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BELDADES Y MENTIRAS DE GADAFI

Rodeado de sus beldades, vocifera, desafía, miente. Y la voz telúrica en la tribuna es el canto del cisne.

COLOMBIA: UN PAÍS MINADO POR EL DESPOJO MINERO

En un país en donde nunca estamos sentados a la mesa ni para lo nuestro, no hay otra opción: Terminamos haciendo parte del menú.

REMESAS Y POBREZA EN COLOMBIA: UNA RELACIÓN EVIDENTE

Según previsiones actuales, se recuperarán niveles anteriores de remesas desde el extranjero sólo a partir de 2012 o 2013.

COLOMBIA AFRONTA EL CRECIMIENTO DEL PARAMILITARISMO

La estructura del paramilitarismo se redujo en algunas regiones del país, pero en otras permaneció intacta o hasta creció. .

ENFERMEDADES 'LEVES' QUE MATAN EN COLOMBIA

Los pacientes con diagnóstico de alguna enfermedad prevenible terminan en una gran tragedia personal y familiar, requiriendo cuidados médicos que las entidades designadas no prestan efectivamente.

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sábado, 21 de agosto de 2010

La hacienda Carimagua en Colombia: De tierra para desplazados a base militar

Por: Juan Alberto Sánchez Marín

Más del 86% de los suelos colombianos son ácidos, según estimaciones de la Universidad Nacional.


El canal RCN, uno de los dos emporios mediáticos más importantes de la televisión colombiana, ha presentado como una noticia destacada la aquiescencia del Comandante General de las Fuerzas Militares, almirante Edgar Augusto Cely Núñez, con la entrega de 1890 hectáreas de tierra de la hacienda Carimagua, que hizo recientemente el Instituto Colombiano Agropecuario (ICA) al Ejército. (1)


Se ha dicho que se trata de una ampliación de la base militar que opera la VIII División del Ejército en Yopal. O que se trata de una nueva base, pues no son cuadras la distancia que separa a ambos puntos. Poco importa el apelativo. Lo cierto es que seguirán los juegos de guerra: ¡Abran fuego, señores! Y cada vez a Juan Manuel el país se le parecerá más a un casino, y cada día que pasa a una partida de Póquer.


“Fueron legalmente entregadas (esas hectáreas) para que el Ejército pudiera establecerse ahí”, dijo titubeando el almirante. “Finalmente, nosotros somos muy respetuosos de la parte legal, de la parte jurídica, y en eso el Ejército Nacional está trabajando, pero, finalmente, en este momento están asignadas al Ejército”.


En tanta aclaración, el militar se lió solo. Pero creo que tiene toda la razón. Legalmente, las tierras fueron entregadas por Uribe, y ya sabemos el difuso concepto de legalidad que tenía ese gobierno, y lo patidifusas que estuvieron la justicia y la equidad durante sus ocho años de mandato.

En Carimagua, el Estado se niega a ver qué debería hacer en adecuaciones e inversiones para que las tierras las puedan usar los campesinos desplazados.


También puede que tenga la razón en cuanto a que en el Ejército se está trabajando para ser respetuosos de lo legal y lo jurídico. Casos podrán verse, aunque los vistos hasta ahora den señales de lo contrario.


Y la tiene (la razón), sin ninguna duda, sobre el hecho de que la tierrita ya fue asignada al Ejército, para “vigilar un radar de la Aeronáutica Civil instalado en los terrenos de la hacienda”.


Muy grande ha de ser el radar “gigante”, y aunque lo sea, sigue siendo muy pequeño, pequeñísimo, como excusa al vuelo para justificar la asignación de tanta tierra al Ejército, cuando son tantísimos los desplazados que en este país están en la lista de espera para recuperar unas tierras suyas, robadas, hurtadas a sangre y fuego por los mismos militares, los paramilitares y el propio estado en medio país.


¿Dónde ve a estas alturas la noticia el gran medio de la televisión colombiana? ¿En que el Comandante General de las Fuerzas Militares está de acuerdo con que le den las tierras a sus prohijados? En todo caso, creo que la noticia interesante fuera lo contrario, por inaudita. ¿En que el Comandante General de las FF.MM. diga que su cuerpo va a respetar la Ley? Está bien, esto quizás sí sea noticia. ¿O en que el Comandante General de las FF.MM. afirme que ya le fueron escrituradas? Esto tampoco es noticia: El asunto salió a la luz hace días, por denuncia de gremios, de líderes comunales, y de la senadora Maritza Martínez.


Hay que señalar que la senadora Martínez, del deleznable partido de la U, hizo la denuncia no porque le preocupen los campesinos desplazados, a quienes ella no ve en Carimagua ni por las curvas, sino porque pide que la hacienda vuelva a ser un centro para la investigación y la promoción de la ciencia, la tecnología y la innovación, “lo que permitirá el desarrollo productivo de la Orinoquía”.


La entelequia que la puso a hablar, en intereses que nunca dejan de tener vasos comunicantes. Pero, bueno, por lo menos destapó la olla y se opone a que esas tierras se sigan cediendo sin ton ni son.



Canta la rana, y ni tiene pluma, ni pelo, ni lana.


La hacienda Carimagua ha estado desde hace tiempo en el ojo del huracán. La hacienda, cuya extensión alcanza las 23 mil hectáreas, fue creada en 1969, para la investigación en alimentos y productos tropicales. Hace cinco años, fueron destinadas 17 mil hectáreas para campesinos desplazados por la violencia.


Y hace dos años, el entonces ministro de agricultura, Andrés Felipe Arias (“Uribito”), intentó entregar 11 mil hectáreas a grandes empresas palmeras, luego de descontar 6 mil para reserva natural, según el mismo ministro.


“En manos de los privados, Carimagua generará jugosos dividendos... Es un buen negocio agroindustrial para los inversionistas privados, mientras que para los desplazados es un mal negocio... En manos privadas genera más rentabilidad, que entregándola a los desplazados".


Con este desvergonzado argumento, Uribito justificó lo injustificable: su robo de Carimagua de las manos de los desplazados, a los pobres y miserables, para entregársela a sus amigos, los terratenientes, los desplazadores, untados de paramilitarismo.


Ahora las tierras fueron entregadas al Ejército, el pasado 4 de agosto, a 3 días de concluir el mandato de Álvaro Uribe Vélez. Uno más de los muchos actos de afán cometidos por ese gobierno, firmados detrás de la puerta, sobre las piernas, en borradores mal redactados, ya con los pies y la cabeza afuera.


RCN ni se toma el trabajo de recordar algo de la historia de Carimagua. Parece que no hace falta el contexto. Basta con “informar” que el militar está de acuerdo con la Resolución 2561, por medio de la cual el ICA le transfiere al Ministerio de Defensa-Fuerzas Militares, a título gratuito, el derecho de dominio y posesión de 1.890 hectáreas del predio, ubicado en Puerto Gaitán, departamento del Meta.


En 2007, cuando el actual presidente Santos era el ministro de Defensa, el Ejército “pidió 74 hectáreas”, según el propio gerente general del ICA, Luis Fernando Caicedo. O sea que, según eso, con menos de cien hectáreas se cuida el radar gigante.


Pero, después, en 2009, con tantos batazos y tubazos de la “seguridad democrática” de Uribe, las Fuerzas Militares “piden la totalidad del predio”.


¿Qué pasó ahí, en menos de dos años? Eso sí sería materia de investigación, y el resultado: Noticia para RCN, para Caracol, para el que sea. Porque algo media entre menos de cien y dos mil, y algo entre dos mil y 17 mil, digo yo, aunque no sé mucho de radares. Cuestión de lógica elemental, de ambición a las justas proporciones, o de la usual estrategia uribista: de la mentira algo queda.


Y entonces la noticia actual es que el Ejército se ha conformado con algo menos de 2 mil hectáreas de la hacienda: De 17 mil volando, dos mil en mano. Y eso sí, garantiza el almirante: “El Ejército vigila. Y si familias campesinas serán reubicadas allí, se les prestará toda la seguridad necesaria”.


Otro notición para los medios colombianos, sobre todo, para RCN: Que en la extensión que quede de la hacienda, después de tanta partición y repartición, a la que por desgracia y contra viento y marea consigan llegar algunos campesinos de verdad, estos serán vigilados y asegurados por el Ejército de la patria. Una seguridad que, seguramente, garantizará con eficiencia que los desplazados beneficiarios se aburran, se harten y se vuelvan a desplazar más temprano que tarde.


Es que Carimagua, como bien lo señala Héctor Mondragón, Asesor de Convergencia Campesina, Negra e Indígena, “está en medio del megaproyecto de privatización del río Meta, que puede consultarse en INVIAS y que ahora hace parte de la “Integración de la Infraestructura Regional de Sudamérica” IIRSA, y se articula con el proyecto Gaviotas 2”. (2)


Estos son otros “badulaques y enredos y revoltillos”, al decir de Sancho. “Cosas buenas, santas y provechosas, pero ¿de qué han de servir, si de ninguna me acuerdo?”. En un país con tan mala memoria, donde los medios de comunicación masivos no hacen nada para recordar algo, sino que, al contrario, refuerzan la desmemoria oficial por conveniencia, se entiende que la noticia sea el sinsentido de lo que un alto oficial diga, cualesquiera sean las palabras que use y quienquiera que sea el que abre la boca.



Los dolientes felices

El estado colombiano considera que su razón de ser es la guerra y la generación de riqueza para unos cuantos, y relega a un segundo plano lo social, lo político y lo jurídico.

El propio gerente general del ICA, el encargado de velar por los intereses del país en materia de investigaciones agropecuarias, sostuvo que “ya no hay proyectos de investigación permanentes en la zona y no se necesitan las instalaciones”, porque hay otra cerca y trece más en el resto del país. Valiente funcionariete, el que hace de ariete para el potente chorro de las ambiciones militares.


Como si catorce desvencijados centros de investigación fueran un montón en un país con 1.138.914 kilómetros cuadrados de extensión, con todas las tierras, los pisos y los climas, secularmente agrícola, donde a pesar de todo y tantos más de la cuarta parte de la población aún reside en el área rural.


La razón es simple: en un país en el que la tenencia de la tierra está al centro del origen conflicto, de su manutención y de su prolongación, pues pensar la tierra importa poco, y los 13 o 14 centros son suficientes para las investigaciones de la agroindustria que demandan los terratenientes y las corporaciones para la pobre diversificación que los enriquece: caña de azúcar, palma aceitera, plátano, arroz, madera (pino), pasto (para su ganado), algodón, soya y unos pocos cultivos más.


Jaime Triana Restrepo, el gerente de la Corporación Colombiana de Investigaciones Agropecuarias, CORPOICA, una dependencia del ICA, dijo que “POR AHORA, se espera que con la entrega de las 900 hectáreas al ejército no se afecte la investigación que se adelanta en dichas tierras”.


La negrilla, el subrayado y todo el destacado es plenamente mío. Al fin que: ¿hay investigaciones en dichas tierras o no? Señor Triana, “por ahora”, hable con su jefe y pónganse de acuerdo. Con una sola mentira bien dicha basta y sobra. Muchas mentiras de seguido nos confunden.


El mismo Triana, un gerente regional por algo venido a más, cuando era menos y orientaba CORPOICA Meta, hace dos años, antes del escándalo de Uribito, afirmaba: “Hace 30 años estas tierras (Carimagua) sólo producían paisajes… Una vez solucionamos lo problemas químicos, nos orientamos a las soluciones genéticas… Y empezamos a trabajar en los pastos… Y luego en el tema forestal… Y encontramos soluciones forestales para esta región. Nos aventuramos a trabajar en caucho… Y maíces… “


Mejor dicho. ¿Y entonces por qué no sirven esas tierras para los desplazados?, cómo le pregunta al funcionario un periodista de CM& en un video que todavía está colgado “como mucho chuzo” en el portal de la institución, y que parece hacer perder a Triana por los pastizales de Carimagua, quien se lanza a repetir al pie de la letra las letanías malvadas de su jefe, el entonces ministro Arias, el oscuro padrecito de la agricultura uribista:


“La única alternativa que tiene esta región es tener agroindustria, procesamiento, valor agregado, para que las materias primas se transformen… (¿Dónde no?). Además, se requiere mucho recurso para vivienda, acueducto, electrificación rural… (¿Dónde y cómo no?). Aquí se requieren plantas de procesamiento, en la parte de caucho o en la parte de maderas… (¿Dónde no?). Por eso esta es una región que ha sido diseñada para la agricultura empresarial… (¿Sí? ¿Por quién?). Hablar a Colombia que vamos a entregar 17 mil hectáreas… es una cifra demasiado grande, pero en el centro del país, en el Valle del Cauca, en la Sabana de Bogotá. 17 mil hectáreas en los llanos orientales es una área demasiado pequeña, donde no cabrían más de 80 o 100 familias…” (¡Ah!).


Ya entendimos. Las mismas 80 familias todopoderosas de que hablaba Uribito. Es que 17 mil hectáreas no son nada. Es cuento eso de que Colombia tiene más de un millón de kilómetros cuadrados, no puede ser, porque no todos están en el Valle del Cauca ni en la Sabana de Bogotá. Y que tres ingenios azucareros tengan cada uno extensiones de miles de hectáreas en las mejores tierras del Valle del Cauca, pues es apenas una excepción a la regla. Jaimito nos explica aquí el gracejo que muchos nunca le entendimos al pequeñín Arias.


(El video completo, que recomiendo por lo burocráticamente gracioso y lo científicamente tonto, se puede ver en la página web de la institución, en la que encima del chispeante mensaje de que “Corpoica hace grande al agro colombiano”, pueden leer a la izquierda: “Portfolio of Products and Services”, y a la derecha: “AgroBussines Marketing”. Eso es en la página en español, porque el vínculo para la versión en inglés no funciona. Hasta en el portal, más herencias de Uribito y del pelmazo que lo sucedió. Esta es la dirección: http://www.corpoica.org.co/SitioWeb/Videos/videos.asp?offset=60)).



La primicia en ciernes


Ahora políticos y gremios de la región, y la Asamblea del Meta, le han enviado una carta al presidente Santos, pidiéndole que suspenda el traspaso de las tierras cedidas por Uribe.


La senadora Martínez fue más allá y presentó una proposición ante la plenaria del Senado, que fue aprobada, para que el Congreso le “exija” al Gobierno reversar la decisión. Ya sabremos de la discusión.


Juan Camilo Restrepo, el actual ministro de Agricultura, uno de los pocos cartuchos que quedan en las menguadas esperanzas de que les sean devueltas las tierras a los violentados, y no a los violadores y violentos que las han usurpado, como ocurrió día tras día durante el gobierno anterior, dirá que su propuesta va, pero sin Carimagua, o que va, con Carimagua abordo.


Y no es elemental el existencial dilema. Por la disyuntiva optada, o en el salomónico equilibrio que las desenlace, se podrán medir los alcances de su propuesta de devolución de tierras, y ver hacia dónde apunta la brújula de Santos: Hacia el norte de las armas, por si alguien lo duda, o hacia el sur de la tierra, pues, otra vez, casos podrían verse.


En todo caso: ¿Volverá a jugar el caso de Robin Hood al revés, como llamó el senador Jorge Robledo hace más de dos años, al intento de Arias de tomarse por asalto la hacienda?: Quitarle “a los ricos para darles a los pobres” decía el Senador Robledo, “y ahora de lo que se trata es de quitarles a los pobres para darles a los ricos, un asunto a mi juicio monstruoso”. Que ahora vuelve a ser lo mismo de monstruoso: Porque, el estamento militar, ¿es terrateniente o minifundista? Una idea: hasta sobran bases y áreas para cederles a los militares de países extranjeros.


Y en 45 días, que es el plazo para la cesión de las tierras, o menos, el Comandante General de las FF.MM. tendrá que reiterar entonces que la entrega al Ejército era justa, razonable, procedente, justiciera y todo lo legal que se quiera (y ahí se detendrá su intervención, si nadie reversa la resolución en marcha, o la perorata hará una cabriola mortal y seguirá, si la decisión fuera revocada:), pero, a fin de cuentas, resultó más justificable y legal entregarlas…


A los miles de siervos sin tierra que pululan acá y acullá, en las mediaciones de Carimagua o a miles de kilómetros de su radar gigante y de los malqueridos laboratorios de Corpoica.


Y si los hados son propicios, terminará afirmando, además, que el Ejército no los vigilará ni los cuidará.


RCN y otros medios masivos colombianos, tendrán así las palabras del flamante almirante, para enmarcarlas en sus portadas (titulares) y orientar al país acerca de un asunto que, así como ha sido difundido, es complejo, pero que si en realidad lo comunicaran, es clarísimo.



NOTAS:


(1). Nota en el canal RCN. Ver: http://www.canalrcnmsn.com/node/31157


(2) “Carimaguas por miles”. Héctor Mondragón. Caja de Herramientas, de la Corporación Viva la Ciudadanía. Ver: http://webcache.googleusercontent.com/search?q=cache:ixAmnYj1QioJ:www.viva.org.co/cajavirtual/svc0098/articulo03.pdf+hacienda+carimagua+ubicacion+caracteristicas&cd=1&hl=es&ct=clnk&gl=co


(3). “Carimagua o el caso inaudito de Robin Hood al revés”. Senador Jorge Robledo. Plenaria del Senado, 12 de febrero de 2008. Ver: http://www.senadorrobledo.org/files/carimagua/robledoplenariafeb1208.pdf


ARTICULO DISPONIBLE EN:

Agencia Venezolana de Noticias
Agencia Latinoamericana de Información - ALAI
Argenpress (Argentina)
Diario Universal (España)
Kaos en la Red (España)
Aporrea (Venezuela)
La Radio del Sur (Venezuela)
Indymedia (Colombia)


miércoles, 18 de agosto de 2010

Afirmar que se acata la decisión es el primer paso para torcerle el cuello

LA CORTE DECLARA INCONSTITUCIONAL EL ACUERDO MILITAR CON EE.UU.

Por: Juan Alberto Sánchez Marín



De chiste el menestral “Riverita” haciendo de ministro y defendiendo el comunicado del “positivo” ministro de defensa y presidente, Santos, diciendo que se acata la decisión de la Corte Constitucional de declarar inconstitucional el acuerdo militar con EE.UU.

Que se acata, pero que se estudiará la decisión a la luz de todas las normas a la mano, aunque no especifica con qué intención. Claro, el comunicado luego prende sus foquillos sobre el asunto: La cooperación entre Colombia y EE.UU., que en verdad es de EE.UU. para con la colonia y no al contrario, nos resulta de “importancia fundamental”, y es vieja, y los gringos militares y mercenarios (contratistas) andan sueltos a sus anchas y por doquier.

Y resalta que la decisión de la Corte no afecta nada de todos los demás tratados suscritos y vigentes, que son muchos. Los que, añado de paso, que si se llevaran también a la Corte resultarían igual o más inconstitucionales que el citado. Porque, por ejemplo, el acuerdo de mediados de los años 50, al cual le pegó el gobierno de Uribe el de octubre de 2009 como sanguijuela, pues tampoco hizo, ni siquiera, tránsito por el Congreso.


El Gobierno Nacional, pues, en relación con el asunto, comunica bien poco a la opinión pública a través del comunicado. Y, de cierto, ese es el propósito, porque sin dilucidar mucho lo que el comunicado dice es que se acata el dictamen de la Corte, pero que se buscará rápidamente la manera de no cumplirlo.

Es una redundancia que un emperifollado funcionario público salga a decirle a los medios (no por ellos, no a través de ellos, sino a ellos) que hará lo que por ley tiene que hacer. No se trata de un fallo de cumplimiento opcional. El mismo gobierno del Álvaro Uribe lo supo siempre, y en la leguleyada enredó adrede al país, y en su obsecuencia sin límites a los EE.UU., le gruñó como Can Cerberos a los vecinos, atrayendo el rechazo internacional más innecesario.

Hay que esperar ahora que el actual gobierno por lo menos piense lo que va a hacer en relación con el asunto de marras. El anterior gobierno ni eso hizo. Y esperar que lo piense bien. Y que el Legislativo al menos lo discuta. Y que en el tiempo prudencial que tanto diligente funcionario se tome para hacer las enmiendas, presentar el proyecto, y aprobarlo, la Corte vuelva a tumbarlo, ya no tanto por cuestiones formales, sino por otro asunto de "importancia fundamental": La soberanía del país.

Mientras tanto, para la metrópoli, las leyes de la colonia valen un huevo, o, digamos, lo que valen ahora los tres huevos de Uribe, y ya dicen que conversarán con el gobierno de Santos sobre el traspiés. ¿Para qué? Pues para buscar pronto el modo de culebrear el impasse, que dificulta la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo. Un formalismo poderoso para saltar toda suerte de talanqueras.

lunes, 21 de diciembre de 2009

Gobierno de Uribe activará otra base militar y dos batallones aéreos en la frontera con Venezuela

MINISTRO DE DEFENSA COLOMBIANO AGITA EL FANTASMA DE LA "AGRESIÓN EXTERNA"

Por: Patricia Rivas de Bufalá


El ministro de Defensa colombiano, Gabriel Silva, y el secretario de Defensa de E.U., Robert Gates, en Washington, donde ultimaron los detalles del acuerdo militar entre los dos países.

El ministro de Defensa, Gabriel Silva, anunció la construcción de una nueva base militar en la península de la Guajira, en el extremo norte del país, que albergará a cerca de mil efectivos del Ejército y la policía. Silva no precisó la fecha de construcción de la base, a escasos kilómetros del corazón petrolero de Venezuela, e indicó que se financiará con el impuesto al patrimonio, pagadero por los capitales superiores a 1,5 millones de dólares.

La instalación de esta nueva base militar en la localidad de Nazareth, en pleno corazón del territorio Wayuú, ha sido presentada por el Gobierno colombiano como un “centro de atención social” y como una forma de ganar presencia para el Estado colombiano en su pretendida lucha contra el terrorismo y el narcotráfico, dando a entender que el territorio fronterizo de Venezuela es un punto de refugio para la insurgencia colombiana.

Argumentando la necesidad de construir la nueva instalación militar fronteriza, Silva manifestó que ningún estado puede evadir las "obligaciones internacionales de perseguir el terrorismo, enfrentar el crimen y buscar que sean castigados aquellos que han cometido delitos, no importa dónde se oculten o se resguarden".


El gobierno de Álvaro Uribe viene reiterando que algunos dirigentes guerrilleros se ocultan en territorio venezolano, acusaciones que han aumentado de intensidad en las últimas semanas y que han encendido las alarmas en el país vecino sobre el peligro de que Bogotá esté preparando una agresión militar contra el territorio venezolano.

A estos argumentos se une, en los últimos días, la insistencia del ministro de Defensa colombiano, Gabriel Silva, en la supuesta amenaza de agresión externa que enfrenta Colombia y en los peligros del “armamentismo” venezolano. El diario “El Tiempo” contribuía este domingo a la propaganda de guerra, en una prolífica entrevista al titular de Defensa, en la que se abundaba sobre este argumento, con pasajes tan delirantes como el siguiente:

(...)

"EL TIEMPO.- ¿Nuestras ciudades tienen adecuadas defensas?

Colombia nunca ha trabajado sobre hipótesis de agresión externa. Colombia siempre ha creído en el derecho internacional; su arma fundamental siempre ha sido la diplomacia. Fíjese cómo ha funcionado de bien la diplomacia con Ecuador.

E.T.- ¿Pero usted cree que debiéramos prepararnos para una eventual agresión?

No se trata de prepararse para una agresión, se trata de prepararse para evitarla. Y quiero insistir en eso: nos estamos preparando para evitar una agresión. No entraremos jamás en una carrera armamentista. Tenemos un proceso de construcción de una capacidad disuasiva, para que todos lo consideren muy bien y sepan los riesgos de una agresión. Mire: a Colombia, por primera vez desde la guerra con el Perú, le ha tocado pensar en la eventualidad de una agresión externa. Eso no existía antes. Hay que pensar en eso. Colombia no estaba acostumbrada a contemplar esa eventualidad en el diseño de su política exterior o en su estrategia de defensa. Infortunadamente, nos ha tocado meter esa variable en el mapa.

E.T.- ¿Quiere usted decir que los colombianos, por primera vez desde la guerra con el Perú, deben pensar en el riesgo de una agresión?

Eso es así de claro: hay el riesgo de una agresión externa...

E.T.-¿Qué tan serio es el riesgo?

Yo no puedo calibrar intenciones. Lo que sí puedo ver es que hay un país que ha adquirido armas, que no requiere, por miles de millones de dólares. La consecuencia más peligrosa de esta discusión es que también busca alejarnos del objetivo fundamental y estratégico de Colombia, que es recuperar completamente su orden público interno. No nos olvidemos de que la amenaza interna también tiene presencia de otros países.

E.T.-¿Hay apoyo del gobierno de Venezuela a la guerrilla?

No me atrevo a calificar eso, pero el informe de la comisión de la verdad del Ecuador, los informes de inteligencia colombianos, los computadores de 'Reyes', todo nos confirma que hay guerrilleros del más alto nivel ubicados en Venezuela. 'Iván Márquez', por ejemplo". (1)

Superada la estupefacción por el desparpajo con el que el Gobierno colombiano se refiere a la grave crisis con Ecuador desencadenada por el bombardeo y los crímenes de guerra perpetrados en su territorio en marzo de 2008, y que el titular de Defensa considera un ejemplo de lo bien que funciona "la diplomacia y el apego al Derecho Internacional", no es difícil hilar las ideas fuerza del argumentario uribista: "Venezuela es una amenaza, porque está armada y porque apoya a la guerrilla, ergo Venezuela nos quiere invadir: debemos defendernos".

En este contexto, la nueva base militar en la frontera venezolana se presenta como una instalación "disuasoria" y con tintes beatíficos, ya que estará destinada a dar "servicio social" a las comunidades indígenas de la zona. Curiosamente, el territorio de la Alta Guajira, en la que se instalará la nueva base militar, viene siendo escenario de homicidios, secuestros, violaciones y desplazamientos masivos de la población Wayuú, por parte no precisamente de la guerrilla, sino de los grupos paramilitares, que tras la supuesta desmovilización de las Autodefensas Unidas de Colombia, comandadas en esta región por el jefe paramilitar “Jorge 40”, se han hecho con el control del comercio legal e ilegal en la zona de Maicao, y mantienen su política de acoso y exterminio de todos los elementos molestos. Si antes quien ejecutaba las órdenes de exterminio de “Jorge 40” contra los Wayuú era Jairo Alfonso Samper Cantillo, alias “Lucho”, hoy es su hermano, alias “Fercho” quien continúa masacrándolos como comandante de las Águilas Negras, que ha sustituido, sólo nominalmente, al antiguo Bloque de Contrainsurgencia Wayuú (2).

Las denuncias sobre las masacres, los crímenes y la complicidad del establecimiento colombiano con estos grupos son reiteradas, y se mezclan preocupantemente con la aparición al otro lado de la frontera, en territorio venezolano y en la mismísima ciudad de Maracaibo (3), del modus operandi de estos escuadrones de la muerte, que ya han comenzado a dejar su estela de terror bajo el nombre de “Águilas Negras” en los estados de Táchira y Zulia, donde el Gobierno colombiano ha encontrado excelentes colaboradores en los opositores al presidente Chávez, que gobiernan ambos estados, tal como lo revelan sus propios funcionarios (4).



El general de las Fuerzas Aéreas de EE.UU., Douglas M. Fraser, comandante del Comando Sur, y el ministro colombiano de Defensa, Gabriel Silva, durante el arribo de este a la sede de la fuerza militar en Miami, Florida, en octubre de 2009.

Además de la nueva base militar, que se suma a las ocho desplegadas en todo el territorio colombiano y operadas conjuntamente con Estados Unidos en base al acuerdo recientemente firmado en octubre entre ambos gobiernos, el comandante del ejército, general Óscar González, anunció en paralelo la activación de seis batallones de aviación y uno de fuerzas especiales, dos de ellos en la frontera con Venezuela.

"Hemos recibido equipos estratégicos y aeronaves para la defensa y la seguridad de la patria, con las cuales estamos mejorando la capacidad de reacción del ejército. Estas nuevas unidades contarán con una flota moderna dotada con equipos de alta tecnología", dijo González. Agregó que dos de esos batallones se ubicarán en la frontera con Venezuela, uno en La Guajira y otro en Arauca.

Con los seis batallones de aviación y uno de fuerzas especiales para incrementar su capacidad de combate, la aviación del ejército colombiano se convierte en una de las más numerosas y mejor entrenadas de América Latina, con unos 120 helicópteros de fabricación estadounidense y rusa (Black Hawk UH-60 fabricados en Estados Unidos y MI-17 rusos).

Entre los nuevos batallones de aviación, conformados por cerca de 400 efectivos, se mencionó que dos más operarán en las bases de Tolemaida y Larandia, incluidas en el acuerdo de cooperación militar colombo-estadunidense.

Venezuela denuncia incursiones aéreas

El presidente venezolano, Hugo Chávez, alertó en su programa dominical “Aló Presidente” sobre la incursión de aviones no tripulados de pequeño tamaño en territorio venezolano, procedentes de Colombia, como parte de acciones de inteligencia y espionaje adelantados por el gobierno de Estados Unidos.

“Son aviones de dos o tres metros. Esos son los yanquis, nos quieren poner a pelear. No vamos a caer en provocación pero estamos alertas. Chávez precisó que ordenó a las Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) derribarlos y explicó que entre los alcances de estos aviones, que son manejados desde Colombia por control remoto, está la posibilidad de grabar, tomar fotografías con coordenadas y ubicaciones exactas de autoridades del país.

“Hace pocos días, a media noche, un avión de estos sin tripulante penetró hasta Fuerte Mara (estado Zulia). Ellos no pueden entrar ni un centímetro aquí, pero lo están haciendo (...) Ya ordené, avioncito de esos que aparezcan túmbenlo, pero no vamos a permitir eso”, sostuvo.

El jefe de Estado venezolano también reiteró que desde Colombia, y utilizando las bases militares estadounidenses, se prepara una agresión contra Venezuela, razón por la que exhortó a la comunidad internacional y a los países de Sur América a estar atentos ante estos últimos eventos que configuran un cuadro de amenaza contra Venezuela.

Aseveró que el Gobierno de Uribe prepara el terreno para atacar y hacer ver a Venezuela como la agresora. No obstante, subrayó que el Gobierno bolivariano no tiene pensado agredir a Colombia ni a ningún otro país.

Algo que ha sido interpretado por los medios de comunicación del establecimiento colombiano como una “declaración de guerra” del presidente venezolano contra el pueblo de Colombia, y elevado con ese titular a la categoría de noticia de primera plana, para seguir alimentando la retórica guerrerista que tan buenos resultados surte en materia de apoyo electoral.



El nuevo ministro de Defensa, Gabriel Silva, detallando los nuevos aviones K-fir recientemente adquiridos a Israel.

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(1) Entrevista en El Tiempo al ministro de Defensa, Gabriel Silva: 'Colombia debe prepararse para evitar una agresión externa' (20.12.09) http://www.eltiempo.com/colombia/justicia/el-reportaje-de-yamid-amat_6806168-1

(2) Actualidad Étnica (19.07.07): "Paramilitares en la Guajira, se desmovilizaron pero ahí siguen" http://www.actualidadetnica.com/index.php?option=com_content&view=article&id=1172:paramilitares-en-la-guajira-se-desmovilizaron-pero-ahi-siguen&catid=57:ddhh&Itemid=112

(3) Panorama Digital (23.04.09) "Volantes asustan a Maracaibo: Paramilitares amenazan al estado Zulia" http://www.aporrea.org/ddhh/n133325.html

(4) Conversación entre el cónsul de Colombia en Maracaibo, Carlos Galvis, y el asesor presidencial José Obdulio Gaviria, 30-11-08, donde se reconocen los planes de injerencia en asuntos internos de Venezuela, con la colaboración de la oposición venezolana. http://www.youtube.com/watch?v=aWSbALN8svg

sábado, 18 de julio de 2009

El cuento viejo de las nuevas bases militares estadounidenses en Colombia

Un atentado a la soberanía y la estabilidad regionales

Por: Juan Alberto Sánchez Marín

Durante 2005, según cálculos oficiales, el alto mando militar tenía desplegados en las bases estadounidenses en el exterior 196 mil soldados, otro tanto de empleados y funcionarios civiles del Departamento de Defensa y 81 mil trabajadores extranjeros contratados.


Dice la Wikipedia, enciclopedia libre de la red, que le dio en la cabeza a un Artrópodo como Microsoft y le sacó de circulación su Encarta, que “una base militar es una instalación que es propiedad directa y operada por y/o para el ejército o una de sus ramas. En su mayoría acogen material y personal militar, así como instalaciones para entrenamiento y operaciones”.

Dice el gobierno colombiano, que ni es libre ni mucho menos tiene apuntes enciclopédicos, sobre las bases militares gringas, que de labios para afuera se instalarán pronto en el país y que corazón adentro ya están operando hace años y a sus anchas, dice que estas serán más bien centros de intercambio, formación, cooperación, en fin, cosas amables y beneficiosas que lo extraño es que no hayan sido reconocidas antes y que un gobierno abiertamente sagaz haya tardado dos mandatos para acogerlas en su seno.

Pero la realidad, ay, es otra y bien distinta. Si a la enciclopedia no se le puede creer todo, ni siquiera mucho, a la verborrea subrepticia y culebrera del gobierno hay que creerle menos, o, mejor aún, nada. Por supuesto, la Wikipedia está en lo cierto. Y, también por supuesto, el gobierno no está errado ni es engañado: sólo nos mete los dedos a la boca.

Palabras, sólo palabras

William Brownfield, el embajador de los Estados Unidos, un tejano de pura cepa, que exuda por cada poro la misma patética moral de su anterior jefe, George, a la que se afilia a pasos agigantados el actual, Barak, porque nunca ha tenido otra, dijo hace pocos meses que "Colombia y Estados Unidos estamos colaborando en los esfuerzos contra la droga ilícita, en los esfuerzos contra la delincuencia internacional”. Y, claro, “parte de esa colaboración, sin duda ninguna, requiere acceso a instalaciones entre los dos países y requiere un ajuste".

Ya quisiera yo ver, en medio de tanta reciprocidad, a algún militar colombiano en territorio estadounidense, abriendo la boca para algo más que bostezar. Así fuera en cualquier cenáculo de cortapalos y así fuera para pedir que lo manden de sapo al frente afgano o al iraquí, o a los altos del Golám, “a morir por mis amigos”.

Ahora Brownfield, el pequeño guerrero, egresado del National War College (NWC), una especie de lobanillo en la National Defense University, quien de paso también fue asesor político, entre 1989 y 1990, del Comandante en Jefe del U.S. Southern Command, Comando Sur, en Panamá, insiste en que las bases en Colombia no serán bases, y en todo caso y si por algún azar lo fueran tampoco serán como la Eloy Alfaro de Manta. Así que parece que el desmantelamiento de la base aérea ecuatoriana en los mismo días en los que se anuncia que lo que sea que se monte “para entrenamiento y operaciones” en el país, es mera coincidencia.

Y sostiene el embajador, con un acento de western y un tartamudeo calculados, que lo hacen parecer cándido cuando en verdad es insolente a más no poder, que se trata de una colaboración en la que a los Estados Unidos no sólo van a servirles las bases aéreas, sino también las navales. Que todas les son necesarias a su país para tanquear aviones y barcos, helicópteros y lanchas, en fin.

La misma pavada que ya canturreaba hace meses nuestro actual ministro de Defensa encargado, Freddy Padilla, cuando afirmaba que “una de las funciones que podría asumir Colombia, tras la salida de Estados Unidos de Manta, podría consistir en prestar instalaciones militares para que los aviones americanos se puedan reabastecer y recibir mantenimiento técnico, para evitar que tengan que viajar hasta su país y recibir la misma ayuda que se le puede brindar en Colombia”.

La única diferencia es que nuestro general hablaba de los hechos como dudosos, posibles, quizás deseables, es decir, con los verbos en un modo subjuntivo y en un tiempo digamos que imperfecto, en tanto que el embajador, dando la cara con la impunidad que le otorga ser quien es, en emisión de noticias de televisión del 18 de julio de 2009, lo refería como un hecho no sólo cotidiano, ya en ejercicio, sino como una práctica vieja, sin importancia de lo acostumbrada, o sea, soltando revelaciones en un pretérito perfecto simple del indicativo.

Un tris de memoria

Es una vieja historia la de las bases militares. Los romanos dejaban legiones enteras en las distintas rutas de sus avanzadas coloniales. Esas bases eran la manera obvia de garantizar la sujeción de los territorios conquistados y ocupados. Muy al oriente, unos siglos atrás, Gengis Khan había hecho lo mismo, para hacer posible la cohesión de las miles de tribus que conformaban la colcha de retazos de su imperio. Y España, en su momento, cuando la conquista, atiborró de bases la geografía del Nuevo Mundo. Los hijos de Cristóbal Colón, Diego y Fernando, fueron expertos en el tema. Asesores perfectos aún sin Pentágono. Y España las mantuvo y reforzó durante la colonia, no solo para cuidar las entrañas, sino para defenderse de las bases móviles inglesas y francesas, pioneros como se sabe en las ardides usurpadoras de nuestros tiempos.

Las bases militares son algo consustancial a los afanes imperiales. Ellas permiten mantener bajo control a los pueblos sometidos, sofocar voces y fuegos contrariados, mantener a buen recaudo las riquezas conquistadas, y actuar pronto y a discreción contra cualquier ruido en el sistema.

Estados Unidos, el imperio que en desventura nos toco, ha echado mano de la estratagema desde que es imperio. No le han bastado las incesantes invasiones. En realidad, esas son sólo la fase inicial del cuento. La invasión, el acuerdo, la concesión, por la guerra o por la paz, por presiones, chantaje o voluntad interesada y entreguista de las élites ungidas con el poder local, abren la puerta. Las bases garantizan al gringo adentro.

El Canal de Panamá, desde su inauguración, hasta la entrada en vigencia de los tratados Torrijos – Carter, fue una base militar con canal. Después de eso, no se sabe a ciencia cierta lo que es, pero sí claramente que Panamá érase que se es un pequeño país a un canal pegado. Y la plataforma ahí, más trancada, menos visible, por la que vuelan y revuelan los mismos de antes, aunque ahora el cuartel central del Comando atienda en Miami.

Los Estados Unidos convalidaron internacionalmente el régimen franquista, que tantos devaneos tuvo con la Alemania nazi y la Italia fascista, a punta de bases militares, por la gracia de un tratado oscuro y oculto que todavía no se devela por entero y que facultaba a los Estados Unidos para operarlas con total impunidad. Una aquiescencia costosa, que el país ibérico, ya sin Paco y más de cincuenta años después, sigue pagando por cuotas y a punta de bases estadounidenses autónomas, en un país al que tanto le seducen las autonomías.

Pero no se trata sólo de España. Toda Europa fue minada de bases militares por los Estados Unidos y la OTAN, desde la guerra fría, con el pretexto de hacerle frente a una supuesta e inminente agresión de la Unión Soviética, la cual, claro está, nunca llegó, pero que dejó un cinturón de bases de norte a sur y de este a oeste, la mayor parte de las cuales continúa operativa.

William Brownsfield, embajador de los Estados Unidos en Colombia, fue antes embajador en Venezuela, donde contribuyó a aumentar el clima de tensión entre los dos países, con sus actitudes provocadoras y sus comentarios malintencionados sobre la nacionalización de empresas adelantada por el presidente Hugo Chávez.


Ratones cuidando el queso

América Latina, desde el punto de vista geopolítico, significa para los Estados Unidos exactamente el papel que sus gobiernos le han endilgado con desprecio, desde Harry Truman para acá: el de patio trasero, en el que están los recursos, las reservas, la despensa.

Las bases estadounidense, también por esas casualidades que ya notamos, rodean la Amazonía, pacen junto al Acuífero Guaraní, florecen en las rutas comerciales más importantes, engordan en los lugares estratégicos y acechan como águilas a los gobiernos que no son amigos, que les producen malestar o que causan inestabilidad para sus propósitos, que son todos los de la región, con excepción de Felipe Calderón, en México, Alan García, en Perú, y, quién lo duda, Álvaro Uribe, en Colombia, y no más de 2 o 3 lacayos vergonzantes, en un mapa que suma 36 países.

Algunas de estas bases no tienen límites al número del personal de los Estados Unidos en ellas; le ofrecen acceso a puertos, espacio aéreo e instalaciones de los gobiernos no especificadas consideradas pertinentes; siempre buscan enraizarse, apropiarse, perpetuarse y expandirse en los lugares en los que se instalan; no son transparentes ni están sujetas a fiscalización, y muchas no son cobijadas por las leyes del país en el que están, ni siquiera por las de los propios Estados Unidos o por las leyes internacionales. Todas son un atentado flagrante a la soberanía del país anfitrión, burlando constituciones y llevando a cabo toda clase de funciones soterradas, a parte de las netamente militares, en los terrenos ideológicos, políticos y económicos.

Las gracias de una desgracia

En Colombia, las bases militares estadounidenses siempre han cumplido una función clara, que muy poco tiene que ver con la tergiversación oficial de su cometido, relacionada con pretextos que desmontan las propias cifras de una ojeada.

El combate al narcotráfico es una falacia de la que da cuenta cada informe de Naciones Unidas. El antiguo Plan Colombia, luego Plan Patriota, ahora modelo de la Iniciativa Mérida que se implementa en México, es digno de capítulo aparte. Los mentados logros al respecto devienen de unas magnitudes que se volvieron directamente proporcionales: a mayor inversión, aumento de las fumigaciones con glifosato e incremento de la guerra, el desplazamiento y la persecución, pues más tierras cultivadas con coca y amapola, más “mulas” portando droga en los vientres y más narices enyesadas en las calles de los propios Estados Unidos y Europa.

La militarización constituye el armazón primario sobre el que se monta el proceso de colonización de los Estados Unidos en la región, que se complementa con el andamiaje el económico.

Las bases de Tres Esquinas y Larandia, en el departamento de Caquetá, y de Villavicencio, en el departamento del Meta, que operan con la presencia de aviones y la inteligencia técnica del Pentágono, llevan tiempo apoyando el combate a los grupos subversivos, vigilando las fronteras y soltando en las calles gringos mestizados de afán, consumidores de whiskey, coca y putas silvestres.

Las nuevas instalaciones, según lo reveló la revista colombiana Cambio, son las cinco principales bases de la Fuerza Aérea y la Armada en el país: Apiay, Malambo, Palanquero, Cartagena y Bahía de Málaga. Estas bases harían parte, abiertamente, de la nueva “arquitectura del teatro”, como llama el Comando Sur a la extensa red de facilidades y funciones militares en América Latina y el Caribe, y, de seguro, estos engendros se parecerán más al ambiguo nombre inventado hace unos años por el mismo Comando, las llamadas “localidades de seguridad cooperativa”, CSL (por sus siglas en inglés). Un mecanismo más acorde con los tiempos y los designios actuales, más ágiles, expansivos y peligrosos, de fiera espantada a punta de palos y de los procesos liberadores del vecindario.

Colombia, pues, es el lugar perfecto, geopolíticamente estratégico, con dos mares, cinco fronteras y un presidente vil y servil, un simple mozalbete de espuelas, que los propios gringos ni siquiera tienen que arriar, sino atajarlo. Como cuando pidió a los Estados Unidos, durante la reunión de Davos de enero de 2003, la invasión de la zona del Amazonas, para rematar la lucha contra la guerrilla, y que llegó a impulsar la idea de una "fuerza de paz americana", para que interviniera militarmente en Colombia. Un aliado al que se tiene por el mango.

Un gobierno que se salta las talanqueras legales internas, a espaldas de una Comisión Asesora ornamental, un Congreso propicio, aunque con voces lúcidas e incómodas, unos medios de comunicación que hacen de parlantes de sus frases y comunicados, aunque también con algunas voces claras y chocantes, y un país entero, según sus propias encuestas, inconsecuente y obsecuente.

Un presidente, eso sí, definido y decisivo, que reclamará como un acto más de soberanía la presencia en el país de los estadounidense, sus radares, sus buques, sus aviones y portaviones, por cuanto nos facilitará pelarle los dientes al vecino que sea. Y que reivindicará el acto a través de algún raciocinio para enmarcar: “En las bases de los Estados Unidos instaladas en nuestro territorio, obligamos a los estadounidenses a hacer lo que les venga en gana, dentro o todo el país alrededor de ellas, y nos damos el lujo de ignorar lo que hacen, y, de saberlo, nos permitimos la gracia de que no nos importe.” Queridos compatriotas, ¿qué más queréis?

"Estados Unidos ha atendido durante mucho tiempo sus intereses de seguridad nacional en esfuerzos cooperativos con amigos y aliados en el mundo, algunas veces con bases militares y pequeñas instalaciones de defensa." Esta ironía figura en el portal oficial del gobierno de los EE.UU., cuyas bases alrededor del mundo, según el Pentágono, sumaban 737 en 2007 y 37 de grandes proporciones.

Texto disponible en:
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