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BELDADES Y MENTIRAS DE GADAFI

Rodeado de sus beldades, vocifera, desafía, miente. Y la voz telúrica en la tribuna es el canto del cisne.

COLOMBIA: UN PAÍS MINADO POR EL DESPOJO MINERO

En un país en donde nunca estamos sentados a la mesa ni para lo nuestro, no hay otra opción: Terminamos haciendo parte del menú.

REMESAS Y POBREZA EN COLOMBIA: UNA RELACIÓN EVIDENTE

Según previsiones actuales, se recuperarán niveles anteriores de remesas desde el extranjero sólo a partir de 2012 o 2013.

COLOMBIA AFRONTA EL CRECIMIENTO DEL PARAMILITARISMO

La estructura del paramilitarismo se redujo en algunas regiones del país, pero en otras permaneció intacta o hasta creció. .

ENFERMEDADES 'LEVES' QUE MATAN EN COLOMBIA

Los pacientes con diagnóstico de alguna enfermedad prevenible terminan en una gran tragedia personal y familiar, requiriendo cuidados médicos que las entidades designadas no prestan efectivamente.

miércoles, 11 de agosto de 2010

A propósito del ex Presidente Álvaro Uribe y la Corte Penal Internacional

Por: Enrique Santiago Romero

La comunidad internacional ha asistido estas semanas con estupor a los denodados esfuerzos del todavía Presidente de Colombia por complicar aún mas las relaciones diplomáticas de su país con sus vecinos, especialmente con Venezuela, a la que ha hecho blanco de numerosas, graves e infundadas acusaciones politicas y juridicas. Pareciera que tras estas acusaciones se oculte la única intención de Uribe de concluir su mandato presidencial provocando el conflicto armado con Venezuela que tanto buscó -incluso con la instalación de 8 bases estadounidenses en Colombia- pero no consiguió en sus 8 años de presidencia.

Las complejas relaciones entre Venezuela y Colombia durante el mandato de Álvaro Uribe requieren de pormenorizados y extensos estudios que, afortunadamente, a partir del día 7 de agosto de 2010, corresponderá hacer a los historiadores. Uribe ya es el pasado y probablemente ese hecho y sus consecuencias jurídicas -respecto a la pérdida de cualquier inmunidad que le haya alcanzado durante el ejercicio presidencial- son perfectamente conocidas por el todavía Presidente colombiano. No exageraríamos si dijéramos que, tras su salida de la presidencia, el rastro del Presidente Uribe conduce indefectiblemente hacia la Corte Penal Internacional. Y no precisamente como acusador, tal y como ha intentado aparecerse estos días ante la opinión publica internacional, señalando al gobierno y funcionarios venezolanos de "colaboradores" en la perpetración de crímenes de lesa humanidad y crímenes de guerra y dando "instrucciones " al Fiscal General de Colombia para que presente las anteriores acusaciones contra el presidente Chávez -suponemos- y otros altos funcionarios venezolanos ante la Corte Penal de La Haya.


Por lo que a continuación expondremos, podemos avanzar no solamente que la acusación del presidente Uribe contra Venezuela carece de fundamento jurídico alguno, sino que más bien corresponde a una estrategia desesperada para ocultar el mayor de los problemas de Uribe a partir de este 8 de agosto: el abultado expediente de acusaciones que, caratulado bajo su nombre, descansa en los cajones de la Fiscalía de la Corte Penal Internacional.

Es conveniente repasar la hoja de vida del ex presidente colombiano para comprender sus obvios temores a acabar compareciendo ante la Corte Penal Internacional.

Álvaro Uribe Vélez ha sido denominado como el "precursor del Narco-Estado" por uno de las mas importantes centros de investigación en materia de narcotráfico internacional , "The Narco News" (http://www.narconews.com) desde que en 1997 y 1998, los agentes de aduanas de Estados Unidos en California detuvieron tres sospechosas naves con destino a Colombia que portaban un total 50 toneladas de permanganato de potasio, un precursor químico clave necesario en la manufactura de cocaína.

De acuerdo con un documento firmado por el jefe de la DEA Donnie R. Marshall el 3 de agosto de 2001, las naves se dirigían a Medellín (Colombia) a nombre de una empresa llamada GMP Productos Químicos. Las 50 toneladas del precursor químico destinadas a GMP eran suficientes para fabricar 500 toneladas de hidroclorato de cocaína, con un valor en la calle de 15.000 millones de dólares. Según el reporte de la DEA, el dueño de GMP Productos Químicos era Pedro Juan Moreno Villa, el jefe de campaña y ex Secretario de Gobierno durante el periodo de Uribe como Gobernador de Antioquia y, por mucho tiempo, mano derecha del todavía Presidente de Colombia.

Moreno fue el alter ego político de Uribe durante y después de esos nerviosos meses de 1997 y 1998, cuando esperaba los envíos de contrabando. Cuando Uribe fue gobernador del estado de Antioquia -cuya capital es Medellín- de 1995 a 1997, Moreno era el Secretario de Gobierno. Según el entonces jefe de la DEA Marshall, "entre 1994 y 1998, GMP fue el más grande importador de permanganato de potasio en Colombia".

Recordemos que el primer cargo público del entonces joven licenciado en Derecho Álvaro Uribe, fue el de Director de la Agencia de Aeronáutica Civil de Colombia entre 1980 y 1982. La ex amante de Pablo Escobar y presentadora de televisión Virginia Vallejo, en su libro "Amando a Pablo, Odiando a Escobar" da nuevos datos de la relación entre Uribe y Pablo Escobar: según la periodista actualmente exiliada en los Estados Unidos, Uribe fue clave como Director de la Aeronáutica Civil para el otorgamiento de licencias masivas de vuelo al Cartel de Medellín, sin las cuales jamás habrían podido hacer sus inmensos envíos de la droga a los Estados Unidos ni acumulado sus inmensas fortunas. En una entrevista explica por qué el primo de Escobar, José Obdulio Gaviria, es actualmente el asesor presidencial de Uribe. Uribe tuvo a César Villegas como su delegado cuando fue Director de la Aerocivil. Éste último fue sentenciado a 5 años de prisión por nexos con el Cartel de Cali y asesinado para callar su testimonio. (Diario "El Tiempo" de Colombia, 17/03/2002)

Esta querencia de Uribe en materia aeronáutica quedó también de manifiesto cuando la policía y el ejército colombiano desactivaron el mayor laboratorio de transformación de cocaína encontrado hasta la fecha en Colombia, en el remoto paraje denominado eufemísticamente "Tranquilandia" (Operación Yarí). El 11 de marzo de 1983, la fuerza publica irrumpió en el laboratorio del conocido narco Gonzalo Rodríguez Gacha "El Mexicano" y entre otras evidencias intervino un helicóptero Hughes 500, matricula HK 2704 X, propiedad de Aerofotos Amortegui Ltda., empresa propiedad de la familia Uribe. Al respecto Álvaro Uribe alega que ese helicóptero había sido previamente vendido y que se le olvidó documentar dicha compraventa.

Álvaro Uribe ha demostrado tanto "empaque" que hasta tiene una "ficha", la número 82, en la "Agencia de Inteligencia de la Defensa" de los Estados Unidos. Veamos qué dice la indicada ficha de inteligencia (puede consultarse el original en http://www.gwu.edu/~nsarchiv/NSAEBB/NSAEBB131/index.htm:)

"Confidencial. Septiembre 1991.

Informe clasificado Confidencial. Departamento de Defensa de EE.UU. (DIA. Defense Intelligence Agency).

La información contenida en este informe hace referencia a fichas/archivos de los mas importantes narco-terroristas colombianos contratados por los Carteles de la droga colombianos para tareas de seguridad, transporte, distribución, recogida y puesta en practica de operaciones de drogas en ambos países, Estados Unidos y Colombia. Estos individuos son además contratados por los jefes de los Carteles como "ejecutores" para cometer asesinatos (…)

82. Álvaro Uribe Vélez. Político colombiano y senador dedicado a colaborar con el Cartel de Medellín a altos niveles gubernamentales. Uribe ha sido vinculado a negocios relacionados con drogas en Estados Unidos. Su padre fue asesinado en Colombia debido a sus conexiones con los traficantes de drogas. Uribe ha trabajado para el Cartel de Medellín y es amigo personal cercano de Pablo Escobar Gaviria. Él (Uribe) ha participado en la campaña política de Escobar para ganar el puesto de parlamentario suplente de Jorge Ortega. Uribe ha sido uno de los políticos que desde el Senado ha atacado todas las formas del Tratado de Extradición (de Colombia con los Estados Unidos) (…)"


Uribe ha sido señalado de participar habitualmente en el diseño y ejecución de matanzas perpetradas por los paramilitares colombianos, como el caso de la "matanza de El Aro" cometida en 1997, en la cual, según relata el periódico de Miami, "El Nuevo Herald" en su edición del 6 de agosto de 2009, el mismísimo Álvaro Uribe, planeó la matanza con los dirigentes de las AUC (Autodefensa Unidas de Colombia) y posteriormente acudió personalmente a felicitar a los paramilitares que "brillantemente" habían asesinado, con motosierras, al menos a 15 campesinos indefensos, matanza por la que la Corte Interamerica de Derechos Humanos condenó a Colombia.

El grupo paramilitar "Los doce apóstoles" habría tenido sede en la hacienda "La Carolina", en el departamento de Antioquia, cuya propiedad comparten los hermanos Uribe Vélez. El hermano del Presidente fue interrogado por la fiscalía en 1997 respecto a delitos de secuestro, extorsión y asesinato cometidos por "Los doce apóstoles" entre 1993 y 1994. El grupo paramilitar fue acusado de asesinar 50 personas, y de haber cometido una masacre de la cual fueron hallados los cuerpos de cuatro personas y otras dos permanecen desaparecidas. Por este caso existe una demanda en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

El fiscal colombiano Luís Camilo Osorio confirmó que el hermano del mandatario sí había sido objeto de una investigación oficial en 1999, pero también indicó que se había declarado "un auto inhibitorio a favor del señor Uribe Vélez y se ordenó el archivo definitivo" ese mismo año. El 4 de diciembre de 2006, en declaraciones a W Radio de Bogotá, el Presidente Uribe Vélez debió admitir que su hermano sí fue investigado por involucramiento con el paramilitarismo. (Fuente: El Nuevo Herald, Miami, 24 jun 05).

Tres parientes del Presidente colombiano, entre ellos dos primos hermanos, lideraron una banda paramilitar conocida como "Los Erre", señalada de haber asesinado a medio centenar de personas en varios municipios del departamento de Antioquia. Estos familiares fueron condenados en primera instancia y estuvieron presos cerca de un año, hasta que un juez de apelaciones los puso en libertad y archivó el caso por considerar "que no había pruebas suficientes contra los acusados". Los parientes del presidente son Carlos Alberto Vélez Ochoa, Juan Diego Vélez Ochoa y Mario Vélez Ochoa, (también son familiares del clan Ochoa, capos del narcotráfico). (Fuente: El Nuevo Herald, Miami, 24jun05).

El ex Senador colombiano Mario Uribe, primo y colaborador cercano en la presidencia de Álvaro Uribe, está acusado formalmente de narcoparamilitar por la justicia colombiana.

No es el único parlamentario de la mayoría uribista en esa situación. Más de 70 congresista y senadores de los partidos que apoyaban a Uribe en las cámaras legislativas hasta el pasado mes de marzo, se encuentran procesados por la justicia colombiana por narco-paramilitares. Casi el 50% de las cámaras legislativas.

Actualmente, 50 congresistas o ex congresistas uribistas ya cumplen condena por favorecer o pertenecer a grupos narcoparamilitares. Todos son de partidos políticos uribistas (Cambio Radical, Alas Equipo Colombia, Apertura Liberal, Partido Conservador, Partido de la U, Colombia Democrática y Convergencia Ciudadana).

Tras las elecciones legislativas de marzo de 2010, continúa habiendo procesados por narco-paramilitarismo ocupando escaños en el Congreso de la República... ¿Se imagina el lector el escándalo que supondría que el 50% de la Asamblea Nacional venezolana estuviera procesado por narco-terrorismo?

De larga data, ya en sus tiempos de gobernador de Antioquia, viene la tendencia de Uribe a actuar como "señalador oficial" de los defensores de Derechos Humanos en Colombia, convirtiéndolos en objetivos a eliminar por los narco-paramilitares.

Uno de los mas sonados "trofeos" que Uribe se cobró en esta otra actividad habitual en él, fue Jesús María Valle Jaramillo, abogado, Coordinador del Comité Permanente por la Defensa de los Derechos Humanos "Héctor Abad Gómez" de Antioquia, quien fue asesinado por sicarios el 27 de febrero de 1998, cuando se encontraba en su oficina en el centro de la ciudad de Medellín. Varios días antes, el entonces Gobernador de Antioquia, Álvaro Uribe Vélez, había mencionado en una intervención pública a Jesús Maria Valle, señalándolo como "auxiliador de la guerrilla", a pesar de que el abogado era miembro del Partido Conservador colombiano.

Durante su mandato presidencial Uribe ha mantenido y expandido abusivamente esta tendencia suya a criminalizar a los defensores de los derechos humanos, equiparándolos a viles terroristas y situándolos sistemáticamente en el objetivo de grupos paramilitares y -según se ha confirmado a la vista del escándalo denominado "chuzadas del DAS"- convirtiendo tantos a los defensores como a sus familias en objetivos de las amenazas, seguimientos y atentados de los servicios de inteligencia presidencial, el Departamento Administrativo de Seguridad (DAS).

Uribe Vélez ha puesto en marcha durante su presidencia el mayor operativo de espionaje ilegal que recuerde la sociedad colombiana. Nombró a Jorge Noguera, su director de campaña electoral en 2002, como Director del DAS (Departamento Administrativo de Seguridad). Después de salvarlo de su primera detención, Uribe lo designó cónsul en Milán. Actualmente Noguera paga condena en la cárcel por concierto para delinquir por vínculos paramilitares y permitir que el DAS (la agencia de inteligencia dependiente de la Presidencia de la República) fuera puesto al servicio de los narco paramilitares ya con pruebas, recopiladas por la Fiscalía General de Colombia, que acreditan que cientos de sindicalistas, opositores a Uribe, periodistas y defensores de los derechos humanos han sido asesinados en Colombia por encargo y con medios del DAS.

Noguera fue también protagonista del reciente escándalo de las "chuzadas" telefónicas, operaciones ilegales de intervención de las comunicaciones personales y seguimiento de políticos, jueces, periodistas y defensores de los derechos humanos colombianos perpetradas por el DAS. En la Colombia de Uribe no ha existido discriminación a la hora de espiar a cualquiera de sus críticos. El Presidente los espía y amedrenta a todos por igual y sin olvidarse de nadie, sea conservador o liberal, de izquierdas o de derechas, magistrado o periodista.

La política de "Seguridad Democrática" de Álvaro Uribe ha dado lugar al escándalo conocido como "falsos positivos": el asesinato de -al menos- 2.500 civiles inocentes por la fuerza pública colombiana, bajo el mandato de Uribe como Presidente y siendo Juan Manuel Santos el Ministro de Defensa, presentados como "guerrilleros dados de baja en combate", con la única intención de cobrar las recompensas que el Estado colombiano paga por "dar de baja a guerrilleros".

Tras ser denunciado el crimen de "los falsos positivos" por una Misión Internacional de Observación sobre Derechos Humanos en Colombia en Octubre de 2007 y negado y descalificado por Uribe, tuvo que ser reconocido por el propio Presidente cuando la OEA hizo suyas las conclusiones del informe de la Misión Internacional. El relator de las Naciones Unidas para las Ejecuciones Extrajudiciales no sólo ha dado por válidas estas acusaciones, sino que, tras hablar de un plan sistemático criminal, ha exigido su esclarecimiento y castigo a los culpables.

Colombia es el país del hemisferio occidental donde mayores violaciones de los derechos humanos se cometen- cuantitativa y cualitativamente hablando- de forma sistemática y respondiendo a un plan criminal perfectamente diseñado que tiene como finalidad el despojo de la tierra a los campesinos y su apropiación por las oligarquías terratenientes en alianza con narcotraficantes y organizaciones paramilitares. De los más de 4 millones de desplazados internos ocasionados en Colombia por el conflicto armado interno, la inmensa mayoría han sido provocados para consolidar la apropiación ilegitima de tierras de los campesinos. De estos desplazamientos, al menos 2 millones se han producido durante los 8 años de mandato del Presidente Uribe.

En la actualidad las organizaciones de víctimas y de defensores de los derechos humanos en Colombia intentan preservar la que sin duda es la mayor fosa común descubierta en América Latina con cadáveres "NN". Más de 2.500, según las primeras estimaciones, en la fosa denominada de "La Macarena", que escondería victimas campesinas de ejecuciones extrajudiciales realizadas por destacamentos del ejército colombiano y organizaciones paramilitares.

No pierda de vista el lector que la "industria criminal", organizada entre otros por las autoridades colombianas durante el mandato del Presidente Uribe, llegó a utilizar -emulando la "solución final" del nazismo alemán- hornos crematorios para hacer desaparecer los cuerpos de los miles de asesinados por funcionarios del Estado y sus aliados paramilitares: tres hornos al menos han sido descubiertos hasta ahora, uno en Arauca, otro en Antioquia y uno "móvil", en Bogotá.

En mayo de 2010 el diario The Washington Post daba cuenta de la confesión del oficial de la policía nacional colombiana Juan Carlos Meneses, quien sostuvo haber participado en operaciones paramilitares del grupo denominado "Los 12 apóstoles", de los que formaba parte Santiago Uribe, hermano del Presidente.

Ante tal prontuario "presuntamente" criminal, no deja de sorprender la osadía del todavía presidente Uribe cuando amenaza a su vecino venezolano con llevarlo ante la Corte Penal Internacional. Sin cabernos duda alguna de que los presuntos hechos perpetrados por y bajo las instrucciones de Álvaro Uribe -arriba descritos- son de una gravedad sin parangón en la historia contemporánea de América Latina, tras la desaparición de las dictaduras militares del periodo 1960-1990, examinemos desde un punto de vista exclusivamente jurídico la viabilidad de la denuncia ante la CPI anunciada por Uribe.

El pasado jueves 22 de julio Venezuela anunciaba en la OEA la ruptura de relaciones diplomáticas con Colombia como reacción a la campaña de descalificaciones que contra Venezuela inició Uribe, una vez conocido quién sería su sucesor el próximo 7 de agosto. No se recuerda en los anales de la diplomacia caso similar de un presidente que empeñe su último mes de mandato en provocar con tanto ahínco un conflicto bélico con su vecino.

Tras conocerse el anuncio de Venezuela, Uribe convocó al Fiscal General de Colombia, Guillermo Mendoza, para instarle a que iniciara el proceso necesario para llevar ante la Corte Penal Internacional a altos funcionarios venezolanos, incluído el Presidente Hugo Chávez Frías. Algunos periódicos han publicado estos días que fueron los máximos jefes militares colombianos quienes, en presencia de Álvaro Uribe, entregaron al Fiscal General documentación sobre acciones de organizaciones insurgentes colombianas que habrían utilizado suelo venezolano.

El Fiscal General anunció a la prensa que el encargo recibido era: "estudiar la posibilidad de llevar ante la Corte Penal internacional a autoridades venezolanas por proteger, ayudar o auxiliar a grupos que cometen crímenes de guerra o de lesa humanidad en la zona fronteriza colombiana".

Al margen de que Colombia, incapaz de controlar más de 50 frentes de organizaciones insurgentes dentro de su territorio, exija a Venezuela una diligencia de imposible cumplimiento en fronteras selváticas o montañosas, lo cierto es que desde que se realizaron las primeras acusaciones del presidente Uribe respecto a que Venezuela albergaba bases guerrilleras colombianas en su territorio, ni una sola prueba rigurosa ha sido presentada al respecto.

Para discernir si la iniciativa del ex presidente Uribe busca realmente conseguir una condena de la CPI al Presidente Chávez, nada más y nada menos que por "crímenes de lesa humanidad y de guerra", o simplemente es la última "pataleta" política del presidente latinoamericano con la mayor carpeta abierta en la Corte de La Haya, debemos examinar lo establecido en el Estatuto de la CPI, íntegramente en vigor para Colombia y Venezuela.

La Corte Penal Internacional únicamente es competente para conocer denuncias penales contra personas individualizadas -no contra Estados o gobiernos- y con carácter complementario con las jurisdicciones penales de los países donde hayan ocurrido los hechos. así se establece en el artículo 1 del Estatuto de la CPI:

"(…) La Corte (…) estará facultada para ejercer su jurisdicción sobre personas respecto de los crímenes más graves de trascendencia internacional de conformidad con el presente Estatuto y tendrá carácter complementario de las jurisdicciones penales nacionales.

Los "crímenes mas graves de trascendencia internacional" sobre los cuales tendría competencia la Corte, se indican en el articulo 5 del Estatuto y son:

"(…) a) El crimen de genocidio; b) Los crímenes de lesa humanidad; c) Los crímenes de guerra; (…)".

Conforme a lo anterior, la iniciativa del ex Presidente Uribe, en caso de llegar a concretarse mediante la interposición de una acción penal contra funcionarios venezolanos ante el Fiscal de la Corte Penal Internacional conforme a lo establecido en los artículos 13:

"Ejercicio de la competencia

La Corte podrá ejercer su competencia respecto de cualquiera de los crímenes a que se refiere el artículo 5 de conformidad con las disposiciones del presente Estatuto si:

a) Un Estado Parte remite al Fiscal, de conformidad con el artículo 14, una situación en que parezca haberse cometido uno o varios de esos crímenes; (…)"

y 14 del estatuto:

"Remisión de una situación por un Estado Parte

1. Todo Estado Parte podrá remitir al Fiscal una situación en que parezca haberse cometido uno o varios crímenes de la competencia de la Corte y pedir al Fiscal que investigue la situación a los fines de determinar si se ha de acusar de la comisión de tales crímenes a una o varias personas determinadas."


necesariamente debería fundamentar racionalmente, al menos indiciariamente, que funcionarios venezolanos auxiliaron a las FARC de forma continuada y sistemática, que por ello pudieron cometer un crimen de lesa humanidad, y que el asunto nunca ha sido investigado por las autoridades venezolanas. Esto último, en términos jurídicos, hace referencia a la denominada "concurrencia de jurisdicciones" -entre la de la C.P.I. y las nacionales del país donde hayan ocurrido los hechos- supuesto en el que como establece el artículo 1º del estatuto, la jurisdicción de la C.P.I. "tendrá carácter complementario de las jurisdicciones penales nacionales"


El artículo 15 del Estatuto de Roma regula el procedimiento que deberá seguir el Fiscal y la Sala de Cuestiones Preliminares del Tribunal, una vez recibida la información remitida por el Estado Parte, para iniciar una investigación respecto a los hechos denunciados, siendo imprescindible que el Fiscal analice "la veracidad de la información recibida." (art 15.2)

A la vista de lo anterior, no cabe duda alguna de que los Estados Parte en el Convenio de Roma de constitución de la C.P.I. -como es Colombia- pueden remitir información -equivalente a una denuncia- al Fiscal del Tribunal para que éste y la Sala de Cuestiones Preliminares del Tribunal estudien si la misma amerita el inicio de un procedimiento judicial ante esta Corte o en su caso el inicio de una investigación preliminar, siempre y cuando dicha denuncia tuviera un mínimo de veracidad a juicio del Fiscal de la C.P.I., lo que en el contexto que analizamos y a la vista de las pruebas -escasas e inconcretas- aportadas por el gobierno colombiano, no parece que sea el caso.

En todo caso, el procedimiento podria ser puesto en marcha por Colombia mediante presentacion de denuncia ante el Fiscal de la Corte Penal Internacional, quien en virtud del articulo 18 del estatuto, si hubiera "determinado que existen fundamentos razonables para comenzar una investigación, (…) lo notificará a todos los Estados Partes y a aquellos Estados que, teniendo en cuenta la información disponible, ejercerían normalmente la jurisdicción sobre los crímenes de que se trate"

De forma que el Estado notificado -en este hipotetico caso Venezuela- podrá informar a la Corte de que está llevando o ha llevado a cabo una investigación en relación con sus nacionales u otras personas bajo su jurisdicción respecto a actos criminales que puedan constituir crímenes contemplados en el artículo 5 y a los que se refiera la información proporcionada en la notificación a los Estados.

"A petición de dicho Estado, el Fiscal se inhibirá de su competencia en favor del Estado en relación con la investigación sobre las personas antes mencionadas, a menos que la Sala de Cuestiones Preliminares decida, a petición del Fiscal, autorizar la investigación.

Es decir, antes de iniciarse cualquier investigación o al menos simultáneamente al inicio, el Fiscal de la Corte Penal debería dirigirse a Venezuela para comunicarle la interposición de dicha denuncia y esperar una contestación de Venezuela, siendo posible que la contestación de Venezuela sea precisamente la más evidente: que todo lo relativo a la presencia de la insurgencia colombiana en su terrilorio es algo que las autoridades y la justicia de Venezuela investigan y persiguen desde, al menos, el inicio del mandato del actual Presidente venezolano, en cuyo caso la Fiscalía de la C.P.I. debería inhibirse a favor de la justicia venezolana.

En este supuesto analizado, parece evidente que la denuncia con la que ha amenazado el ex presidente Uribe, tendría poco recorrido jurídico.

Entrando aunque sea brevemente en un somero analisis juridico sobre si los hechos imputados por Uribe a las autoridades venezolanas -la actuación de la insurgencia colombiana en territorio venezolano- podrían ser considerados crímenes de lesa humanidad (art. 7 del Estatuto):

"(...) se entenderá por "crimen de lesa humanidad" cualquiera de los actos siguientes cuando se cometa como parte de un ataque generalizado o sistemático contra una población civil y con conocimiento de dicho ataque:

a) Asesinato; b) Exterminio; c) Esclavitud; d) Deportación o traslado forzoso de población; e) Encarcelación u otra privación grave de la libertad física en violación de normas fundamentales de derecho internacional; f) Tortura; g) Violación, esclavitud sexual, prostitución forzada, embarazo forzado, esterilización forzada o cualquier otra forma de violencia sexual de gravedad comparable; h) Persecución de un grupo o colectividad con identidad propia fundada en motivos políticos, raciales, nacionales, étnicos, culturales, religiosos, de género definido en el párrafo 3, u otros motivos universalmente reconocidos como inaceptables con arreglo al derecho internacional, en conexión con cualquier acto mencionado en el presente párrafo o con cualquier crimen de la competencia de la Corte; i) Desaparición forzada de personas; j) El crimen de apartheid; k) Otros actos inhumanos de carácter similar que causen intencionalmente grandes sufrimientos o atenten gravemente contra la integridad física o la salud mental o física.",

o crimenes de guerra (art. 8 del Estatuto), es decir, violaciones de las Convenciones de Ginebra de 1949 y sus Protocolos Adiccionales, lo primero que resulta destacable para cualquier observador es que los hechos criminales incluidos en la definición del tipo penal "crimen de lesa humanidad" antes indicado presentan bastante coincidencia con las sistemáticas violaciones de los derechos humanos que ocurren en Colombia de forma habitual, violaciones imputadas mayoritariamente -por organismos internacionales, observatorios y organismos de derechos humanos- a las autoridades colombianas y sus agentes. Nunca ningún organismo internacional o de derechos humanos mínimamente prestigioso ha relatado crimenes con apariencia de lesa humanidad ocurridos en Venezuela.

Para nadie es un secreto que en Colombia existe un conflicto armado encardinable en los parámetros legales establecidos en las Convenciones de Ginebra de 1949 y respecto al cual las partes implicadas tiene la obligación de reconocer y aplicar las previsiones legales contenidas en las mencionadas cuatro Convenciones de Ginebra así como en los dos Protocolos Adicionales de 1977.

Al respecto, establece el Protocolo II adicional a los Convenios de Ginebra del 12 de agosto de 1949 relativo a la protección de las victimas de los conflictos armados sin carácter internacional:

"TITULO I: AMBITO DEL PRESENTE PROTOCOLO

ARTICULO I Ambito de aplicación material.

1. El presente Protocolo, que desarrolla y completa el artículo 3 común a los Convenios de Ginebra del 12 de agosto de 1949, sin modificar sus actuales condiciones de aplicación, se aplicará a todos los conflictos armados que no estén cubiertos por el artículo I del Protocolo adicional a los Convenios de Ginebra del 12 de agosto de 1949 relativo a la protección de las víctimas de los conflictos armados internacionales (Protocolo I ) y que se desarrollen en el territorio de una Alta Parte Contratante entre sus fuerzas armadas y fuerzas armadas disidentes o grupos armados organizados que, bajo la dirección de un mando responsable, ejerzan sobre una parte de dicho territorio un control que les permita realizar operaciones militares sostenidas y concertadas y aplicar el presente Protocolo.

2. El presente Protocolo no se aplicará a las situaciones de tensiones internas y de disturbios interiores, tales como los motines, los actos esporádicos y aislados de violencia y otros actos análogos, que no son conflictos armados".

Es una evidencia que dicho conflicto armado -que de una forma u otra ha venido manifestándose de forma ininterrumpida en el país desde finales del siglo XIX hasta nuestros días, ya sea mediante la forma de guerras civiles o de guerra del Estado contra fuerzas irregulares- es de enorme complejidad a la vista de los numerosos actores armados implicados - diversas organizaciones armadas ilegales como las FARC y el ELN, fuerzas del Estado, ejércitos paramilitares diversos- existiendo en la actualidad al menos dos bandos enfrentados: el Estado colombiano, con la evidente connivencia de los ejércitos ilegales paramilitares correspondientes a organizaciones incluidas en la lista de organizaciones terroristas de la Unión Europea, como es el caso de las AUC y las AUCC; y organizaciones armadas insurgentes de carácter ilegal, también incluidas en la lista de organizaciones terroristas de la Unión Europea, como es el caso de las FARC y el ELN.

En lo referido al objeto del analisis que nos ocupa - la posible comisión de delitos de lesa humanidad por la insurgencia colombiana y la hipotética responsabilidad en los mismos de autoridades venezolanas- es conveniente recordar que la aparición de las FARC en el escenario colombiano se remonta a los años 60, cuando los restos de las antiguas guerrillas liberales campesinas se organizan como fuerzas de autodefensa para hacer frente a los escuadrones de la muerte, "los pájaros", puestos en marcha por los terratenientes conservadores para exterminar a los dirigentes sociales campesinos simpatizantes del partido liberal.

Las FARC-EP inician sus actividades armadas, de manera ininterrumpida desde el 27 de mayo de 1964, iniciada por 48 campesinos - 46 hombres y 2 mujeres -, en Marquetalia (Tolima), ante lo que consideraban una agresión del Estado y de los grandes propietarios latifundistas. Las FARC-EP manifiestan en ese momento que:

"están ejerciendo los legítimos derechos de rebelión y autodeterminación de los pueblos, luchan por la construcción de una nueva Colombia, sin explotados ni explotadores, en paz, con dignidad y soberanía y por los derechos fundamentales de la mayoría de los colombianos."

En el posterior devenir histórico, las FARC-EP se han desarrollado y expandido por toda Colombia, consolidándose como una organización ilegal armada con mas de 60 "frentes" que tiene presencia en toda la geografía nacional, por lo que pareciera se dan las premisas previstas en el antes citado articulo I del Protocolo II de 1977 para la aplicación al conflicto colombiano de las previsiones previstas en las Convenciones de Ginebra de 1949.

Las fuerzas beligerantes en el conflicto colombiano -FARC incluidas- sin duda han incurrido e incurren en numerosas violaciones del Derecho Internacional Humanitario contenido en las 4 Convenciones de Ginebra, provocando con ello numerosas víctimas entre la población civil. Para los organismos de derechos humanos colombianos más reputados, la responsabilidad de las violaciones graves del D.I.H. ocurridas en Colombia en 2007 se reparten de la siguiente forma, según el Informe "Noche y Niebla" del CINEP, organismo de derechos humanos colombiano dependiente de la Compañía de Jesús: del total de 1.670 violaciones del D.I.H. reportadas en 2007, 858 se imputan a organismos oficiales dependientes del Estado colombiano (fuerzas armadas y cuerpos policiales), 5 a agentes extranjeros, 39 a combatientes sin identificar, 580 a paramilitares, 8 al ELN, 176 a las FARC y 4 a "guerrilla" sin especificar.

La situación de los derechos humanos en Colombia es sumamente grave. Éstos son vulnerados sistemáticamente por todas las partes en conflicto, a la vez que incumplen sistemáticamente el D.I.H., no resultando un hecho objetivo ni verificable, por carente de sustento probatorio alguno, la afirmación de las autoridades colombianas de que las FARC o el ELN cometen sistemáticos crímenes de lesa humanidad o de guerra.

De los datos anteriores, se verifica que con mucho el mayor violador del D.I.H. en Colombia es el propio Estado, seguido de organizaciones paramilitares de extrema derecha y seguido por las FARC y el ELN. Desgraciadamente, todos los actores del conflicto colombiano -empezando por el propio Estado- vienen utilizando métodos terroristas contrarios al derecho internacional humanitario y de los derechos humanos.

En sustento de nuestra anterior afirmación, se referencian los siguientes documentos de organismos internacionales: el informe anual de Amnistía Internacional 2008, relata claros indicios de que los grupos paramilitares tradicionales siguen operando en la actualidad en muchas partes de Colombia con nombres nuevos, como los «Águilas Negras», manteniéndose los informes que señalan la connivencia entre paramilitares y fuerzas de seguridad. El Departamento de Estado de EE.UU., a pesar de su apoyo incondicional al Presidente colombiano Álvaro Uribe al que pretende exculpar de su responsabilidad, señala en la sección 1, apartado a) de su informe anual fechado el 11 de marzo de 2008 las evidentes conexiones entre los paramilitares y la fuerza pública, así como el mantenimiento de elevados grados de impunidad.

El grado de esta vinculación entre los grupos paramilitares y el Estado colombiano lo muestra el escándalo de la parapolítica, reflejado en el Informe de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos sobre la situación de los derechos humanos en Colombia, de 28 de febrero de 2008:

La Corte Suprema de Justicia inició investigaciones por presuntos nexos con grupos paramilitares contra 45 Congresistas de 16 departamentos, de los cuales 18 están en prisión. También se iniciaron investigaciones contra cuatro ex Gobernadores y 18 ex Alcaldes. En noviembre, la Procuraduría destituyó e inhabilitó por 18 años al ex director del Departamento Administrativo de Seguridad (DAS), por haber colaborado con grupos paramilitares y por actos de corrupción. Todas estas investigaciones han revelado el alto grado de infiltración paramilitar en el Estado a través de alianzas con políticos y con el sostén de algunas empresas privadas. La Corte Suprema ha dado claras muestras de fortaleza e independencia, lo cual refuerza la posibilidad de continuar revelando otros vínculos de paramilitares con miembros de instituciones públicas y privadas.

Las consecuencias de este tipo de vínculos pudieron ser constatadas por la Misión de Apoyo al Proceso de Paz en Colombia, de la Organización de los Estados Americanos, en su octavo informe trimestral publicado en febrero de 2008, al identificar 22 nuevas estructuras compuestas por aproximadamente 3.000 integrantes; en el periodo de 12 meses concluido en junio de 2007, al menos 230 homicidios de civiles se atribuyeron a los paramilitares, ya fuera actuando por su cuenta o en connivencia con fuerzas de seguridad.

En el mismo informe de la OEA se destaca cómo la impunidad sigue siendo la norma en la mayoría de los casos de abusos contra los derechos humanos. Aunque se registraron algunos progresos en varios casos emblemáticos, en otros muchos no hubo avance alguno en la determinación de responsabilidades en la cadena de mando.

En el mismo sentido, según el informe 2007 de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, pese a la desmovilización de las AUC persiste la violencia derivada del conflicto armado. La CIDH continúa recibiendo denuncias que indican que grupos armados al margen de la ley (paramilitares y guerrilla) y miembros de la fuerza pública continúan involucrados en la comisión de crímenes, violaciones a los derechos humanos e infracciones al derecho internacional humanitario contra la población civil que se traducen en violaciones del derecho a la vida, la integridad personal y la libertad:

El "Observatorio de derechos humanos y del derecho internacional humanitario" de la Vicepresidencia de la República (conforme a su metodología) señala que los primeros nueve meses de 2007 se habrían producido 13.023 homicidios. Asimismo, indica que durante el mismo período se habrían producido 21 casos de masacre con 98 víctimas. Por su parte, el CINEP (siguiendo su propia metodología de compilación y presentación de cifras) indica que en el primer semestre de 2007 se habrían producido 243 ejecuciones extrajudiciales; 231 homicidios intencionales de personas protegidas y 31 desapariciones forzadas. La CIDH estima pertinente citar en su informe a ambas fuentes a pesar de las amplias discrepancias metodológicas entre ellas, a fin de dar cuenta del panorama presentado tanto por fuentes oficiales como de la sociedad civil, como es su práctica consistente.

Igualmente, durante 2007 la CIDH constató el alto número de ejecuciones extrajudiciales atribuidas a miembros de la Fuerza Pública, tal y como ya hemos relatado en este artículo, destacando ahora lo que nos interesa: "los más de 2.500 casos constatados muestran lo que se denomina en Derecho Internacional como ejecuciones extralegales, arbitrarias o sumarias, acciones que, aunque se presentan en diferentes modalidades, corresponden a patrones comunes de actuación diseñados y realizados, al menos, por las autoridades civiles del Ministerio de defensa y los funcionarios militares del Ejercito Nacional de Colombia, practica que se ha mantenido en el tiempo y se ha producido en un gran número de departamentos de Colombia".

Podemos concluir que aun en el improbable supuesto de que Colombia llegue a interponer la denuncia anunciada por Uribe Vélez y la Fiscalía de la Corte Penal Internacional llegara a admitir la misma para sus estudio, difícilmente puede afirmarse que los crímenes de lesa humanidad o de guerra perpetrados en el conflicto interno colombiano son responsabilidad de las organizaciones insurgentes, y ello a la vista de las innumerables pruebas -asumidas como propias por organismos internacionales multilaterales y de derechos humanos- que ponen de manifiesto que son las autoridades colombianas -en especial en el período 2002 al 2010- las mayores responsables de estos crímenes.

No se pierda de vista en el análisis de la realidad colombiana la "hoja de vida" arriba relatada del presidente Uribe y sus más que probables nexos con las mafias del narcotráfico y el paramilitarismo. Por menos, el ex presidente peruano Alberto Fujimori fue condenado por un tribunal de su país por delitos de lesa humanidad. Todo indica que la carpeta caratulada con el nombre de Álvaro Uribe ya existe en la Fiscalia de la Corte Penal Internacional, y su grosor es sustancialmente mayor que cualquiera otra relativa a América Latina.

(*) Enrique Santiago Romero es abogado español, experto en Derecho Internacional. Ex Secretario General de la Comisión de Ayuda al Refugiado (CEAR). Responsable de los servicios jurídicos del Instituto de Estudios Políticos para América Latina y África (IEPALA)

viernes, 6 de agosto de 2010

El calvario de don Álvaro

ÁLVARO URIBE VÉLEZ DEJA LA PRESIDENCIA DE COLOMBIA

Por: Juan Alberto Sánchez Marín

El ex presidente Uribe, representando bien vemos a quien.

En buena hora, Uribe Vélez vuelve a ser don Álvaro y se marcha, al menos, del gobierno. Sale por la puerta principal de Palacio, compungido, pero confiado en que su voz seguirá tronando y en que habrá quienes mantengan bajo buen abrigo sus huevos, más protervos que proteínicos.

Y para fundar su esperanza en certezas, se va a vivir a una guarnición de la policía, un nido principal donde funcionan la Dirección de Inteligencia y el Centro de Altos Estudios de esa institución. Una Inteligencia que se volvió tristemente célebre durante su mandato, por violar la Constitución y las leyes.

Al fin y al cabo, él sabe a ciencia cierta que más allá la “seguridad democrática” es “falsa de toda falsedad”, una farsa como la batalla de Farsalia contada por César. Eso sí, una mentira mediática útil para hacer y deshacer territorios, inflar soflamas y contratos, apachurrar derechos humanos, apuntalar terratenientes, o para romperle los talones a la Corte Suprema de Justicia, o la crisma a los opositores que no se tragaron enteros los eslogan mohosos que distinguieron su gobierno.


Afuera del cual, es mejor hacerse bien adentro de los estrechos límites que esa “seguridad democrática” le asegura: el entorno del complejo policial. Es que, cómo no, el engendro también habrá de ser útil para conspirar, o, en palabras de la retórica particular: inculcar valores a la cañona, evitarle desviacionismos al redil, urdir y tramar urdimbres y tramas.

Allí, pues, en la casita de CESPO, estarán las placas y medallas de reconocimiento otorgadas a don Álvaro y la silla de montar que le dio la policía de carabineros. Y el celular que lo certifica como integrante de la red de cooperantes.

Al fin y al cabo, su amigo admirado, el coronel en retiro Alfonso Plazas Vega, también vive en una guarnición militar. Por culpa de la jueza Estela Lara, que lo halló culpable de la desaparición de 11 personas que salieron vivas del Palacio de Justicia, luego de la toma perpetrada por el M-19, en 1985. El coronel, en vez de ser conducido del Hospital Militar a la cárcel La Picota, como lo ordenó la jueza al INPEC, fue recibido (¿sin honores?) en el Batallón de Infantería en el Cantón Norte, mientras que la jueza tuvo que salir como pepa de guama para el exilio.

Cosas de la amistad y las influencias. Claro, la condena a Plazas Vega es de sólo 30 años. La de ser ex presidente es de por vida. Y a la de ser un ex presidente como Uribe ni siquiera la muerte le pone fin.

“Yo tengo ya la casita… Lalalalaraira, lalalalaraira…” Canción que tarareará don Álvaro, porque se traga al Juan Carlos Coronel, el autor, que no al Daniel Coronell, el desautorizado. Y junto al modesto habitáculo, un bizarro receptáculo en la ONU. Un chiste coreano en el paisa antiguo de Carrasquilla.

¡Uribe en la ONU! Sí. Todo indica que no sólo hará parte del comité que investigará el brutal ataque en aguas internacionales contra la flotilla humanitaria que se dirigía a Gaza, sino que lo encabezará en calidad de vicepresidente. Uribe metiéndole moralejas a la ejemplar actuación del ejército israelí. Un desliz menor que dejó unos diez muertos y varios heridos. Ha de tener muchas presiones e intereses encima el señor Ban Ki–moon, o saber poco del redondo mundo que habita y nada de sensatez y ecuanimidad.

El gobierno colombiano, desde hace varias décadas, es un importante socio militar, estratégico y de inteligencia de Israel . Un país también vinculado con el nuestro en otros menesteres aún menos santos, como el entrenamiento de paramilitares y narcotraficantes, y el tráfico de armas. Una relación de vieja data que se estrechó aún más durante los dos últimos períodos presidenciales: los de don Álvaro, cuyo prontuario, cómo dudarlo, ahora ha inspirado confianza. Un dañino ratón cuidando el queso y otra encerrona para “La Flotilla de la Libertad”.

Se va don Álvaro, se irá, se fue, y la mezcolanza de emociones que deja se parece mucho a lo que fue el mixtifori de su gobierno, en el que las actitudes sacramentales no dejaron de ser peligrosamente vecinas de las acciones más guerreras y sangrientas.

Como cruzado encumbrado a monarca, como monarca menor ungido con aspavientos, como enviado desde las celestiales “Guacharacas” que se consume, muchos uribistas ven negro el camino adelante. ¿Cómo será el mundo ahora, sin la imposición de manos del elegido en los consejos comunales semanales? ¿Qué perra vida nos espera, se preguntan, si todos no entendemos el francés que ahora aprende nuestro bienandante ni todos cabemos en la non plus ultra universidad que él dice que creará?

Muchos integrantes de la lujosa corte uribista ya tienen pesadillas con magistrados nacionales y jueces extranjeros. Otros llevan meses creyendo que están en el pabellón de los parapolíticos en La Picota. Algunos se imaginan que tienen la casa por cárcel y que portan brazaletes de rastreo. Todos apenas tienen una vaga idea de lo que se les viene encima y una difusa imagen de las caras que en la contraparte los untaron de poder.

El propio don Álvaro se estremece cuando el espejo espejito le dice que él ya no es el presidente de un país llamado Colombia, y que, peor aún, allí rige alguien que puede ser aún más desleal que él, que puede firmar los papeles que sean o hacerse a un lado sin sutilezas con tal de no ensuciarse los chapines.

Así don Álvaro diga que lo ilusiona muchísimo mucho la idea de otro Santos presidente y le tercie en un solo envión la Orden de Boyacá, la Orden de San Carlos y la Orden Nacional al Mérito. Así Santos suelte que don Álvaro “fue un segundo Libertador”. Después de Bolívar, está claro, aunque el salido presidente creyera que después de Santander. Más bien fue un segundo Pacificador, como bien lo apunta el Vladdo twittero, y lo fue después de Pablo Morillo y Morillo, el cabecilla realista que nos ganamos con la Patria Boba, aunque no tan boba como la que nos espera y ya lo indicia el bobalicón canje de medallas por lisonjas.

Deslealtades, ¡Ave María! Como cuando él mismo firmó con su puño y letra y mandó por entre un tubo, un martes 13 (de mayo de 2008), a 14 paramilitares para los Estados Unidos, incluyendo al vecino don Salvatore (Mancuso), sin tener las pruebas de que éstos delinquían desde prisión, como lo admitió después el entonces fiscal Mario Iguarán, pero que tenían mucho que contar y a muchos que implicar.

Se trasteará don Álvaro, se largó, se está yendo, es lo que importa. Por suerte, en la presidencia, el país pierde un varón; por desgracia, al país le queda ahí mismo un remedo de Barón.

Y habrá que orar para que los santos de este “country” desolado esfumen de la vida política nacional y de las primera páginas de la prensa, digamos, las tremebundas cosas de Cossio en el Congreso, los apuntes de vermífugo de Bermúdez en cualquier parte, los silbidos y la gavilla de Gabriel Silva, los descaches machos de Pacho y la mirada ceñuda de don Mario, el primo prohombre de don Álvaro. Así, hasta el Santos del Club Country se ingiere como un refresco edulcorado con aspartamo, aunque ambos nos dañen el cerebro.

Don Berna Moreno sale por la puerta de atrás, con rumbo a la Fiscalía, al igual que el “Pepe” Obdulio, quien de paso casi nos hace creer que también era un perseguido por el difunto primo. A César Mauro don Álvaro le aseguró el trasteo de crucifijos y camándulas para el Vaticano, junto a Herr Ratzinger, al investirlo como Embajador Extraordinario y Plenipotenciario en la Santa Sede. “Un sueño cumplido” no sólo para él, sino para quienes no queremos seguir viéndolo por aquí. Por allá está bien.

Es magno, hay que reconocerlo, el esfuerzo llevado a cabo por el gobierno que salió, durante los últimos días, para hacernos creer que la imagen correspondía al sujeto, que las medidas eran las del objeto, que las patrañas eran lo cierto y que esa leyenda urbana que es “la seguridad democrática” fue la realidad.

Razón tenía mister Lincoln: en Colombia se ha podido engañar un tiempo a todo el pueblo. Y se ha podido engañar todos estos 8 años a parte del pueblo. Pero, al contrario de lo pregonado, no se pudo engañar a todo el pueblo todo el tiempo. Ahí están las voces incrédulas, que se oyen cada vez más nítidas, a pasar de los desaires, los medios, los miedos y las armas.

Ya parados bajo el cartel de “salida” de la Casa de Nariño, para tapar tanta cosa mal hecha y tanto mal tan descabellado, pues del sombrero aguadeño salió joder a Venezuela y al propio país, y acabar de echar por el suelo unas relaciones rotas de antemano.

Del carriel, salió la OEA. Y el cantinflesco embajador colombiano ante la organización, un tal “Fercho” Hoyos, presentó “pruebas irrebatibles” ante el Consejo Permanente. Sin la circunspección ni el empaque gestual de Powell, mintió como un Colin. Bueno, pero al igual que éste cuando Iraq, tampoco ahora la idea era hacerle creer a nadie que el cuento chino era verdad.

El alboroto extramuros acallaba la algarabía interna. Y con el poncho paisa de un Bicentenario sin remedio, el gobierno trató de enfundar las esquinas puntiagudas de tanto descache.

Ahí está el bochornoso asunto de las postrimerías. A primera vista, cuando individuos como estos tienen las pelotas para lanzarse al vacío a tres, dos, uno… de abandonar el poder, o le dan la razón al gobierno de la vecina Venezuela, de estar preparando pelotones de ataque, o son pelotudos. En la acusación inoperante y sin sentido al presidente Hugo Chávez, se notan manos crecidas, oportunistas y sinvergüenzas, como las de Obdulio y J. J. Rendón. De la mentira y el rumor algo queda, pesca en río revuelto, divide y triunfarás, en fin, los lemas filosóficos de personajes ruines y menores, pero peligrosos. Estas cantinelas al final y de afán, no sólo reiteran el carácter tropelero de don Álvaro, sino que evidencian mucho susto. Ahí está el riesgo: Unos bobos espantados y careados pueden matar la madre. Fraguados y buscados escándalos mediáticos, para lo mismo: disimular y disimular, acallar y acallar, tapar y tapar, tantos teje manejes y lucros internos.

Como estos, que son materias que se lograron sin miramientos: Interceptar sin orden judicial a los magistrados de la Corte Suprema de Justicia; insultarlos cuando se le ocurrió; “chuzar” a senadores opositores y a periodistas incómodos; cambiar el nombre del paramilitarismo y darle unas alas remozadas; bien querer a mafiosos y a los poderes corruptos de todos los niveles; ceder en bases militares parte del territorio nacional a los estadounidenses y dejarlos operar según su índole.

Que el cohecho de Teodolindo y lo cohecho con Yidis. Que de ahí saltaron untados ilustres uribistas como Sabas Pretelt de la Vega, Diego Palacios Betancourt, José Félix Lafaurie, Bernando Moreno Villegas, Jorge Aurelio Noguera Cotes, Alberto Velásquez Echeverry, Iván Díaz Mateus… ¡Armando Benedetti Villaneda! Que el tercer canal para Planeta, que mucho se parece al Tercer Ojo de Lobsang Rampa. Que la metida de sopetón de un proyecto de ley para reformar el mecanismo de elección del Fiscal, en desquite porque la Corte Suprema no se enchufó la terna viciada del presidente ni cedió a la presión. Que se notaron las notarías y que las zonas francas, ¡francamente!

O que el primer tramo de la Transversal de las Américas, un megaproyecto (de 1.6 billones de pesos) que busca unir por vía terrestre a Colombia con Panamá, adjudicado de afán a las 3 de la mañana de un jueves inolvidable para el Consorcio Vías de Las Américas, acusado de estar privilegiado por contar entre sí al nuevo y voraz “cacao” paisa William Vélez Sierra, amigo personal del ex presidente, del padre del ex presidente, de los hijos del ex presidente y de los ex asesores del ex presidente: el difunto Pedro Juan y el “Pepe” Obdulio, e íntimo de Ramiro Valencia Cossio, el hermano malandrín del ministro de Interior y Justicia del ex presidente.

De paso hay que anotar que Vélez Sierra también participa en otras faenillas: La construcción de la malla vial de Cúcuta (180 mil millones de pesos), la construcción del corredor vial Bogotá-Girardot-Cajamarca (350 mil millones), la ampliación y remodelación del aeropuerto Eldorado de Bogotá (600 millones de dólares), o que maneja las basuras de 16 ciudades, hace el mantenimiento del gasoducto central y del oleoducto Caño Limón–Coveñas, genera y transporta energía, manipula rellenos sanitarios, opera alumbrados, elabora cosméticos, maquilla y maquila.

Ante el cuestionamiento por periodistas malintencionados, Jorge Eduardo Chemas, representante del consorcio ganador de la Transversal de Las Américas, dijo, textualmente: “Él (Véles Sierra) no participa. Son empresas, en las que empresas de él tienen una participación, quienes participan en la licitación”. Un galimatías para una reglamentaria tacada a tres bandas.

Una lista de logros que no acaba. Donde hubo muchos que por suerte don Álvaro no alcanzó: Como firmar el TLC con los Estados Unidos, penalizar la dosis personal o ilegalizar el aborto en todos los casos, sin excepciones.

Del reciente aquelarre nacional, las escasas glorias que además de presumirse inocentes lo sean, muy pronto irán a parar al panteón del olvido. “Los otros”, los del estilo Amenábar, seguramente seguirán actuando, dando de qué hablar y hablando sin parar, insepultos, hasta que alguna Corte los haga caer en la cuenta de que hace tiempo, desde el remoto 2010, estaban muertos. Estos son bastantes.

Y así, para qué más cifras. Ya se han ofrecido, aclarado y trillado muchas, en comparativos 2002 (cuando entró don Álvaro a la presidencia) – 2010 (cuando poco a poco sale porque sale).

Unos guarismos han bajado, como el ingreso de los colombianos. Incluso, la felicidad de chiste que nos caracteriza se ha vuelto brumosa; quizás por eso a muchos les es dado fundar esperanzas donde no las hay ni por el chiras, como en el Santos entrante. Otras cifras han subido: Como el desempleo, los niveles de pobreza, el abismo (precipicio) entre ricos y pobres. Claro, también han aumentado los desplazados y el reguero de muertos.

Unas cifras son directamente proporcionales: Se terminaron las “pescas milagrosas”, pero también se acabaron las carreteras, y habrá que esperar lustros para ver en qué bolsillos pararán los millones y billones de las ferias del INCO, donde, en la primera semana de Agosto, la última del gobierno ido, muchos se apuraron e hicieron su Agosto. Aumentaron las cifras de cerebros fugados hacia los países desarrollados y a conveniencia también se aumentaron a 1144 las de los paramilitares extraditados a los Estados Unidos.

Fueron más los anotados en el régimen subsidiado de salud y a la vez más mal los pocos atendidos de verdad en un sistema aniquilado. Más los contabilizados por las “familias en acción”, y, claro está, más coaccionados, chantajeados y amenazados los 2.4 millones de necesitados.

Otras cifras son inversamente proporcionales: Es cierto que aumentó la llamada inversión extranjera, pero también lo es que seguimos siendo una tierra agreste para que alguien de afuera saque un peso de Namibia o Zaire y lo ponga aquí. Aumentó dicha inversión y disminuyó el número de beneficiados con la misma. O lo que es lo mismo: más para menos.

Aumentó el precio del café en los mercados internacionales, pero bajó (cayó) el dólar (o se revaluó el peso, como se quiera). O sea, que aquí no pasó nada. Porque estos son asuntos de la economía globalizada, donde nuestros pataleos pesan un gramo (o un grano). Y tampoco hay café ni para cumplir con las cuotas asignadas. Y, por demás, aquí, adentro del país “que produce uno de los mejores cafés del mundo”, bebemos una de las peores pasillas (porquerías) del mismo mundo, y ni nos lo dicen.




El ex presidente Uribe, junto a William Browmfield, ex embajador de EE.UU. en Colombia, y al general Óscar Naranjo, Director de la Policía Nacional.

Pero todo, mañana tras mañana, se hizo con las mejores intenciones, guiados siempre por lo que indicaron las encuestas, mediante el designio sagrado de los grandes empresarios, industriales y terratenientes, y bajo la bienaventuranza de los Estados Unidos de América, nuestro venerable aliado. Fuimos y actuamos junto a los buenos habidos y por haber, como adalides de las causas nobles, cual cruzados del bien contra el mal. Es por eso, sólo por eso, que se hizo todo lo que se hizo y dejó de hacerse todo lo que debió hacerse.

Juan Manuel Santos sintetizó la situación colombiana en otro galimatías: “El país va bien, pero tiene problemas serios…” “…Unos son coyunturales, otros son estructurales”.

El escritor español Juan Goytisolo, en un momento de la película: “Nuestra música”, de Jean Luc Godard, sostiene: "Matar a un hombre para defender una idea no es defender una idea, es matar a un hombre." A los colombianos nos metieron por el gaznate dos palabras hueras para nombrar la ignominia sin nombre: falsos positivos. Para tan indigna acción la lengua española tiene un infinitivo preciso: asesinar.

Máxime, cuando los hombres que por conseguir tan preclaro propósito se han matado suman muchísimos. La Fiscalía habla de 2000. La Procuraduría de otro tanto. Las fosas gritan varios miles. Los matones acogidos por el seno legal confiesan unos cuantos cientos cada uno. El tiempo, no el de Planeta, sino el implacable, después nos restregará en la memoria unas cifras bien empinadas hacia arriba.

La verdad se quedará a solas en las casas y los corazones de las familias de tantos muchachos, campesinos y pobres desaparecidos, asesinados, abatidos en el nombre del Señor, cuyos huesos ya empiezan a asomarse por entre la tierra que le echaron a diario y durante mucho tiempo funcionarios gubernamentales y discursos presidenciales.

Doscientos años de una vida republicana atiborrada de guerras civiles, desde los Supremos hasta las inferiores del presente; conflictos no declarados o negados; las batallas y batallitas de Iriarte; la Violencia y muchas violencias más. Y, sin embargo, todavía hubo (¿hay?) imaginación para añadirle al espanto perversidades nuevas bajo el sol.

Artículo disponible en:

Agencia Latinoamericana de Información - ALAI
Question Digital (Venezuela)
Agencia Venezolana de Noticias
Rebelión (España)
Aporrea (Venezuela)
ARLAC (Bélgica)
Indymedia (Colombia)
Kaos en la Red (España)
La Radio del Sur (Venezuela)
Diario Universal (España)
Prensa Indígena (México)

viernes, 23 de julio de 2010

Bullaranga y pullas que hacen mella

LA RUPTURA DE RELACIONES ENTRE COLOMBIA Y VENEZUELA

Por: Juan Alberto Sánchez Marín



Lo esperado por el presidente Álvaro Uribe y su círculo, y lo más inesperado para el propio pueblo colombiano, se dio, al fin y al cabo: La ruptura de relaciones con la vecina Venezuela.

El gobierno colombiano venía buscando el estropicio desde hace años, en franca contravía con la propia realidad comercial, cultural y de vecindad de dos países que tienen una frontera común de más de 2400 kilómetros.

Se trata de un cuento viejo. Cuento, porque las pruebas alegadas por Colombia, sobre la presencia de campamentos guerrilleros en territorio venezolano, siempre han resultado un fiasco, puro cuento, que luego de mucha alharaca mediática terminan disolviéndose en el olvido y la nada. Y viejo, porque desde 2004, a conveniencia y según el biorritmo de Uribe, se machaca de tanto en tanto el asunto.

Primero se distanciaron los presidentes: de los abrazos forzados o fingidos se pasó en un abrir y cerrar de ojos a los improperios más fastidiosos. A poco, ante el riesgo del éxito, el de Colombia dejó al de Venezuela viendo un chispero en la mediación para la liberación de secuestrados de las FARC, que él mismo le había solicitado. Luego se enfriaron las relaciones entre los países, que bien pronto terminaron congelándose.

Y ahora, pues, acabó de romperse la ya rota cáscara de huevo de unas relaciones minadas sin tregua.


La iniciativa insidiosa, quién lo duda, siempre la ha llevado el gobierno de Uribe. La reacción, a veces a priori, en ocasiones oportuna, otras veces tardía, siempre le ha correspondido a Venezuela.

Si ha sido desproporcionada o la que corresponde, depende de la óptica de quiénes la atisban. Para la derecha colombiana, claro está, lo primero y más aún: Frente a la provocación de un cuerdo cuerdísimo, la reacción de un loco.

Para quiénes conocemos la etimología de frases como: el abarbechado Álvaro, don Berna Moreno, lauros de César Mauro, o el obnubilante Obdulio, la cosa no sólo es así de sencilla, es aún más simple: Tanto va el cántaro a la fuente, que al fin se rompe. En otras palabras: Tanto saboteó Uribe las relaciones con Venezuela, tanto agredió al vecino país, tanto tensó la cuerda, hasta que la rompió. La rompieron.

Los visos mínimos de acercamiento con Venezuela que venían dando el presidente electo colombiano Juan Manuel Santos, hablando de diálogo, y la nueva canciller, María Ángela Holguín, enviándole invitaciones al presidente Chávez para asistir a la posesión de Santos, fueron arrojados por la borda en un santiamén.

El gobierno de Uribe, a pocos días de dejar la presidencia, levanta el polvero que puede. Para que no se note tanto el previsible cambio en el manejo de las relaciones internacionales que necesariamente traerá consigo el nuevo gobierno. Para que de un día para otro no quede al descubierto la conducción burda que de ellas hizo Uribe. Para desaparecer de la agenda mediática los pasos y gestiones del nuevo gobierno, en la que ya casi se había olvidado el saliente, y, gracias a este “falso positivo” mediático, volver a encabezar los titulares de prensa, radio y televisión.

O para hacerle el juego al gobierno de los Estados Unidos, que usa a Uribe como peón de brega de su causa ideológica y como carga ladrillos en la tarea de fregar la unidad continental. O para salir de la Casa de Nariño con medio pueblo cerrando filas y aullando patrioteramente alrededor de un gobierno untado de paramilitarismo, corrupción y mafias. Mejor dicho, para ser ruin y repelente hasta la sepultura.

Roy Chaderton, el embajador venezolano, dio a entender que la OEA era un salón de vaqueros. Pero no: la bullaranga, las pocas nueces, eran los propios de una plaza de mercado de la región cafetera colombiana, donde el embajador Luis Alfonso Hoyos, una perla natural de “la perla de Oriente”, Pensilvania, que ni es Pennsyvania ni está en el ancestral Oriente, sino al oriente de Caldas, en la región paisa colombiana, hizo las de culebrero mayor, con su oratoria larga y redundante, sus circunloquios floridos, su entonación impostada y su garniel de Guarne lleno de pomadas a base de mera vaselina.

Daba pena verlo tratar de vender unas pruebas con fotos montadas quien sabe dónde, videos tomados vaya a saberse cuándo y mapas satelitales con puntos rojos bien remarcados, que no dejaban ver la nada que había debajo de ellos. Y más pena ajena dio verlo, oh casualidad, en el programa “La Noche”, del canal uribista RCN, afirmando que “la contundencia de las pruebas fue muy evidente”. ¿Cuáles pruebas? ¿Cómo contundentes? ¿Evidentes de qué?

Y ni hablar de la descocada petición final que el saliente embajador colombiano hizo ante la OEA. Hoyos pidió que se constituya una comisión de verificación internacional, que constante la presencia de las FARC en Venezuela, antes de 30 días. Una solicitud que, obviamente, se hace porque se sabe de antemano que no se puede aceptar bajo ninguna circunstancia. Nadie lo hace ni lo haría.

O, acaso, Colombia, como país llevado contra las cuerdas a una instancia internacional, aceptaría una “visita” de este tipo a su territorio, digamos, a las siete bases con presencia de militares y contratistas estadounidenses, algo que viola abiertamente la Constitución y puede ser alegado como un riesgo para los países vecinos. O, acaso, aunque el propio presidente Uribe lo prometió en UNASUR, el gobierno colombiano llegó a mostrar siquiera alguna fotocopia borrosa del tratado con los Estados Unidos.

Ha añadido Hoyos, refiriéndose a Venezuela: “Negarse a aceptar la verificación de campamentos en su territorio, es una confesión muy grande”. De verdad que hay que estar más versado en temas excesivamente parroquiales, de plaza de mercado; muy ducho en el asunto de las “familias en coacción”, o haber sido inhabilitado de por vida para ocupar cargos de elección popular por la Sala Plena del Consejo de Estado, para hacer una aseveración de tal calibre.

Ni el caballista Uribe, ni el megáfono gangoso de Hoyos, tienen idea de lo que es y significa la diplomacia internacional, como no sea para hacer de ella una mera alacena más en esa cocina llena de ollas y chocolateras que han vuelto a Colombia. Hace 200 años, por los menos, gritábamos por floreros. Ahora, ni eso.

Lo más peligroso de la temeraria denuncia llevada a la OEA, que ahora se amenaza con llevar a la Corte Penal Internacional, no es que sea falsa, que lo es, sino que tiene obvias premisas ciertas.

Me explico: Resulta indudable que todos los grupos al margen de la ley, que hacen su agosto en Colombia: guerrilleros, paramilitares y delincuentes comunes y no tan comunes, vayan y vengan por todas las fronteras nacionales, que apenas son una línea imaginaria en los mapas, y hagan presencia en Venezuela, en Brasil, en Panamá, en Perú, en Ecuador, y, digan si no, en las aguas internacionales de ambos océanos.

O sea, en donde quiera que haya límites con nuestro país, porque ni aquí se los ha acabado (como se afirma), ni se los querría acabar del todo (que es un negocio fructífero para tanto señor de la guerra), ni se los acabará (que las inequidades esenciales, que los modelos pregonados, pues no lo permiten); porque con los ataques a las guerrillas, éstas han visto en los países vecinos un espacio para recargar baterías; porque fenómenos como el narcotráfico hacen que los endebles bordes de la cartografía sean aún más difusos; porque esos confines geográficos son selvas espesas e inmanejables, en fin.

33 documentos, según el gobierno colombiano desencriptados de la dichosa computadora de Raúl Reyes, sustentan vínculos de las FARC con los gobiernos panameños de Mireya Moscoso (1999-2004) y Martín Torrijos (2004-2009).

"Tenemos información de que se utiliza por parte de redes de narcotráfico y logística de las FARC el territorio brasileño, como se utiliza el de muchos otros países", afirmó hace poco el sin par ministro colombiano de Defensa, ilustrísimo Gabriel Silva. El río Amazonas y "una ciudad de puerto libre como es Manaos", se usan para facilitar el tráfico de drogas y la logística de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

Si hasta el propio ejercito colombiano, un estamento armado que se supone que no está al margen de las leyes nacionales e internacionales, viola las fronteras e invade el territorio de Ecuador, sin previo aviso al gobierno del país vecino, ¿qué podemos esperar de los grupos subversivos, los paramilitares, los narcotraficantes o cualquier delincuente, que tampoco se ciñen a normas ni acuerdos de ninguna clase?

A Venezuela, los paramilitares también han sido exportados. Desde 2003, se conformaron en el vecino país el grupo denominado las Autodefensas Unidas de Venezuela (Águilas Negras), el cual fue conformado con la asistencia de las Autodefensas Unidas de Colombia, y de cuya creación, como lo denunció la abogada estadounidense venezolana Eva Golinger, tendrían conocimiento Estados Unidos, el servicio colombiano de seguridad y la oposición venezolana.

En mayo de 2004, en los municipios de El Hatillo y Baruta, en las afueras de Caracas, fue desmantelado un campamento que acogía a más de 100 paramilitares colombianos, que "tenían previsto realizar asaltos masivos a guarniciones militares", según el general Jorge Luis García Carneiro, el entonces ministro de Defensa venezolano.

La presencia paramilitar se ve acentuada en aquellos estados venezolanos en poder de la oposición al presidente Chávez, en particular, los fronterizos de Zulia, que comprende la cuenca petrolífera del Lago de Maracaibo, la más importante del país y el primer centro refinador, y Táchira, otra importante región clave para el intercambio comercial entre ambos países.

O sea, nos referimos a unas circunstancias que trascienden los propósitos en el papel y se enmarcan en unas condiciones geográficas particulares, de las cuales, por arte del discurso y del embrollo, salen las pruebas que se quieran, para lo que se quiera. Y donde se señala con el dedo acusador al que también se quiere: ¡Vaya, ni a Panamá, ni a Brasil! ¡A Venezuela! Un país que ideológicamente adelanta un proceso que resulta irreconciliable con las posturas cerriles de nuestra élite gobernante.

No sería muy inteligente un servicio de inteligencia que creyera que ahora sí son ciertas y útiles unas pruebas que en ocho años sirvieron nada más que para despistar. Claro que no. A pocos días del anhelado adiós presidencial, es la inteligencia puesta al servicio del fin político y la brutalidad.

Ese es el peligro: llevar al país a las puertas de una confrontación militar con un país próximo, y agudizar la problemática de colombianos y venezolanos que no tienen fronteras porque las habitan. Y todo, en el mejor de los casos, a partir de internacionalizar y judicializar unas relaciones de manera precipitada, o, en lo más creíble, en una cabeza fría que atiende a un intrínseco y dañino afán camorrista.

Y entonces, sostienen los medios, el país cierra filas en torno al presidente saliente. ¿El país? No, desde luego que no. Son apenas unos árboles resecos y robustos que no dejan ver el bosque.

Luis Carlos Villegas, Presidente de la Asociación Nacional de Empresarios de Colombia (ANDI), dice que “el gobierno del presidente Uribe, hasta el 7 de agosto, tendrá todo el apoyo del sector privado en las acciones que ha querido adelantar ante la Organización de Estados Americanos, y el nuevo gobierno del presidente Santos también tendrá todo nuestro apoyo si considera que hay que darle nuevas orientaciones a esa relación con Venezuela".

Es decir, apoyo porque sí y porque no, apoyo a Álvaro y a Juan, o todo lo contrario. Y, ¿cómo no? Si es la ANDI, que no queda ni en Cúcuta ni en Maicao, que agrupa a los grandísimos empresarios de Bogotá, Medellín, Cali o por aquí cerca, y a lo más pudiente de sectores como el industrial, el financiero, el agroindustrial, de alimentos, comercial o de servicios, como ellos mismos lo indican.

O Guillermo Fernández de Soto, Canciller durante el gobierno de Andrés Pastrana, quien ha hecho parte del servicio diplomático del gobierno Uribe y actúa como Presidente del Comité Jurídico Interamericano de la OEA, Y que funge como analista equilibrado e independiente en RCN, en un descaro personal sólo equiparable a la desvergüenza constante de que hace gala el propio canal.

O Alejandro Ordóñez, el Procurador de faltriquera de Uribe, que llama a “rodear al presidente en estas épocas duras”, a “demostrar que hay unidad y fortaleza y que…” Bueno, qué importancia va a tener lo que resta del necio rezo del Absolvedor oficial.

Y estas perlas de Luis Guillermo Plata, el ministro de Comercio, Industria y Turismo: “Es más importante la dignidad que el comercio. Al final del día, habremos ganado”. Como si fuera digno para un ministro de tales ramos ser tan sapo, y, asimismo, desconocer a la ligera la magnitud de la crisis imperante, no desde ahora, sino desde hace años: desde mucho antes de que él fuera ministro, cuando ya saltaba matojos en Proexport por similares razones.

Para no seguir, dícese: el país entero: los grandes empresarios, unos cuantos políticos proficientes, varios adalides gazmoños, algunos analistas tributarios, los ricos bien habidos y los riquísimos no tanto, y, claro, también las huestes de necesitados que confunde ese nefasto flautista de Hamelin que son los medios.

Mientras, Venezuela cierra fronteras o habla de hacerlo; mueve ejército y tanques, o habla de hacerlo, y los funcionarios del gobierno colombiano hablan entonces de seso y juicio, ante todo. Los que, minutos antes, si los hubo nunca fueron, y, si lo fueron, jamás se usaron.

Jorge Bermúdez, desde Perú, dice que en el combate al terrorismo hay que “ser firme y prudente”. Un mal chiste del chispeante canciller. Otro "bobo" más entre la lista de bobos e ineficientes que ha sido la tríada de cancilleres de Uribe, según un inesperado atino de Armando Benedetti, el recién elegido presidente del Congreso.

Y César Mauricio Velásquez, Secretario de Prensa de Presidencia, poniendo su mejor cara de cura, indica a los periodistas que, de parte de Colombia, "siempre habrá fraternidad". Una buena chanza del manso cleriguito.

Y la verdad que acontece paralela, ni por suerte, los medios la mencionan. Y en tanto que se le dan vueltas y revueltas al asuntillo de marras, el país real que desaparece:

En Barrancabermeja, la marcha: Siete mil personas conmemoraron el Bicentenario de los pueblos del nororiente colombiano, en el más absoluto y descarado mutismo nacional.

Vecinos de La Macarena (al sur de Colombia) denuncian que existe una fosa común con restos de centenares de personas, cerca de un batallón del Ejército, un día después de que la Cancillería indicara que, según investigaciones de la Fiscalía, no existen señales de su existencia. Como señala la agencia EFE, “los pobladores hablaron ante un grupo de congresistas de oposición y miembros del cuerpo diplomático, que viajaron a La Macarena para conocer estas denuncias, en una audiencia pública”.

Se trataría de la fosa común más grande hallada no sólo en Colombia, sino en América Latina. Un reporte de la Procuraduría advierte que dos mil personas estarían enterradas. Otras versiones hablan de cuatrocientas. En cualquier caso, cifras escandalosas, aberrantes.

Colombia, entre los seis países con mayor desigualdad en el mundo. La situación es de tal magnitud que el país figura entre los de peor distribución del ingreso en el mundo, sólo superado en América Latina y el Caribe por Brasil, Ecuador, Haití y Bolivia.

Al mismo tiempo, el ex director de inteligencia del DAS, Fernando Alonso Tabares, sostiene que Bernardo Moreno, Secretario General de la Presidencia, le manifestó el “interés” del presidente Uribe para que el DAS lo mantuviera informado sobre “cuatro temas específicos”: Corte Suprema de Justicia, Gustavo Petro, Piedad Córdoba y Daniel Coronell, director de Noticias Uno, dándole continuidad a lo que se venía haciendo con anterioridad a los magistrados y a los senadores Petro y Córdoba.

Tabares involucró de manera directa a funcionarios de la Casa de Nariño y el DAS en los casos “Job” y “Tasmania”, en reuniones efectuadas en la propia casa presidencial, para afectar al magistrado Iván Velásquez, entre 2007 y 2008. Señaló la infiltración a la Corte Suprema de Justicia, con el fin de desprestigiar a la institución, y se refirió a una reunión en la Casa de Nariño, para hacerle seguimiento a la relación de Ascencio Reyes con los magistrados de la Corte, en la que estuvieron presente Bernardo Moreno, y los ex asesores Jorge Mario Eastman y José Obdulio Gaviria, con el mismo propósito de desprestigiar a la Corte.

Eso no es todo. Tabares también se refirió a la orden de realizar unas diligencias en unas notarías contra Ramiro Bejarano, abogado del magistrado Valencia Copete, “en cumplimiento de instrucciones de la Casa de Nariño, con el fin de apoyar la labor que realizaban los abogados defensores del señor Presidente de la República”. Y habló del montaje para vincular a la ex congresista Yidis Medina con la guerrilla del ELN, ante la entrevista concedida por esta al periodista Daniel Coronell, en la que acusa al gobierno de Uribe de soborno y tráfico de influencias para conseguir la reelección presidencial.

Y nada de esto en ninguna parte. La pamplinas aquí y acullá lo acallaron todo. Hasta la vana bulla del Bicentenario se hizo notar.

El 20 de julio de 1810 ocurrió un montaje a la criolla, una especie de “falso positivo” llevado a cabo por conjurados locales santafereños, en la que todo estaba premeditado para armarle la gresca al tendero español José González Llorente y armar el acabose. Los criollos pudieron hacer parte de la Junta Suprema de Gobierno, pero el presidente sería el mismo Virrey Amar y Borbón. Porque, en realidad, nunca se trató de "abdicar los derechos imprescriptibles de la soberanía del pueblo a otra persona que a la de su augusto y desgraciado Monarca don Fernando VII", como lo apunta la misma "Acta de Independencia".

200 años después, la historia se repite, ahora como comedia, en el seno del Consejo Permanente de la OEA, y, ojalá los hados no lo permitan, podría darse en otras instancia internacionales, como la Corte Penal Internacional, según las amenazas ya lanzadas al desgaire:

Un simple aullido mediático, que no nos independiza de nada ni de nadie, ni nos otorga el menor decoro, sino que, por el contrario, ratifica la dependencia y el vasallaje al imperio de los Estados Unidos. Pues de verdad que acá tampoco se trata de "abdicar los derechos imprescriptibles de la soberanía del pueblo a otra persona que a la de su augusto y desgraciado Monarca don Barak Obama y los halcones".

Y al bum del último volador en la conmemoración del bicentenario de un grito ahogado, entre revistas militares y televisivas y desconciertos musicales, el ton ni son del discurso de Uribe sobre los logros obtenidos durante ocho años de mandato, y el infaltable alfilerazo contra Venezuela: “para hablar sinceramente de hermandad, no puede haber criminales de por medio”.

Y al fin, plenamente de acuerdo, señor Presidente: Por eso, nada más que por eso, es que habrá que esperar hasta el próximo 8 de agosto, cuando usted no esté pataleando al medio ni en los medios. Para que el nuevo gobierno, que a tantos embelecos suyos les dará continuidad, por los menos vea que puede hacer algo distinto en cuanto a la relación de Colombia con la hermana República Bolivariana de Venezuela.

Artículo disponible en:

La Radio del Sur
Questión Digital
Sur y Sur
Rebelión (España)
Kaos en la Red (España)
Indymedia - Colombia
Vos el Soberano (Honduras)


domingo, 18 de julio de 2010

El fin del Uribeato

¡Al fin, al fin, más cerca el fin del Uribeato! Esa amarga intersección de un porfiado y largo "porfiriato" a la Colombiana con el deslustrado paisano del beato Mariano de Jesús Eusse Hoyos, sobre la mesa de montajes y disecciones que terminaron siendo la Casa de Nariño y muchos batallones militares.

Dijo Uribe beato hace exactamente dos años: "Entramos a la basílica donde está el padre Marianito, nuestro beato, y le pedimos mucho para que interceda ante Dios, ante Nuestro Señor y ante la Virgen María, para que Colombia gane definitivamente la paz".

Gracia que él mismo fue incapaz de concederle, digamos, a las víctimas de los crímenes de estado, a quienes nunca les dio las garantías mínimas, y, para no ir más lejos, hace poco ni siquiera efectuó la petición de perdón ordenada por la Corte Interamericana de Derechos Humanos en el caso Manuel Cepeda vs. Colombia, y, por el contrario, agravió a las víctimas con sus andanadas acostumbradas.

¿A dónde irá ahora el boato uribista, con sus serpentinas y panderetas, sin el beato en las alturas presidenciales?

miércoles, 7 de julio de 2010

Angelino Garzón: Un angelito empantanado

Por: Juan Alberto Sánchez Marín

Angelino Garzón, el vicepresidente electo de Colombia


Ya desde los tiempos remotos en que Angelino, delgado y garboso, se bañaba en las aguas procelosas de la Unión Patriótica o del sindicalismo, sentía la nostalgia profunda de ser de centro, de centro izquierda, como llama él mismo al risco en el que ahora, sin la elasticidad de otrora, está parado.

Y ahora, desde ese punto agreste, siente tremenda nostalgia por ser de derecha, o, más exactamente, de extrema derecha, un suelo lleno de almohadones hacia el que lo vemos rodar desbocado.

Este genuino embeleco por un futuro perjuro no tendría nada de particular, si no fuera porque Angelino ha subido de tres en tres los peldaños de ese ascenso empinado. Un estado físico tan admirable, que no agobian pruritos de lealtades o de pensamiento, éticos o morales.


Detalles que sin duda contribuyeron a dejarlo apto para ser la fórmula vicepresidencial de Juan Manuel Santos, el otro trepador sin par en la escarpada patria que es Colombia. Apenas Noemí Sanín, en chiste, les hace cosquillas. Y ahí lo habemos y ahí los tendremos. Harina de otro costal, sí, pero amasando el mismo pan. No revueltos, pero sí juntos.

Ni el milagroso de Buga, el Cristo negro y popular al que ambos tomados de la mano y de manera populachera le rezan de rodillas por la televisión, logrará el portento de que a alguno de los dos les importen las cosas más allá del beneficio propio.

Si a Angelino alguna vez le importó algo el destino de los suyos, o de los que lo fueron cuando él lo era, ahora esperará valerse de eso para engatusar y embaucar a los susodichos. Angelino de señuelo, es la tarea. El coste de tamañas galanuras de una oligarquía que no da puntada sin dedal.

Es innegable que Angelino fue una vez un líder aguerrido, de ímpetu juvenil, militante del Partido Comunista. Voz y fuerza en la Federación de Trabajadores Estatales, FENALTRASE, en la CSTC (central obrera que apilaba a sectores de sindicatos de tendencia comunista) y en la Central Unitaria de Trabajadores (CUT). Parte y presencia en la destrozada Unión Patriótica (UP).

Por eso esta clase de entregues son tan graves. La inconsecuencia importa un bledo, mas no así el uso y abuso del discurso social, de la letanía sindical postrera, para seducir incautos y dulcificar la conciencia de peatones. Y para aflojar el bolsillo de gringos y europeicos, que en su despiste ven la pera de Angelino colgando del olmo de los Derechos Humanos.

Él mismito lo dijo, como si nada, como dando a entender que en verdad fuera cierto o que se lo creía: “Hay que renovar el protocolo con esta oficina (la de la Alta Comisionada para los Derechos Humanos de Naciones Unidas en Colombia), para avanzar en lo que han sido los logros de Colombia en materia de derechos humanos”.

Y esa, para no ir más lejos, es la trilla en boga.

Ahora todos quieren proteger y fortalecer los Derechos Humanos en el país. Hasta el próximo embajador estadounidense, Peter Michael McKinley, habla de hacerlo. Y los medios alimentan la desaborida idea de que el gobierno de Obama ahora sí dará un giro hacia lo social en la relación con un país que sólo le importa como tienda de abarrotes, en el barrio pobre que es la América del Sur.
Todos quieren, también, “mejorar la atención a los 3 millones de desplazados”, que, conforme a los datos del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), en realidad ya pasan de los 4.100.000. O, por lo menos, se les ha ocurrido acordarse de ellos, de que existen. O, simplemente, dejar de aderezarlos a punta de infiltrados de las guerrillas.

Y, cómo no, también se cierne el aguacero ya anunciado del “diálogo social” entre empresarios, trabadores y gobierno, “a fin de concretar políticas salariales, políticas laborales, y procurar la promulgación de manera concertada del Estatuto del Trabajo, tal como lo manda la Constitución Política Nacional”. Ténganse fino, pues, los trabajadores, que el caballo de Troya está armado, se atusa la crin y avanza.

Es que para darle ligazón al discurso lleno de baches y de frases sin hacer, que parecen copiadas del juego del ahorcado, se acrecienta más allá de su estatura real la figura de Angelino Garzón: Un ciempiés saltimbanquis más que perfecto.

Tal como saltó vivo y coleando de la UP al M – 19, adonde llegó a Constituyente de la Carta del 91, Angelino pasó en el ínterin por la campaña del recordado “cura Hoyos” a la alcaldía de Barranquilla, un héroe que a su vez se pasó a villano, y de adalid del pueblo pasó a la cárcel por una apreciable variedad de delitos administrativos.

Pero Angelino abandonó el barco a tiempo, y del redil del M – 19 voló por amenazas a España, y saltó como liebre del sombrero del Partido Socialista Obrero Español, el PSOE, entonces con Felipe González a la cabeza, y así fue a dar a Salamanca. Sin embargo, sabido es: Quod natura non dat, Salamantica non praestat. Y con una especialización en derecho administrativo, volvió tal cual.

Ya de regreso, con unas cuantas volteretas ligeras se deslizó en la Comisión Nacional de Reconciliación, una de las tantas, que lideraba la iglesia. Y de allí al Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, durante el gobierno de Pastrana. En otras palabras, el consejero de liberales hízose ministro de conservadores. Nada nuevo bajo el sol, si nos acordamos que su amigo Juan Manuel hizo otro tanto. Y ambos, por supuesto, terminaron desembocando en el presente por el mismo tubo ferroso (que no férrico) del uribismo.

Y de otra Comisión Facilitadora para el Acuerdo Humanitario, durante Uribe I, por las curvas del destino y tanto apetito, Angelino fue a dar a la Gobernación del Valle, gracias a una alianza santa (sin Santos) y non sancta (¡sin Santos!).

Sin partido, le sobraron avales. Pero Angelino, seguramente para salir ileso de celos de los partidos tradicionales y reconocidos, saltó en las fauces de Convergencia Cívica y Popular (MCCP), un movimiento casi ignorado entonces, una especie de choza política que guarneció a los paramilitares de Ernesto Báez, o que, incluso, según Claudia López, fue montado por este “como estructura política del bloque central Bolívar”. Un partido que, en todo caso, avaló dos candidaturas al Senado: la de Carlos Arturo Clavijo, que perdería la investidura por estar untado de paramilitarismo hasta el tuétano, y la de Óscar Iván Zuluaga, ni más ni menos que el ministro de Hacienda de Álvaro Uribe. Y, como ya dije, la de nuestro héroe valluno, para la gobernación vallecaucana.

De ahí, la garrocha lo elevó a la burocracia internacional, y de apoyar a Uribe en la gestión del TLC con los Estados Unidos, pasó a posesionarse a principios de 2009 como Representante Permanente de Colombia ante la Organización Internacional del Trabajo, en Ginebra, Suiza.

Ya converso y apostado en la esquina rosada que soñó una vez desde los oscuros socavones del ideario comunista y la lucha sindical, ya oteando desde alto el horizonte plácido de la Suiza, sin ver por parte alguna las cenizas de los bosques quemados que le dieron tal nombre a esa Confederación, y menos aún la sangre vertida por sus antiguos compañeros de lucha en una patria cada vez más remota, todo, todito todo, lo conducía a la Vicepresidencia de Colombia.

Creo, sinceramente, que Angelino ha sido bueno, lo que se dice un hombre bueno. No es el asesino que hoy deambula a sus anchas por los actuales recovecos del poder, ni es el tramposo desalmado al que le da lo mismo ocho que ochenta, ni es el destripador de moda que cuenta víctimas como trofeos de guerra de la cruzada de los buenos contra los malos.

Tampoco es el cándido que no ve lo que pasa por sus narices. O el bromista que maquilla lo que ve, para contarlo mejor. O el desvirolado que no se percata de los riflazos que le están metiendo adentro.

Angelino Garzón, sencillamente, es alguien que vadeó el río seco de sus convicciones, y ahora se yergue airoso al otro lado, agradecido a Dios por no haberse ahogado y al diablo por acogerlo en su seno caliente.

Ya dirá El Tiempo qué tan bueno habrá de ser el angélico Angelino para los suyos: los Santos, los grandes grupos económicos, los magnánimos empresarios, los socios del Country Club, los caciques, los victimarios, en fin, y qué tan siniestro será para los hostiles: los obreros, los trabajadores, los desplazados, los sindicalistas, las víctimas, en fin, para tanto pobre suelto en un país lleno de la misma clase de cárceles de las que Angelino pudo evadirse a tiempo, en una tarde muy pretérita.


Artículo reproducido por los siguientes medios y portales internacionales:

REBELIÓN - España
PATRIA grande - La revista del ALBA
Question Digital - Venezuela
Aporrea - Venezuela
Kaos en la Red - España
La Radio del Sur
Indymedia - Colombia
Sur y Sur
ALAI - Agencia Latinoamericana de Información

martes, 6 de julio de 2010

Juan Manuel Santos: Cuatro años a bordo de sí mismo

Por:  Juan Alberto Sánchez Marín

El nuevo presidente colombiano Juan Manuel Santos.

En “El libro de la risa y el olvido”, el escritor checo Milan Kundera, en una frase que no por frecuentada pierde singularidad, afirma que “la lucha del ser humano contra el poder es la lucha de la memoria contra el olvido”.

En el gobierno colombiano que ahora inicia, un rasgo distintivo es la sin par capacidad de los elegidos, presidente y vicepresidente, para desdecirse de sí mismos, abjurar de los laudos dictados en primera persona, negar las jaculatorias propias de antier, o rasgarse las vestiduras ante las actuaciones de ayer. Una brutal lucha del olvido contra la más natural memoria.

Hablemos de Juan Manuel. Ha estado al frente de tres ministerios: Comercio Exterior, Hacienda y Defensa, desenvolviéndose para tres gobiernos distintos e incompatibles: César Gaviria, Andrés Pastrana y Álvaro Uribe.


Juan Manuel fue ministro de Comercio Exterior durante el gobierno liberal de Gaviria. Desde esta cartera, fue punta de lanza de una apertura económica de sopetón, que le significo muchos males al país y acabó de sumir al sector rural en la desgracia (que lo digan los productores de trigo, cebada, papa, o los embarcados en los embelecos de la diversificación de cultivos de la Federación Nacional de Cafeteros, de la que el propio Juan Manuel había sido representante incólume en Londres, ante la OIC).

Juan Manuel fue ministro de Hacienda y Crédito Público durante el gobierno conservador de Pastrana, luego de haber sido un franco opositor y crítico acérrimo. Simple voltereta, para llegar de carambola a un ministerio en el que, con su sola llegada, ayudó a ahogar el proyecto presidencial de referendo para revocar el Congreso. Gracias de la vida, “para salvar al gobierno de Pastrana”, según él mismo lo aseveró.

Juan Manuel fue ministro de Defensa durante el gobierno anti gavirista y anti pastranista de Uribe. De malquerido por el presidente, además, a cuya primera reelección se opuso en los inicios, Juan Manuel, un oligarca concreto, un golfista nato, pasó a ser cofrade de Uribe.

Aprovechó la zambapalos generada por el tema de esa reelección en el Partido Liberal, para crear, con la disidencia, el PUN (léase: Partido de Unidad Nacional), el partido uribista de la U del mismo Uribe, en el que aterrizarían paladines, caciques y parapolíticos, y al que aún ahora siguen deslizándose por la puerta de atrás los miembros del PIN, en una suerte de PIN – PUN y ping – pong milagrosos.

Ya en la cresta de un liderazgo inadvertido, con el partido presidencial bajo la manga, Juan Manuel se ganó, por derecho propio, el ministerio que más le serviría en el gobierno de la “Seguridad Democrática”. Asumidas las mudanzas ideológicas y tan claros los fines, importaron poco los medios, sembrados de mentiras y muertos y desplazados, y con el viento de El Tiempo y todos los medios en popa.

Juan Manuel se reunió con las FARC en Costa Rica, sin venia ni autorización del entonces presidente Samper, y llegó a proponerle a la Comisión de Conciliación Nacional, en 1997, la creación de una zona de despeje, más de medio año antes de la reunión de Víctor G Ricardo con Manuel Marulanda Vélez y el “Mono” Jojoy, realizada una semana antes de la elección de Pastrana como presidente y mucho tiempo antes de que a este se le ocurriera la idea.

Pocas veces en la historia del país a un gobierno se le ha cobrado tan cara una decisión, como al de Pastrana la creación de esa llamada “zona de distensión”, en un infructuoso proceso de negociación con las FARC.

Del mismo modo que la esperanza de la paz con el grupo guerrillero fue definitiva para la llegada de Pastrana al poder, la frustración del proceso fue determinante para que Uribe se abriera el camino a la presidencia con su discurso incendiario e intransigente.

Y en el camino, claro está, se llevó por los cachos cualquier política o estrategias de paz: Se instauró un nuevo discurso, de guerra frontal. Y así fue como el mismo Juan Manuel armó diligente el aparataje, organizó las huestes a costillas del PIB y ladró sin moderación desde el Ministerio de Defensa. Franqueó, pues, de una zancada la valla, y, de proponente de la idea, para cerrar con broche de oro, pasó a afirmar, hace unas semanas, que otros candidatos podrían regresar al país a “la oscura pesadilla del Caguán”.

Es aquel Juan Manuel Santos que nunca ha luchado contra el poder, sino por el poder. En una lucha que cualquiera ser humano libraría contra el olvido, Juan Manuel ha optado siempre por perder la memoria. Ahora que lo ha conseguido, que él de cabo a rabo es el poder mismo, ¿qué país tendrá en mente? ¿Cuál población en el olvido?

Y no es cuestión de pedirle peras al olmo. O a un político de corazón, como este Juan Manuel, que no varíe su pensamiento, o que se contradiga de vez en cuando, o que por conveniencia se arrime al árbol que da más sombra. No. Lo que llama la atención es el exacto acoplamiento con la incoherencia y la obstinación enferma por los traspiés. Lo insensato es el tamaño de los virajes, el descaro en los cambios de tercio, la infidelidad a los adictos, los cabeceos abruptos en la palabra .

Claro, siempre puede sostenerse, y no sin razón, que no se pueden traicionar unas ideas cuando nunca se ha creído de cierto en ellas. Y si desde hace tiempo ha sido complicado establecer lo que Juan Manuel cree de las cosas, a estas alturas, cuando ya ha logrado el pensamiento único que siempre ha estado metido en su cabeza, el de ser presidente, pues él todo se hace más inescrutable, con quién sabe cuántas reflexiones en melcocha y la ambición cociendo al vapor.

Juan Manuel, distinguido por el buen olfato político y el certero recular, es corto de vista a la hora de percibir tanta contradicción y paradoja. Él no halla, digamos, incoherencia alguna entre el hecho de haber sido una vez un activo “conspiretas” y reunirse con Raúl Reyes para tramar la caída de un presidente, Samper, y después acusar a Rafael Pardo de acordar con las FARC la unión con las fuerzas de oposición para evitar la reelección del ya recién arrogado patrón, Álvaro Uribe, en una acusación malintencionada y embustera.

Tampoco la ve en abrazar al mismo Reyes en Costa Rica o El Caguán, y después matarlo en un país vecino. Mejor dicho, en haber pasado, en un santiamén, de pacifista consumado a pacificador furibundo.

Situaciones como estas nos dejan hoy de bruces sobre un Juan Manuel que habla sin ton ni son y un Santos que todavía farfulla en la palestra. Y, peor aún, ad portas de un gobierno de labios para afuera.

Ojalá, por el bien del país, ahora en la presidencia Juan Manuel Santos vuelva a llevarse la contraria, a actuar en contravía de lo que dice que hará y de todas las pavadas que promete, y haga por fin algo que valga la pena o sirva de algo, aunque sea para los propios desdichados que lo eligieron.

Cualquier bagatela que esté más allá de las patrañeras cifras económicas que mostraba en PowerPoint en Minhacienda, cualquier cosa signifique más que las victorias de guerra anunciadas en podio de vitrina en esa área farandulera que volvió el Mindefensa, cualquier fruslería que vaya más allá de los guarismos hueros y las esperanzas baldías con que atragantó a Mockus y esperanza a sus círculos criollos. Es que, de a de veras, Colombia no se merece que él no siga siendo el mismo.

Artículo reproducido por:

Question Digital
ALAI - Agencia Latinoamericana de Información
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Sur y Sur
Indymedia Colombia
La Radio del Sur
Radio Nacional de Venezuela (RNV)
Aporrea - Venezuela

domingo, 20 de junio de 2010

Adiós, que le vaya bien…

LA SALIDA DEL PRESIDENTE COLOMBIANO ÁLVARO URIBE

Por: Juan Alberto Sánchez Marín

Adiós, patrón, don Álvaro otra vez muy pronto, que le vaya bien, que no lo vaya a coger el carro desbocado y zigzaguero del propio legatario, que dios quiera no lo parta el rayo de esas justicias terrenal y divina tan trampeadas a punta de bendiciones episcopales y hasta pontificales, y que no lo vaya a espichar el choque de trenes entre poderes y entre colombianos que usted nunca dejará atrás.



El presidente colombiano, Álvaro Uribe Vélez, deja el poder padeciendo lo que el escritor y filósofo Fernando González, también antioqueño de pura cepa, llamó, en 1936, “un estado de conciencia vanidosa”.

El eximio paisano del presidente sostenía entonces que: “…escribir groserías en las paredes de edificios públicos; robar, cuando nadie lo sabrá; vender la patria, cuando nadie lo sabrá y ejecutar actos buenos, heroicos, cuando lo han de saber, es un estado de conciencia vanidosa”.

La coherencia entre el pensamiento anticipado del filósofo y el estado de conciencia, “muy limitada en verdad”, que ha imperado en La Casa de Nariño durante el último gobierno, resulta evidente si recordamos algunos casos del nutrido bestiario mediático nacional reciente, en los que esta clase de soflama presidencial se hace sentir.

La premisa incluye eso de tirar la piedra y esconder la mano. Como en el caso del malmirado acuerdo militar con los Estados Unidos, que da vía libre a la presencia de tropas de ese país en 7 bases militares.


Uribe, en la Segunda Conferencia de la Convención de Ottawa, efectuada en Cartagena el 3 de diciembre de 2009, dijo delante de todos que: “Muchos países, para enfrentar problemas de inseguridad, se han cerrado a la vigilancia internacional. Nosotros abrimos las puertas de par en par a esa vigilancia”.

Es más, el 31 de octubre del mismo año, en Ibagué, según la propia Secretaría de Prensa de la Presidencia, ya había dicho que: “Tenemos toda la entereza para que ese texto lo conozca, de principio a fin, la comunidad nacional y la comunidad internacional”. Y que, como “es un acuerdo de vital importancia”, “…estará a disposición de todos los colombianos la semana siguiente, de acuerdo con lo que me ha confirmado la Cancillería”.

A tantos meses de la promesa y ya en la puerta de salida, el presidente Uribe sigue sin divulgar un ápice del referido acuerdo militar, ni adentro, ni afuera. En un santiamén dejó de importar. Y que a alguien le importara era una tontería. Porque hasta se corrió la voz de que el acuerdo no era tal, sino adéndum, parágrafo, quizás paráfrasis, a otro convenio viejo y empolvado de los años cincuenta. Y los medios corrieron obsecuentes a echarle tierra al asunto.

Las razones del mutismo son elementales: El acuerdo viola la Constitución, que ni siquiera autoriza el tránsito de tropas. Y viola los mínimos procedimientos de curso requeridos: Se salta hasta la talanquera fácil del legislativo, con la propia anuencia del poder afectado. Si no, como es que en octubre de 2009, el mismo presidente de entonces de la Cámara de Representantes, Édgar Gómez, dijera con cara de palo que el Ejecutivo colombiano consideraba que "el acuerdo no afecta la neutralidad del Estado, no implica el tránsito de tropas (extranjeras), y no contempla el paso de personal militar con finalidad ofensiva". Y que, por estos motivos, quién lo duda, “el gobierno de Álvaro Uribe consideró que dicho acuerdo no debe ser sometido a discusión y aprobación por parte del Legislativo”. Lo dijo como si nada, sin anestesia, la voz cantante de un poder malogrado a punta de puestos y dadivas.

“La conciencia vanidosa” se pega. Y en esa misma razón infeliz nos mintieron diciendo que son acuerdos de igual a igual, con nuestros amigos los estadounidenses, en un despiste sin parangón, en el que no hay nada bajo control, excepto la verdad y las buenas intenciones, siempre mantenidas a buen recaudo.

La fila de ejemplos puede atisbarse de una sola ojeada en cualquier página de estos arduos dos cuatrenios. Álvaro Uribe, como “amigo”, le metió una puñalada trapera a Hugo Chávez, el presidente de Venezuela, en una mediación pedida por el mismo gobierno colombiano y a la que le dio curso con la certeza de que sería infructuosa. La situación se salió de madre cuado las gestiones del vecino, en vez de irse a pique, empezaron a ser eficaces. Entonces y sin aviso, el presidente colombiano dejó colgado de la brocha al presidente venezolano, al que por demás acusó de tratar de ayudar en un conflicto infame, pero requerido para sostener el caballito de batalla que es la máquina de guerra de “la seguridad democrática”.

Uribe hizo de todo, cuanto le dio la gana y de las maneras que quiso. Hizo de la contradicción y la paradoja destrezas gubernamentales. Y de la mentira simple y llana un canon gerencial, en esta empresa necia que es Colombia. Agobió ciudades, pueblos y aldeas remotas con circenses consejos comunales transmitidos sin tregua. Reconvino al aire, de labios para afuera, a ministros y menestrales.

Soltó la jauría de caza del DAS tras opositores, periodistas críticos, líderes sindicales y todo el surtido de los ciudadanos incómodos. Configuró, al interior de las fuerzas militares, un torvo mecanismo de estímulos, que, por entre un tubo, condujo a que las tropas en repetidos golpes de gracia llevaran a cabo el asesinato de campesinos y otros pobres, en un patrón siniestro al que el gobierno y los medios llamaron y llaman con un eufemismo sinvergüenza: “falsos positivos”.

Oyó y atendió los susurros aviesos y solapados de José Obdulio Gaviria, el primo de don Pablo (Escobar). Sentó a su diestra, como Secretario Privado de la Presidencia, a Bernardo Moreno Villegas, un habilidoso egresado de la Financiera de Desarrollo Territorial (FINDETER). Camanduleó de más con César Mauricio Velásquez, su Secretario de Prensa, una especie de predestinado del Opus Dei, a cuyas convicciones no les calza la democracia, si no es de papel.

En fin. Con la partida de Uribe es de esperar que se vayan los cohechos no tan idos, con Yidis, Teodolindo y el ido de Sabas Pretelt. Se van, por fin, Fabio Valencia Cossio y sus intervenciones abiertas, descaradas y reiteradas en esa especie de apéndice del Ejecutivo que han terminado siendo el Congreso de la República y la Cámara de Representantes durante este tiempo, donde apenas si son audibles unas pocas voces independientes y dignas.

Se va también la vanagloria inmoderada, más bien insolente, de la junta del gobierno con toda clase de malas compañías: pendencieros, trapisonderos y malhechores; los que entran por la puerta de atrás a Palacio; los muchos otros que también fungen de asesores, directores o secretarios, y fingen de piadosos; los que son defendidos a capa y espada por el presidente, en cuyas diatribas recriminatorias a la Justicia está la procura de exculparse a sí mismo, como máximo responsable de todos los quebrantamientos a la ética y las leyes.

Álvaro Uribe dijo en UNASUR: “Colombia ha tenido una democracia respetable, de independencia de instituciones, de plenitud de libertades”. Y en Barrancabermeja, el 11 de agosto, hace casi un año, afirmó durante el V Encuentro de la Jurisdicción Constitucional, que “La Justicia en Colombia es autónoma, independiente, y se ha fortalecido bastante, gracias a nuestros esfuerzos presupuestales y a la Seguridad Democrática.” Y sostuvo que “este Gobierno le permite hoy (a la Justicia) actuar en todas las regiones y frente a todos los temas. Hoy no tiene restricciones territoriales ni restricciones de materia”.

Sin palabras. Cuando la Corte Suprema de Justicia es una de las instancias más atacadas por el presidente y sus partidarios. Donde los jueces son vilipendiados y desautorizados por el propio Álvaro Uribe, y acusados de politiqueros, de falseadores y de calumnia. Cuando toda la rama judicial es desprestigiada y puesta en el banquillo de los acusados, en tanto que los acusados, sus subalternos y secuaces, cómo no, son absueltos a priori por el Jefe de Estado. Los pájaros tirándole a las escopetas. Claro está, al fin y al cabo, a lo sumo una nueva variedad de los mismos “pájaros” de nuestra Violencia con mayúscula, aquella en la que hay tantas raíces de tanto.

Se lleva Uribe a cuestas una moral retrechara, gazmoña y afincada en la psicodelia: serán malos, pero adinerados y útiles los buenosmozos; serán buenos, pero pobres los desgraciados. ¡Qué viva Sarmiento Angulo! ¡Abajo los desplazados, esa suerte de infiltrados!

El 23 de marzo de 2009, en un consejo de seguridad en Tibú, Norte de Santander, el presidente aseveró que en sólo 22 procesos de los llamados “falsos positivos” iniciados entonces, se había encontrado soporte jurídico para las denuncias. "Nosotros somos los primeros en exigir que no haya ‘falsos positivos', que haya total transparencia, pero tenemos que ser los primeros en denunciar que mucha gente, amparada en este tema, lo que ha hecho es crecer falsas acusaciones, para tratar de paralizar la acción de la Fuerza Pública contra los terroristas".

Unos meses después, el 3 de diciembre pasado, en una videoconferencia, el presidente Uribe volvió a llamar la atención porque “hay personas e instituciones que, en muchas ocasiones, acusan a nuestras Fuerzas Armadas falsamente, simplemente por afectar nuestro proceso de Seguridad Democrática”.

Las cifras escandalosas de muchachos asesinados en distintas partes del país, que ya sobrepasan los dos mil, acallaron pronto esta monserga del presidente. Echando mano a palabras de José María Vargas Vila, dichas en otro contexto, pero con medidas que ahora parecieran tomadas por escribano notarial, o, mejor, por sastre de pueblo, el presidente Uribe siempre trató de hacernos creer que no se daba cuenta de que andaba “por sobre las cenizas de los muertos”. Así estuvo todo el tiempo y así se va.

Cuando la Justicia condenó a 30 años al coronel retirado Alfonso Plazas Vega, volvió la carga al machete de Álvaro Uribe Vélez, con idénticas argumentaciones:

"El terrorismo, que está perdiendo, en su osadía, ahora quiere ganar a través de tinterillos con acusaciones falsas contra la seguridad democrática". Lo dijo el 3 de junio, en una ceremonia de ascensos de la policía, en la Escuela General Santander, y agregó: "Los tinterillos, los idiotas útiles e inútiles, están en contra de esta política y atemorizan a la Justicia que a veces les da recibo".

Álvaro Uribe sangró por la herida y una sombría asociación de ideas debió incrustársele en esa alma de tantas encrucijadas fatídicas: El infeliz veredicto contra una extralimitación remota y brutal debió hacerle pensar al presidente que por ahí anda suelto el artífice de las Convivir, principio del paramilitarismo, y el regente de un régimen en el que ha corrido mucha sangre inocente.

Al gobierno del presidente Uribe, en el tema de la guerra interna y de su “Seguridad democrática”, le puede pasar igual que a la Inglaterra de “La guerra de los Cien Años” contra Francia, que ganó casi todas las batallas decisivas, pero a la final perdió la guerra.

Es que ni “Jaques”, ni “Camaleones”, ni toda la calaña de los montajes bélicos, sin desconocer su carácter paliativo en el retorno de civiles y militares, y en la reunión de las familias, conducen a parte alguna, mientras los caminos restantes, los del diálogo, de la equidad, del empleo digno, de la seguridad social básica, por ejemplo, sigan siendo minados sin miramientos con la intolerancia de un dogmático y la jactancia de un ubérrimo.

“Que el amor por esta Patria sea la llama a través de la cual Nuestro Señor y la Santísima Virgen me iluminen para acertar; también, para superar la humana vanidad y rectificar cuando incurra en el error”. Esto lo imploró Álvaro Uribe en su discurso de posesión durante su primer mandato, el 7 de agosto de 2002. Era el Álvaro Uribe del corazón grande. Pero aún así, los santos cielos no lo oyeron. En muy pocas cuestiones acertó. Jamás superó la humana vanidad y más bien se le acendró a toda la hornada a su alrededor el “estado de conciencia vanidosa”. Y, como hemos visto, en vez de rectificar cuando incurrió en errores, se volvió iracundo (y lo dejó ver), y le endilgó todas las culpas a quienes no pensaran como él.

Álvaro corazón grande recuerda mucho a Ricardo Corazón de León, aquel rey inglés de la segunda mitad del siglo XII, y no sólo porque al uno, al criollo, lo seduzcan las caballerizas y los caballos, y al otro la caballería, sino por lo cruzados ambos, el corte anacrónico de la cohorte y los escuderos, y, claro está, por el poquísimo gusto por gobernar (que se disimula en trabajar, trabajar y trabajar). Y, a cambio, sí la enfermiza fascinación por la guerra, por desgastar a sus patrias con el embeleso de ganar batallas minúsculas e intrascendentes.

El uno, a última hora, tuvo su Saladino, su carcelazo y su derrota; el otro, el nativo, todavía no lo sabemos, pero ya el personaje escucha por todos los puntos cardinales los pasos de animal grande de la Justicia, la nacional (a la que no logró sojuzgar) y la internacional (que ya le hace regar el tinto del caballo). Y hoy, a diferencia de ayer, no vamos a quedar en manos de Juan Sin Tierra, pero sí en las de Juan Manuel sin Tiempo, y, de cierto, cual siervos sin tierra, como siempre.

Bajo el yugo de los dos gobiernos seguidos de Álvaro Uribe Vélez, mucho del país se fue muriendo en el entre tanto, golpe a golpe, peso a peso. Bala a bala, mejor. Después de estos implacables años de tanta “conciencia vanidosa”, más allá de la mentada “seguridad democrática”, de la cohesión antisocial, de las amañadas cifras de crecimiento o de la espelucada confianza inversionista, yace tendida y exánime la esperanza en un país justo, y es irremediable que luzcan mal y cabizbajos los sueños de una Colombia más incluyente y menos violenta.

A la manera de decir las cosas del finado poeta calarqueño Luis Vidales, a esta Colombia se le han muerto tantas cosas que ya parece un poco fantasma. La prueba de ello es que a estas alturas ni siquiera nos espante la idea de que Juan Manuel Santos sea el sucesor de Uribe y el continuista del aquelarre nacional que ha sido tal mandato.

Ojalá que la callada movilización popular que no deja de brotar a lo largo y ancho del país, siga avanzando y haciéndose incesante. No se la ve en los medios, pero ahí está. No se la registra, porque se la disimula, pero ahí va. Por supuesto, también tiene algo de espectral: no figura en las encuestas, no come cuento, no traga entero, se la nombra como algo amorfo.

Es de estudiantes, de indígenas, de negros, de obreros, de desempleados o mal empleados, de desplazados, de víctimas de todo tipo y de familiares de víctimas, de pobres que no tienen nada y, quién lo duda, de algunos pobres diablos colados que ni siquiera saben que también son pobres aunque tengan algo de plata. En otra palabras: esa parte innegable del país que nunca hizo parte del manipulable “estado de opinión” tan propugnado por el presidente que ya se va.


Artículo también disponible en:

REBELIÓN (España)
Sur y Sur
Agencia TINKU - Información alternativa
Kaos en la Red (España)
Indymedia - Colombia
La Radio del Sur
Ajintem (España)
QUESTION Digital (Venezuela)
Visiones Alternativas (México)
RSN - lA RADIO DE EL PACÍFICO (Ecuador)
ARGENPRESS (Argentina)
teleSUR

miércoles, 16 de junio de 2010

Todos ponen, pocos ganan

LAS PROPUESTAS ELECTORALES DE SANTOS Y MOCKUS EN COLOMBIA

Por:  Juan Alberto Sánchez Marín


Miserables que creen que eligen presidente. Boyantes que saben bien que eligen candidatos a su talla y medida.

Antanas Mockus y Juan Manuel Santos, candidatos a la presidencia de Colombia para el período 2010 a 2014.


Antanas Mockus es una derecha a carta cabal, disimulada de centro y agazapada en lo que se ha dado en llamar “una ideología moderada”, lo que es un desatino más bien desmesurado.

Juan Manuel Santos, por su parte, es una derecha asumida sin tapujos, “de los ricos, por los ricos y para los ricos”, que, además, se ufana hasta el empalago de continuar la armazón de la extrema derecha de Álvaro Uribe.

En pocas palabras: En Mockus, la derecha, con claro tinte de autoritarismo, escuelismo, neoliberalismo, y unos cuantos ismos más igual de azarosos. En Santos, una derecha aún más a la diestra (por ende, más siniestra), que se debate entre los extremos desgraciados de la infalibilidad de Uribe y José Obdulio, y el culebreo oportunista del propio candidato.

Muy mal deben andar las cosas en un país en el que lo esperanzador de una propuesta de gobierno es la sencilla promesa de respetar la Constitución y las leyes, algo inherente a una democracia y que es un supuesto que debería ser precepto para cualquier gobierno medianamente honorable.


Y donde lo reseñable de la otra es la falacia de una “unidad nacional” que sofríe en una misma sartén politiqueros, parapolíticos, hamPINnes (del Partido de Integración Nacional), expresidentes caramboleros de Colombia y de la OEA, y, claro está, al inevitable y próximo ex presidente y sus secuaces.

No hay que ser muy astuto para saber que Juan Manuel Santos es un buen vendedor de ilusiones. Apela y explota sin piedad las características malditas de unos ciudadanos (clientes, compradores) condenados a 200 años de vida republicana y de soledad, sí, dos veces los cien del ilustre García Márquez:

Desmemoria, olvido, atraso, ignorancia, ausencia de los servicios básicos y de todos los otros y de todo, son sólo algunos de esos elementos que, con el apoyo ya casi innecesario de la coacción, de la amenaza, del chantaje, mueven la maquinaria continuista de Juan Manuel.

Como buen prestidigitador, jugador de póker, tramador de “falsos positivos” (asesinatos ciertos), urdidor de entelequias y otras picardías, Juan Manuel también miente sin empacho. Y ahí enreda al otro, a Mockus, un candidato que, cocinado en la salsa propia de mucha filosofía y matemáticas, y pocas nueces, procura vender a punta de verdades (más impuestos, por ejemplo) una gran mentira: la de un sistema que no apunta a transformar, modificar, o, por lo menos, revisar las estructuras fundamentales, sociales, políticas, económicas, de un país al que otra farsa, la de la seguridad democrática, no le ha frenado, no le frena, ni le frenará así nunca, la caída de culos al estanque.

Y la gran mayoría de los otros electores descastados, la clase media, la del voto de opinión, la que sigue los debates electorales por la televisión, lee la prensa y hasta inspecciona las secciones política o económica, tiene Internet en casa y se expresa gustosa en las encuestas, le cree a Santos a pie juntillas. Incluso, se fanatiza y aguanta la idea de que el delfín de Uribe atacará la corrupción, significará progreso y sacará a flote, no se sabe de dónde ni con qué alientos, un talante reformista.

Peor aún, una buena parte de esa clase media, intelectual, pensante, de tanto ver la tele y leer El Tiempo, cree a ojos ciegos en la coherencia de Santos, entre lo que dice ahora y lo que hará después, como si la hubiera habido entre lo que hizo ayer y lo que hoy mismo dice que hizo.

Apenas la minoría pudiente y poderosa de Colombia, los pocos grandes grupos económicos, los parvos habitantes del estrato 6 y hacia arriba, hacen sus apuestas por ambos, no tienen pérdida, no corren riesgos. Con Santos ganan Ardila Lule y Sarmiento Angulo, con Mockus gana Santodomingo. Frente al país entero, con cara gano yo, con sello pierdes tú. Con Santos o con Mockus, siempre salen airosos.

Ellos, que son pocos, poquitos, poquísimos, en un país de inequidades, donde el 49,1% de los ingresos va a parar a las arcas del 10% más boyante, frente al 0,9% que se queda en el lado enjuto de los más miserables.

Miserables que creen que eligen presidente. Boyantes que saben bien que eligen candidatos a su talla y medida.

Artículo disponible en:

Rebelión (España)
Sur y Sur
La Radio del Sur
RNV - Radio Nacional de Venezuela
Indymedia Colombia
Kaos en la Red (España)
Prensa Indígena (México)
ALAINET - Agencia Latinoamericana de Información

miércoles, 2 de junio de 2010

El elegido

Por: Cecilia Orozco Tascón


GRAN SALTO HACIA ATRÁS HA DADO Colombia, al menos la plebeya, con la cuasi elección de un representante de las dinastías más conspicuas, Juan Manuel Santos.

Nada sorprendente, después de ocho años de admirar el represor estilo de finales del siglo XIX que impuso Álvaro Uribe, el ganador del domingo pasado: nadie discute que el poco carismático Juan Manuel no habría obtenido ni la cuarta parte de los votos de la U de no ser por la simbiosis con su patrón. Si Uribe escogió como paradigma político al nefasto Rafael Núñez, Santos parece haber seleccionado como el suyo al conservador Mariano Ospina Pérez, tal vez por aquello de que éste fue sobrino y nieto de presidentes y el tío abuelo de Santos también lo fue. Juan Manuel tiene otros elementos en común con Ospina Pérez. Uno, que ambos fueron considerados “el hombre de los cafeteros”, por haber contado con el impulso de la cúpula de la Federación más privilegiada del país. Dos, que el gobierno de “Unidad Nacional” que propone Santos es título copiado del que propuso Ospina. Esperemos que las coincidencias sólo lleguen hasta ahí, porque si continuaran, habría que espantarse, dado que la época conocida como “La Violencia” se inició en la administración Ospina y aún no hemos podido salir de ella.


Ospina pretendía calmar al liberalismo con el acicate de la “unidad”, entregándole unos ministerios de segunda y unos puestos de tercera. Santos pretende darle sepultura definitiva al partido que lo catapultó con una fórmula similar. La verdad, no tendrá que esforzarse mucho: puso a babear a la mayoría de los liberales con su dedo meñique. Éstos, incluso algunos que creíamos enhiestos, hace tiempo que perdieron su identidad ideológica. Ni siquiera tuvieron el coraje de actuar de frente. El viernes pasado juraban que iban a votar por su candidato. El sábado empezaron a airear su voto por la U y el domingo adhirieron al tipo despreciable de ayer, al que, según rumoraban, intentó aliarse con Mancuso, Reyes y Carranza. Y qué decir de los conservadores. Ellos se mimetizaron con el amo y así continuarán, guiados por el inventor de las “medidas técnicas” que impidieron entregarles subsidios del Estado a los campesinos. Se sabe que con tal de ganar, Santos no se para en pleitos. Su casta capitalina cede ante la necesidad de los votos y se mezcla con la política provinciana más ramplona, aquella a la que le ofreció hace unos años $300 mil millones en “partidas regionales” para entregárselas, en rama, a sus senadores y representantes. ¡Lo que se ha de ver!

Loa a quien ganó la primera vuelta ampliamente. En Antioquia, con el apoyo del destituido parlamentario César Pérez, investigado por la masacre de Segovia. En el Valle, con Dilian Francisca Toro, procesada por parapolítica. En ese departamento y otros, con el concurso del partido de la Picota. ¿O habrá que ser superdotado para adivinar que al PIN le interesa únicamente jugar con el ganador? En Atlántico, con los votos del campeón del clientelismo, José Name. En Córdoba, con los de los involucrados Zulema Jattin, Musa Besaile y, tal como se vieron los resultados, con el 50% de los partidarios del condenado Juan Manuel López, o bien, con los de su señora, Arleth Casado. En Bolívar, con Piedad Zuccardi y su marido condenado por peculado, Juan José García. En Sucre, con la sucesión de Álvaro García Romero, condenado a 40 años por la masacre de Macayepo. En Caldas, con Adriana Gutiérrez, y, en el Meta, con Luis Carlos Torres. ¡Oh gloria inmarcesible!, ¡oh júbilo inmortal! Si no nos importó de dónde venía ni quiénes eran los amigos de un antioqueño arriero, ¿qué nos vamos a preguntar cómo triunfa alguien que nació para ser elegido?

Columna de 2 de junio de 2010, en El Espectador.

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