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BELDADES Y MENTIRAS DE GADAFI

Rodeado de sus beldades, vocifera, desafía, miente. Y la voz telúrica en la tribuna es el canto del cisne.

COLOMBIA: UN PAÍS MINADO POR EL DESPOJO MINERO

En un país en donde nunca estamos sentados a la mesa ni para lo nuestro, no hay otra opción: Terminamos haciendo parte del menú.

REMESAS Y POBREZA EN COLOMBIA: UNA RELACIÓN EVIDENTE

Según previsiones actuales, se recuperarán niveles anteriores de remesas desde el extranjero sólo a partir de 2012 o 2013.

COLOMBIA AFRONTA EL CRECIMIENTO DEL PARAMILITARISMO

La estructura del paramilitarismo se redujo en algunas regiones del país, pero en otras permaneció intacta o hasta creció. .

ENFERMEDADES 'LEVES' QUE MATAN EN COLOMBIA

Los pacientes con diagnóstico de alguna enfermedad prevenible terminan en una gran tragedia personal y familiar, requiriendo cuidados médicos que las entidades designadas no prestan efectivamente.

martes, 1 de noviembre de 2011

Violencia contra la mujer en Colombia

Reportaje en RT de Juan Alberto Sánchez M.


En Colombia más de 90% de las agresiones interfamiliares las sufren las mujeres, demuestran varios estudios. El Gobierno del país plantea que la implementación de la ley de víctimas tendrá un enfoque diferencial y de género.

Se estima que en Colombia cada día son asesinadas entre 3 y 4 mujeres, y que unas 130 sufren algún tipo de violencia.

Dioselina tiene 65 años. Es una mujer trabajadora, fuerte, y ha afrontado momentos difíciles tales como la muerte de su hijo militar en una emboscada.

Desde hace 30 años convive con su actual esposo. Ahora su relación es tranquila, pero no siempre fue así. Su pareja tuvo serias dificultades con el alcohol, lo que le generaba celos y mucha agresividad. En varias ocasiones llegó a golpear a Dioselina, quien debió recurrir a la ayuda legal.


“Sí, él tuvo problemas conmigo, me tiró, me agredió. Agredió a un señor que había en la casa de oficial, y él decía, no, vos estás con ese hombre, y yo le dije nunca, yo no soy capaz. Es que si yo fuera para dejarlo ya me habría abierto, me voy lejos. En fin, que llevábamos una vida amarga, pero, lastimosamente yo me la aguanté”, comenta María Dioselina Olaya, ama de casa.

EL caso de Dioselina no es el único. La violencia doméstica constituye un problema grave en la sociedad colombiana.

“En el discurso yo sí creo que ha habido avances. En materia de la condena sexual, por ejemplo, condena de la violencia intrafamiliar, reconocimiento de que al interior de las familias pueden darse situaciones de violencia. Y seguimos quedando debiendo cómo traducimos esa protección legal o ese reconocimiento de derechos formales a la vida real de las mujeres”, señala Mónica Roa, directora de programas de “Women's link”.

Factores económicos, y componentes culturales tales como el patriarcado y el machismo, dificultan que la legislación esté a la par de la realidad.

La imposición de pautas de control social, el reclutamiento y el desplazamiento forzados, también hacen parte de esta otra agresión que sufre la mujer.

“En el contexto colombiano creo que hay un tema de violencia sexual que está pendiente de ser evaluado y de darle el lugar que merece, la preocupación que merece, y es el tema de la violencia sexual como arma de guerra en el marco del conflicto colombiano. Sin ninguna duda, hay muchos reportes de cómo todos los actores armados piensan en el cuerpo de las mujeres como el territorio donde se da la batalla”, dice Mónica Roa, directora de programas de “Women's link”.

Esta situación afecta especialmente a las mujeres del entorno rural, a indígenas y al sector afrocolombiano. Ante este panorama algunas organizaciones feministas alegan que la ley de víctimas, que se tramita en el Congreso, no las tiene en cuenta.

viernes, 28 de octubre de 2011

Comunicado del Colectivo de Abogados "José Alvear Restrepo" sobre "Masacre de Mapiripán"

El Colectivo de Abogados “José Alvear Restrepo” -CCAJAR-, en relación a la información de prensa relativa a supuestos hechos revelados en el día de ayer, en el marco de una audiencia del procedimiento de “Justicia y Paz”, sobre la “Masacre de Mapiripán”, se permite poner en conocimiento de la opinión pública que:

1.En el marco de su labor de defensa de los derechos humanos, apoderó a nivel nacional e internacional a cinco grupos de personas que se identificaron como familiares de víctimas de ejecuciones extrajudiciales, desaparición forzada y desplazamiento forzado en los hechos ocurridos entre el 15 y 20 de julio de 1997, conocidos como la Masacre de Mapiripán. Entre las víctimas apoderadas se encuentra la señora Mariela Contreras y su familia, quien fue reconocida igualmente como víctima en las instancias nacionales, con posterioridad a que rindiera declaración ante la Fiscalía General de la Nación.


2.Nuestra actuación ante la Comisión y Corte Interamericana de Derechos Humanos, que culminó con sentencia contra el Estado de Colombia en septiembre de 2005, se basó en las declaraciones de las víctimas y las decisiones de tribunales nacionales a nivel penal, disciplinario y contencioso administrativo, que fueron tenidas en cuenta por el Estado de Colombia para reconocer el 4 de marzo de 2005, su responsabilidad internacional por la Masacre de Mapiripán en los siguientes términos:
“[…] con fundamento en las decisiones proferidas por las autoridades jurisdiccionales y disciplinarias internas, y por los hechos ocurridos en el municipio de Mapiripán entre el 15 y 20 de julio de 1997, manifiesta pública y expresamente lo siguiente: 2. Reconoce su responsabilidad internacional por los artículos 4(1), 5(1) y 5(2) y, 7(1) y 7 (2)

3.En su decisión la Corte Interamericana, consideró que, “La metodología empleada en la ejecución de la masacre y la destrucción de los cuerpos de las víctimas, sumados al terror sembrado entre los habitantes sobrevivientes de Mapiripán para causar su desplazamiento, han obstaculizado la plena identificación de las víctimas de la masacre, a pesar del hecho que existe certeza sobre el elevado número de personas torturadas y asesinadas durante esos días de julio de 1997 (párr.96.47)”.

4.En virtud de esta parcial indeterminación, el Tribunal Interamericano estableció la obligación de identificar plenamente a las víctimas, extendiendo este deber a personas que se mencionaron como posibles víctimas, pero respecto de las cuales solo se conocían sus apodos. La Corte reiteró que resulta, “indispensable que para efectos, de las reparaciones, el Estado individualice e identifique las víctimas ejecutadas y desaparecidas, así como sus familiares (…) El Estado deberá completar dichas labores, así como cualquier otra que resulte necesaria, para lo cual deberá emplear todos los medios técnicos y científicos posibles, tomando en cuenta las normas pertinentes en la materia, tales como las establecidas en el Manual de Naciones Unidas sobre la Prevención e Investigación Efectiva de Ejecuciones Extrajudiciales, Arbitrarias y Sumarias”. (párr.305)

5.En efecto, el número de víctimas mencionado en decisiones nacionales y establecido como número tentativo por el Tribunal Interamericano, se fundamenta en testimonios de una pluralidad de víctimas y en el reconocimiento que en su momento hiciese el cabecilla paramilitar Carlos Castaño Gil. Es necesario señalar que en el presente caso, el también paramilitar Gilberto Cuellar confesó su participación en los hechos y adujo que las personas asesinadas fueron más de veinte. El Juez de Mapiripán Leonardo Cortés, testigo de los hechos refirió ante instancias judiciales que fueron varias decenas las víctimas.
De acuerdo con la sentencia de la Corte Interamericana, 96.49 Al respecto, la propia Unidad Nacional de Derechos Humanos de la Fiscalía General de la Nación manifestó que:

[…] una vez consumada la masacre de Mapiripán [fue] el mismo Carlos Castaño Gil quien ante los medios de comunicación y como “parte de victoria” indic[ó] que fueron 49 las personas dadas de baja en la incursión paramilitar en Mapiripán, lo que permite establecer en forma tentativa un número estimado de víctimas, afirmación que apoyada en la del doctor Leonardo Iván Cortés Novoa al destacar éste que fueron aproximadamente 26 las personas asesinadas y desaparecidas, y que sumados a los informes de inteligencia realizados por miembros de la fuerza pública que se encontraban desarrollando labores encubierta en la zona, señalan que fueron 30 aproximadamente, además de lo sostenido por el mismo confeso paramilitar José Pastor Gaitán Ávila que refiere haber contado 23 personas asesinadas. Lo expresado permite así advertir que las víctimas fueron en gran número, que no pudo ser menos de veinte. […]

6.Con fundamento en la decisión internacional y el Mecanismo Oficial de Seguimiento MOS, establecido por la propia sentencia, el CCAJAR ha insistido en la identificación plena de las víctimas, obligación y atribución que corresponde exclusivamente a la Fiscalía General de la Nación, que no ha sido satisfecha plenamente, tal como lo ha señalado la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

7.El CCAJAR recuerda que en casos de graves violaciones de derechos humanos la obligación de investigar corresponde al Estado y no a las víctimas ni a sus representantes legales.

8.Los abogados y abogadas del CCAJAR, siempre hemos actuado de entera buena fe, y creemos y seguiremos creyendo en la buena fe de las víctimas. En consecuencia, para el presente caso, asumimos la representación judicial de aquellas personas que se declararon como afectadas por la Masacre de Mapiripán, rindieron voluntariamente sus declaraciones ante notario público, y dadas las circunstancias en que se enmarcaron los hechos, resultaron consistentes con lo establecido judicialmente y las diferentes narrativas acerca de lo ocurrido.

9.Si algún o algunos demandantes, solicitaron su reconocimiento como víctimas sin serlo, ello debe ser establecido por la autoridad judicial correspondiente, la cual determinará la respectiva responsabilidad penal. El CCAJAR se pone a total disposición de las autoridades judiciales para el esclarecimiento de estos hechos, respecto de los cuales ha tenido reciente conocimiento por los medios de comunicación.

10.Los hechos conocidos como la “Masacre de Mapiripán”, constituyen una grave violación a los derechos humanos, por su naturaleza, actores implicados, la sevicia con que se cometió y el terror que generó, no solo en Mapiripán, sino en el país entero. El CCAJAR insiste en la obligación estatal de esclarecer plenamente estos hechos, establecer todas las responsabilidades penales a que haya lugar, identificar plenamente a la totalidad de víctimas y repararlas adecuadamente.


Bogotá D.C, octubre 26 de 2011

viernes, 19 de agosto de 2011

Colombianas y colombianos por la paz expresa su apoyo y solidaridad con Piedad Córdoba Ruiz

COMUNICADO A LA OPINION PUBLICA

El miércoles 17 de agosto de 2011, en la noche integrantes de fuimos testigos de la información presentada por una fuente de alta confiabilidad quien
describió detalles de la ejecución de un plan para atentar contra la
vida e integridad personal de de la defensora de los derechos humanos y gestora de paz Piedad Córdoba Ruiz.

Ante la inminencia de la ejecución del plan se valoro la necesidad de
una salida inmediata del país, la que se realizo en noche del 18 de agosto, como una forma de proteger su vida y la de su familia.

Colombianas y colombianos por la paz demanda al Estado colombiano medidas de protección efectivas para Piedad Córdoba Ruiz, investigación y sanción para quienes pretenden atentar contra su vida su vida e integridad personal.

Agradecemos a las personas organizaciones, comunidades, periodistas e
instituciones que han expresado su solidaridad con Piedad y la labor
de Colombianas y colombianos por la paz.

Bogotá agosto 19 de 2011


lunes, 1 de agosto de 2011

Eliseo Alberto. Tres o cuatro cosas qué decir.

Mi sombra huyó por una bocacalle.
Entiérrenla en la Habana cuando muera.
ELISEO ALBERTO, LICHI.




Entrevista de UNAM TV, México.

domingo, 31 de julio de 2011

Los poetas no se mueren

Dijo Benedetti: "Dicen que Mario Benedetti ha muerto, no puede ser verdad, los poetas no mueren" ("El olvido está lleno de memoria"). Y tuvo razón Eliseo Alberto, Lichi, cuando dijo lo mismo sobre Roque Dalton, el hermano poeta asesinado por sus copartidarios en El Salvador. Y hoy la frase vuelve a tomar vuelo, en las honduras, la forma y el cuerpo grandes de Lichi, ahora mismo empezando a escribir vaya uno a saber qué cosas cuando en quién sabe qué cielo bebe sorbos de algún ron infernal. Mientras, acá tu epitafio más citado: "Acá yace Lichi, contra su voluntad".



LOS POETAS NO SE MUEREN


Por: Eliseo Alberto

Los poetas no se mueren nunca —y menos, si los matan: es ley de la
vida y también de la muerte. En todo caso se convierten en fantasmas
muy tenaces. Los verdugos lo saben en carne propia porque cada letra
del poeta, cada palabra suya, cada verso limpio, les pega como una
bofetada. La única eternidad posible será la que conceda la poesía. La
poesía es don del hombre. “País mío no existes/ sólo eres una mala
silueta mía/ una palabra que le creí al enemigo”, dijo mi querido
Roque Dalton meses antes de que sus jefes guerrilleros del Ejército
Revolucionario del Pueblo (ERP) le metieran un balazo a traición, el
Día de las Madres de 1975, a cuatro tardes de cumplir 40 años —hace ya
treinta y cinco.

Cuando conocí a Roque, en la colmena habanera de los setenta, él era
el poeta más simpático del mundo. Lo recuerdo vestido con una camisa
blanca de mangas cortas, pantalón cualquiera y unas botas altas, mal
acordonadas. Más delgado que su malicia, tenía buena fama de
polemista. No soportaba los caprichos del poder ni el poder de los
caprichosos, y se peleaba de palabras con sus superiores o
subordinados, de igual a igual. Había logrado una pronta consagración
con su libro El turno del ofendido e iba dejando a su paso por la
ciudad un rastro de anécdotas (casi siempre inverosímiles) más un
reguero de amores que se sumaban, en centroamericana fugacidad, al
libro de las leyendas urbanas. Para acreditar sus hazañas con pruebas
de rigor, El Flaco Roque hubiera necesitado ser El Gato Dalton y
consumir más de siete vidas; así y todo, creo que tendría que robarse
otras tantas en alguna barata de mercado. Cómo explicar, sin creer en
Dios, sus mil quinientas páginas de poemas, sus dos escapes de la
cárcel minutos antes de ser llevado ante un pelotón de fusilamiento,
sus andanzas por todas las callejuelas de Praga (persiguiendo la
escurridiza sombra de Franz Kafka), sus travesuras en la Corea sin
humor de Kim II Sung y, por último, la confianza que tuvo en sus
camaradas de guerrilla aún sabiendo que ellos envidiaban rabiosamente
su inteligencia, su carisma y sus cojones.


“¡Qué cosa tan jodida es descansar en paz!”, dijo el autor de Taberna
y otros lugares sin saber que él nunca tendría el privilegio del
reposo pues sus matadores siguen sin atreverse a decirnos por qué lo
acusaron de ser agente de la CIA si sabían bien que era una calumnia
—ni dónde rayos lo enterraron horas después, aquella noche de
primavera. Muy cerca de la casa donde le dispararon en la nuca, las
mujeres más lindas del continente desfilaban por la pasarela de un
concurso de belleza. No me extrañaría que lo primero que haya hecho el
espíritu de Roque fuera irse volando a verlas modelar: ni cadáver, un
hombre como él se perdería esos bikinis.

El presidente salvadoreño Mauricio Funes acaba de nombrar en un alto
cargo de su gobierno a Jorge Meléndez, el valiente comandante Jonás,
un hombre que lleva en el cuerpo varias heridas de guerra y, en el
alma, la inconfesada pena de haber sido uno de los ejecutores del
poeta y su compañero en la muerte, el obrero Armando Arteaga, alias
Pancho. Los otros comandantes implicados, aún vivos, son Alejandro
Rivas Mira y Joaquín Villalobos —según confesión pública del propio
Villalobos. “Fue un tremendo error”, reconoció entonces. En entrevista
reciente, un Jorge Meléndez acorralado dijo al periodista Tomás
Andréu: “Yo no recuerdo el asesinato de Roque Dalton, recuerdo un
proceso político en el cual salieron muertos varios compañeros (…) No
soy asesino de Roque Dalton. En ese proceso del ERP con mucho orgullo
yo soy partícipe. (…) Las guerras son situaciones excepcionales de
mucho dolor, de muchos muertos, de faltas de ley, de decisiones
siempre arbitrarias (…) Yo estuve ahí y sé lo que pasó”. Han corrido
treinta y cinco mayos y Jonás no la ha aclarado nada.

La familia Dalton, de la cual me siento parte por razones largas de
contar, sólo pide que se sepa la verdad. Juan José y Jorge, hijos de
Roque, quieren rescatar el cuerpo del poeta: esta semana, encabezan
una cruzada a favor de la justicia. “No sabemos a dónde fue a parar su
cadáver, no hemos tenido esa oportunidad de ponerle una flor (…) Los
responsables de las torturas sicológicas y físicas que mi padre y
Armando Arteaga sufrieron durante su cautiverio, tienen nombre y
apellido. El gobierno (del presidente Funes) tiene dos caminos:
rectificar y despedir a Jorge Meléndez o ser cómplice de uno de los
involucrados en el crimen. Mayo seguirá siendo un mes sumamente triste
e injusto. Muy injusto”, ha dicho Jorge.

Roque escribió: “No temáis por mí y perdonad que me retire por un
momento. Voy a reírme de vosotros”.

Vosotros son ellos.

miércoles, 20 de julio de 2011

Colombia, tierra de leoninos - 20 de Julio: Una reflexión patriótica

Por: Juan Alberto Sánchez Marín


Cuadro de la reyerta del 20 de julio. Óleo/Tela. Pedro Alcántara Quijano.


El pretérito y circunstancial embajador de Colombia en Argentina, el nicaragüense Rubén Darío, escribió en una elegía, quizás agradecida por la investidura, que Colombia “es una tierra de leones”. No creo que el eximio poeta haya mentido a sabiendas. Apenas fundó la inspiración en una ignorancia atrevida. No podía ser de otra manera, si este país apenas lo pisó de paso y el interlocutor de afán que tuvo hubo de ser un lagarto lírico tan inocuo de poeta como dañino de presidente y político.

Sí, el costeño Rafael Wenceslao Núñez Moledo, eximio regenerador godo que ató por 105 años la tierra de leones a una Constitución que parecía inspirada en la cartilla de modales de la esposa, doña Soledad Román, en “El Cabrero”, su finca en la Costa Atlántica, del mismo modo que habría de soñar hacerlo y en buena parte hubo de lograrlo muchos años después otro presidente igual de pernicioso, Álvaro Uribe Vélez, paisa que casi adosó toda esa misma patria al “Ubérrimo”, su finca en Córdoba, un departamento también de la Costa Atlántica.

Decía que Darío, tan modernista como poeta y lúcido como modernista, fue más bien lucido en su verso de cita citable, trillado a más no poder en ese arribismo literario de tantos leoninos que cada día citan lo mismo como si fuera la primera vez. Darío, caro príncipe de las letras castellanas, tan depreciado en la diplomática representación de un conservador de ultraderecha y matrero como Caro (1).

Ni entonces ni ahora ha habido melenudos en esta tierra siempre llena de militares peluqueados al rape, paramiltares que poco encubren el trasquilado castrense, mercenarios motilados y mutiladores, ejércitos de mandaderos y soplones esquilados con saña por las cónyuges celosas de las víctimas violadas.


Hasta en cualquier pueblo pelado, alcaldes y primeras damas hacen campañas caritativas que ofrecen sopa a pordioseros y vagabundos bajo la condición irrestricta de que se dejen cortar el pelo. En las guerrillas, de melenudos por antonomasia, si acaso sobreviven solitarios los cadejos luengos de Cano.

Aquí nunca tuvimos leones. Si acaso tigres mariposos, gatos perrunos, tigrillos gallineros, félidos de mucho valor cultural, pero sin la estatura del rey de la selva. Por suerte, fuimos colonia española y no inglesa. De lo contrario, Kipling, que también habría cultivado aquí a sus anchas sus inclinaciones imperialistas, hubiera escrito babosadas de sapos y de quién sabe qué otros animales rastreros, como los tantos tenidos desde la Gran Colombia al degolladero de hoy. Shere Kan, un gato cojo. O Bagheera, un gato manchado. Gatos por liebre. Tal vez por eso de llamarse Joseph, el mismísimo Yahvé le proveyó la India al británico.

Ah, cierto, tuvimos algún Pumarejo de presidente, que no concluyó el segundo mandato y en venganza nos legó un delfín al que le decían “El Pollo”, septuagenario, octogenario, nonagenario por los siglos de los siglos. Un pollo de edad tardía que puso por años “a pensar al país”, un país que tiene huevo.

Y, otra vez cierto, están los tres o cuatro rastas de melena simbólica, seguidores de Selassie, el León de Judá. Y los cuatro mil “Hijos del Jaguar” que sobreviven, los indígenas koguis, acorralados y humillados en su mundo perdido de la Sierra Nevada de Santa Marta. Negros, indios, desposeídos a los que el resto del país mira como el león de Esopo miraba al ratón, hasta que los Estados Unidos terminen de atarnos a todos por igual.

“Un país de cafres (con perdón de los cafres)”, afirmó Darío Echandía en su otoño, atisbando para atrás la historia nacional. Lo dijo el político liberal, que tan cerca estuvo de tantos y peligrosos cafres (que él mismo fue uno en sus devaneos), ciertamente, con mucho más de hienas que de leones.


“Esta es Colombia…”


Un país que, en todo caso, se traga embutidos enteros. Porque le gusta que le mientan. Porque necesita falsear de cuenta propia. Porque lo que es cierto se enreda, se le da tres vueltas, hasta volverlo un fiasco, una ficción. Pura creatividad, para la que inventamos los leguleyos oficiales, peripatéticos, subrepticios. Avispados más de la cuenta, en un exceso tal que ha llevado mortalmente a que los extremos se toquen (y truequen) en tremenda tontería.

País de las cosas oscuras y el chocolate claro, donde quienes opinan o dicen alguna verdad son tildados de traidores a la patria, como Piedad Córdoba, y quienes se abstienen de pronunciar la más mínima son los machos alfa, como... Bueno, no hay espacio.

“No hay hechos, sólo interpretaciones”, dijo Nietzsche (2), poniéndole fin a la mentira de las verdades absolutas, dogmáticas, del “De Ente et Essentia” del Doctor Común(3). Nosotros malinterpretamos a conciencia, por convicciones infundadas o enterezas interesadas. Pueblos se lapidaron defendiendo sus verdades de pacotilla, nosotros nos matamos preservando mentiras absolutas a sabiendas en el fuero interno de que lo son. Venerables pueblos católicos asesinaron, masacraron, quemaron, lincharon, arrasaron a otros pueblos por el imperdonable delito de no ser virtuosos. ¿Por qué diablos no hemos de hacerlo nosotros, un pueblo católico, apostólico y romano, cuando, además, ya ha sido inventada la motosierra bendita?

Se sigue tragando entero a diario el cuento santanderino de que las armas nos dieron la independencia y las leyes la libertad. Cuando la independencia se consiguió bien poco. Su destello fue tan vago que no se la vio por parte alguna en el marasmo atronador de las armas que seguían luchando por mantenerla, hasta lograr el objetivo confidencial y final de que cambiara de nombre el sojuzgador.

De España a los Estados Unidos. Del reino monacal y confesional de ultramar a la esencia cuáquera de Whitman y la condición puritana del imperio del norte. Un cambio de manos que no finiquita.

Y en lo poco de soberanía que se tuvo y se tiene, antes que las armas tuvieron que ver los espíritus; el de Bolívar, digamos, en contravía de lo que tantos leones de la manada creían y defendían sectarios con sus espadas. Es que los colombianos también hemos tenido pensadores con ideas progresistas, de avanzada, como los venezolanos Bolívar y Sucre, en medio de la leonera de militares ambiciosos y jurisconsultos como Santander, ese presidente encargado de la patria por siete años, que a veces todavía pareciera gobernarnos, y que abrió el abrevadero de agua sucia del que brotaron los dos partidos más prestigiosos en la defensa de privilegios y la exclusión: el Liberal y el Conservador.

En cuanto a que las leyes dieron la libertad, bueno, quizás fue cierto y sigue siéndolo para los culpables, a los que éstas garantizan la impunidad. Pero pocas veces se la otorgan a los contados inocentes que sobreviven en un país de malhechores. Son leyes groseras que permiten que el último ex presidente ande libre, trinante y prestante, o que los militares tengan fuero, ciertos ministros ministerio, los banqueros bancos, Luis Carlos Sarmiento Angulo magnanimidad.

Al país también le vendieron el cuento chino de que con bala lograría la paz: la “Seguridad Democrática”. Un engendro que no desciende de un principio rugiente, sino de una ley que relincha: la “Ley de los Caballos” (4), de los tiempos de los mismos Caro y Núñez, política rumiada cada tanto por dictadores disimulados, como Julio César Turbay Ayala, o Álvaro Uribe, el centauro que tomaba tinto a caballo, mientras leía la ley. En todo caso, una falacia aprovechada y bien maquinada, que se valió de los eternos anhelos de tranquilidad de todos los colombianos y fue vendida como panacea. Una paz imposible envuelta en un discurso tramposo que repartieron como fruslería rutilante o ungüento prodigioso, y que sólo sería útil para enriquecer los bolsillos de los embusteros y las ínfulas de sus portentos.

Y para hombres de paz a los que embelesa la guerra. Como Celis, infeliz e inadvertido como Rivera. O mi general Naranjo, el mejor policía del ínfimo mundo que es la Policía del globo terráqueo. O el ilustre embajador en Austria y ante la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, el general (r.) Freddy Padilla de León. León de cédula, al que hubo que mostrarle resultados hasta que los logros se volvieron ejecuciones extrajudiciales. El mismo de la operación “Fénix”, un agravio fabuloso que le echo 500 años de cenizas a las relaciones con Ecuador, más que las copiosas del Tungurahua; “Jaque”, que al tercer aniversario resultó mate pastor de principiantes, donde ni dama, ni caballo, ni rey fueron tales, y “Camaleón”, en honor a la camada de leones que sueñan ser los soldaditos de plomo cuya vistosidad el retiro vuelve turbios cuidadores de funcionarios, de mafiosos o de taburetes en las entradas de los edificios de poderosos.

"Esta es Colombia, Pablo con su espuma y su piedra/ curvada dulcemente sobre el hombro de América.” (5), escribió Jorge Rojas en un poema ensalzador llamado “El cuerpo de la patria”, dedicado a Pablo Neruda y citado y recitado muchas veces. Y habría que decir: Con espuma, sí. Con piedra, sí. Curvada, tal vez. ¿Dulcemente? No.

En cambio, sí hay extraviado en el maremágnum poético del citado poema del piedracielista un verso y pico muy inadvertidos, que le van muy bien a la naturaleza patria: “…y ese germen de muerte/ que transita la incierta materia de las cosas” (6).

Pobre Pablo, "casi inteligente, ese poeta que era casi bueno", como lo recordó alguna vez aquí su compatriota Gonzalo Rojas (7), que en contravía a su grandeza ideológica se tragó el cuento de los poetas patrios oficiales, bardos banales cuya insensibilidad los volvió fascistas, sus dizque amigos, como el propio terrateniente Jorge Rojas, o los áulicos Carranza y Camacho Ramírez.

Pobre Neruda. Asfixiado hasta la muerte por Pinochet, con amigos de tal jaez en Bogotá y declamado años después por Uribe, esa pastoril “alma gemela” de todo, que mucho quitó y nada puso en tantos asuntos, más aún en los del entramado poético, incluida su simple recitaduría, que no recitación.


Pobre Banana Republic


¿Banana Republic?, qué ofensa, qué rabia. Pero, ¿y entonces? Si esta patria cuadra de maravilla con las nociones que suponen el denigrante concepto: riquísima, pero llena de pobres; descuajaringada, robada, saqueada; habitada por malos de primera y buenos de segunda, y deshabitada por quienes tienen que soportar la gula de ambos; jaula oliente a sangre; gobernada por sabandijas; con la Justicia en veremos y ajusticiada por los militares; procurada por Alejandro Ordóñez Maldonado e inteligenciada por Felipe Muñoz Gómez; que hace poco caso a Keynes y no procede a la eutanasia de los rentistas, sino a la muerte de la inteligencia y la disensión. Criminalizada la protesta, censurada la red, desfalcadas las regalías venideras y el porvenir, ¡Banana Republic!

Pobre Colombia. Donde los presidentes olvidan pronto lo malo que dictaminan y sus funcionarios lo malo que perpetran. Donde los secuaces se exilian y los organismos “protectores” chuzan, injurian, persiguen, asesinan. Y donde éstos y aquellos, esos sí, son gavillas, jaurías.

Pobre aquella patria en la que los ciudadanos del común, a quienes poco o nada les importa el bonum commune, se creen las poderosas tramas delincuenciales de los victimarios y en cambio desoyen a punta de control remoto los gritos desesperados de las víctimas, que van y vienen a la deriva con hijos y enseres por los cinturones de miseria de las ciudades o mueren invisibles y de “muerte natural” junto a los semáforos. O de las que perdieron a sus familias, o sus tierras, o el futuro, o la vida. Pobrísima.

A muchos colombianos les gusta tener “espíritu de país”. Creen, incluso, que su país de simulaciones sin disimulo es pasión. En verdad obran con un espíritu de cuerpo tan malsano como aquel que a cada rato remata la menguada integridad del glorioso Ejército Nacional. Ortodoxias funestas que vuelven de vidrio tan férreas estructuras mentales e institucionales.

Frágil ha sido también la fe en el país consagrado y vuelto a consagrar al Sagrado Corazón de Jesús. Un reino terrenal donde el celestial santo ni pía y son mandamases de hecho el Santo Domingo corroncho y los Santos cachacos: Montejos éstos caídos al Calderón.

Desde los tiempos del citado Rafael Wenceslao y su Constitución de 1886, Colombia padeció por esos 105 años los frutos de un chantaje eclesiástico al Regenerador, que la iglesia veía más bien como un degenerador degenerado por haber llevado a Palacio a una segunda esposa desposada por lo civil y sin la bendición divina. Doña Sola.

La Constitución del 91 acabó con la bendita consagración, pero, en 2008, casi a hurtadillas en Palacio, otro presidente habría de renovar esos lazos celestiales: Álvaro Uribe, por supuesto (8). Una recontra consagración vergonzante porque la propia Constitución lo prohíbe, pero consagración al fin y al cabo, con lo que de inútil pero de harto y violatorio y desafiante de las normas tiene, justamente, para un gobierno que durante ocho años estuvo a Dios rogando y con el mazo dando.

Quebradiza, así, la fe. Si los que mandan creen en Dios, pero no creen en Poncio. E igual los que obedecen, que de embarradas libran a Barrabás. Dos milenios pasados por la faja en un rincón del mundo que se vanagloria de su devoción, que adora al Divino Niño del 20 de Julio, pero acaba como puede con sus niños ciertos, los de carne y hueso de todos los rincones y todos los días.

Los sicarios rezan las balas que matarán y se santiguan al disparar. En Medellín, en Barranquilla, en Cali, en Cajibío. Una acendrada tradición cultural que apenas varía en el cambio de los Smith & Wesson o los Colt de los “pájaros” de la Violencia de los años cincuenta del siglo XX por pistolas como la Five-seveN, nefasto aporte tecnológico de la OTAN a la barbarie, con munición calibre 5,7 x 28 mm. capaz de atravesar blindados en Bogotá, y caseríos y palenques enteros de Chocó y Urabá, en las arrinconadas costas del Pacífico y del Atlántico. Lindo país bañado por dos océanos. O un océano y un mar Caribe.

¡Qué se le va a hacer! “Sufrimiento de un pueblo/ se ahoga y se hunde en el mar”, lo supieron Galtieri, Videla, los generales del Cóndor, y lo dijo otro León al morir, Manuel Santillán, quién sabe de dónde y cómo redimido por los Fabulosos Cadillacs (9); León del viejo San Telmo, ay, por donde paseó entre pintados duelos de cuchilleros nuestro honorífico embajador Darío, junto a Lugones, cuando éste aún se bebía el güisqui sin cianuro.

Y queda Colombia, como en toque de queda. Qué país tan bello, menos mal que se acabó, dirán no sin razón los sucumbidos en Sucumbíos, los prójimos de las fosas comunes y tres tercios, cuatro cuartos de país. Tiempos yentes y vinientes con los espantos de una época insepulta a la que no devoró el “Felis leo” de Linneo, sino, cada mañana, cada tarde, cada noche, el miedo, ese mero temor de maullar.


Leónidas, leoncios y leoninos


Ni copiamos a Leónidas, más bien siempre prestos a poner los pies en polvorosa, como María del Pilar Hurtado, la ex directora del Departamento Administrativo de Seguridad, el sombrío DAS, que tampoco es excepción de talante. Y aunque en asuntos políticos y sociales Colombia sea un desfiladero estrecho y se parezca tanto a Termópilas, ni por nada le gruñiríamos a Jerjes, como no le pelamos los ojos a Bush o a Obama. Mejor sapearíamos a los soldados aliados que nos acompañan, por hijueputas y desleales con el invasor.

Aquí, resumiendo, se le dan ventajas al enemigo y muy pocas al amigo. Así las cosas, los gringos las tienen todas: Bases militares, recursos, lo que pidan. Gobernantes, políticos, militares, empresarios, curas, toda clase de reptiles y viperinos rinden cuentas por igual, piden excusas y ruegan por visa ante el virrey imperial de la embajada de los Estados Unidos: Agallinados leoncitos de este Reino Animal que va de la quebrada San Antonio, en Amazonas, a Punta Gallinas, en La Guajira; poco temerarios y mucho lo temerosos. Ahí está WikiLeaks. Servilismo ante el poder y rugidos de león, ahí sí, para los débiles. El axioma es indiscutible: dominar nos hace libres, la sumisión al gringo muy felices.

Ah, que sí, de veras, leones dormidos sobre los laureles, mientras el país es destripado y socavado y esquilmado. Pasan las filas de furgones y remolques, chasquean los buques, zumban los aviones, todos cargados de oro, diamantes, esmeraldas, coltan, ferroníquel, petróleo, y poquísimas preguntas surgen por el rumbo que llevan, los beneficios que representan, los daños irreversibles que dejan. Apenas pasan atrás, lentas y chuecas, las carretas llenas de nosotros muertos.

Cosas importantes ocupan la agenda: qué encuesta se hace para reencauchar a quién o para absolver a cuál, a cuánto asciende la descarada coima o por qué quedamos otra vez afuera, o con qué arcaico demonio se alía el pintado de inteligente y buenazo. ¡Pobre Bogotá, también!

Ni leoncios. Ni siquiera hemos leído “La ciudad y los perros”, la última novela de Vargas Llosa (cuando todavía no deshacía los pasos, y tapaba su ideología de derecha y daba a entender que era anti militarista) por allá a comienzos de los años sesenta del siglo anterior, como para saber qué diablos es el Leoncio Prado, un colegio militar con un estilacho que se parece demasiado al nuestro de nación, en el que ni el Perú de ahora se mira tan bien.

Ni somos nacidos bajo el signo de Leo, con excepción, unos más, unos menos, de la doceava parte de la población, la que bien podemos desechar para el asunto, si a menudo como país prescindimos del 60% que es pobre, del 8% que es indigente, del otro 38% que no sabe ni qué es.

Nuestro contrato social no tiene nada que ver con el de don Jean–Jacques. El nuestro, si lo hay, es de compraventa callejera, leonino, y está fundamentado en la inequidad, la injusticia y la restricción de libertades. Acatamos del francés su defensa de la dictadura (que asumimos a condición de disimularla) como mecanismo para prevenir y solucionar las crisis (como siempre estamos en crisis…) Y la necesidad de la censura (siempre y cuando sea asimismo encubierta y ejercida por alguien que nos odie, como los grandes grupos económicos o las transnacionales).

Acá no quedan ni los esqueléticos leones des–garrados, que castigan por años cuidadores y domadores de zoológicos y circos, para divertimento de bestias conterráneas. Y los de don Pablo, el primo bueno de José Obdulio, el asesor del Uribe presidente, que el capo usaba para evadir con sus orines fuertes el olfato de los sabuesos cocainómanos, fueron tasajeados por la Dirección Nacional de Estupefacientes y vendidos por kilos o al libreo en las famas de Puerto Boyacá y medio Magdalena Medio.

Leonina, también, a lo sumo, le dejaron la cara Pantaleón y los Morales a otro José, el chapetón González Llorente, cuando le armaron el montaje uribista del grito del ducentésimo primer día del año de hace 201 años, o sea, del 20 de julio de 1810.

El asunto no llegó a “falso positivo” porque, como lo cantó el Ministerio de Educación Nacional, digamos, con “A que te cojo, ratón”, Colombia no aprende. ¿O diría que sí? ¡Nunca! De hacerlo, la tal campaña la habrían adelantado, a lo largo de estos dos siglos y un año, la Secretaría de Gracia y de Justicia de los tiempos de la Junta Revolucionaria de Santafé de Bogotá, el Ministerio de Justicia de toda la vida, o embustes como la Procuraduría Delegada para las Fuerzas Militares o la Justicia Penal Militar (10). ¡Digitígrados que salvaguardan los ratones que bullen de puertas para adentro! ¡A que no te cojo, ratón!

Si es mejor ser vaca en Europa que campesino en países en desarrollo (como Colombia), según Stiglitz (Joseph, claro está), ¿cómo no va a ser menos arriesgado irse de mula por el mundo que quedarse de famélico león penando en el terruño? Menos vale figurarse colombiano que hacerse el sueco.

No somos, pues, una tierra de leones. La más felina inclinación es nuestra proclividad para usar sin remilgos la Uncaria Tomentosa, conocida popularmente como “Uña de gato”, que traen al país los traficantes de todo enredada en las pistolas desde la selva peruana y de macetas de los alrededores del Leoncio Prado de Lima, para reforzar nuestro espléndido sistema inmune de mamíferos carnívoros, comelones de siervos sin tierra, tragones de carroña, cabezones y con cola en forma de brocha.


Notas del autor:

(1) Miguel Antonio Caro Tovar, presidente de Colombia entre 1892 y 1898. Sucesor de Rafael Núñez. Rubén Darío estaba en Panamá, “donde recibió la noticia de que su amigo, el presidente colombiano Miguel Antonio Caro le había concedido el cargo de cónsul honorífico en Buenos Aires”. En: http://es.wikipedia.org/wiki/Rubén_Dar%C3%ADo
(2) NIETZSCHE, Friedrich. La voluntad de poder. Ed. EDAF. Madrid, 2000. Pág. 476.
(3) DE AQUINO, Santo Tomás. El ente y la esencia (De ente et essentia opusculum). Ed. Aguilar Argentina S. A. Buenos Aires, 1970. 84 páginas. Tomás de Aquino también era conocido como Doctor Angélico o Doctor Común.
(4) Ley 61 de 1888, llamada “Ley de los Caballos”, que facultó al Presidente de la República "para prevenir y reprimir administrativamente los delitos y culpas contra el Estado que afecten el orden público, pudiendo imponer, según el caso, las penas de confinamiento, expulsión del territorio, prisión o pérdida de derechos políticos por el tiempo que sea necesario..." El pretexto para la expedición de la ley la proliferación de bandoleros en el país, que entre sus excesos de crueldad llegaron a desjarretar los caballos que no podían robarse. De allí su nombre.
(5) ROJAS, Jorge. Obra Poética. Ed. Procultura S.A. Bogotá, 1986. Págs. 153 – 158.
(6) Idem.
(7) Cooperativa de Chile. “Gonzalo Rojas se burló de Pablo Neruda en Colombia”. 24-04-2007. http://bit.ly/fvGfJW
(8) Un Pasquín. “El presidente, el vidente y el rosario”. 19-09-2008. http://blog.unpasquin.com/2008/09/el-presidente-el-vidente-y-el-rosario.html
(9) “Manuel Santillán, el León”, tema del álbum “León” (1992), de Los Fabulosos Cadillacs.
(10) http://www.ejercito.mil.co/index.php?idcategoria=99137 Vínculo que del portal del Ejército lleva a la página de la “Justicia penal Militar”. No funciona y es diciente. Pero ahí está.


ARTÍCULO EN:

Rebelión (España)
Agencia Latinoamericana de Información (ALAI) - América Latina en Movimiento
Diario Universal (España)
Kaos en la Red (España)
Question Digital (Venezuela)
Sur y Sur (Venezuela)
Aporrea (Venezuela)
Indymedia - Centro de Medios Independientes - Colombia
Revista Amauta - Costa Rica




miércoles, 6 de julio de 2011

¡Qué demonios! El exorcismo se populariza en Colombia

Ver reportaje de Juan Alberto Sánchez Marín en RT



En Colombia la popularidad de los exorcismos provoca mucha polémica entre la población. Cada vez más personas creen que con su ayuda podrán curar hasta las enfermedades más graves. Sin embargo, otros opinan que muchas veces juegan con la desesperación o la ignorancia de la gente.

En un apartado lugar del occidente colombiano, en la zona andina, se encuentra el municipio de La Cumbre. Y más allá, entre las altas montañas, vive Hermes Cifuentes, un campesino de 52 años que ha dedicado la mitad de su vida a realizar exorcismos. El 'hermano Hermes', como es conocido en la región, sostiene que se enfrenta diariamente a las fuerzas de la oscuridad.

“Esto es muy difícil. Porque un demonio de esos o un espíritu se le puede salir a uno. Entonces, ¿cuál es la preparación? Oraciones y más oraciones, y haber nacido para esto, y tener la protección de los espíritus de luz, no los espíritus negros y bajos”, afirma el exorcista.

Hermes afirma que heredó el don de su padre y que con más de 15.000 exorcismos realizados su trabajo espiritual ha beneficiado a muchas personas.


“Ese campo que yo utilizo, derramando mi propia energía sobre ellos, la energía que Dios me dio. Me siento feliz y contento en ese campo, ¿por qué? Porque estoy ayudando al ser humano, a la persona, a mi prójimo, a ese ser que está sufriendo y padeciendo, y que se cansa de ir a un médico, tomar pastillas, radiografías, tacs y sigue con los mismos dolores, el mismo sufrimiento”, explica el hermano Hermes.

Para algunos conocedores del tema, estos exorcismos son sincretismo religioso, producto del mestizaje cultural.

“Hacen aquí una mezcla entre catolicismo, protestantismo, el gurú de la India, qué se yo, y a eso agreguémosle las corrientes de los indígenas nuestros del Amazonas, y los Incas y los Aztecas, y resultan unos chamanes especialísimos, con mezcla de todo”, comenta el sacerdote católico Luis Guillermo Parra.

También afirman los analistas que se trata de un tema controvertido, que involucra a creyentes y agnósticos. Y que son prácticas populares, que muchas veces juegan con la desesperación o la ignorancia de la gente.

“La Iglesia, como madre y maestra, sabemos que respeta esas situaciones mas no las comparte. Hoy, el grave problemas es que tú quieres atraer a alguien. Presentas un discurso, bien extraño, y presentas unos signos, pon de todo, con agua bendita, con inciensos, con aceite, con semillas de plantas, como están haciendo hoy, haz bendiciones y pases mágicos, y la gente queda fascinada”, narra el padare Luis Guillermo.

La propia Iglesia sostiene que es necesario distinguir a los poseídos de los enfermos mentales, pues muchas supuestas 'posesiones' han sido explicadas desde la medicina psiquiátrica.

Exorcismos como los del hermano Hermes han aumentado durante los últimos años en Colombia y muchos de sus seguidores vienen incluso desde países vecinos. Según los críticos, son prácticas de fácil venta porque ofrecen soluciones milagrosas a sociedades con muchas dificultades y conflictos.

Articulo completo en: http://actualidad.rt.com/actualidad/america_latina/issue_26396.html

jueves, 16 de junio de 2011

Los indígenas de Colombia, entre la amenaza y la esperanza






Por: Juan Alberto Sánchez Marín. 

Carlos Palchucán, etnia Pastos

Los Pastos son uno de los pueblos indígenas de Colombia que a menudo viven desarraigados, en medio del choque cultural o discriminados en las grandes ciudades; condiciones estas bajo las que cada vez les resulta más difícil mantener sus territorios.
Para Carlos Palchucán, representante de esta etnia, los conflictos armados son uno de los factores que les impiden permanecer en sus territorios. "Atacan mucho a algunas comunidades, que tienen  abandonar su territorio, de lo que radica luego la pobreza y otros problemas como el desamparo de la misma comunidad.”
Según el censo de 2005, la mayor parte de la población indígena de Colombia, que frisa el millón cuatrocientas mil personas, se asienta en las 710 reservas existentes.
Sus tierras ancestrales se localizan en buena parte del territorio nacional, con presencia en 27 departamentos. Pero muchos de ellos se interponen en el camino de empresas multinacionales y de grandes proyectos de explotación minera y de hidrocarburos.



“En este país hay 33 distritos mineros y 17 de ellos están ubicados en zonas indígenas. Necesariamente esto afecta al territorio de los indígenas y ,necesariamente,  a ello sigue su desplazamiento”, explica Alirio Uribe, director del Colectivo de Abogados José Alvear Restrepo.
Los nativos colombianos se distribuyen en 87 pueblos identificados, una red que conforma una de las herencias indígenas más diversas del planeta. Sin embargo, fenómenos como el narcotráfico o los conflictos armados también amenazan su supervivencia.
“Si vas al Putumayo verás que se están haciendo fumigaciones en zonas indígenas, donde no se diferencia entre cultivos lícitos y cultivos ilícitos”, continúa Uribe. “La militarización, la presencia de la guerrilla, la presencia de grupos paramilitares… Obviamente, todo ello sume en un riesgo inminente a los pueblos indígenas”.
En sendos informes de la ONU fechados en 2004 y 2010 se advierten de la perpetración de verdaderos genocidios contra comunidades indígenas que se encuentran amenazadas con el exterminio cultural o físico. La Organización Nacional Indígena constata la existencia de 10 etnias con menos de 100 integrantes.
Sin embargo, pese a todo lo dicho, actualmente los nativos albergan ciertas esperanzas después de que el presidente actual del país, Juan Manuel Santos haya sido investido ante las autoridades indígenas de la Sierra Nevada de Santa Marta, antes de serlo en el Congreso de la República.
Se trata de un acto simbólico que dio paso a un proceso de concertación y de consultas legales que ilusionan a muchas poblaciones indígenas que luchan por su supervivencia.

Articulo completo en:http://actualidad.rt.com/actualidad/america_latina/issue_25517.html

martes, 31 de mayo de 2011

Colombia es el país con más desplazados y refugiados internos

Reportaje de Juan Alberto Sánchez en RT.


En los últimos años Colombia se convirtió en el líder global en número de desplazados internos y de refugiados. A este triste fenómeno están vinculados sectores muy poderosos, incluyendo a terratenientes, mafias, sectores políticos y empresas multinacionales.



Una de las víctimas de ese desplazamiento es Janeth, que actualmente se dedica a ayudar a familias que han sido forzadas a abandonar sus casas y parcelas. Un desalojo forzado, según ella, es una de las experiencias más amargas que pueden padecerse.

“Incursionaron a las casas violentando las puertas a la madrugada del 19 de diciembre. De las casas sacaron a todos los habitantes y nos reunieron en la iglesia del pueblo. Ellos llevaban un listado y fueron llamando a unas personas, entre ellas a mi esposo. Entonces, yo me fui para la casa y esperaba que él regresara”, cuenta Janeth.

Pero su esposo nunca regresó. Pocos días después, Janeth huyó con sus cuatro hijos, abandonando todo lo que tenía. De eso hace ya 11 años, pero aún mantiene vivo el recuerdo de su pareja asesinada por los paramilitares. Su preocupación ahora es que sus hijos tengan un destino diferente y próspero, algo por lo que lucha cada día.

Los registros
oficiales indican que 3,7 millones de personas sufren esta situación en Colombia. Y un reciente informe de Codhes (una ONG especializada), señala que más de cinco millones de colombianos viven lejos de sus hogares. Estas cifras ubican al país como 'líder' global en número de desplazados internos y de refugiados en el mundo, por delante de países como Sudán, Irak o Afganistán.

Para hacer frente a esta crisis estructural, el Gobierno atiende a esta población apoyándose en la justicia y aplicando compensaciones económicas para las víctimas y se lucha para prevenir este fenómeno. Es lo que pide Janeth para su familia. Ella necesita una ayuda económica para terminar de educar a sus hijos, un sueño que comparte con miles de desplazados. Sus objetivos no son otros que los de que se haga justicia con su caso y mejorar sus condiciones de vida.

“Eso es muy importante, porque es reconocer que el conflicto armado, pero, además, muchas otras conflictividades sociales y políticas, tienen raíces muy profundas en la inequidad social”, señala Carolina Tejada, subdirectora del Centro de Investigación y Educación Popular (CINEP).

Numerosos especialistas están de acuerdo en que el desplazamiento es además un mecanismo para la acumulación de riqueza, ya que a través de él se generan influencias para el control de territorios y recursos. El mayor índice de desplazamiento se presenta en las regiones ricas, que están en el punto de mira de las empresas mineras o en tierras que pueden ser dedicadas a cultivos extensivos, como el de la palma de aceite, que generan cuantiosos beneficios.

Los datos oficiales muestran una disminución en las cifras del desplazamiento de población y el Gobierno plantea una restitución de las tierras usurpadas. Pero paliar la situación actual del país al respecto no es sencillo. Quizá la solución del problema llegue por abordar la impunidad con que se llevan a cabo estos hechos.

Articulo completo en: http://actualidad.rt.com/actualidad/america_latina/issue_24887.html

lunes, 30 de mayo de 2011

Carta a mis hermanos de La Radio del Sur

Por: Patricia Rivas.


A mis compañeros Hernán Cano, Ernesto J. Navarro, Marcos Salgado, Freddy Muñoz y Aarón Corredor y a la profesora Cristina González, con quienes he tenido el honor de servir en la trinchera comunicacional, víctimas hoy de la incompetencia y la mediocridad, la falta de criterio y de coraje del "oficialismo neurótico". Gracias por ser ejemplos rutilantes del periodismo y del ser humano que necesita la revolución.

Les escribo estas líneas desde el Sur del Norte, desde el Madrid del “No pasarán”, del que salí un día afortunado de 2005 para deslumbrarme con la luz del proceso revolucionario venezolano, con la entrega y la capacidad de creer de su pueblo en un mañana compartido.
En Caracas aprendí las cosas más importantes. Y, sorprendentemente, sigo llevándome lecciones. He tardado varios días en reponerme de la última, y les pido disculpas si estas líneas, y este abrazo que viaja con ellas, llega con algún retraso.

En lo que se ha llamado el “Caso Pérez Becerra” hay varios niveles de análisis. Yo me quedo en este escrito quizá en el más primario y básico de todos. La decisión de entregar (que no extraditar) ilegalmente a un comunicador social, a un sobreviviente del genocidio perpetrado por la oligarquía colombiana y sus servidores estatales y paraestatales, a un hijo de Bolívar, pónganlo como quieran, pudo haber sido un error, causado por la precipitación, por el nerviosismo ante las inmensas presiones y chantajes que se despliegan contra el Gobierno Bolivariano, por el deseo de obtener la extradición (ésta sí dilatada durante meses) de un presunto narco-traficante refugiado en Colombia. Como quiera que sea, la entrega de Pérez Becerra al Estado colombiano fue asumida por el Presidente Chávez como una decisión de la que él es responsable. Con la misma claridad con la que el presidente Chávez afirma que la detención y entrega ilegales de -“este señor… ¿cómo es que se llama?”- Joaquín Pérez Becerra, a la jauría santanderiana para que hiciera de presa estelar en la cotidiana cacería humana que son los noticieros de RCN y Caracol, con esa misma claridad y crudeza tendrá que asumir el presidente Chávez todas las consecuencias políticas y morales ligadas a esa decisión.

Hay un problema previo a la decisión de Estado de entregar a Joaquín. Y es un comunicado emitido por el Ministero del Poder Popular para la Comunicación y la Información (MINCI), horas después de la detención del comunicador de nacionalidad sueca en el aeropuerto internacional de Maiquetía, y cuyo contenido merece ser objeto de estudio por lo que implica en cuanto a calificar la actividad de un comunicador social como “terrorismo y crimen organizado”, y cuya última frase roza cotas insospechadas de surrealismo:


http://www.minci.gob.ve/a_r_r/1/204455/gobierno_bolivariano_ratifica.html

Comunicado sobre detención de Joaquín Pérez Becerra


Gobierno Bolivariano ratifica compromiso en la lucha contra el terrorismo y el crimen organizado

El ciudadano de nacionalidad colombiana fue aprehendido cuando intentaba ingresar al país en un vuelo comercial procedente de la ciudad de Frankfurt, Alemania. Las autoridades del Gobierno de la República de Colombia fueron informadas sobre este procedimiento.

El Gobierno de la República Bolivariana de Venezuela, informa que, el día 23 de abril de 2011, fue detenido en el Aeropuerto Internacional Simón Bolívar de Maiquetía, el ciudadano de nacionalidad colombiana JOAQUÍN PÉREZ BECERRA, con cédula de ciudadanía número 16.610.245, cuando intentaba ingresar al país en un vuelo comercial procedente de la ciudad de Frankfurt, Alemania. El ciudadano Joaquín Pérez Becerra, es requerido por los órganos de justicia de la República de Colombia, a través de INTERPOL, con difusión roja, por la comisión de los delitos de concierto para delinquir, financiamiento del terrorismo y administración de recursos relacionados con actividades terroristas. De igual manera, han sido informadas las autoridades del Gobierno de la República de Colombia sobre este procedimiento.

El Gobierno Bolivariano ratifica así su compromiso inquebrantable en la lucha contra el terrorismo, la delincuencia y el crimen organizado, en estricto cumplimiento de los compromisos y de la cooperación internacional, bajo los principios de paz, solidaridad y respeto a los derechos humanos.

Caracas, 23 de abril de 2011.

Prensa MinCI


Se saldría del objeto de esta carta el análisis de lo que este comunicado oficial del Ministerio de Comunicación e Información en representación de todo el Ejecutivo Bolivariano implica, en cuanto a desconocimiento de la realidad colombiana y el sometimiento al discurso imperial de criminalización de la protesta social y la estigmatización de todos los actores que resisten al orden genocida impuesto por Bush tras el 11-S de 2001, con la letanía de la “lucha contra el terrorismo, la delincuencia y el crimen organizado”, y en pos de “la paz y el respeto a los derechos humanos”.

¿Sabían los redactores de ese comunicado y quienes lo suscribieron que “las autoridades del Gobierno de la República de Colombia” son responsables de más de 38 mil desapariciones forzadas en los últimos 3 años, o de más de cuatro mil asesinatos de civiles por las fuerza pública presentados como guerrilleros en los últimos 8 años, o de más de cuatro millones y medio de desplazados, despojados de sus tierras por la mafia narco-paramilitar que controla el Congreso, la misma que se permite perseguir y amenazar a periodistas, académicos, y jueces de la Suprema Corte cuando se vuelven molestos, la misma que armó el montaje judicial contra Joaquín usando unas pruebas que habrían servido para acusar al mismísimo presidente Chávez de “apoyar actos terroristas”?

Queda el comunicado en las hemerotecas para politólogos y estudiosis que tengan a bien analizar las fases y el encaje de las distintas piezas del proceso venezolano, paradójico hasta extremos que desafían la lógica más elemental en no pocos episodios.

Hubo algo antes del comunicado. Un “trino” del Ministro de Información y Comunicación, Andrés Izarra, a través de la red social Twitter, que ya anticipaba el desastre:

“Capturado en Venezuela colombiano solicitado por código rojo Interpol por terrorismo. En breve comunicado de nuestro Gobierno”.

“Colombiano”; “Código Rojo de Interpol”; “Terrorismo”. Los tres elementos del guión de Santos, los tres resortes de la trampa puesta al Gobierno bolivariano, eran asumidos acríticamente y con un entusiasmo que haría palidecer al mismísimo José Obdulio Gaviria, por quien tendría que haber provisto de contexto al resto del tren ejecutivo venezolano y haber actuado como filtro ante las presiones y la precipitación que se pretendía provocar y que terminaron conduciendo a un desastre en cadena que todavía no ha terminado de producir daños personales y políticos al interior del proceso venezolano.

El trino y el comunicado del ministro, así como la detención inicial de Joaquín Pérez Becerra pueden explicarse sencillamente: precipitaciones, desconocimiento, falta de criterio. En suma, errores políticos, que, en ese momento, podían reconocerse y ser subsanados.

Lo que ocurrió después fue muy grave. Se violó la Constitución venezolana y los convenios internacionales suscritos por Venezuela al recluir a Joaquín Pérez Becerra en condiciones de aislamiento, negarle el habeas corpus, negarle el derecho de ser visitado por las autoridades consulares suecas que requirieron entrevistarse con él, y entregarlo maniatado a la policía colombiana sin que se hubiera ni siquiera iniciado un proceso de extradición, saltándose a la torera todo el procedimiento contemplado en los acuerdos bilaterales suscritos por Venezuela.

Pero en las 48 horas que mediaron hasta que se consumó esta infamia, el Gobierno venezolano tuvo la oportunidad de escuchar a su base social, o a una parte muy consciente y muy firme de la misma, que le solicitó rectificación y que se protegieran los derechos de un ciudadano que no había cometido otro crimen que el de sobrevivir y resistir desde la trinchera de la comunicación alternativa el terror de Estado que aplica el régimen colombiano. Puede que cuando escribió su trino y firmó el comunicado del MINCI, Andrés Izarra creyera que Joaquín Pérez Becerra era un “peligroso terrorista de las FARC” (ya la simple asunción de este esquema es preocupante, pero no le vamos a pedir peras al olmo). Pero a las 24 horas se habían producido suficientes declaraciones dentro y fuera de Venezuela como para discernir quién era realmente Joaquín Pérez Becerra y cuáles eran las únicas “evidencias” que el Estado colombiano esgrimía para satanizarlo como un peligroso criminal: los mismos computadores mágicos con los que Uribe acusó al presidente Chávez y al presidente Correa de apoyar “el terrorismo”… una estrategia que todavía colea y se explota.

Mis compañeros de la Radio del Sur hacen entonces lo que cualquier periodista en sus cabales: busca testimonios que contribuyan a aclarar la situación, que arrojen luz sobre lo que verdaderamente está ocurriendo, que permitan discernir qué hay de hechos y qué difamación y propaganda en el guión escrito por el Gobierno de Santos y acatado acríticamente por el Gobierno venezolano. La responsabilidad y la mesura con la que actúa la Radio del Sur es encomiable. Busca los hechos, las voces que conocen de primera mano lo ocurrido. Está en juego mucho más que la vida de un hombre inocente. Está en juego la ética revolucionaria de un Gobierno cuya legitimidad radica precisamente en ser honorable, en escuchar a su pueblo.

¿Y qué ocurre? Telefonazo del MINCI a la presidenta de la Radio del Sur. Silencio. La directriz es clara: silencio sobre el tema, hasta que hable el presidente. Es domingo, 24 de abril. Se espera una alocución del presidente Chávez en la reunión del Consejo de Ministros. La alocución concluye con un anuncio inesperado: el aumento de sueldo que tradicionalmente se anuncia el 1 de Mayo. Ni palabra de Joaquín Pérez Becerra. Mientras todos los medios emiten el Consejo de Ministros en Cadena Nacional de radio y televisión, nos enteramos por el diario “El Tiempo” y la televisión colombiana de que Joaquín ha sido entregado y vemos su foto, esposado, con chaleco antibalas y flanqueado por dos soldados fuertemente armados, al estilo Robocop.

El caso Pérez Becerra encierra, de este modo, muchas infamias en cascada:

El 23 de abril fue la detención y la emisión de un comunicado por parte del Gobierno bolivariano que significa la asunción del guión imperial y la renuncia a ejercer la soberanía y al cumplimiento de la ley venezolana y del derecho internacional.

El 24 de abril fue la censura más obtusa y primaria, con un talante que hacía palidecer los “¿Por qué no te callas?” que tantas veces se habían intentado imponer al Gobierno venezolano desde otras instancias imperiales o neocoloniales. Ahora era telefonazo y “te callas porque te callas”. Más allá de la falta de respeto profesional que esto implica de parte de alguien que se considera periodista, la aplicación de esta censura directa sobre las emisiones de un medio de comunicación público, violan todos los códigos de ética, la Constitución y la Carta universal de derechos humanos, así como el más mínimo sentido democrático, por no hablar de palabras como socialismo o participación, que ponen nervioso al ministro en cuestión.

Después de la censura, vino la operación de propaganda demagógica y barata, anticipando el anuncio del aumento de salario que siempre se realiza el 1 de Mayo para distraer la atención del pueblo y conseguir un titular en los medios venezolanos al día siguiente que no dijera Joaquín por ningún lado. Lo que esto supone de falta de respeto al soberano y de emulación de los mismos mecanismos de ocultación y manipulación contra los que se rebeló el pueblo de Bolívar el 13 de abril de 2002, es mejor que sea cada venezolano y venezolana quien lo juzgue.

Pero la cadena de infamias no se detiene aquí.

El 9 de mayo es destituida fulminantemente la profesora Cristina González como presidenta de la Radio del Sur, y se designa en su puesto a Desirée Santos Amaral, una persona que se ha destacado por haberle hecho un flaco favor al Gobierno en su confusa defensa de la Ley Resorte, llegando a admitir que censuraba los contenidos de internet, que era la tesis de la oposición venezolana, y defendiendo dicha censura, que nunca estuvo en el espíritu ni en la letra de la ley. Su oficialismo acrítico y su demostrada ausencia de criterio se ven ahora recompensadas.

Los trabajadores de La Radio del Sur en asamblea respaldan la labor de su presidenta Cristina González y se solidarizan con ella ante el atropello sufrido, y hacen un llamado a la nueva presidenta a ser respetuosa con los principios de participación y funcionamiento democrático en la toma de decisiones editoriales en la emisora.

Se temen lo que anuncian rumores de pasillo: represalias y despidos contra quienes osaron cuestionar la detención y entrega de Joaquín Pérez Becerra.

Y no están errados. La nueva directiva de La Radio del Sur cumple con las instrucciones recibidas y ruedan cabezas. Cinco trabajadores son despedidos, como escarmiento de quienes quedan y como satisfacción personal del ministro.

Se ha desatado una caza de brujas, alimentada por viejas animadversiones del ministro contra periodistas que no le fueron dóciles cuando ordenó cacicadas en sus tiempos de presidente de TeleSUR. Cuando perseguía y esigmatizaba a los periodistas más conscientes, calificándolos de “tirapiedras” y entregaba el poder de decisión a los desembarcados de RCTV; cuando vetaba a determinadas caras en la pantalla de Telesur, por “gordos” o “feas”. Cuando contrataba los servicios de una consultora española de comunicación para que, a precios astronómicos, hiciera pedazos la programación y la plantilla del canal, con el criterio de que Telesur era “aburrido” y hacían falta periodistas “polivalentes”, mientras en el noticiero que ellos dirigían en la Sexta se mentía descaradamente sobre Venezuela. Cuando despedía a trabajadores por el crimen de reunirse en una asamblea para poner en común problemas y propuestas de solución, siguiendo el llamado del presidente a organizarse e impulsar procesos de revisión, rectificación y reimpulso al interno del proceso. Cuando despedía a periodistas que se habían jugado la vida por Telesur, cubriendo la guerra contra Líbano sin medios materiales ni logísticos, con las uñas, y se les dejaba a los pies de los caballos, sabiendo que su vida corría peligro. Cuando los trabajadores no percibían el salario que les correspondía, mientras se despilfarraba el dinero público en asesores, vehículos, obras faraónicas y gastos astronómicos de administración, y faltaban las cámaras con las que cubrir mínimamente los acontecimientos en la propia Caracas.

Quienes hemos trabajado con Andrés Izarra no nos extrañamos de que todo esto haya podido ocurrir. Lo que nos causa estupor es comprobar que sus goriladas sean asumidas por el Gobierno bolivariano al completo y por el propio presidente.

¿Es esta su política comunicacional? ¿La censura, la manipulación y la represión?

¿Por qué goza Andrés Izarra de impunidad ante su probada incompetencia y clamorosa ausencia de criterio político?

¿Por qué él puede dilapidar el presupuesto de la nación, despedir ilegalmente a cientos de trabajadores en Telesur (hasta el año 2008, en que le perdí la pista, todos y cada uno de los más de trescientos trabajadores que habían demandado a Telesur por despido improcedente, fueron amparados y tuvieron que ser indemnizados por el canal), entregar la administración del canal a oscuras capitanas y siniestros personajes que hipertrofian la parte administrativa hasta asfixiar las operaciones del que debería ser el canal más joven y ágil de los medios del Estado? ¿Por qué él puede hacer todo eso sin que se le cobren responsabilidades?

¿Y a Cristina González, decana y maestra de periodistas, luchadora leal a prueba de golpes de estado, de ausencia de presupuesto, de asfixia material y de todo tipo de trabas, se la sacrifica sin pensarlo dos veces, sin que nos tiemble la mano?

Cristina González es la directora de un medio de comunicación con los pantalones mejor puestos que he conocido. Su pasión por la revolución bolivariana sólo es comparable a su pasión por el periodismo con ética, que no come cuentos de equidistancias –que tanto le gustan a Izarra, por cierto- que no transa con los principios. Y la he visto sostener el teléfono con dignidad frente a funcionarios de diversos rangos, habitualmente del MINCI, pero también de otros ministerios, que llamaban a ejercer presión. A diferencia de TeleSUR, donde se levantaban notas, programas y documentales ante cualquier llamada de cualquier funcionario gubernamental latinoamericano, sin la menor capacidad de defensa de la soberanía de las decisiones editoriales del canal, en YVKE Mundial mientras la dirigió Cristina González y en La Radio del Sur, eso era mucho más improbable.

¿Es esa la cuenta que le están cobrando? ¿Son así los medios de comunicación públicos que necesita el presidente Chávez de cara a la próxima campaña electoral? ¿Acríticos? ¿Pasivas cajas de resonancia de las estrategias de propaganda diseñadas -¡ay!- por el MINCI? ¿Meros difusores de los mensajes del presidente Chávez?

A menudo los desastres sirven para poner en evidencia los límites y las fallas de un sistema, de la naturaleza que sea. El Gobierno bolivariano y la naturaleza misma del tipo de democracia que se practica en Venezuela, han sido puestos a prueba por el caso Pérez Becerra. El hecho de que fuera una trampa diseñada para poner en aprietos y arrodillar al Gobierno venezolano no atenúa en ninguna medida la dimensión de la cadena de injusticias cometidas, consentidas y sancionadas.

Corresponde al pueblo venezolano, a todos y cada uno de los ciudadanos dueños del proceso bolivariano, decidir con su acción u omisión el rumbo que tome el proceso. El presidente Chávez se beneficiará o será víctima del resultado de este proceso dialéctico. No nos equivoquemos. Si el pueblo decide dejar que Chávez gobierne solo, si no pone los límites y llena de contenido la tan traída y llevada “democracia participativa y protagónica”, no será nadie sino el pueblo el responsable de su destino.

Lo que ha ocurrido en Venezuela desde el 23 de abril es una cadena de infamias, de injusticias, de abusos y errores políticos garrafales. Están a la vista de todos las vergüenzas de las carencias del MINCI, del Gobierno en su conjunto, del Sistema Nacional de Medios Públicos, de la democracia venezolana.

No me corresponde a mí decir lo que hay que hacer. Eso sería calificado, con razón, como una injerencia imperdonable.

Pero es mi obligación solidarizarme con los caídos por la verdad y por la decencia en esta escaramuza. Decirles que todas las goriladas de Andrés Izarra no podrán eclipsar lo que fueron momentos brillantes del ejercicio del periodismo, en las ondas y a través de la web, y que deslumbraron más por el silencio y la mediocridad cobarde que los rodearon en las horas en que Pérez Becerra permanecía detenido en Caracas, en que todavía se podía evitar la infamia.

En estos días, compañeros, camaradas, colegas y compatriotas (en el sentido que ustedes me enseñaron que tiene esta palabra), en estos días de desolación pienso mucho en Joaquín Pérez Becerra, pudriéndose en una mazmorra colombiana junto con otros 7.500 presos políticos, y vienen a mi cabeza la “Balada de Sacco y Vanzetti”, de Joan Baez, dos de esos que Andrés Izarra llamaría “tirapiedras”, “terroristas” que fueron electrocutados por su admirada democracia estadounidense bajo un montaje judicial:

“Father, yes I am a prisoner / Padre, sí, soy un preso

Fear not to relay my crime / no temo revelar mi crimen

The crime is loving the forsaken / el crimen es amar a los desamparados

Only silence is shame. / solamente el silencio es vergüenza."


Me consta que ustedes asumen su decisión y que no necesitan que nadie desde otro continente venga a defenderles de absolutamente nada. Esta carta es solamente un esfuerzo personal para no contribuir a la vergüenza de permanecer en silencio ante la injusticia de la que ustedes han sido víctimas. Me consta que son personas dignas, probas y capaces, deslumbrantemente capaces. Sólo espero, deseo, por el bien de un proceso que amo y que necesito con vida, que encuentren la manera de seguir aportando, enriqueciendo, participando y sacudiendo conciencias, mientras sobreviven al desempleo y a la caza de brujas desatada por el actual ministro de Información y Comunicación de Venezuela.

Salud y que estos vientos que ahora empiezan a sacudir las plazas de esta vieja y entumecida Europa, se unan al huracán bolivariano que lleva dos décadas levantando las faldas del sistema que nos atenaza a todos. Entonces, como ahora, necesitaremos pensar con cabeza propia, y revolucionarios con escrúpulos y coraje como para aspirar a ser algo más, algo más importante –aunque tal vez peor remunerado- que “oficialistas”.

Artículo en:

Portal Rebelión (España)

viernes, 27 de mayo de 2011

La pobreza en Colombia


Todos los días, desde temprano, Gloria Tasamar empieza a envasar el desinfectante que ella misma prepara para después venderlo de casa en casa en largas jornadas de trabajo. Este producto se conoce en la zona como “Límpido”, y es la principal fuente de ingresos, tanto para ella, como para sus padres y sus cuatro hijos.

“Me toca dejarle los niños a mi mamá, pues yo a veces me voy todo el día por allá, trabajando. Yo trabajo con el Límpido. Me voy todo el día y no llego hasta por la noche. El esposo me dejó, me abandonó, y yo soy desplazada”, dice Gloria.

Las dificultades de Gloria para poder sobrevivir y sacar su familia adelante son enormes. Se beneficia de un programa asistencial del Gobierno para familias muy necesitadas, gracias al cual puede complementar sus ingresos.

“Hasta ahora yo me he quedado con los hijos, y hasta ahorita yo los estoy levantando al alcance mío, a mi capacidad. De todas maneras, a mí me ha favorecido la ayuda del Gobierno, me ha favorecido mucho la ayuda que me han dado”, cuenta la madre de familia.

Hay muchos casos parecidos en el país. Las cifras oficiales reconocen que en Colombia hay veinte millones de personas pobres y más de siete millones de indigentes. Significa que más de la mitad de la población pasa hambre.


“Es un contraste asombroso el hecho de que el país, en los últimos años, haya crecido a unas tasas de cuatro, cinco, seis por ciento. Son tasas de crecimiento importantes. Pero, estructuralmente, se mantienen la pobreza y la indigencia”, explica Héctor Moncayo, investigador del Instituto Latinoamericano de Servicios Legales Alternativos de Bogotá.

La estructura productiva del país cambió aceleradamente durante los últimos años, pasando de una economía basada en pilares como la agricultura, la ganadería y la manufactura, a desarrollar sectores como la minería y los hidrocarburos, los cuales han adquirido un peso sustancial en el producto interno bruto. Actualmente, de los 114 millones de hectáreas que conforman el territorio colombiano, un 40% está explotado en concesión minera.

“El país vive del sector servicio y del sector comercio. Es en ese sector donde encontramos buena parte de la población subempleada o con desempleo disfrazado. Eso explica por qué el país no ha podido nunca resolver la enorme franja de pobreza que existe. No ha podido resolverlo porque no hay actividades productivas que generen puestos de trabajo productivos para la población colombiana”, sigue explicando Héctor Moncayo.

Tradicionalmente, la pobreza siempre se ha atendido mediante programas asistencialistas, como Familias en Acción, que beneficia a Gloria, cuya cobertura alcanza las 2 900 000 familias, con una inversión de tres billones de pesos anuales.

Son medidas que han sido importantes pero que están lejos de resolver la base del problema y de hallar una solución integral. El Gobierno habla de una estrategia que haga frente no sólo a la pobreza, sino también a la desigualdad social. Colombia es el país en el que se presentan mayores contrastes de toda América Latina y el cuarto en el mundo, según un estudio de la ONU.

Algunos economistas reconocen avances en la política contra la pobreza, pero afirman que falta mucho para mejorar la distribución de los ingresos. También coinciden en la urgencia de atacar la cúspide de la pirámide, que son las clases altas que solo se dedican a la acumulación de riquezas, sin generar un beneficio público ni una productividad común. Es una élite poderosa, a la que por ahora ningún Gobierno ha hecho frente para intentar solucionar la raíz de un problema que asola al país.

Articulo completo en: http://actualidad.rt.com/actualidad/sociedad/issue_24737.html

martes, 24 de mayo de 2011

Despido masivo en La Radio del Sur

El colectivo de Trabajadoras y Trabajadores de La Radio del Sur denuncia persecuciòn politica y despidos masivos en la emisora y responsabiliza al ministro Andrés Izarra de la persecución.

Luego del atropello contra la profesora Cristina González, destituida de la presidencia de La Radio del Sur de forma abrupta e inexplicada, se produjo este martes 24 de mayo el despido simultáneo de un grupo de trabajadores conformado por: el periodista colombiano Fredy Muñoz Altamiranda, quien se encuentra en Venezuela en calidad de refugiado político y cumple funciones de coordinación del informativo meridiano; Marcos Salgado, periodista argentino encargado de la coordinación de Prensa y conductor de “La Vuelta al Sur”; Hernán Cano, periodista argentino encargado de la coordinación de Producción y conductor del programa “En Órbita”; Aaron Corredor, periodista colombiano encargado de la coordinación de Programación; y Ernesto J. Navarro, periodista venezolano, conductor del programa “Brújula del Sur”.

El único argumento: el “relanzamiento” y la “reorganización” de La Radio del Sur.


Denunciamos este accionar persecutorio contra compañeros comunicadores de larga trayectoria profesional, que dieron sobradas pruebas de su compromiso con la Revolución Bolivariana y las luchas de los pueblos de Nuestra América.


El lunes 9 de mayo, cuando se destituyó de su cargo a Cristina González, este colectivo de trabajadoras y trabajadores convocó a la nueva presidenta, Desireé Santos Amaral, a conversar para seguir construyendo La Radio del Sur como proyecto de comunicación al servicio de la emancipaciòn latinoamericana.

Este lunes 23, reiteramos por escrito a la presidenta Santos Amaral nuestra voluntad al diálogo, ya que durante más de 15 días no recibimos orientaciones. Sólo rumores y presiones veladas.

Responsabilizamos al Ministro de Comunicación e Información, Andrés Izarra, por este nuevo ataque contra trabajadores y trabajadoras, y exigimos el fin de la persecución laboral contra quienes “ha puesto el ojo hace tiempo”, como acaba de denunciar la ex presidenta de la emisora Cristina González.

Agradecemos a todas y todos los camaradas revolucionarios que nos acercaron su solidaridad y su repudio a estas acciones, que las evaluamos en el contexto de un ataque al proyecto polìtico-comunicacional que venimos desarrollando, priorizando las acciones y las propuestas del movimiento popular y apelando a la necesaria autocrítica dentro del proceso de profundización de la Revolución y que no quede congelada por los sectores reformistas. No hacemos otra cosa que acudir al llamado del Comandante Hugo Chávez.

Sabemos de que hay intenciones de aplicar más despidos, así como el propósito de sacar más programas del aire, además de los ya mencionados.

El Colectivo de Trabajadoras y Trabajadores se mantendrá en La Radio del Sur aportando como hasta ahora, con su alto nivel de compromiso y entrega a la Revolución Bolivariana, junto al Comandante Hugo Chávez y los pueblos en lucha por el Socialismo.

En el contexto de las más recientes agresiones que sufre Venezuela por parte de Estados Unidos, con la imposición de sanciones contra PDVSA, reiteramos que el enemigo principal es el Imperio-


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TRABAJADORES(AS) DE LA RADIO DEL SUR RECHAZAN DESTITUCIÓN IRRESPETUOSA Y DENIGRANTE DE SU PRESIDENTA, PROFESORA CRISTINA GONZALEZ

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