq Ali, uno de los pocos intelectuales que quedan en Europa dignos de ese nombre, pasó por la Casa Árabe en Madrid el 24 de marzo, para presentar “Conversaciones con Edward Said”, recopilación de entrevistas grabadas en 1994 para Channel Four, que la Editorial Alianza ha decidido publicar ahora, en forma de libro.

Edward Said

Hace ya siete años que el cáncer acabó con la vida de Edward Said, autor de “Orientalismo”, “La cuestión de Palestina” y “Cultura e Imperialismo”. Tariq Ali tuvo palabras de homenaje para quien fuera su amigo por más de treinta años: “demasiados amigos han ido muriendo en los últimos años, mientras que los enemigos siguen vivos”, dijo entre nostálgico e irónico el escritor, periodista y cineasta de origen pakistaní.

Pero hablar de Edward Said es hablar de Palestina. Tariq Ali inició su disertación citando un fragmento de un artículo de Said publicado en la New Left Review en 2001, donde cuestionaba las concesiones hechas por el liderazgo palestino a Israel con la firma de los acuerdos de Oslo:

“El pueblo palestino merece algo mejor. Tenemos que decir claramente que con Arafat y compañía al mando no hay esperanza. (…) Lo que necesitan los palestinos son líderes que realmente pertenezcan a su pueblo y estén con él, que es el que en verdad está llevando la resistencia sobre el terreno, no gordos burócratas dedicados a mordisquear puros, a preservar sus acuerdos comerciales y a renovar sus pases VIP, que han perdido todo rastro de decencia o credibilidad. (…) Necesitamos un liderazgo unido, capaz de pensar, de planificar y de tomar decisiones, en vez de arrastrarse ante el Papa o George Bush mientras los israelíes matan a su pueblo con impunidad. (…) La lucha por la liberación de la ocupación israelí es lo que apoya ahora cualquier palestino que se precie”. (New Left Review 11, septiembre-octubre de 2001)


Tariq Ali explicó que Said “describió los acuerdos de Oslo como un reempaquetado de la ocupación israelí. Para él fue muy trágico ver a su gente colaborando con los israelíes en esa estrategia. Llegó a decir: no hay esperanza de que algún día nos den un estado que valga la pena”.


Tariq Alí

Palestina, cada vez peor

“Y esto fue en 2001”, reflexionó Ali. “Desde entonces la situación no ha hecho sino empeorar. Lo que los israelíes hicieron en Gaza conmocionó al mundo, incluso conmocionaba a los estadounidenses cuando los medios mostraban algunos fragmentos de lo que ocurría en Gaza una vez a la semana”.

“La respuesta de la Unión Europea a dos semanas de masacre y asedio fue muy débil: unas pocas palabras duras. Imaginen qué hubiera pasado de haberse tratado de cualquier otro grupo. Una mujer iraní murió durante las protestas contra el gobierno el año pasado, lo que fue malo. Pero todo el mundo occidental se conmovió por la muerte de una mujer en Irán. Ese doble rasero es lo que vuelve a la gente literalmente loca en el mundo árabe, porque comprueba que no hay justicia en el mundo”.

Tariq Ali, certero en su mirada sin concesiones, liquidó en dos minutos la supuesta confrontación entre el gobierno de Obama y el de Netanyahu por la cuestión de los asentamientos ilegales de colonos en los territorios ocupados de Cisjordania. “No hay ninguna contradicción de fondo. El problema fue que los israelíes tuvieron el descaro de anunciar la construcción de 1.500 nuevos asentamientos ilegales en Palestina durante la visita del vicepresidente estadounidense, y eso fue lo que molestó a Washington que no pone ninguna objeción seria a la ampliación de la ocupación, con tal de que se haga con discreción”.

Las cosas han empeorado para Palestina, insiste Ali. “Abbas es peor que Arafat, aceptará cualquier cosa que ofrezca su amo”.

El autochantaje de Europa

“La única Palestina con la que Israel convivirá es un espacio en el que Palestina morirá”, concluye Tariq Ali, que pasa a apelar al auditorio de la Casa Árabe, una institución gubernamental, en el marco de la presidencia española de la Unión Europea: “La Unión Europea es importante, no militarmente, pero sí en lo político, en lo cultural. Y el lenguaje que los europeos usan para los árabes es racista. Israel quiere ser parte de Europa, no del mundo árabe, que es la realidad territorial en la que está inscrito. Quieren convertirse en estado asociado de la UE y Europa está de acuerdo, en lugar de poner condiciones exigibles a cualquier estado con el que se pretenda llegar a un acuerdo, como tener fronteras definidas. Pero Europa está muy lejos de exigir a Israel que respete las fronteras legalmente reconocidas por Naciones Unidas, las de 1967. Europa está satisfecha autochantajeándose con la tragedia, con el crimen que supuso el exterminio de más de 5 millones de judíos en el marco de la II Guerra Mundial. Sin duda fue una tragedia, una gran pérdida para la cultura europea, pero las generaciones actuales no son responsables.

O, al menos, no lo son más que los jóvenes belgas por los 12 millones de muertos que dejó la colonización en Congo durante el siglo pasado.

Europa no debe aceptar el chantaje de Israel por lo ocurrido durante la II Guerra Mundial, un chantaje que pasa por alto la realidad. Israel no es un país indefenso, cuya existencia esté en entredicho: es el sexto país más armado del mundo, y cuenta con armas nucleares. ¿Quién discute su derecho a existir?

En lugar de lanzarnos a una guerra contra quien se dice que puede estar pensando en usar algún día armas nucleares contra Israel, ¿no sería mejor garantizar que Oriente Medio fuera una zona libre de armas nucleares, como Suramérica? ¿Quién necesita esas armas, qué sentido tienen?

La solución: un solo Estado con iguales derechos

Y si la solución de dos estados no es viable para Palestina, ¿cuál es la solución? Tariq Ali abogó por una sola entidad, donde cada ciudadano tenga iguales derechos. Si eso pudiera lograrse, la paz sería viable. Pero –advirtió- eso choca frontalmente con el proyecto del Estado de Israel desde sus orígenes, recordando el eslogan “Una tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra”. Un eslogan falaz, porque esa tierra no estaba despoblada: hubo desplazamiento y violaciones masivas de mujeres palestinas. Los historiadores israelíes lo reconocen hoy. Lo hacen de la misma forma que los estadounidenses reconocen que exterminaron a los indígenas en aras de una civilización superior. ¿Pero es esto algo de lo que estar orgullosos en el siglo XXI? ¿”Exterminar pueblos”? ¿“civilización superior”?

Junto a la cuestión palestina, Tariq Ali sacó a relucir otro problema que, dijo, ha sido deliberadamente orquestado, y es la ocupación de dos países árabes. “La guerra contra el terrorismo es una guerra de recolonización”, concluye Ali.

Contra el eslogan electoral de la campaña demócrata, Tariq Ali afirma que los estadounidenses no van a dejar paz en Iraq: van a dejar enormes bases militares con soldados que intervendrán discrecionalmente. Antes los cruzados construían en Medio Oriente fortalezas, y al menos eran relativamente hermosas. Ahora los estadounidenses llevan ciudades americanas con todo el equipamiento: McDonald’s, Starbucks, prostitutas del Este de Europa, etc. ¿Cómo ayuda eso a calmar a los jóvenes musulmanes de los que una minoría opta por el terrorismo? No se puede separar una cosa de la otra.

Lo que ustedes le piden al mundo árabe es que no haya respuesta. Lo que hacen los terroristas hoy es lo que hacían los argelinos para librarse de los franceses: ponían bombas en los cafés, asesinaban civiles. Ya no recordamos los ecos de la Historia.

Esta triple ocupación tiene muy poco impacto en Europa, opina Ali. Europa debería ser mejor, pero no lo es. En Iraq la ocupación ha provocado más de un millón de muertos, 4 millones de refugiados, toda la infraestructura social destruida y el comentario que se suscita en Europa es: “al menos hay elecciones”.

Parece que a nadie le importe lo que está pasando. En Afganistán, si sumamos los reportes publicados en prensa desde el comienzo de la invasión en 2001, ya van unos 500 mil talibanes asesinados. Obama ha usado más armas para atacar Pakistán que Bush. Hay una continuidad en el proyecto imperial.

Islamofobia en Europa

Tariq Ali sumó a esto el elemento de la creciente islamofobia, y citó varias afirmaciones de algunos opinadores reaccionarios, en el estilio de “Europa se está convirtiendo en Eurabia. Habrá que expulsar al menos a 5 millones de musulmanes”, etc, o de quienes afirman, como uno de los principales mentores del presidente francés, que “llevar pañuelo en la cabeza es un acto terrorista”. No hace tanto tiempo también aquí las mujeres se cubrían la cabeza, ¿eran terroristas por eso? -recordó.

En Europa viven 493 millones de personas, los musulmanes representan un 3%, exagerando mucho, como máximo, puede decirse que un 4% de la población europea. Eso no quiere decir que las minorías no sean importantes en la configuración de un territorio, pero lo que está ocurriendo en Europa con la islamofobia recuerda al antisemitismo europeo de los años 20 y después de la II Guerra Mundial, cuando los judíos basculaban entre la acusación de ser bolcheviques o plutócratas; estaban atrapados. Hoy ya no se utiliza el estigma del bolchevismo, pero se dice de los musulmanes que simpatizan con el terrorismo, o son demasiado ricos. Es una dinámica que asusta, independientemente de si se es religioso o no.

Estamos ante un ataque específico, que aísla a una minoría, se dice que los musulmanes son el problema, y ya sabemos qué pasa después. Dado el ambiente tras los atentados del 11-S, si Bush hubiera dicho que había que aislar a los musulmanes en campos de concentración, la mayoría habría consentido. Recuerden la histeria, el pánico.

Lo que está ocurriendo debe ser combatido por los políticos. En Italia están quemando gitanos otra vez, y hay una ola de islamofobia.

Tariq Ali apeló al público: En este país, dada su historia, el pueblo debería ser más consciente, pero no ocurre. Los políticos no atacan la islamofobia porque les conviene: sirve para convencer a la gente de que la ocupación y lo que Israel le hace a los palestinos es “enfrentar el problema”.

Sí hay salida: la rebelión ciudadana

Por primera vez desde el siglo XVI la población musulmana en Europa está siendo cuestionada. Recordemos que la expulsión de los judíos y los musulmanes de España en 1492 dio lugar a una identidad cultural monolítica, sobre la base de una Europa cristiana.

Tariq Alí recordó lo que Edward Said sostenía a menudo: que no hay una línea divisoria entre cultura y política. Están interrelacionadas.

Si preguntamos a la población de Europa o Estados Unidos, encontramos que no les gusta no les gusta lo que está sucediendo en Iraq o en Palestina, pero los políticos lo ignoran. En un mundo donde la democracia como proceso ha sido vaciada, hacen falta movimientos, protestas. Si no, no cambia nada. Hay que gritar sin parar para ser escuchado. No podemos aceptar pasivamente el mundo.

Quienes creen que China será la gran potencia que venga a rescatarnos solamente viven una ensoñación. La acción y el pensamiento son las únicas herramientas con las que contamos.

Este llamado a la rebelión, a la Intifada, de la ciudadanía europea frente al criminal proyecto imperial, frente a la injusticia y a la hipocresía del discurso orgánico, con el que Tariq Alí cierra su disertación en la Casa Árabe, me hace pensar en un pasaje de sus “Conversaciones con Edward Said”:

“Tariq Ali.- En uno de tus libros recientes, sobre música, has escrito: “Ningún sistema social, ninguna visión histórica, ninguna totalización teórica, sin importar lo poderosa que sea, puede agotar todas las alternativas o prácticas que existen dentro de su dominio. Existe siempre la posibilidad de la trangresión”. Ahora has escrito esto sobre la música, pero se aplica prácticamente a cualquier cosa, ¿no es así?

Edward Said.- Sí, porque en realidad me refiero a esto como hecho social. Que siempre hay una oportunidad, sin importar que uno se sienta contra la pared sin ninguna alternativa excepto someterse; siempre hay una oportunidad de hacer otra cosa. Siempre hay una oportunidad para formular una alternativa, y no sólo quedarse callado o capitular. Creo que para mí es el precepto social más importante, y en cierto sentido rige el modo en el que yo entiendo la política. Porque si la política es simplemente como se supone que tiene que ser según el neorrealismo, y el pragmatismo y todas las demás escuelas que imperan hoy, si la política es simplemente el arte de lo posible, y el arte de lo concluyente y el arte del acomodo, creo que el papel del intelectual es estar siempre haciendo valer la alternativa”.

(“Conversaciones con Edward Said”. Alianza Editorial. Madrid, 2010. Pág. 114)

Hay otras definiciones de intelectual, pero es esta forma de estar en el mundo la que hace de Edward Said y Tariq Ali dos voces imprescindibles.

martes, 16 de marzo de 2010

En defensa de Cuba

A propósito de la resolución del 11 de marzo del Parlamento Europeo sobre Cuba, los intelectuales, académicos, luchadores sociales, pensadores críticos y artistas de la Red En Defensa de la Humanidad manifestamos:

1. Que compartimos la sensibilidad mostrada por los parlamentarios europeos acerca de los prisioneros políticos. Como ellos, nos pronunciamos por la inmediata e incondicional liberación de todos los presos políticos, en todos los países del mundo, incluidos los de la Unión Europea.

2. Que lamentamos profundamente, como ellos, el fallecimiento del preso común Orlando Zapata, pero no admitimos que su muerte, primera “…en casi cuarenta años” según el propio Parlamento, sea tergiversada con fines políticos muy distintos y contrarios a los de la defensa de los derechos humanos.


3. Que instar “…a las instituciones europeas a que den apoyo incondicional y alienten sin reservas el inicio de un proceso pacífico de transición política hacia una democracia pluripartidista en Cuba” no sólo es un acto injerencista, que reprobamos en virtud de nuestro compromiso con los principios de no intervención y de autodeterminación de los pueblos -defendidos también por la ONU-, y en contra de la colonialidad, sino que supone un modelo único de democracia que, por cierto, cada vez se muestra más insuficiente y cuestionable. La búsqueda y profundización de la democracia supone, entre otras cosas, trascender sus niveles formales e inventar nuevas formas auténticamente representativas que no necesariamente están ceñidas al pluripartidismo que, como bien se sabe, encubre frecuentemente el hecho de que las decisiones sobre los grandes problemas mundiales son tomadas unilateralmente por pequeños grupos de interés con inmenso poder, por encima del régimen de partidos.

4. Que pretender justificar una intromisión en los asuntos políticos internos del pueblo cubano manipulando mediáticamente el caso de Orlando Zapata -delincuente común y de ninguna manera preso político-, coincide con las políticas contrainsurgentes que han estado aplicándose en América Latina para detener o distorsionar los procesos de transformación emancipadora que están en curso y se suma al criminal bloqueo al que ha sido sometido el pueblo cubano, por el simple hecho de no aceptar imposiciones y defender su derecho a decidir su destino con dignidad e independencia.

5. Que compartimos la preocupación mostrada por los parlamentarios sobre el respeto a los derechos humanos en Cuba pero la extendemos al mundo en su totalidad. Así como les preocupa el caso del delincuente fallecido (que en 40 años no tiene ningún antecedente similar), los invitamos a exigir el fin de la ocupación de Gaza y del hostigamiento al pueblo Palestino, que ha provocado no una sino miles de muertes; de la intervención en Irak y Afganistán sembrando muerte y terror en pueblos y ciudades; de los bombardeos en esos lugares con el argumento de defender la democracia; el fin de la doble ocupación de Haití; el cierre de la prisión de Guantánamo y la entrega de ese territorio a Cuba, a quien le pertenece; la devolución de las islas Malvinas a Argentina; y, por supuesto, el fin de un bloqueo que viola los derechos humanos del pueblo cubano y que puede poner en duda la calidad moral de quien exige trato humano para un delincuente cuando se lo niega a un pueblo entero.

El acoso económico y mediático al que está siendo sometida Cuba, aun antes del deceso del preso común Orlando Zapata, constituye un atentado contra los derechos humanos y políticos de un pueblo que decidió hacer un camino diferente.

Exigimos respeto a los procesos internos del pueblo cubano para definir y ejercer su democracia, y consecuencia con los principios universales de no intervención acordados por las Naciones Unidas.

Red En defensa de la Humanidad
Pablo González Casanova, Víctor Flores Olea, Ana Esther Ceceña.

La presente resolución ha circulada el martes 16 de marzo por medios electrónicos alternativos y ha sido reproducida en algunos apartes por la agencia Prensa Latina.

domingo, 14 de marzo de 2010

El legado de Uribe

Por: Antonio Caballero

Inseguridad. Desconfianza. Polarización. Ese es el legado que dejan ocho años de tramposos, corruptos y brutales gobiernos de Álvaro Uribe.

Los candidatos uribistas se proclaman resueltos a defender y profundizar "el legado de Uribe", cuando lo que necesita el país es justamente lo contrario: desembarazarse del uribismo, que no ha hecho otra cosa que agravar los problemas existentes y crear otros nuevos. Repiten todos la jaculatoria del jefe: "Seguridad democrática, confianza inversionista, cohesión social". Es un programa mínimo, si se toma al pie de la letra:? dar seguridad, mantener la confianza, garantizar la cohesión, son las obligaciones básicas de cualquier Estado. No se cumplían en Colombia antes de los gobiernos de Uribe, sin duda. Pero tampoco las ha traído él. Por el contrario: en los últimos ocho años ha disminuido la seguridad, ha aumentado la desconfianza, y ha crecido la división entre los colombianos (tanto en lo económico, la brecha entre ricos y pobres, como en lo político, el enfrentamiento entre "buenos" y "malos", o uribistas y antiuribistas).


La seguridad. Es cierto que hoy hay menos secuestros y que las carreteras son menos peligrosas que antes. Y eso es apenas natural habiendo aumentado los gastos en seguridad hasta la cifra colosal de 15 billones de pesos al año, y el pie de fuerza hasta 430.000 hombres en armas: hay policías en todos los municipios y batallones del ejército en todas las montañas del país. Han sido extraditados los principales jefes narcoparamilitares, y de veinte mil hombres que tenían, cincuenta mil entregaron las armas; pero la estructura narcoparamilitar subsiste intacta bajo el nombre eufemístico de 'Bacrim' (bandas criminales), con nuevos jefes, y sus contactos políticos, aunque algunos estén presos, siguen siendo los dirigentes del uribismo rural. La guerrilla ha sufrido fuertes golpes, bombardeos y deserciones y bajas en combate, y ha sido de nuevo relegada a lo hondo de las selvas (o a las fronteras); pero conserva su capacidad de reclutamiento, que no viene del atractivo de sus ideas, sino del hecho desnudo de que el campo arrasado por la política agraria de los gobiernos no ofrece sino dos perspectivas de empleo: la guerrilla y el paramilitarismo. Y esos resultados se han pagado caros: en recompensas en dinero, y sobre todo en la monstruosidad moral de los "falsos positivos" provocados por el viraje de esas recompensas: cerca de dos mil inocentes asesinados por la fuerza pública. Y los desplazados: ese río de millones de hombres y mujeres expulsados del campo que va a engrosar el mar de miseria y de delincuencia de las ciudades. Eso no es seguridad.

Ni puede llegar a serlo, porque la seguridad no se obtiene con las recetas uribistas de plata y plomo, soborno y represión, ensayadas ya y fallidas (aunque en menor escala) bajo sus predecesores. La receta es otra, que no quieren probar aquí los dueños del poder y la riqueza: la justicia social.

En cuanto a la receta para combatir la violencia del narcotráfico, que además financia todas las demás, también es otra: la legalización del negocio.

La confianza: Si de verdad existiera eso que los uribistas llaman "confianza inversionista", millones de ciudadanos no hubieran invertido sus ahorros en las 'pirámides' ilegales. Y las reformas laborales hubieran servido para crear empleo, en vez de destruirlo. Y no habrían huido, llevándose sus exenciones de impuestos, los capitales extranjeros (con excepción de los mineros) y buena parte de los nacionales. Y no tendrían que salir de Colombia en busca de trabajo millones de personas. En cuanto a la confianza en general, basta con ver el crecimiento desaforado de la corrupción para inferir que no existe: nadie cree que puede ganar si no roba. Y no puede ser de otro modo bajo un gobierno que compra y vende las notarías, que son garantes de la fe pública, como si fueran semovientes.

Sólo parecen tener confianza en Colombia, para vivir e invertir, para trabajar y educar a sus hijos, los narcotraficantes. Los cuales se van confundiendo cada día más con los integrantes de la clase política. Un país en el que eso sucede no puede ser un país que ha sido bien gobernado -en los ocho, y en los cien años anteriores.

La cohesión: ¿Se puede hablar en serio de "cohesión social" en un país que está en guerra? No. Solamente se puede, como hacen los uribistas, negar que la guerra sea guerra.

Inseguridad. Desconfianza. Polarización. Ese es el legado que dejan ocho años de tramposos, corruptos y brutales gobiernos de Álvaro Uribe. Hoy domingo, que es día de elecciones, es el momento de votar contra los beneficiarios de semejante legado, que quieren mantenerlo.

Sábado 13 de marzo de 2010.
Revista "Semana"

Twitter Delicious Facebook Digg Stumbleupon Favorites More

 
UA-24891582-1