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BELDADES Y MENTIRAS DE GADAFI

Rodeado de sus beldades, vocifera, desafía, miente. Y la voz telúrica en la tribuna es el canto del cisne.

COLOMBIA: UN PAÍS MINADO POR EL DESPOJO MINERO

En un país en donde nunca estamos sentados a la mesa ni para lo nuestro, no hay otra opción: Terminamos haciendo parte del menú.

REMESAS Y POBREZA EN COLOMBIA: UNA RELACIÓN EVIDENTE

Según previsiones actuales, se recuperarán niveles anteriores de remesas desde el extranjero sólo a partir de 2012 o 2013.

COLOMBIA AFRONTA EL CRECIMIENTO DEL PARAMILITARISMO

La estructura del paramilitarismo se redujo en algunas regiones del país, pero en otras permaneció intacta o hasta creció. .

ENFERMEDADES 'LEVES' QUE MATAN EN COLOMBIA

Los pacientes con diagnóstico de alguna enfermedad prevenible terminan en una gran tragedia personal y familiar, requiriendo cuidados médicos que las entidades designadas no prestan efectivamente.

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jueves, 26 de agosto de 2010

¿Te queDAS o te DAS? He ahí la cuestión

PROYECTO PARA LIQUIDAR EL ORGANISMO DE INTELIGENCIA COLOMBIANO

Por: Juan Alberto Sánchez Marín

Sede del DAS en Bogotá


El nuevo gobierno colombiano de Juan Manuel Santos ha anunciado el cierre del Departamento Administrativo de Seguridad (DAS) y la creación de un nuevo organismo de inteligencia, también adscrito a la Presidencia de la República.

Si la mayoría de los nombramientos de ministros y funcionarios hechos por el presidente Santos dio la ilusoria sensación de aire fresco, hubo una ratificación que produjo exactamente la sensación contraria, pero real: Un vaho mefítico, que dejó al nuevo presidente borrando con el codo lo que algunos creían que venía escribiendo con la mano.

Se trata de la confirmación de Felipe Muñoz Gómez como director del DAS, una institución cuestionada e involucrada en graves tramas anticonstitucionales.

El gobierno del Álvaro Uribe Vélez hizo del DAS un ente de bolsillo: Mandadero de asuntos oscuros, chivato de opositores, correveidile de invenciones y rumores, y artífice de toda clase de triquiñuelas.

Cuando se mantiene al frente de la institución al mismo hombre que durante los últimos tiempos ha venido siendo cuestionado por torpedear, o, por lo menos, ralentizar las investigaciones en contra de la institución y sus funcionarios, quedan en vilo las esperanzas de que se llegue al fondo del asunto, al quid de una cuestión que tantos resquemores e incomodidades ha despertado.


La fuerza del cariño

Hace más de un año, en mayo de 2009, después de destaparse el escándalo del espionaje telefónico efectuado por el DAS a políticos, magistrados, periodistas y opositores, el entonces presidente, Álvaro Uribe Vélez, le dijo a empresarios colombianos y españoles, y a los Príncipes de Asturias, Felipe de Borbón y Letizia Ortiz (1), que iba a reformar profundamente la institución, como si a ellos les importara algo el asunto de marras.

Unos meses después, en septiembre del mismo año, Uribe se mostró incluso partidario de eliminar el DAS. Hasta habló de “dejar una pequeña institución prestando unos servicios migratorios, de inteligencia, que puede ser manejada por la policía". (2)

Pamplinadas. No lo hizo, desde luego, y, seguramente, tampoco lo habría hecho de haber resultado reelegido nuevamente. Ni lo reformó, ni mucho menos lo acabó. Cómo hacerlo, y, además, como para qué.

Si es claro que la iniciativa de las “chuzadas” telefónicas ilegales no fue una idea del DAS. No surgió de allí por generación espontánea ni por ocurrencia de algún funcionario medio o menor. Fue una cuestión premeditada, calculada y ordenada desde arriba, desde la misma Casa de Nariño, como ha venido saliendo a la luz pública con posterioridad.

Así que darle sepultura al DAS, reemplazar las manzanas podridas, o cambiarle las normas de actuación y los derroteros, habría sido como llevarle la contraria a la propia conciencia. Y eso es impensable. Hay que reconocer que el gobierno de Uribe fue mentiroso, pero coherente: Procuró siempre cuidarse de hacer algo indebidamente bien hecho u honesto.

El delfín y la anunciación del fin

Varios meses antes, en febrero de 2009, Juan Manuel Santos, por aquellos tiempos ministro de Defensa, pletórico en Washington, efervescente luego de un encuentro con Robert Gates, el secretario de Defensa de EE.UU., un jefe más, dijo que le recomendaría al presidente Álvaro Uribe acabar con el servicio de inteligencia, DAS.

Santos avisó, desde aquella fecha, lo que está haciendo ahora, un año y medio después: "Una de las opciones debe ser estudiar la conveniencia de liquidarlo (el DAS) y crear una entidad nueva".

Cegado en medio de tanto gringo, el delfín de la casa Santos se despachó en incoherencias: Como medico, afirmó que el DAS requería “una cirugía profunda”. Como enterrador, habló de darle a la institución una “cristiana sepultura”. Y como anormalidad plantada al medio de un gobierno premoderno, instó a crear “una entidad nueva, que le ayude al país en esta época moderna".

Y no fue todo. Ante la inminencia de toparse con el general Jim Jones, el asesor de Seguridad Nacional, y con el presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado, John Kerry, una de las voces que pidió la revisión del TLC con Colombia, Santos botó la tapa.

No de otra manera se entiende que Juan Manuel se soltara en gracejos y sostuviera que le preocupaba la "seguridad nacional del país", ya que al parecer desde el DAS se estaría filtrando información hacía un país extranjero.” Claro, no dijo a cuál país. Ni falta que hacía.

Señales de humo enviadas para dejarle clara nuestra listeza a los socios. O cortinas de humo para disimular tamaña brutalidad de nuestra Inteligencia.

¿Fin o cambio nominal?

En los tiempos de la “seguridad democrática”, el gobierno de Uribe utilizó el Departamento Administrativo de Seguridad hasta desecarlo. Ahora, en la prosperidad democrática, el nombre se remoza: Agencia de Inteligencia Civil (AIC), sería el nombre del organismo a crear.

Y con eso, ¿todo está resuelto? Más bien que no. No está mal un entierro de quinta para un organismo que no da más. Pero, a lo hecho, pecho. No puede tratarse de borrón y cuenta nueva, ni este truco nominal puede ser un mecanismo de impunidad. El país tiene que saber quiénes fueron arte y parte de la deplorable persecución llevada a cabo desde el organismo, quiénes se prestaron al ilícito y quiénes lo mandaron.

El reto del organismo transformado, o el del nuevo, si se concreta el actual proyecto del gobierno, tiene que partir de recuperar la credibilidad perdida. Estamos frente a un organismo con una crisis de legitimidad que dura años, cuyas raíces se hunden en la oscura noche de los tiempo de La Violencia.

Cambiando las palabras: Una institución con una tara genética grave, que ya lo ha probado todo, en vano, para salir del fango.

El presidente militar Gustavo Rojas Pinilla ordenó la creación del Departamento Administrativo del Servicio de Inteligencia Colombiana (SIC), en 1953.

En pleno período de La Violencia colombiana, “la SIC era la encargada de apagar cualquier viso de oposición política. Un hervidero de “chulavitas” irredentos, con carné y licencia para matar. No eran militares, pero sí. No eran civiles, pero sí”. (3)

En 1960, el gobierno de Alberto Lleras Camargo reestructuró la organización, que pasó a conocerse como DAS, para limpiar un nombre enfermo, una institución viciada y un entramado de maldad.

Cinco décadas después, el nombre vuelve a estar contaminado, ¡y de qué manera! Eso explica el nuevo cambio de nombre, otro trasunto de afán, que acerca a la institución más a la original, por lo menos en lo que tiene que ver con la chapa de Inteligencia.

AIC, DAS, SIC. Mañana AIC, hoy DAS, ayer SIC. Tres siglas distintas para una misma mentira verdadera. Ojalá que la cuestión no se quede sólo en las palabrejas, y el organismo retome lo que dice que retomará (lo bueno) y no lo que los antecesores nunca reconocieron que tomaban y engullían cada día (lo malo).

Luego de la tormenta, poca calma

En mayo de 2010, hace apenas tres meses, la Federación Internacional de los Derechos Humanos (FIDH) publicó un informe acerca de las actividades ilegales del DAS, luego de un monitoreo de varios meses.

Los resultados no tranquilizan. Al contrario. El organismo concluye que se trató de “un auténtico programa de seguimientos, recopilación de información privada, bancaria, y de impuestos, trazado de perfiles psicológicos, persecución, amenazas, torturas sicológicas, chantajes y ataques”. Aún más, se indica que el objetivo ha sido el de “desestabilizar y neutralizar a personas u organizaciones con tendencia opositora frente a las políticas gubernamentales, llegando hasta amenazar de muerte o facilitar homicidios”. (5)

Y algo gravísimo: Que hay demostraciones de que “estas actividades siguen perpetrándose”. Por eso, La FIDH llama a la Fiscalía de la Corte Penal Internacional “a considerar esta persecución política, en el contexto de los crímenes de lesa humanidad que debería investigar en Colombia, para que active el principio de complementariedad establecido en el Estatuto de Roma en caso de que la justicia colombiana no actúe en la individualización y sanción de los más altos responsables de estos gravísimos hechos, que han vulnerado no sólo derechos fundamentales, sino el Estado de Derecho en sí”.

Las acusaciones de espionaje han trascendido las fronteras del país. El diario Universo, de Ecuador, citando supuestas fuentes del propio DAS, afirmó hace unos meses que agentes de la inteligencia colombiana habrían intervenido teléfonos de la oficina del presidente ecuatoriano, Rafael Correa.

Un reciente informe del DAS indicó que las FARC tiene 1500 hombres, distribuidos en 28 campamentos, en Venezuela. Este informe apoyó las extravagantes denuncias hechas por Colombia ante la OEA, efectuadas con el fin claro de tapar la olla podrida interna. Así que el sesudo y ultra secreto informe terminó siendo lo que debió ser desde un principio: una bagatela más en “el juego de abalorios” que fue el último evento mediático del gobierno de Álvaro Uribe.

"Esa institución es un cadáver viviente. Un fantasma tenebroso. Sus recientes ex directivos deben ser juzgados, sancionados. Unos por incapaces, otros por traición a la patria. Por cómplices del paramilitarismo, por enemigos de la democracia”, escribió Horacio Serpa, el gobernador de Santander, otro chuzado, en un artículo fechado en mayo de 2009. Y agregó: “El DAS asusta. Hiede. Que lo sepulten". (6)

Pero que no vayan a inhumarlo, insisto, con todo adentro. Hay verdades, hay archivos, hay culpables que, por el contrario, es indispensable exhumar. Por el bien del país y de su propia Inteligencia.

En Colombia, es costumbre de vieja data “liquidar” para resolver: El capo liquida al testigo, el desheredado liquida al hermano, el terrateniente liquida al vecino, el gobierno liquida a la oposición. Ahora se liquida al DAS.

Y averígüelo Vargas… Lleras, ministro de Interior y Justicia, con qué fin. Al fin y al cabo que hay serios indicios de que hubo participación del DAS en el atentado de que él mismo fue víctima. Y, para completar, el DAS le armó 69 folios de seguimientos, contra él y su familia, en los que por añadidura lo declaró supuesto enemigo del Estado.

Vargas Lleras ahora es Estado. Pero una vez, por qué dudarlo, quiso saber la verdad y toda la verdad del asunto. Hoy la sociedad colombiana entera quiere lo mismo. Nada más.


NOTAS:

(1) Caracol, 28 de mayo de 2009. Ver: http://www.caracol.com.co/nota.aspx?id=819578

(2) El Espectador, 17 de septiembre de 2009. Ver: http://www.elespectador.com/noticias/judicial/articulo161969-uribe-se-muestra-partidario-de-acabar-el-das

(3) El DAS: Un “falso positivo” de la Inteligencia colombiana, en JuanalbertoSM. Ver: http://juanalbertosm.blogspot.com/2008/11/el-das-un-falso-positivo-de-la_06.html

(4) El proyecto de creación de la Agencia Central de Inteligencia de Colombia (ACI). Ver: http://www.icpcolombia.org/archivos/observatorio/boletin_144

(5) Federación Internacional de Derechos Humanos (FIDH). Portal. Ver: http://www.fidh.org/Colombia-Las-actividades-de-inteligencia-del

(6) No DAS más. Horacio Serpa. Notas en Facebook. Ver: http://www.facebook.com/note.php?note_id=88905762270


ARTÍCULO RELACIONADO:
El DAS: Un "falso positivo" de la Inteligencia colombiana

Disponible en:

ARGENPRESS - Prensa Argentina
Agencia Latinoamericana de Información - ALAI
Agencia Periodística de Información Alternativa - APIA
QUESTION digital (Venezuela)
Sur y Sur (Venezuela)
Aporrea (Venezuela)
La Radio del Sur (Venezuela)
Rebelión (España)
Diario Universal (España)
Kaos en la Red (España)
Periódico "desde abajo" (Colombia)
Indymedia (Colombia)
InfOriente Antioquia (Colombia)


jueves, 6 de noviembre de 2008

EL DAS: UN “FALSO POSITIVO” DE LA INTELIGENCIA COLOMBIANA.

Por: Juan Alberto Sánchez Marín

María del Pilar Hurtado, la ex directora del DAS.

La infiltración de paramilitares y narcotraficantes, y toda clase de escándalos, han puesto en entredicho el papel del principal organismo de inteligencia de Colombia. La directora, María del Pilar Hurtado, debió renunciar en octubre por investigar al senador Gustavo Petro y a líderes de la oposición. Cuando se destapan los “falsos positivos” más infames, cometidos por el ejército, las actuaciones y escándalos hacen del DAS un completo “falso positivo”.



El senador Gustavo Petro hizo la denuncia sobre las irregulares investigaciones del DAS, que condujeron a la salida de la directora de la institución.


El Departamento Administrativo de Seguridad, DAS, depende de la Presidencia de la República de Colombia, le reporta directamente al primer mandatario, y transpira por los poros el talante presidencial, embrollador y huidizo. No obstante, el presidente Álvaro Uribe ve en la institución un grupo de jóvenes cortapalos, enredados cada cierto tiempo por unos compatriotas “conspiretas” y malhechores, indígenas y sindicalistas, pobres y opositores.
La última perla de un largo rosario de escándalos ocurrió el 21 de octubre pasado, cuando fue filtrado un memorando de carácter “reservado”, en el que Jaime Fernando Ovalle Díaz, entonces coordinador de Inteligencia Política y Social del DAS, daba instrucciones para investigar al senador Gustavo Petro y a líderes e integrantes del Polo Alternativo Democrático.
El hecho cobró la cabeza de la directora de la institución, María del Pilar Hurtado, cuya desgracia final muchos veían venir desde hacía días, cuando se negó, ante funcionarios de Palacio, a realizar interceptaciones ilegales a magistrados de la Corte Suprema. Poco colaboradora con el todopoderoso, delincuencial y cercano círculo del presidente, algo imperdonable. Álvaro Uribe ni siquiera se dignó a atenderla cuando ella fue a entregarle la renuncia.
Fernando Ovalle, por el contrario, continúa vinculado al DAS, como Investigador de las bandas criminales emergentes. Alguna lumbrera de Palacio debió pensar que era cosa buena que el empleado siguiera haciendo lo mismo en otra dependencia. “¿Quién protege a Ovalle?”, se pregunta la revista colombiana Cambio. “¿Por qué? El misterio sigue sin resolverse”.
YVKE Mundial habló sobre el tema con Carlos Lozano, periodista y dirigente del Partido Comunista colombiano.
“Estalló otro escándalo, pero el DAS viene haciendo eso, revelándose como una policía política del régimen, de intimidación a la oposición, de espionaje contra organizaciones sindicales. La denuncia del senador Petro rebosó la copa. Antes se había denunciado otra serie de espionajes, chuzadas de teléfonos, que no pasaron a mayores. Hasta se dijo que se estaba espiando el teléfono del ex presidente César Gaviria, presidente del Partido Liberal. Periodistas y dirigentes políticos habíamos denunciado, desde hace tiempo, que éramos sometidos a procedimientos, no sólo del DAS, sino de otros organismos de seguridad.”

Carlos Lozano, periodista y dirigente político, quien habló con YVKE.


“Inteligencia artificial”

El retoque fotográfico es una práctica vieja. Con fines propagandísticos, muchos regímenes han borrado de las fotografías a los personajes incómodos.
Milan Kundera empieza “La broma” contando cómo un héroe de la revolución checa es borrado al entrar en contradicción con el sistema. Castigado con el olvido. En la Unión Soviética, durante los tiempos de Stalin, ciertos personajes perturbadores eran borrados en las fotografías y desaparecidos de la vida real.
¿Por qué la regresión? Porque en Colombia, bajo el actual régimen del presidente Álvaro Uribe, llama la atención que el peligro sea exactamente lo contrario: quedar en la foto. Los que quedan en la foto son las cabras marcadas para morir.
Una tarea de inteligencia suprema, pero, ante todo, de buenos cursos de PhotoShop o Gimp , para las fotos, y de Avid o Final Cut, para el video, materias, seguramente, con demanda en la rimbombante Academia Superior de Inteligencia y Seguridad Pública “Aquimindia”, en Bogotá, o de “Aguazul”, en Casanare, del DAS.
La siguiente anécdota, referida por Carlos Lozano, habla por sí sola, aunque no sume las mil palabras que valdría la imagen: "En estos días, a raíz del Paro Nacional reciente, el Ministro de Protección Social, Diego Palacios, presentó un video en el que el dirigente sindical Tarcicio Rivera, de la CUT, aparece en la Universidad del Cauca diciendo que hay que hacer lucha social y adelantar la resistencia frente a la ofensiva del gobierno. Algo propio de un sindicalista, nada ilegal ni irregular. Querían mostrar que las movilizaciones que se vienen haciendo, y que han coincidido, felizmente, digo yo, de indígenas, corteros de la caña, trabajadores de la justicia, de la DIAN, de la registraduría, eran orientadas desde la CUT. Presentaron el video y le recortaron la imagen. Y es que al lado de Tarcicio Rivera, en el mismo panel, ni más ni menos, estaba José Obdulio Gaviria, el asesor presidencial, y a él no lo sacan nunca. Además, es una imagen vieja, de meses atrás, reciclada para acusar a la CUT de que está en una conjura desestabilizadora del gobierno.”
Y agrega Carlos Lozano: “Esto lo están haciendo en todos los paneles y las reuniones que hacemos. Otro ejemplo es el de Piedad Córdoba, que adonde va a hablar es grabada, y lo que dice es editado y mutilado, para que aparezca diciendo lo que no dijo en realidad.”

El Departamento Administrativo de Seguridad de Colombia, textualmente bajo la lupa.


La vigencia de la historia patria

Es un lugar común sostener que la vida republicana colombiana está plagada de guerras, enfrentamientos, intolerancia, persecuciones, intrigas, acechanzas y violencia. De “batallas y batallitas”, como lo precisó el escritor Alfredo Iriarte.
En el siglo XX, en 1948, luego del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, “el caudillo del pueblo”, el país se sumió de vuelta en el caos, agudizándose una violencia que venía de tiempo atrás y sobre la que el propio líder popular advirtió en vano.
Fueron unos años difíciles, sobre todo, como siempre, para las zonas rurales, entonces y de lejos la parte más poblada del país. Apenas iba a desatarse el desplazamiento forzoso y masivo de campesinos hacia las ciudades, que todavía sigue.
Entre 1948 y 1953, el gobierno de Laureano Gómez, con el compadrazgo de la Iglesia y el Ejército Nacional, llevó a cabo una persecución política implacable y sangrienta, y conformó las huestes de “chulavitas”, los abuelos paramilitares de los que hoy se pasean reencauchados y a sus anchas por el país.
El 13 de junio de 1953, el Teniente General Gustavo Rojas Pinilla dio un golpe de estado y asumió el poder. No fue un golpe clásico, sino, como dijo el político liberal Darío Echandía, “un golpe de opinión liderado por las Fuerzas Armadas, en complicidad con la dirección política colombiana”.
Si 1953 fue un frío verano para los soviéticos, con la muerte de Stalin, para los colombianos la fecha fue un invierno ardiente, con un Laureano Gómez agónico, impopular y desesperado por perpetuar su régimen; su reforma constitucional en ciernes, cuyos nubarrones por suerte no alcanzaron a desatarse; una “seguridad democrática” inmisericorde, que todavía sigue, y una “amenaza roja” que, vaya coincidencia, también se mantiene.
El “Anuario colombiano de historia social y de la cultura” (Volumen 13-14, capítulo V), de la Academia Colombiana de Historia, refiriéndose al espíritu de aquellos tiempos, señala: “Hombres para quienes la buena sociedad era la del orden y la jerarquía estaban dispuestos a creer en las teorías de conspiración y en ser paranoicos cuando se trataba de subversión comunista.” Cualquier parecido con la realidad actual, no es mera coincidencia. La palabra “terrorista” no se había inventado ni descubierto.
Con estos antecedentes, en semejante contexto, el 31 de octubre de 1953, Rojas Pinilla creó el Departamento Administrativo del Servicio de Inteligencia Colombiano, S.I.C., en una inspiración frankensteniana, que tres años después contribuiría con la caída (renuncia forzosa) del propio militar, para poner otros, una junta provisional. Esta infausta criatura es la que ahora se conoce como el Departamento Administrativo de Seguridad, DAS.
La SIC era la encargada de apagar cualquier viso de oposición política. Un hervidero de “chulavitas” irredentos, con carné y licencia para matar. No eran militares, pero sí. No eran civiles, pero sí. Blanco es, gallina lo pone.
Entre enero de 1956 y septiembre de 1957, su presupuesto alcanzó 1 millón 83 mil pesos. Más que el de la misma presidencia de la república, y de los ministerios de Relaciones Exteriores, Agricultura, Salud, Fomento, y Minas y Petróleos.
Cincuenta y cinco años después de su aparición, el presupuesto de la institución supera los 100 millones de dólares y un cuerpo de unos 7500 efectivos. Y sigue siendo fiel a los designios para los que fue creada: espiar, señalar, limpiar, infiltrar y perseguir opositores. Un agua sucia que viene desde la fuente.

La sede principal del DAS en el sector de Paloquemado, en Bogotá.


El interregno

Durante la larga noche del Frente Nacional, de 1958 a 1974, esta policía secreta centró su actividad en la caza feroz de comunistas, de los que se les parecieran y de los que a lo mejor pudieran serlo.
En 1960, bajo la presidencia de Alberto LLeras Camargo, nació el DAS como tal, claro está, con asesoramiento de la CIA y como una imitación criolla del FBI estadounidense. Unos amigos amargos, que nunca han desamparado al engendro.
Desde entonces, la institución ha estado “buscando su modernización y tecnificación”, pero todo indica que nunca las ha encontrado. Durante el gobierno de Virgilio Barco se hicieron algunos intentos, y en 1991, bajo el gobierno de César Gaviria, se fijaron una nueva estructura y funciones.
La Fundación Ideas para la Paz (FIP) indica que “el problema del DAS es un problema histórico: nació en un país y hoy vive en otro.” Sea el mismo país u otro, lo cierto es que el DAS sigue aplicando a fe ciega los mismos métodos brutales e inútiles de ayer y siempre.

Jorge Noguera, el siniestro ex director, que salió por la puerta de atrás del DAS hacia el consulado en Milán.


Los tropezones extraterritoriales

El DAS es un organismo con un radio de acción nacional. Y así lo ratifican las pretensiones de actuación del organismo fuera de las fronteras, donde muchas operaciones han terminado en verdaderos descalabros.
En Ecuador, varios funcionarios del DAS fueron arrestados en agosto de 2004, cuando adelantaban una operación encubierta. Resultado obvio: graves tensiones diplomáticas con el vecino país.
Las relaciones con Venezuela han ido de mal en peor, gracias también a la pequeña ayuda de los amigos del DAS y a sus espionajes de película barata. Un testigo clave en muchos procesos de desenmascaramiento de las anomalías de la institución, Rafael García, aseguró que el DAS colaboró con paramilitares en un complot para ejecutar a varias autoridades venezolanas, entre ellas el fiscal Danilo Anderson. Un asesinato que se mantiene en la oscuridad.
El 13 de diciembre de 2004, Rodrigo Granda, de las FARC, es secuestrado por agentes de la DIJIN y del DAS en pleno centro de Caracas, en un delito de lesa humanidad, según la propia caracterización del gobierno colombiano. El hecho afectó gravemente la confianza y las relaciones entre ambos países.
En abril de 2005, fueron hallados asesinados, en el Estado de Táchira (Venezuela), Jorge Enrique Díaz, ex director del DAS en el Norte de Santander (Colombia) y José Celis, sargento activo del ejército colombiano. Su misión, que sería la de capturar a Ramiro Vargas, cabecilla del ELN, vino a confirmar la continuidad de las operaciones extraterritoriales del DAS. Estos son sólo algunos ejemplos.

Las infiltraciones de paramilitares (AUC) y de narcotraficantes en la institución, un secreto a voces desde los inicios del actual gobierno colombiano.


El traspié nuestro de cada día

En el ámbito nacional, los infortunios también han sido antológicos. Cuando el presidente Álvaro Uribe asumió la presidencia, en 2002, designó como director del DAS, para su desgracia, a su amigo Jorge Noguera, su ex jefe de campaña en el departamento del Magdalena. Claro está, Noguera no llegó solo. Trajo consigo a Rafael García, su amigo a su vez, a quien nombró como subdirector. Para desgracia del propio Noguera y en gracia para el país.
Al poco tiempo de iniciada la nueva administración, el DAS empezó a ocupar titulares en los medios de comunicación, en una sucesión progresiva de desaciertos y escándalos que aún no acaba.
Fue Jorge Noguera uno de los propulsores de la política de “sapos” de Uribe, y quien instauró el pago de recompensas en dólares por delación de subversivos, con el consiguiente encarcelamiento de muchas personas que luego fueron declaradas inocentes.
En julio de 2005, los medios difundieron profusamente un intento de atentado al candidato presidente en la Costa Atlántica. Después quedó claro que el atentado fue un malabar creativo, nunca se supo con quiénes ni cuántos, del Director de la Seccional Atlántico del DAS, que condujo al funcionario a la destitución.
A finales de 2005, la penetración del DAS por parte de los paramilitares y los narcotraficantes, cuyos límites son cada vez más imprecisos, era un secreto a voces. Las denuncias iban y venían.
Muchos pilares de infamia se habían construido alrededor del DAS, cuando Rafael García, ante la Corte Suprema de Justicia, prendió el ventilador e hizo caer al saco de los investigados por parapolítica a militares, senadores, gobernadores, alcaldes, y al propio ex amigo y ex director del DAS, Jorge Noguera.
Los funcionarios de la cúpula del DAS terminaron en un atronador fuego cruzado de imputaciones, que iban desde el robo de expedientes de narcotraficantes de la Fiscalía (Wilber Alirio Varela, alias “Jabón”) y de paramilitares (Martín Llanos), hasta la conformación de grupos de “limpieza” (sicarios) al interior de la propia institución.
Lo descubierto resultó mucho más grave que los que se creían que eran los rumores más malintencionados, a los que se refería el presidente Uribe. La realidad de la institución resultó ser tal cual la describió Noguera, en palabras pronunciadas antes del escándalo, en lo que se creyó que era una frase célebre y exagerada, y no una confesión por adelantado: “Si contáramos lo que día tras día sucede aquí [en el Das], la gente no podría dormir”.

El presidente Álvaro Uribe, artífice de la política de Seguridad Democrática.



La seguridad democrática

“El Verbo se hizo carne / y la carne se despeña”. Estos versos de Octavio Paz dan razón de lo que le ha sucedido a la política de seguridad democrática del presidente Uribe, que empezó a volverse cierta y entonces se despeñó.
Y no puede ser de otra manera: es que no puede ser tan segura una política que dice acabar con el mal en un dos por tres, con las causas arraigadas de la violencia en menos de lo que canta un gallo y con los malos malosos en un santiamén.
La política de “seguridad democrática” ha sido un escampadero útil para el presidente Uribe, máxime cuando ha tenido que afrontar, por una u otra razón, la ausencia de políticas serias en el tema que sea y del sector que sea.
En otras palabras, una política comodín, un discurso de disco rayado del que el presidente echa mano con el despropósito de embobar a los colombianos, sobre todo, a los se hacen pasar por televidentes, radioescuchas, internautas, lectores de periódicos: usuarios de medios, como dicen ahora. En un país en el que sólo la televisión llega al 90% de la población.
Un sonsonete cansón, con rimbombancias pueriles, moralejas de cajón y tonitos de rosario, que tiene furibundamente convencida a tanta parte de la población de un país que se ha creído de “vivos”. Que lo mismo sirve para capotear cualquier crítica, que se vuelve entonces un atentado contra la seguridad democrática. Para descalificar al adversario, que si, por ejemplo, a José Obdulio se le ocurre que no encaja en su credo gregario, se le vuelve automáticamente terrorista. Como mecanismo de disuasión, para que a ningún miembro de la tropa se le ocurra abandonar las filas serviles, y ya nos hemos dado cuenta de qué mal acaban estos y cuán vilipendiados. O para ser inclusivos, y hacer posible aquella Antioquia nacional de palabra, obra y gracia, a la que en la teoría de Palacio tienen que pertenecer todos los colombianos.
El DAS se ha vuelto una buena muestra de la “seguridad democrática” del presidente Uribe: una sumatoria de manejes y maniobras, y de golpes bajos a cualquiera que no haga lo que el gobierno quiere, cualquiera que crea que las cosas andan mal y además sostenga que lo cree, o cualquiera que piense en voz alta que Uribe fue el que las acabó de fregar.
El «Manual de inteligencia de combate» (MIC), escrito en los años 60, constituye la base doctrinaria de la inteligencia colombiana. El anacrónico texto es la biblia que siguen los devotos detectives, con el agravante de que militares y mercenarios estadounidenses e israelíes son los encargados de las apostillas tardías y las poco ortodoxas actualizaciones.
Dentro de la seguridad democrática, el presidente Uribe implementó la Junta de Inteligencia Conjunta (JIC), que congrega a las agencias de seguridad del estado y coordina la inteligencia estratégica nacional. La Dirección de Inteligencia de la Policía (DIPOL), la Dirección de Policía Judicial e Investigación (DIJIN), el Grupo Interinstitucional de Análisis Terrorista GIAT, en la Policía Nacional, y el Departamento de Inteligencia del Estado Mayor (D2), y las secciones respectivas de inteligencia del Ejercito, la Armada, y la Fuerza Aérea, de los militares, hacen parte de este peligroso club de élite, junto, claro está, al DAS.
Carlos Lozano da luces en relación con el papel de estos organismos en las circunstancias actuales:
“Esto se le salió de las manos al presidente Uribe. Es una situación que se viene dando de tiempo atrás. La Policía, que yo digo que son peores, orientada por el general Naranjo, anterior director de la DIJIN, viene haciendo lo mismo. Eso lo hemos denunciado. El ejército también, a través de lo que llaman las órdenes de batalla, ha hecho investigaciones e incorporado a listas especiales de revisión a dirigentes de organizaciones no gubernamentales, populares y demás. Aquí lo que hay es un régimen policíaco, de Gestapo, que tiene que preocupar, no sólo al país, sino al mundo. A estas alturas este régimen aparece fuera de lugar en las costumbres políticas, en lo que tiene que ver con el fortalecimiento de una democracia, que en Colombia cada vez está más desdibujada y casi inexistente.”

¿Hacia dónde apunta el DAS?


Das o no Das, he ahí la “visión”

La “Visión” del DAS aparece en su propio portal de Internet. Y si el organismo de inteligencia fuera más coherente con este designio, tal “visión” estaría a buen recaudo y apenas los iniciados la habrían oído. Valga la cita textual:
“Para el año 2010, el DAS, retomando la concepción original de su creación, se habrá posicionado ante la Presidencia de la República, demás instituciones del Estado y la opinión pública, como el organismo élite que salvaguarda los más altos intereses del Estado por su condición de máximo servicio de inteligencia estatal y su función de investigación criminal de delitos que amenacen su existencia y estabilidad”.
Repito: La cita es al pie de la letra y la mala redacción no es mía. El sentido irónico expresado tampoco es una ocurrencia. Es institucional.
Es que si hay una institución que amenaza la existencia y la estabilidad del estado colombiano es esta, el DAS, en su afán desaforado por garantizar la supervivencia de un gobierno inestable y malo como este, el de Uribe.
Ante los numerosos escándalos del DAS, dentro de sus promesas de candidato el presidente Uribe llegó a hablar de acabar con el organismo. El DAS, como la guardia pretoriana que sigue siendo, se reestructura o se muere. Pero el tema no volvió a ser tocado. Ni entonces, ni ahora. Y la persecución, los asedios, los “falsos positivos”, se mantienen.
“Aquí hay que enjuiciar al DAS, a la DIJIN, a la inteligencia militar. Y, en el fondo, a la “Casa de Nari”, que es desde donde se orquesta este tipo cosas. Es una cosa muy bien manejada y muy bien orquestada. Aquí hay una labor persistente y sistemática de inteligencia y de espionaje, contra la oposición, los sindicalistas, en fin, de perseguir, de grabar conversaciones, que luego aparecen mutiladas”, señaló Carlos Lozano a YVKE.
Este gobierno ha creado un país, los habitantes ilusos e ilusorios se han creído el país inventado y además juran que hacen parte de él. El país es infinito en los corazones grandes de los jefes e inconmensurable en las encuestas. Pero, de la misma manera que el país fue creado, desaparecerá por mero arte de birlibirloque. Quedará entonces el país real, que es pobre entre las riquezas anchas y ajenas, día a día desangrado entre una pacificación atroz, minuto a minuto perseguido y desplazado en medio de tanta y tan feliz seguridad.





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