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BELDADES Y MENTIRAS DE GADAFI

Rodeado de sus beldades, vocifera, desafía, miente. Y la voz telúrica en la tribuna es el canto del cisne.

COLOMBIA: UN PAÍS MINADO POR EL DESPOJO MINERO

En un país en donde nunca estamos sentados a la mesa ni para lo nuestro, no hay otra opción: Terminamos haciendo parte del menú.

REMESAS Y POBREZA EN COLOMBIA: UNA RELACIÓN EVIDENTE

Según previsiones actuales, se recuperarán niveles anteriores de remesas desde el extranjero sólo a partir de 2012 o 2013.

COLOMBIA AFRONTA EL CRECIMIENTO DEL PARAMILITARISMO

La estructura del paramilitarismo se redujo en algunas regiones del país, pero en otras permaneció intacta o hasta creció. .

ENFERMEDADES 'LEVES' QUE MATAN EN COLOMBIA

Los pacientes con diagnóstico de alguna enfermedad prevenible terminan en una gran tragedia personal y familiar, requiriendo cuidados médicos que las entidades designadas no prestan efectivamente.

sábado, 12 de diciembre de 2009

Iván Cepeda: “Es hora de que los gobiernos europeos dejen la hipocresía y afronten la situación de Colombia”

Por: Patricia Rivas y Juan Alberto Sánchez Marín

50 mil desaparecidos en 20 años. 4 millones de desplazados, 150 mil homicidios y 18 pueblos indígenas ante el exterminio. Una situación que expone Iván Cepeda, un destacado luchador por los DD.HH. en Colombia, en esta entrevista.


Iván Cepeda, junto a la senadora Piedad Córdoba, en el Foro de Transafrica, realizado en Washington D.C., en mayo pasado.

Nadar contra una fuerte corriente es lo que hace el Movimiento de Víctimas de los Crímenes de Estado (MOVICE) en Colombia, donde las mayorías en Congreso y Cámara están alineadas con los dictámenes del presidente Álvaro Uribe, que ahora aspira a una segunda reelección, aunque en su empeño viole lo establecido por la Constitución. En casos tan graves como los múltiples asesinatos de jóvenes pobres por parte de militares, que son presentados como guerrilleros y luego canjeados por reconocimientos y medallas, eufemísticamente llamados “falsos positivos”, la Fiscalía General de la Nación avanza a paso lento y sin ganas.

Instituciones como el Consejo Nacional de la Judicatura, un estamento burocrático al que Álvaro Uribe, en los tiempos remotos de la primera candidatura presidencial prometió acabar, ahora se mantiene como un apéndice aún más funcional y sometido. La Procuraduría General de la Nación, el “ente autónomo de control y vigilancia de la función pública de los empleados del Estado”, no sólo no controla ni vigila, sino que tampoco es autónomo, y el propio Procurador General, Alejandro Ordóñez, es reconocido en el país como “el absolvedor”, pues desde su arribo a la institución se ha distinguido por la eficiencia para eximir de culpa a toda clase de militares y funcionarios uribistas vinculados con masacres y paramilitarismo.

En la otra orilla, una institución como la Corte Suprema de Justicia, que se ha negado a nombrar el nuevo Fiscal General de una terna presentada por el presidente, por considerar que los postulados no reúnen las condiciones mínimas necesarias para el cargo, ha sido objeto de toda clase de vituperios por parte del mandatario, de ataques descarados de sus funcionarios, e, incluso, de interceptaciones telefónicas o “chuzadas”, por parte del DAS, el organismo de inteligencia del estado adscrito a Presidencia.

En la corriente desenfrenada y unidireccional del actual gobierno colombiano, que se lleva sin pudor los diques constitucionales y legales, y ni se diga los morales y éticos que interpone cualquier institución, es donde el MOVICE actúa con empeño y tesón, a veces como un clamor solitario, pero también con una postura política clara. El estado colombiano, como responsable por acción, confabulación, omisión o permisividad, tiene una evidente responsabilidad en muchos de los crímenes cometidos contra los propios colombianos. Del mismo modo, el estado tiene la obligación de responder ante las víctimas, las familias, las organizaciones y ante toda la sociedad colombiana, garantizando el derecho a la verdad, la justicia, la reparación integral, y, sobre todo, la garantía de no repetición de esos crímenes.

Iván Cepeda Castro, además de escritor y periodista, es un destacado líder de los derechos humanos en Colombia y vocero del Movimiento de Victimas de Crímenes de Estado (MOVICE), organización nacida en 2003, que agrupa a familiares de víctimas de crímenes de lesa humanidad y algunas organizaciones que trabajan por los derechos humanos.

Iván Cepeda ha vivido en carne propia la violencia ejercida por el estado colombiano, como hijo del senador Manuel Cepeda Vargas, asesinado en 1984, durante el genocidio llevado a cabo contra la Unión Patriótica, un partido político que fue víctima de una persecución intencional y sistemática que lo condujo al exterminio.

Conversamos con Iván Cepeda en Madrid, ciudad que ha sido escenario del lanzamiento de una campaña internacional de más de 30 organizaciones europeas de derechos humanos, para llamar la atención sobre la persecución que enfrentan los defensores de derechos humanos en Colombia, por parte de las instancias estatales que deberían brindarles garantías.


Como vocero de las víctimas de los crímenes de Estado en Colombia, ¿qué sensación le produce llegar a Europa y percibir que el Gobierno colombiano es visto como un gobierno democrático, que cumple con los requisitos mínimos para ser tratado con deferencia por la Unión Europea?

No me sorprende. En el caso de España, para decir las cosas por su nombre, hay importantes inversiones del capital transnacional en Colombia. Para citar sólo un caso: en estos días se debate en manos de quién quedará el tercer canal de la televisión y el grupo PRISA tiene un importante interés en esta concurrencia. Entre las propiedades de este grupo, figura “El Tiempo”, el principal diario colombiano, dirigido por la familia Santos. Esa familia gobierna al país. Por lo menos, ha ocupado un lugar importante en ambos gobiernos del presidente Álvaro Uribe. El vicepresidente del país, Francisco Santos, es uno de los principales accionistas de esa casa editorial, y el ex ministro de Defensa, quien es candidato también para las próximas elecciones presidenciales, Juan Manuel Santos, también es accionista y dueño del periódico. No son, pues, sólo coaliciones o alianzas. Son verdaderos consorcios.

Así que el hecho de que se elogie al presidente Uribe, un gobierno que a duras penas puede sobrellevar un día sin un escándalo –lo que incluyen hechos criminales, como los llamados “falsos positivos”, y situaciones aún más evidentes-, pues que un gobierno extranjero lo elogie, lo único que implica es que sus intereses deben ser protegidos. Pero esa situación, cada día es menos posible ocultarla. Es un gobierno que se ha venido mostrando en todas sus facetas de corrupción y criminalidad en los últimos años.

Y yo creo que sí, que hay quienes se esfuerzan por mantener ese tipo de coartadas, para ocultar una situación tan grave como la que hay en Colombia, pero también hay una conciencia creciente en la comunidad internacional sobre qué es lo que el gobierno del presidente Uribe representa realmente. Para decirlo con claridad, uno de los aparatos criminales más mortíferos y destructivos que ha habido en los países de América Latina.


¿Alguna vez han tenido las víctimas en Colombia algún espacio de interlocución con el poder para incidir en lo que se llama allí la legislación “de paz” o en la política de construcción de la llamada “reconciliación”?

No. El Gobierno y el Poder Legislativo, en su gran mayoría, responden a los intereses del aparato criminal que ha producido tantas víctimas en Colombia. De ahí que no es un interlocutor, sino más bien un enemigo constante de estos procesos. Pero a pesar de que el Gobierno se ha empeñado, por todas las vías posibles, para que esos procesos no se puedan abrir paso, gracias a la acción de las organizaciones de víctimas, las organizaciones de derechos humanos, los abogados, los jueces dignos que tiene el país, en los últimos años se ha logrado producir un avance efectivo.

Ese avance se ve materializado en que más de cien funcionarios estatales, entre ellos un número significativo de congresistas, han sido llevados a las cárceles. Que muchos miembros de la Fuerza Pública han comenzado a ser llamados ante los tribunales, y que el fenómeno de la llamada “parapolítica” y los crímenes cometidos por el paramilitarismo se ponen en evidencia. Y cuando se ha ido reconociendo la realidad de que en Colombia ha funcionado la criminalidad de Estado.

Pero eso no es gracias al gobierno ni a la interlocución con el gobierno, sino que es el resultado de una lucha tesonera, dada en condiciones muy desiguales y siempre peligrosas, que han llevado a cabo las víctimas en sus regiones: los campesinos, los indígenas, las mujeres, muchas asociaciones de personas que han logrado ir construyendo este camino hacia los derechos humanos en el país.

Cuando se habla de crímenes de Estado, son conocidas las víctimas de los casos argentino o chileno, pero Colombia es una caja negra: no hay conocimiento de cuál es la dimensión de las víctimas y cuál es la realidad que ustedes afrontan cuando deciden no callar y exigir justicia, verdad y reparación.

Bueno, las cifras son cada vez más completas y claras. Estamos hablando de cerca de 50 mil personas desaparecidas en Colombia en los últimos 20 años, una cifra que supera de largo a países como Argentina y Chile, y a algunos centroamericanos. Hablamos del 10% de la población desplazada, más de 4 millones de personas; más de 150 mil homicidios y una gran destrucción de las comunidades: 18 pueblos indígenas están al borde de ser exterminados, en procesos que sin lugar a dudas pueden ser catalogados como genocidios, y también de sectores como los sindicalistas y los defensores de derechos humanos, que han sido víctimas de crímenes continuos durante estas dos décadas.

En Colombia, estamos en presencia de una criminalidad del sistema, con múltiples expresiones, que tiene la connotación de no ser apenas la violencia que se presenta en un conflicto armado, sino una violencia que promueve el Estado, para eliminar, anular, neutralizar a organizaciones enteras de activistas sociales. Y una violencia que además tiene la connotación de intentar presentar a sus víctimas simplemente como personajes encubiertos que actúan a nombre de la guerrilla.

Para entender mejor de qué estoy hablando, traigo a colación sólo un caso. Hace un año tenemos en la cárcel a Carmelo Agámez. Él es el líder de los campesinos de San Onofre, un poblado al norte de Colombia, que se convirtió en una especie de campo de concentración -y lo digo literalmente, no es una exageración- de los grupos paramilitares. En esa población de 50 mil habitantes, las personas fueron sometidas durante años a un régimen concentracionario, donde se les imponía un estricto régimen de vida: una hora para despertarse y acostarse, los paramilitares disponían de las mujeres, de las personas para esclavizarlas como peones en sus fincas… En fin, un régimen dantesco. Allí, Carmelo Agámez logró organizar al movimiento campesino, y llevó a la cárcel, no solamente a los paramilitares, sino a sus aliados políticos, sus jefes políticos. Y una vez que se logró esto, Carmelo fue acusado de ser aliado de los paramilitares. Él, que toda la vida fue su víctima, terminó siendo acusado por ellos, como forma de venganza, para llevarlo a la cárcel. Hace un año que Carmelo está en prisión. Yo lo fui a visitar hace unos meses. En la prisión hay 70 personas: 69 son paramilitares y políticos aliados de los paramilitares, y Carmelo vive en compañía de esta gente. Como puede entenderse, es una situación de inmensa peligrosidad, y, a pesar de eso, Carmelo sigue sosteniendo su lucha desde la cárcel.


La campaña electoral ya comenzó en Colombia, y la retórica guerrerista con respecto a Venezuela trata de rendir resultados en términos de apoyo al gobierno, o de solapamiento de otros problemas que tiene el país. ¿Cuál es la opción de las víctimas en este contexto, donde parece cada vez más difícil hablar de las situaciones de violación de derechos humanos y de lo que hay que reparar dentro del país?

Yo creo que nosotros estamos cada vez más cercanos de una acción política directa. El movimiento de víctimas ha dado una lucha jurídica, una lucha por ganar espacios, pero eso se muestra cada vez más insuficiente. No basta meter a los políticos a la cárcel: hay que ganar espacios políticos. Y creo que el movimiento social en Colombia ha comenzado una discusión sobre ese tema. Existen partidos políticos, es cierto, pero las víctimas y los movimientos sociales quieren tener poder, y quieren ejercer el poder.

Ahora, lo que está ocurriendo en Colombia con relación a Venezuela es una estrategia de largo alcance. Hay que recordar que, en los últimos años, se han ido produciendo, uno tras otro, varios golpes de estado. Primero se le dio un golpe de estado al presidente Hugo Chávez, posteriormente se intentó dar un golpe al presidente Evo Morales, más recientemente en Honduras se ha producido el golpe impune del señor Micheletti. Aquí lo que hay es un plan claramente articulado para acabar con estos gobiernos, y, sobre todo, para acabar con el proceso de integración latinoamericana.

Aquí el objetivo esencial no es uno u otro gobierno, es la unión de los países latinoamericanos en torno a una nueva política, a una nueva economía, a un nuevo tipo de relaciones que puedan configurar una fuerza que se oponga con claridad a unas relaciones tradicionalmente coloniales e imperiales.

En este contexto, por supuesto, el gobierno del presidente Uribe es una pieza central. Algunos hablan ya de que Colombia es una especie de portaaviones de Estados Unidos en América Latina, y creo que esas no son palabras exageradas. Estamos asistiendo a un contexto en el cual se ha creado una plataforma para agredir de manera clara ese proceso de integración. Y en las elecciones que vienen ese va a ser un tema a discusión, por supuesto, y las víctimas vamos a tomar partido y a tomar opción por enfrentarnos a ese tipo de proyecto que quieren destruir la unidad latinoamericana.


¿Cuáles son las exigencias de las víctimas en Colombia hacia la Unión Europea y sus gobiernos, en cuanto a la política exterior que deberían seguir con respecto al Estado colombiano?

Yo creo que los gobiernos colombianos han sido tratados con una extrema indulgencia, por decirlo de la manera más eufemística. Se ha tolerado durante años, a través de declaraciones supremamente tímidas, una situación que, de lejos, es la más grave en cuanto a derechos humanos en el hemisferio occidental.

Hablamos de un país que tiene una guerra de 50 años, el 10% de su población en la miseria por el desplazamiento forzado, un país en el que los crímenes de personalidades y de personas que defienden los derechos humanos son hechos cotidianos.

Y a todo esto se le intenta poner siempre paños de agua tibia, diciendo que son situaciones producto del terrorismo, producto de la lucha contra el narcotráfico.

Es hora de que los gobiernos europeos dejen la hipocresía, afronten los hechos que suceden en Colombia con la gravedad que tienen, y propongan salidas acordes. No digo que todos los gobiernos se comporten de esta forma, pero hay sectores y partidos políticos en Europa para los cuales es tolerable una situación que, vista de manera objetiva, no es otra cosa que un inmenso río de sangre. Una realidad totalmente antidemocrática y contra los derechos humanos.

Entrevista también disponible en:
REBELION
Kaos en la Red

viernes, 11 de diciembre de 2009

Enrique Santiago: “La ficción de que Colombia es un Estado de Derecho ya no se sostiene en Europa”

LANZAN CAMPAÑA INTERNACIONAL EN APOYO A LOS DEFENSORES DE LOS DERECHOS HUMANOS EN COLOMBIA

Por: Patricia Rivas


El abogado español Enrique Santiago, especialista en DD.HH., ha sido también secretario general de la CEAR (Comisión Española de Ayuda al Refugiado).

En Europa se han prendido las alarmas. La crisis humanitaria que Colombia arrastra como consecuencia de 60 años de conflicto armado interno y de guerra sucia, se agrava con la persecución por elementos estatales y paraestatales de las personas que se atreven a defender los derechos humanos.

Con el escándalo destapado en abril de 2009 (1), se constató que en los últimos siete años, el principal organismo de inteligencia del Estado colombiano, el Departamento Administrativo de Seguridad (DAS), ha interceptado ilegalmente las comunicaciones de las organizaciones defensoras de los derechos humanos, de periodistas y hasta de jueces de la Suprema Corte. Directivos del DAS están acusados de colaborar con los paramilitares, de restringir las misiones internacionales de derechos humanos que visitan Colombia, de amenazar, neutralizar y restringir la labor de los defensores o de montar juicios sin fundamento en su contra.

Éste es el motivo que ha llevado a la Oficina Internacional de Derechos Humanos - Acción Colombia, que agrupa a más de 30 organizaciones de derechos humanos de diez países europeos, a lanzar en Madrid una campaña por el derecho a defender los derechos humanos en Colombia.

En el marco de la reciente presentación de la campaña, conversamos con Enrique Santiago, Secretario General del Instituto de Estudios Políticos para América Latina y África (IEPALA) y Portavoz de la Plataforma Justicia por Colombia de España


Usted ha formado parte de varias comisiones internacionales de verificación sobre el terreno y ha estado recientemente en Colombia. ¿Cuál es el balance de la situación de derechos humanos en Colombia?

No se aprecian cambios sustanciales en la situación de vulneración sistemática de los derechos humanos. Sigue existiendo una alta impunidad judicial de estos delitos, y una inactividad generalizada por parte de la Fiscalía y también de la Procuraduría. Y se ha confirmado lo que era un secreto a voces: la intervención directa de las fuerzas armadas colombianas y de los cuerpos policiales en la vulneración de los derechos humanos, en el escándalo –no el único, pero quizá el más significativo- de los “falsos positivos” (2).


La versión oficial indica que con la Ley de Justicia y Paz se produjo la desmovilización de los grupos paramilitares, pero sobre el terreno se constata que siguen existiendo, en muchos casos formados por los mismos actores y dirigidos por los mismos intereses políticos, tanto territoriales, como vinculados a la oligarquía colombiana.

Y en los últimos meses se ha puesto de manifiesto una intervención directa por parte del Estado colombiano en las políticas de acoso a defensores de los derechos humanos, oposición política, líderes sindicales y líderes ciudadanos, y un elemento más: un acoso también contra el poder judicial colombiano, que hasta ahora se había mantenido independiente del poder omnímodo del Estado, representado por el presidente Uribe.

El escándalo de las interceptaciones telefónicas del DAS no sólo incluye escuchas sin autorización judicial e intromisión en la vida privada, sino la utilización de esos datos de seguridad para la realización de atentados. Ha quedado confirmado cómo el propio DAS pasó datos y ordenó a organizaciones paramilitares la eliminación de dirigentes sindicales y sociales, que debían estar protegidos precisamente por el organismo.

El balance no puede ser entonces más negativo. Lo más preocupante es que muchas instituciones colombianas, seguidas en muchos casos por gobiernos de la Unión Europea, aceptan que el problema del paramilitarismo en Colombia es cosa del pasado. Así, no pueden existir víctimas de los paramilitares, puesto que no hay organizaciones paramilitares. Esto provoca una serie de problemas en cadena: no reconocimiento de atención social, no acceso a los mecanismos de verdad contemplados en la Ley de Justicia y Paz, y, sobre todo, falta de reconocimiento por parte de los gobiernos de la Unión Europea de que el problema sigue existiendo y sigue provocando víctimas a diario. Ahora mismo nos han llegado alertas de organizaciones de derechos humanos colombianas, sobre desapariciones de líderes comunales durante esta semana atribuidas a organizaciones paramilitares.


Desde Europa tiende a verse la realidad colombiana con cierta “conciencia limpia”. ¿Qué responsabilidad le cabe a los capitales europeos que están invirtiendo y obteniendo jugosos beneficios en Colombia desde hace ya muchos años?

De una parte, los gobiernos de la Unión Europea llevan adelante su política exterior y defienden sus intereses diplomáticos supeditados a lo que ellos denominan los intereses de las respectivas compañías multinacionales de cada país. Estamos acostumbrados, por lo menos aquí en España, a que después de las reuniones del Consejo de Ministros se nos ilustre por parte de sus portavoces, manifestando que “el Gobierno español defiende los intereses de las compañías españolas en América Latina, puesto que es defender los intereses de España”. Sin embargo, cuando estas compañías vulneran convenios internacionales, por ejemplo, los convenios de la OIT, convenios medioambientales, convenios sobre los derechos de los pueblos indígenas, etc., se produce el curioso efecto de que estos mismos gobiernos eluden cualquier tipo de responsabilidad alegando que se trata de actores privados sobre los cuales el Gobierno no tiene ninguna influencia ni es responsable de sus actividades.

Hay una contradicción evidente entre unos gobiernos que defienden los intereses de esas compañías, aunque sean contrarios, como sucede la mayoría de las veces, a los intereses de los pueblos de América Latina, y aunque las actuaciones de estas compañías vulneren los derechos humanos. Y, por otro lado, cuando se les pide una intervención para contribuir a frenar esas vulneraciones, esas intromisiones en las esferas políticas y sociales que las multinacionales realizan, los gobiernos europeos se niegan a intervenir aduciendo la supuesta independencia de las empresas.


En el caso particular del gobierno español, en la última década hemos pasado por gobiernos de la derecha, del Partido Popular, y de la supuesta izquierda representada por el Partido Socialista. ¿Qué balance se puede hacer de la política exterior de los gobiernos españoles con respecto a Colombia?

Al margen de quién gobierne, la política de España con respecto a Colombia siempre es la misma, y parte de una primera ficción: considerar que Colombia es un Estado de Derecho homologable y que, a partir de ahí, no pueden haber interferencias en las actuaciones del gobierno colombiano.

Pero es un gobierno sustentado por unas fuerzas políticas con más de 60 diputados y senadores procesados o encarcelados por vínculos con organizaciones terroristas de extrema derecha. Un gobierno que ha puesto en marcha la política de persecución y criminalización de movimientos sociales, defensores de derechos humanos, y de escuchas y acoso al poder judicial. Un gobierno que permite la connivencia entre fuerzas de orden público y paramilitares, y que ha utilizado todos los mecanismos, como el de la extradición, para evitar que los dirigentes de estas organizaciones criminales le hablaran a la opinión pública y le contaran la verdad sobre la implicación directa del Estado colombiano en la organización de los grupos paramilitares y en la fijación de sus objetivos.

En ese contexto, no se sostiene que el gobierno español mantenga la ficción de que Colombia es un Estado de Derecho, que lleva aparejada otra serie de consecuencias: en primer lugar, se sigue vendiendo armamento a Colombia. Una venta que se presenta como material militar sin carácter ofensivo, donde el Gobierno español aduce que las ventas se limitan a medios de transporte o sistemas de comunicación. Pues bien, como se ha acreditado, esos elementos son usados en los mecanismos de criminalización de la sociedad civil, persecución de la oposición y vulneración sistemática de los derechos humanos.

El Gobierno español, además, se niega a utilizar mecanismos comerciales de que dispone la Unión Europea, para obligar al Gobierno colombiano a respetar los derechos humanos. Se utiliza con Colombia el SGP Plus, un mecanismo de privilegio de la Unión Europea hacia los gobiernos con los que hay políticas de cooperación, como si no existiera el conflicto armado interno, que lo hay, presentado como un mero problema entre terrorismo y Estado, y como si no se dieran estas vulneraciones de los derechos humanos.

En las políticas de cooperación al desarrollo, se mantienen aparatos del Estado colombiano que deberían estar velando por la salvaguarda de los derechos de las víctimas y no lo hacen. Como la Agencia de Acción Social, una dependencia de la Presidencia colombiana, que es el organismo principal encargado de atender a las víctimas, cuyos dirigentes han sido judicializados en varias ocasiones por desvío de fondos. El 80% de los fondos manejados por esa Agencia, que no llega a las víctimas, procede de la cooperación internacional, incluida España.
Y podríamos abundar en la actuación de determinados gobiernos regionales en España. Es ilustrativa la actuación de la Comunidad de Madrid, gobernada por el Partido Popular, que a través de líneas de Medio Ambiente financia los sistemas de los llamados “guardabosques” en Colombia, que es, ni más ni menos, la reconversión de antiguos paramilitares en informantes a favor del ejército y de lo que ahora son las “nuevas bandas emergentes”, que siguen siendo las mismas organizaciones paramilitares.

En la última misión en que estuve en Colombia, hace un mes, comprobamos, con otros miembros de la comunidad internacional, cómo en zonas militarizadas siguen conviviendo, en ámbitos geográficos reducidos, dispositivos del ejército con dispositivos de organizaciones paramilitares, y cómo, por esas mismas zonas, campean a sus anchas todo tipo de narcotraficantes, entran insumos del narcotráfico y salen toneladas de hoja de coca, sin que intervengan las fuerzas de orden público. Y queriendo presentar que la política de lucha contra narcotráfico y terrorismo tiene “un gran éxito, cuando lo único que provoca son mayores daños a la población, más víctimas, y, sobre todo, la no consideración, el no reconocimiento de la existencia de esas víctimas por esa ficción, asumida por los gobiernos europeos y español, de que ya no existen organizaciones paramilitares en Colombia.


¿Cuáles son las principales exigencias que las organizaciones de derechos humanos hacen al Gobierno español, especialmente de cara a la próxima presidencia española de la Unión Europea?

La primera petición que se hace al Gobierno español, en su papel de presidente de turno de la Unión Europea, es que se acabe con la ficción de que Colombia es un Estado de Derecho homologable. En Colombia, existe un conflicto armado interno, desde hace años, y existe un Gobierno que vulnera sistemáticamente la legalidad interna y los tratados internacionales, siempre en perjuicio de la sociedad colombiana. Ésa es la primera exigencia: acabar con esa ficción.

Nos hemos reunido con el Gobierno español y le hemos pedido, expresamente, que se implique en la campaña que las organizaciones de derechos humanos europeas y colombianas han lanzado, para la protección de los defensores de los derechos humanos. Que condicione cualquier tipo de cooperación económica y comercial al desarrollo, o de asistencia técnica, al respeto efectivo de los derechos humanos; que establezca mecanismos de seguimiento y verificación sobre el terreno de la situación de los derechos humanos en Colombia. Y hemos pedido también que cese cualquier venta o transferencia de materiales susceptibles de ser utilizados militar o policialmente, toda vez que estos cuerpos colombianos de la Administración –fuerzas armadas y policía- acaban, inexorablemente, siendo brazos, herramientas de la vulneración de los derechos humanos que padece la población.

(1) Ver http://www.semana.com/noticias-nacion/pruebas-reinas-chuzadas-del-das-encienden-debate/123941.aspx y http://www.semana.com/noticias-nacion/pruebas-reinas-chuzadas-del-das-encienden-debate/123941.aspx

(2) Asesinatos de civiles a manos de las fuerzas de seguridad del Estado colombiano (ejército y policía), presentados luego como “guerrilleros caídos en combate”. Las organizaciones de derechos humanos en Colombia han registrado hasta el momento más de 2.200 casos de ejecuciones extrajudiciales ocurridas en los dos últimos años.

Entrevista emitida en: RADIO DEL SUR
Artículo disponible en: REBELIÓN

martes, 1 de diciembre de 2009

El socialismo no viaja en jet

Por: José Félix Rivas Alvarado (*)

La transición al socialismo no es el vuelo suave en un jet, ni muchos menos tomando una copa de martini. Es un vuelo con turbulencias y, aún más, los pilotos no pueden evitar estas turbulencias sino más bien remontarse sobre ellas.


Interesante cuando la prensa capitalista en su intento de crear desestabilización y anarquía resalta los conflictos de los trabajadores en Guayana, o las manifestaciones de trabajadores públicos. ¿Es que acaso la luchas de los trabajadores por mejores salarios y condiciones laborales no está incluida dentro de los cambios revolucionarios? Uno se pregunta ¿La aparente solidaridad de los medios de comunicación privados con los trabajadores llegará a sus trabajadores incluyendo a los periodistas, reporteros, fotógrafos, obreros, pregoneros, y kiosqueros?

Me preocupa aquellos economistas críticos que tratan de medir el avance o el atraso del socialismo con el Producto Interno Bruto (PIB). El PIB, a pesar de ser una medición estadística con muchas limitaciones, trata de reflejar una realidad, y esa realidad es la realidad de una economía capitalista, y en nuestro caso es más dramático porque es un capitalismo petrolero, subdesarrollado, dependiente y rentista. En el capitalismo hay ciclos, y no se puede esperar una bonanza cuando los precios petroleros se redujeron a la mitad.


Puede caer el PIB pero lo importante es lo qué le pase a la gente. Por ejemplo, puede crecer el PIB pero al mismo tiempo, disminuyen las misiones, cae el consumo, se deteriora la educación, y la participación protagónica del pueblo retrocede, entonces los macroeconomistas pueden llegar a la conclusión parcial de que “estamos creciendo”. Puede crecer el PIB, pero pueden estar creciendo las ganancias y aumenta la brecha entre los poseedores del capital, los que monopolizan la captación de la renta petrolera –por un lado- y los trabajadores que viven de sus remuneraciones

El crecimiento durante casi 6 años, en gran parte se debió a la mejora sustancial del consumo de la mayoría de la población, resultado de la mejora de los ingresos, el mantenimiento del empleo y la existencia de las misiones sociales. Ni siquiera durante los tiempos de grandes turbulencias entre 2002 y 2003 se dejó de tener una acertada política de aumentos salariales. En estos 10 años disminuyó la pobreza extrema y la pobreza general.

Puede caer el PIB pero Caracas está permanentemente bloqueada por un ejército de lujosas camionetas; los establecimientos del Este rico de la ciudad han roto récord de ingresos, algunos no sólo evaden el IVA sino que han ampliado sus locales; privilegiados de las clases media y altas festejan el aumento de sus cuentas en dólares; cae el PIB pero las Casas de Bolsa y la banca viven dentro de un casino especulativo sin riesgos para ellos porque son financiados con la renta petrolera.

El PIB es como una gran torta, y lo importante, además de si ésta crece o disminuye, es cómo se reparte. Y desde el punto de vista del subdesarrollo y la dependencia, lo relevante es con qué materiales se hace y se hornea la torta. La transición hacia una sociedad más justa es un vuelo turbulento, y es ineludible cambiar los ingredientes y la receta con que se cocina el producto social, ni mucho menos se debe evadir la pugna distributiva entre el pueblo trabajador y la oligarquía del capital.

Caracas, 27 de Noviembre de 2009

(*) José Félix Rivas Alvarado es Director del Banco Central de Venezuela.

domingo, 29 de noviembre de 2009

El poder del poder

Por: Alfredo Molano


ENTRE DORMIDO Y DESPIERTO, EL Ministro de Defensa declaró que lo que asegura la Fundación Arco Iris es falso y que el crecimiento de guerrillas y de paramilitares no equivale a un fracaso de la Seguridad Democrática ni, por tanto, un debilitamiento del Uribato.


Al fin y al cabo, Silva Luján es un empleado del Presidente. Pero en los círculos del poder otra cosa se piensa. La aristocracia de Bogotá —y seguramente la de Popayán y la de Cartagena— ha soportado a Uribe como se aguanta a un mayordomo que sabe capar potros pero que puede quedarse con la casa de la hacienda. Inclusive hasta lo invitan a sentarse un rato en la sala, pero cuando se va, desinfectan la silla. Las cifras de favorabilidad del Príncipe en el país declinan, EE.UU. comienza a desdeñarlo y en Europa lo miran con creciente desconfianza.


En la Corte Constitucional —dicen los que saben hacer cuentas voto por voto— el referendo no pasará; y si pasara, los votos no le sumarían el espaldarazo que requiere la institucionalización del Estado de Opinión. Total, Juan Manuel —que no Uribito— pasará al bate. La oposición tendrá que vérselas con un candidato belicoso y arrogante que nunca ha ganado una elección popular, pero que sabe marcar las cartas bajo la mesa. Como suele pasar, la antipatía que despierta el candidato oficial podría unificar a la oposición en la segunda vuelta. Es a lo que juegan todos los candidatos. Hasta aquí todo, digamos, claro. Pero, lo que ningún candidato —uribista o no— podrá hacer es desmontar la Seguridad Democrática. Y no por convicción, fidelidad, cálculo, encono o todo lo anterior junto, sino porque los militares no cederán un ápice en el poder que han ganado con Uribe.

El gasto militar pasó del 3,6% del PIB al 6,5%, más alto que el porcentaje de EE.UU. (4%), Venezuela (1,7%), y casi igual al de dictaduras como la de Burundi (6,3%). El presupuesto militar se come los de educación, salud, pensiones. Ello ha significado más y mejores armas, nuevas fortalezas militares y más hombres y mujeres en los cuarteles. Las armas que manejan han aumentado su poder no sólo contra sus enemigos, sino sobre los ciudadanos e inclusive sobre el poder civil. El número de efectivos ronda el medio millón: en calles, restaurantes, moteles se ven hoy muchos más uniformados que hace seis años. Tienen todo el derecho a gozar de la vida y a elevar su capacidad de consumo. ¡No faltaba más! Y es precisamente por estas razones que la Fuerza Pública —y todos los que de la guerra se nutren— se ha convertido en un gremio armado. Lo raro es que los ricos al estilo AIS no pagan un día de servicio militar, prefieren pagar el impuesto de guerra. O mejor, pagan uno para no pagar el otro: compran con impuestos el deber de servir como héroes a la afligida patria.

Con el aumento desorbitado del gasto militar, Uribe dejó amarrada por muchos años su política de Seguridad Democrática. Ni Sergio, ni Lucho, ni Petro, ni Pardo, y ni siquiera Vargas Lleras podrían desmontarla. Les pasaría lo que le pasó a Belisario: tendrían también su Palacio de Justicia. Sabia, por tanto, es la sentencia de Turbay Ayala: “En Colombia, o se gobierna con los militares, o no se gobierna”. Menos épica y más folclórica, pero idéntica en el fondo, es la frase que pronunció Uribe en Vichada hace unos días: “Hay que bailar al son que los militares toquen”.

El Espectador (Colombia), 29 de noviembre de 2009.

jueves, 19 de noviembre de 2009

Piratas, espejitos y oro (IV)

Por: José Félix Rivas Alvarado


Sede del Banco Central de Venezuela, en Caracas.

La semana pasada se libró en la sede del Banco Central de Venezuela una significativa batalla contra el totalitarismo establecido por el pensamiento neoliberal. Se iniciaron las Jornadas Permanentes de Economía Política Latinoamericana, cuyo primer ciclo se extenderá hasta junio de 2010. En esta oportunidad se trató el tema de la crisis del capitalismo, desde nuestra perspectiva latinoamericana. Además de los ponentes que vinieron de México, Cuba, Brasil, Chile y Venezuela, la capacidad del auditorio fue rebasada por estudiantes, trabajadores públicos, docentes, ministros y organizaciones populares. No era ni será un encuentro de intelectuales, lo cual hay que reconocer que es también necesario. Es más un encuentro entre la acción y la reflexión, entre la academia latinoamericana y el compromiso con la construcción de la patria americana.

Algunas coincidencias y conclusiones merecen ser resaltadas:

1) La crisis no es sólo financiera. El problema no es un asunto sólo de bancos, especuladores financieros y organismos multilaterales. La crisis está muy cerca de la lavandera mexicana que gana, por su trabajo en Nueva York, un salario menor al mínimo estadounidense pero mayor al que obtendría en su país. La crisis está muy cerca de los recursos naturales saqueados por las trasnacionales que, con su voracidad, han causado un desastre ecológico mundial. Las grandes cadenas trasnacionales de noticias manipulan la interpretación de la realidad pensando que, de esta forma, viendo a través de sus lentes, nos convirtamos en ciegos.


2) La causa de la crisis no es de origen ético. El capitalismo es delictual por naturaleza. Adora a Hermes, Dios griego de los comerciantes y de los ladrones.
3) Los pies de barro de los mitos neoliberales quedaron descubiertos. Millones de personas en América Latina y en el mundo compraron una mercancía fraudulenta: no intervención del Estado, libre mercado, privatizaciones, inversión extranjera…amén. ¿Quién cree hoy en esas letanías de los profetas neoliberales?
4) El modelo de desarrollo neoliberal conduce a más dependencia. Promueve un crecimiento basado en la explotación de los recursos naturales, en el endeudamiento externo y en el libre mercado. Nuestros recursos naturales y la sobreexplotación de nuestra fuerza de trabajo permiten el desarrollo de los centros del capitalismo.
5) La integración a ellos, significa la desintegración de nosotros. Hay que buscar nuestra integración, pero tratando de no calcar el patrón de los dominadores.
6) Pregunta no hecha por ningún periodista: ¿Por qué un Banco Central está promoviendo el rescate del pensamiento crítico latinoamericano? La respuesta la dio uno de los ponentes: “…porque hay que ser herejes, y lo más herejes posible, porque aún siendo herejes las viejas ideas nos siguen influyendo”

Caracas, 20 de Noviembre de 2009

martes, 17 de noviembre de 2009

Piratas, espejitos y oro

Por: José Félix Rivas Alvarado (*)

Cuando existía la réplica de la nao Santa María en el ahora Parque Miranda, mis dos hijos se acostumbraron a ver el “Barco del Pirata”. Luego, más adelante, cuando descubrían en el colegio que su padre le había dado una versión diferente a la historia oficial, tenía que encargarme de explicar mis argumentos. Era una excelente oportunidad para la educación de la resistencia.

1492. En ese momento histórico, desde los desconocidos ojos europeos, fuimos un accidente. Los corsarios, buscando otra dirección llegaron a estas tierras. Entre la planificación y el azar nuestro devenir se ha ido tejiendo; entre pólvora, epidemias, sangre y misas en latín.


Europa se sacó la lotería cuando, por equivocación, nos encontró. El desarrollo del capitalismo en su territorio no hubiese dado el salto cualitativo sin el aporte de éste continente. Nos insertamos de este modo en el proceso de acumulación capitalista, suministramos el oro (que en ese momento también era dinero), alimentos, minerales metálicos y una serie de productos primarios que permitieron una expansión inédita del régimen del capital.

De ahí se estableció una “condición de dependencia” entre la periferia del sistema capitalista mundial y sus centros de acumulación, En esta historia, nosotros nos convertimos en economías principalmente primario-exportadoras de productos que servían para alimentar a las poblaciones europeas y posteriormente, con la Revolución Industrial, de metales para construir las máquinas, los transportes y las vías de comunicación necesarios para ese explosivo proceso productivo. Pero al mismo tiempo, se conformó en nuestras fronteras una estructura importadora de los bienes finales provenientes de los centros.

Desde esos tiempos, cuando se forjan las cadenas de dominación y dependencia, hasta ahora han transcurrido otras fases del desarrollo del sistema capitalista mundial. Comprender estos condicionantes históricos es fundamental para la construcción de alternativas. Los problemas a enfrentar a través de las políticas económicas tienen sus raíces hundidas en esta historia. Empecemos por explicar por qué somos exportadores de acero y no podemos fabricar un tractor o una rastra, menos un avión o un barco.

Caracas, 16 de Octubre de 2009.


PIRATAS, ESPEJITOS Y ORO (II)

En el pasado artículo finalizamos con una pregunta ¿Por qué siendo productores de acero, de hierro y de aluminio, no llegamos a fabricar un tractor o una rastra, bienes de capital y equipos necesarios para ampliar nuestra producción agrícola y, de esa forma, disminuir la vulnerabilidad alimentaria? ¿Por qué teniendo una industria petroquímica, los cascos de seguridad que utilizan los obreros en Guayana son made in Italy? Responder estas preguntas nos lleva a reconocer lo que pensadores latinoamericanos como Celso Furtado o Ruy Mario Marini, llamaron “condición de dependencia”.

Desde la colonia hasta la fecha seguimos enganchados en una división internacional del trabajo que nos condena a ser vendedores de materias primas y compradores de manufacturas. Nuestro petróleo ha permitido desarrollar la industria de las economías mundiales. Las calles de Nueva York y otras ciudades usamericanas se pavimentaron con el asfalto de nuestro oriente. Somos importadores de cacerolas o de tuberías fabricadas con materias primas que exportamos o que exportan otros países que están atados en la misma condición. El oro que sale de nuestras grandes reservas, localizadas en el sur de nuestro territorio, es succionado por las venas abiertas legales e ilegales.

Las estrategias de desarrollo llevadas a cabo por la democracia burguesa validaron estas cadenas de dependencia y dominación. El megaproyecto de inversión de Guayana estuvo orientado por esta racionalidad dependiente y bajo la tutela de los dominadores. Su diseño, expresado en su escala productiva, siempre estuvo dirigido a fortalecer las cadenas de valorización de las grandes empresas trasnacionales. Es así que heredamos una CVG orientada a un desarrollo exógeno y, por tanto, desarticulada del resto del aparato productivo nacional.

En la IV República, nuestros sectores dominantes locales, en santa alianza con el capital trasnacional, apoyaron un camino que fortalecía la dependencia. En los años 70 la bonanza petrolera permitió continuar el financiamiento del subdesarrollo. La deuda externa no sólo continuó financiando este modelo capitalista dependiente sino que nos inició en la nueva forma de sujeción: la dependencia con el capital financiero. Situación paradójica por demás, en un país cuya condición petrolera le garantizaba una cuantiosa renta. Desde los años setenta no sólo exportamos materias primas, sino que empezamos a exportar renta petrolera a través de la deuda externa.

En los próximos artículos continuaremos esta reflexión sobre cómo, después de tantos años, seguimos vendiendo oro por espejitos y por espejismos.

Caracas 28 de Octubre de 2009.


PIRATAS, ESPEJITOS Y ORO (III)

Algunas personas, de forma ingenua, llegaron a pensar que el proyecto de la Corporación Venezolana de Guayana (CVG) en algún momento estaba orientado, desde su concepción hasta sus mejores tiempos, al “desarrollo nacional”. En otros casos, esta convicción era consecuencia de la identificación con enfoques teóricos que justifican este tipo de megaproyectos, especialmente el enfoque que inició su moda desde finales de los años 40 y mediados de los 50, me refiero a la visión de desarrollo promovida por la teoría del crecimiento neoclásica, entre cuyos más destacados teóricos destacan Robert Solow, Walt Rostow y Rosenstein-Rodan. Considerando de dónde vino el conocimiento que inspiró estos experimentos de industrialización en nuestra tierras, ya se puede asegurar que la historia empezó mal, con un “pecado original”, al ser calco y copia de las visiones nacidas en las realidades del capitalismo central. La aplicación mecánica de concepciones nacidas bajo la experiencia del capitalismo en los centros, es producto de lo que se ha denominado la colonización cultural, y expresa una condición de vasallaje y rastacuerismo de parte de nuestras élites pensantes.

Ciertamente, no podemos obviar que, en algunas actividades intermedias y de fabricación de bienes finales, se sintió la tremenda ventaja que era disponer de una gran capacidad para la producción siderúrgica y de aluminio. Muchas medianas y grandes industrias se apoyaron en el tremendo subsidio que le proporcionaba esta condición afortunada de vivir en un país con abundancia de materias primas industriales, recursos que transformados en flujos financieros alimentaron un inmenso poder regional bautizado con la condición de “zarismo de la CVG”. Igualmente, la CVG ha llegado a proveer el 70% de la energía eléctrica que consume el país, dado su inmenso potencial hidroeléctrico. Energía muy barata, si lo vemos en términos de los costos de producción, pero que servía para apuntalar la acumulación de capital principalmente en el exterior y residualmente en el interior de nuestra economía.

Sin embargo, la relación predominante en el modelo promovido por este proyecto, era la de articularse con las cadenas de valorización de los principales protagonistas del proceso de acumulación a escala mundial: las grandes empresas trasnacionales (ETNs). Considerando esta condición de dependencia, somos productores y exportadores de materias primas industriales baratas, al mismo tiempo que suministramos energía barata al exterior. Nuestra industria básica era, y es básica, para apoyar el proceso de acumulación y de crecimiento de las economías beneficiadas por la actividad de las trasnacionales, las economías centrales. En ese momento es cuando comprendemos, que estos “polos de desarrollo” sí fueron diseñadas para promover el desarrollo, pero el desarrollo de ellos, los del Norte, tal como lo señaló en el caso venezolano el desaparecido profesor Max Flores Díaz.

Esto significa que, por defecto, estos procesos no promueven el desarrollo tal como creen algunos desarrollistas ingenuos o como creen los feligreses del paradigma neoclásico que reduce la noción de desarrollo a la de crecimiento. Estos procesos se concibieron realmente para promover el subdesarrollo y la dependencia. La CVG es un ejemplo, por demás muy pedagógico por ser ilustrativo, casi caricaturesco. Promovieron y promueven el desarrollo de ellos y el subdesarrollo de nosotros, porque tal como lo señalaron Gunder Frank, Mauro Marini, Armando Córdova, y Furtado entre otros de nuestros pensadores: la historia de ellos y la de nosotros forma parte de una misma trama.

Para comprender la conformación de nuestra estructura productiva en el último siglo, tenemos que comprender nuestra inserción en un proceso más amplio como la conformación del Sistema Capitalista Mundial.

Caracas, 06 de Noviembre de 2009.


(*) José Félix Rivas Alvarado es economista, actual director del Banco Central de Venezuela. Ex viceministro de Planificación y Desarrollo económico. Magíster Scientiarum en Desarrollo Económico en el Cendes. Profesor de economía y macroeconomía de los más importantes institutos y universidades venezolanos. Estos artículos han sido publicados en el diario "El Correo del Orinoco", de Venezuela, y cedidos por su autor.

sábado, 18 de julio de 2009

El cuento viejo de las nuevas bases militares estadounidenses en Colombia

Un atentado a la soberanía y la estabilidad regionales

Por: Juan Alberto Sánchez Marín

Durante 2005, según cálculos oficiales, el alto mando militar tenía desplegados en las bases estadounidenses en el exterior 196 mil soldados, otro tanto de empleados y funcionarios civiles del Departamento de Defensa y 81 mil trabajadores extranjeros contratados.


Dice la Wikipedia, enciclopedia libre de la red, que le dio en la cabeza a un Artrópodo como Microsoft y le sacó de circulación su Encarta, que “una base militar es una instalación que es propiedad directa y operada por y/o para el ejército o una de sus ramas. En su mayoría acogen material y personal militar, así como instalaciones para entrenamiento y operaciones”.

Dice el gobierno colombiano, que ni es libre ni mucho menos tiene apuntes enciclopédicos, sobre las bases militares gringas, que de labios para afuera se instalarán pronto en el país y que corazón adentro ya están operando hace años y a sus anchas, dice que estas serán más bien centros de intercambio, formación, cooperación, en fin, cosas amables y beneficiosas que lo extraño es que no hayan sido reconocidas antes y que un gobierno abiertamente sagaz haya tardado dos mandatos para acogerlas en su seno.

Pero la realidad, ay, es otra y bien distinta. Si a la enciclopedia no se le puede creer todo, ni siquiera mucho, a la verborrea subrepticia y culebrera del gobierno hay que creerle menos, o, mejor aún, nada. Por supuesto, la Wikipedia está en lo cierto. Y, también por supuesto, el gobierno no está errado ni es engañado: sólo nos mete los dedos a la boca.

Palabras, sólo palabras

William Brownfield, el embajador de los Estados Unidos, un tejano de pura cepa, que exuda por cada poro la misma patética moral de su anterior jefe, George, a la que se afilia a pasos agigantados el actual, Barak, porque nunca ha tenido otra, dijo hace pocos meses que "Colombia y Estados Unidos estamos colaborando en los esfuerzos contra la droga ilícita, en los esfuerzos contra la delincuencia internacional”. Y, claro, “parte de esa colaboración, sin duda ninguna, requiere acceso a instalaciones entre los dos países y requiere un ajuste".

Ya quisiera yo ver, en medio de tanta reciprocidad, a algún militar colombiano en territorio estadounidense, abriendo la boca para algo más que bostezar. Así fuera en cualquier cenáculo de cortapalos y así fuera para pedir que lo manden de sapo al frente afgano o al iraquí, o a los altos del Golám, “a morir por mis amigos”.

Ahora Brownfield, el pequeño guerrero, egresado del National War College (NWC), una especie de lobanillo en la National Defense University, quien de paso también fue asesor político, entre 1989 y 1990, del Comandante en Jefe del U.S. Southern Command, Comando Sur, en Panamá, insiste en que las bases en Colombia no serán bases, y en todo caso y si por algún azar lo fueran tampoco serán como la Eloy Alfaro de Manta. Así que parece que el desmantelamiento de la base aérea ecuatoriana en los mismo días en los que se anuncia que lo que sea que se monte “para entrenamiento y operaciones” en el país, es mera coincidencia.

Y sostiene el embajador, con un acento de western y un tartamudeo calculados, que lo hacen parecer cándido cuando en verdad es insolente a más no poder, que se trata de una colaboración en la que a los Estados Unidos no sólo van a servirles las bases aéreas, sino también las navales. Que todas les son necesarias a su país para tanquear aviones y barcos, helicópteros y lanchas, en fin.

La misma pavada que ya canturreaba hace meses nuestro actual ministro de Defensa encargado, Freddy Padilla, cuando afirmaba que “una de las funciones que podría asumir Colombia, tras la salida de Estados Unidos de Manta, podría consistir en prestar instalaciones militares para que los aviones americanos se puedan reabastecer y recibir mantenimiento técnico, para evitar que tengan que viajar hasta su país y recibir la misma ayuda que se le puede brindar en Colombia”.

La única diferencia es que nuestro general hablaba de los hechos como dudosos, posibles, quizás deseables, es decir, con los verbos en un modo subjuntivo y en un tiempo digamos que imperfecto, en tanto que el embajador, dando la cara con la impunidad que le otorga ser quien es, en emisión de noticias de televisión del 18 de julio de 2009, lo refería como un hecho no sólo cotidiano, ya en ejercicio, sino como una práctica vieja, sin importancia de lo acostumbrada, o sea, soltando revelaciones en un pretérito perfecto simple del indicativo.

Un tris de memoria

Es una vieja historia la de las bases militares. Los romanos dejaban legiones enteras en las distintas rutas de sus avanzadas coloniales. Esas bases eran la manera obvia de garantizar la sujeción de los territorios conquistados y ocupados. Muy al oriente, unos siglos atrás, Gengis Khan había hecho lo mismo, para hacer posible la cohesión de las miles de tribus que conformaban la colcha de retazos de su imperio. Y España, en su momento, cuando la conquista, atiborró de bases la geografía del Nuevo Mundo. Los hijos de Cristóbal Colón, Diego y Fernando, fueron expertos en el tema. Asesores perfectos aún sin Pentágono. Y España las mantuvo y reforzó durante la colonia, no solo para cuidar las entrañas, sino para defenderse de las bases móviles inglesas y francesas, pioneros como se sabe en las ardides usurpadoras de nuestros tiempos.

Las bases militares son algo consustancial a los afanes imperiales. Ellas permiten mantener bajo control a los pueblos sometidos, sofocar voces y fuegos contrariados, mantener a buen recaudo las riquezas conquistadas, y actuar pronto y a discreción contra cualquier ruido en el sistema.

Estados Unidos, el imperio que en desventura nos toco, ha echado mano de la estratagema desde que es imperio. No le han bastado las incesantes invasiones. En realidad, esas son sólo la fase inicial del cuento. La invasión, el acuerdo, la concesión, por la guerra o por la paz, por presiones, chantaje o voluntad interesada y entreguista de las élites ungidas con el poder local, abren la puerta. Las bases garantizan al gringo adentro.

El Canal de Panamá, desde su inauguración, hasta la entrada en vigencia de los tratados Torrijos – Carter, fue una base militar con canal. Después de eso, no se sabe a ciencia cierta lo que es, pero sí claramente que Panamá érase que se es un pequeño país a un canal pegado. Y la plataforma ahí, más trancada, menos visible, por la que vuelan y revuelan los mismos de antes, aunque ahora el cuartel central del Comando atienda en Miami.

Los Estados Unidos convalidaron internacionalmente el régimen franquista, que tantos devaneos tuvo con la Alemania nazi y la Italia fascista, a punta de bases militares, por la gracia de un tratado oscuro y oculto que todavía no se devela por entero y que facultaba a los Estados Unidos para operarlas con total impunidad. Una aquiescencia costosa, que el país ibérico, ya sin Paco y más de cincuenta años después, sigue pagando por cuotas y a punta de bases estadounidenses autónomas, en un país al que tanto le seducen las autonomías.

Pero no se trata sólo de España. Toda Europa fue minada de bases militares por los Estados Unidos y la OTAN, desde la guerra fría, con el pretexto de hacerle frente a una supuesta e inminente agresión de la Unión Soviética, la cual, claro está, nunca llegó, pero que dejó un cinturón de bases de norte a sur y de este a oeste, la mayor parte de las cuales continúa operativa.

William Brownsfield, embajador de los Estados Unidos en Colombia, fue antes embajador en Venezuela, donde contribuyó a aumentar el clima de tensión entre los dos países, con sus actitudes provocadoras y sus comentarios malintencionados sobre la nacionalización de empresas adelantada por el presidente Hugo Chávez.


Ratones cuidando el queso

América Latina, desde el punto de vista geopolítico, significa para los Estados Unidos exactamente el papel que sus gobiernos le han endilgado con desprecio, desde Harry Truman para acá: el de patio trasero, en el que están los recursos, las reservas, la despensa.

Las bases estadounidense, también por esas casualidades que ya notamos, rodean la Amazonía, pacen junto al Acuífero Guaraní, florecen en las rutas comerciales más importantes, engordan en los lugares estratégicos y acechan como águilas a los gobiernos que no son amigos, que les producen malestar o que causan inestabilidad para sus propósitos, que son todos los de la región, con excepción de Felipe Calderón, en México, Alan García, en Perú, y, quién lo duda, Álvaro Uribe, en Colombia, y no más de 2 o 3 lacayos vergonzantes, en un mapa que suma 36 países.

Algunas de estas bases no tienen límites al número del personal de los Estados Unidos en ellas; le ofrecen acceso a puertos, espacio aéreo e instalaciones de los gobiernos no especificadas consideradas pertinentes; siempre buscan enraizarse, apropiarse, perpetuarse y expandirse en los lugares en los que se instalan; no son transparentes ni están sujetas a fiscalización, y muchas no son cobijadas por las leyes del país en el que están, ni siquiera por las de los propios Estados Unidos o por las leyes internacionales. Todas son un atentado flagrante a la soberanía del país anfitrión, burlando constituciones y llevando a cabo toda clase de funciones soterradas, a parte de las netamente militares, en los terrenos ideológicos, políticos y económicos.

Las gracias de una desgracia

En Colombia, las bases militares estadounidenses siempre han cumplido una función clara, que muy poco tiene que ver con la tergiversación oficial de su cometido, relacionada con pretextos que desmontan las propias cifras de una ojeada.

El combate al narcotráfico es una falacia de la que da cuenta cada informe de Naciones Unidas. El antiguo Plan Colombia, luego Plan Patriota, ahora modelo de la Iniciativa Mérida que se implementa en México, es digno de capítulo aparte. Los mentados logros al respecto devienen de unas magnitudes que se volvieron directamente proporcionales: a mayor inversión, aumento de las fumigaciones con glifosato e incremento de la guerra, el desplazamiento y la persecución, pues más tierras cultivadas con coca y amapola, más “mulas” portando droga en los vientres y más narices enyesadas en las calles de los propios Estados Unidos y Europa.

La militarización constituye el armazón primario sobre el que se monta el proceso de colonización de los Estados Unidos en la región, que se complementa con el andamiaje el económico.

Las bases de Tres Esquinas y Larandia, en el departamento de Caquetá, y de Villavicencio, en el departamento del Meta, que operan con la presencia de aviones y la inteligencia técnica del Pentágono, llevan tiempo apoyando el combate a los grupos subversivos, vigilando las fronteras y soltando en las calles gringos mestizados de afán, consumidores de whiskey, coca y putas silvestres.

Las nuevas instalaciones, según lo reveló la revista colombiana Cambio, son las cinco principales bases de la Fuerza Aérea y la Armada en el país: Apiay, Malambo, Palanquero, Cartagena y Bahía de Málaga. Estas bases harían parte, abiertamente, de la nueva “arquitectura del teatro”, como llama el Comando Sur a la extensa red de facilidades y funciones militares en América Latina y el Caribe, y, de seguro, estos engendros se parecerán más al ambiguo nombre inventado hace unos años por el mismo Comando, las llamadas “localidades de seguridad cooperativa”, CSL (por sus siglas en inglés). Un mecanismo más acorde con los tiempos y los designios actuales, más ágiles, expansivos y peligrosos, de fiera espantada a punta de palos y de los procesos liberadores del vecindario.

Colombia, pues, es el lugar perfecto, geopolíticamente estratégico, con dos mares, cinco fronteras y un presidente vil y servil, un simple mozalbete de espuelas, que los propios gringos ni siquiera tienen que arriar, sino atajarlo. Como cuando pidió a los Estados Unidos, durante la reunión de Davos de enero de 2003, la invasión de la zona del Amazonas, para rematar la lucha contra la guerrilla, y que llegó a impulsar la idea de una "fuerza de paz americana", para que interviniera militarmente en Colombia. Un aliado al que se tiene por el mango.

Un gobierno que se salta las talanqueras legales internas, a espaldas de una Comisión Asesora ornamental, un Congreso propicio, aunque con voces lúcidas e incómodas, unos medios de comunicación que hacen de parlantes de sus frases y comunicados, aunque también con algunas voces claras y chocantes, y un país entero, según sus propias encuestas, inconsecuente y obsecuente.

Un presidente, eso sí, definido y decisivo, que reclamará como un acto más de soberanía la presencia en el país de los estadounidense, sus radares, sus buques, sus aviones y portaviones, por cuanto nos facilitará pelarle los dientes al vecino que sea. Y que reivindicará el acto a través de algún raciocinio para enmarcar: “En las bases de los Estados Unidos instaladas en nuestro territorio, obligamos a los estadounidenses a hacer lo que les venga en gana, dentro o todo el país alrededor de ellas, y nos damos el lujo de ignorar lo que hacen, y, de saberlo, nos permitimos la gracia de que no nos importe.” Queridos compatriotas, ¿qué más queréis?

"Estados Unidos ha atendido durante mucho tiempo sus intereses de seguridad nacional en esfuerzos cooperativos con amigos y aliados en el mundo, algunas veces con bases militares y pequeñas instalaciones de defensa." Esta ironía figura en el portal oficial del gobierno de los EE.UU., cuyas bases alrededor del mundo, según el Pentágono, sumaban 737 en 2007 y 37 de grandes proporciones.

Texto disponible en:
ALAI - Agencia Latinoamericana de Información
Rebelión
Kaos en la Red
Indymedia Colombia
Sur y Sur
TeleSUR
Chamosaurio
El eco de los pasos
Cinoticias - Centro Independiente de Noticias
Señales de los tiempos
Blogueros y corresponsales de la revolución
Enlace Socialista de México
la haine - España
YVKE Mundial

jueves, 16 de julio de 2009

Colombia: De “falsos positivos” a “tangibles simulados”

Fernando Rendón y Evelio Loaiza Muñoz, dos víctimas de una cruzada contra la inteligencia

Por: Juan Alberto Sánchez Marín (YVKE Mundial)

El Festival Internacional de Poesía de Medellín, un evento masivo, ¿incómodo?


El poeta Rendón, hace pocas semanas, y el médico cirujano Evelio Loaiza Muñoz, hace pocos días, fueron acusados de vínculos con el terrorismo, el primero, y de ser cabecilla del ELN, el segundo, en unos montajes judiciales inverosímiles, sólo coherentes con el proceder de un gobierno sin medida ni escrúpulos.


“¿No ha de haber un espíritu valiente? / ¿Siempre se ha de sentir lo que se dice? / ¿Nunca se ha de decir lo que se siente?”. Estos trillados versos de Quevedo definen de pe a pa la palabrería urbista de nuestros tiempos y precisan el discurso serpenteante de los áulicos.

La coherencia es con la tapadera. La mentira es un arma y la sindicación un recurso. Si se dice sí, es que no. Si se dice no, pues es que sí. O que quién sabe. El eufemismo seduce. El disfemismo alterna. Dos verbos, dos sustantivos, algún adjetivo, bastan para enlodar al que sea. Así se calumnian opositores, se carcomen instituciones o se arman expedientes. A la final, en todo caso, la cháchara echa la tierra que más puede sobre ataúdes baratos con muertos de verdad.


Triste y dolorosamente cierto que a los festines de sangre propiciados por el régimen se los denomine: “falsos positivos”. Que a un cáncer cuyas causas hay que hurgarlas en los intríngulis de una ideología enferma y guerrera, todos a una, como en Fuenteovejuna, lo designen como: “casos aislados”.

El vizconde y los medios demediados

Los medios, claro está, hacen eco, retumban. La voz propia es la de la conveniencia. La objetividad periodística es algo que estraga, de tanto tratar de aparentarla todos: la televisión, la radio, la prensa, en fin. Al periodista se le ve atrás la mano negra que lo mueve.

Unos medios mienten más que otros, por supuesto, pero los que se quedan cortos no es por mucha desventaja, ni por falta de ganas. Sólo son mejores para guardar las apariencias, más astutos, quizás, y porque la gallina de los huevos de oro de la publicidad también es esquiva y no anida siempre en la Casa de Nari. Y porque a la hora de la verdad la publicidad y la plata “c'est moi”, y también "L'état c'est moi" (“el estado soy yo”), según Luis XIV, y hasta "la tradizione sono io" (“la tradición soy yo”), según el Pío Nono. Así, cualquiera.

Y si no hay más remedio que registrar el huevo que le entregó una joven con muchos huevos a Uribe, pues que sea de afán y sin repeticiones. Y si toca divulgar el desliz de 30 o 40 o muchísimos más subalternos, dedicados a la amarga cetrería de pobres para presentarlos como trofeos de guerra, pues que se enfatice la gracia y la perspicacia de nombrar con tanto gracejo ese mundo reciente, en el que esas muchas e infames cosas carecían de nombre, pues así no hubo ni habrá que mencionarlas señalándolas con el dedo. Mejor todavía, que se le caiga al caído de David Murcia, que ya Sarmiento Angulo dará el “Aval” para tal.

De la bala a la bola

En este país son muchos los transeúntes desprevenidos que caen como pollos en cualquier parque o esquina víctimas del fuego cruzado de los violentos. Y, por desgracia, cada vez son más los niños que cruzan la calle equivocada y se topan con la bala perdida. Una bala que igual procede del revólver hechizo del atracador de baja estofa, de la escuadra automática del sicario o del paramilitar, o del guerrillero, o del hombre bueno y querido al que se le soltaron las amarras, o del arma de dotación del policía o del soldado.

Pero estas refriegas fortuitas no tendrían nada extraordinario en un país que vive desde hace décadas una guerra frontal, con cuatro o más ejércitos armados hasta los dientes, interesados y empeñados en mantenerla, pues constituye su sostén. Guerra declarada o no, la verdad, importa bien poco, pues las cifras hablan solas. Los múltiples ríos de un país tan acuoso lo gritan portando cuerpos podridos de arriba abajo, o, para no ir más allá de las propias narices, lo berrean los cientos de desplazados que ahora están plantados sin tierra ni futuro en pleno corazón de Bogotá, en un parque que no podría tener un nombre más sarcástico: Tercer Milenio, como evidencia del tiempo de zozobra que es la paz lograda a tiros y bellaquerías.

Pero, decía, lo que tiene esto de extravagante es que cualquier paisano medio pensante, que nade contracorriente, que exprese lo que piensa, o que apenas diga que esta boca es mía, no necesita medir cuadras o tomarse una café afuera a deshoras. Puede toparse de bruces con la balacera en la propia alcoba, bajo la cobija, o en el baño de su casa, empeloto. Porque la claridad política se arregla con un manto de tinieblas. Tanta “pensadera” se endereza a punta de escarmientos. La palabra que clama pidiendo justicia se repara a tiros. Como dirían, en un fenómeno diacrónico, cualquier Adolf Eichmann o algún José Obdulio: “La solución final al problema opositor”.

Y la estrategia, que lo es, también chuza teléfonos, formatea computadoras, avienta boñiga a diestra y siniestra, emponzoña los fastidiosos discursos presidenciales, y, en pocas palabras, busca desenfrenadamente resquicios, gazapos en la vida de cualquiera, y si no los halla, los crea y recrea. Y ahí se regodea.

Fernando Rendón

En diciembre pasado, Patricia Ariza, poeta, teatrera, directora de la Corporación Colombiana de Teatro, y Carlos Satizábal, dramaturgo y profesor de la Universidad Nacional, figuraron en un expediente judicial como supuestos miembros del PC3, el partido clandestino de las Farc, vinculados a un proceso de 500 páginas redactado por un oficial de pluma fácil y un patrullero de la Policía locuaz. Esa era una entre las muchas señales de alarma en un campo cada vez más minado para volarle el cuerpo a la oposición, en una tierra de nadie en donde los peligrosos son los que pregonan la tranquilidad y el orden a cuentas de camándula, golpes de pecho y consejos comunales.

Fernando Rendón no sólo domina con pericia el viejo arte de poner en juego la imaginación mediante las palabras, la poesía, algo más o menos común en Colombia. Si uno habla un rato con él se da cuenta pronto de que, además, le añade a sus versos y a su vida mucho de sensibilidad, sensatez y razón, menjurjes que parecieran escasos en este país y que, desde luego, ubican a cualquiera y de una en la orilla opuesta del uribismo.

Fernando es el alma de la revista Prometeo, una prestigiosa publicación de poesía, con 75 números y 24 años a cuestas, en un país en el que la cultura apenas sirve para negociar y esfumarse, y del Festival Internacional de Poesía de Medellín, el más importante del mundo en su género, ya enrumbado para la edición XX, que mereciera el Premio Nobel Alternativo en 2006 y que este año el Congreso declaró Patrimonio Cultural de la Nación.

Evelio Loaiza Muñoz

Evelio Loaiza Muñoz, por su parte, es cierto que militó en el ELN entre 1969 y 1977, cuando se amnistió, durante el gobierno de López Michelsen, para cambiar de vida, según él mismo. He hablado con sus amigos y conocidos, y todos concuerdan en algo: en que lo logró. Como lo atestiguan 30 años de vida ciudadana y 20 años de trabajo con el ISS. Ahora Evelio está viejo y enfermo, desde hace lustros sigue rutinas que hasta su pequeña perra tiene claras e identificadas. Desalentador que nuestros conspicuos servicios de inteligencia hayan llegado a evidenciarlas con 3 décadas, más que de atraso, de retardo, y muchas incoherencias en los informes, y tanto cobre pelado en las ensambladuras del expediente.

La misma ortodoxia que no le perdona a Evelio haber hecho parte hace años de una agrupación guerrillera y que no le reconoce una amnistía firmada y notariada, sí olvida con notorio descaro los favorcitos de otros a los narcos, hace casi los mismos 30 años, hechos desde la Aeronáutica Civil, que hasta los gringos tienen bien registrados y en estratégico remojo. O, de hace menos, las entradas y salidas por la puerta de atrás de narcos y paramilitares de Palacio, o la reelección truculenta, por ejemplo.

Pero me estoy confundiendo, es cierto. No es igual un presidente que sigue haciendo de las suyas en el poder, para mantenerlo y seguir salvándose, que un médico con 69 años, a la espera de una pensión del ISS, rodeado de pobres y que además tiene el mismo mal de Fernando: le encantan los poemas, y hasta fundó en Sevilla, su pueblo, una casa de poesía.

O que el propio Fernando, alguien tan enrevesado como para ser también gestor y organizador cultural, en un país en el que la cultura vale huevo para los que tienen huevo, que por desgracia insisten en ser hartos.

Y es que le va bien mal a los poetas con los regímenes de malosos. Ni siquiera mencionemos a la España deshilachada de Franco. Quedémonos acá y recordemos los desgraciados años del Estatuto de Seguridad de Turbay Ayala (1978 – 1982), cuando el poeta Luis Vidales, a la sazón con 80 años, fue sacado a empellones de su casa en Teusaquillo, en Bogotá, llevado a las caballerizas de Usaquén, y amarrado semidesnudo a un poste durante toda la noche.

Un sino atroz que también fue el de muchos otros por aquellos días, que ahora ronda con descaro las puertas y se soma por los postigos.

Seguridad democrática y circense

Por suerte, al contrario de tanto eufemismo, la vida misma no es una simple consecuencia lingüística de la “seguridad democrática”. Bien que lo saben Uribe y otros cuantos. De ahí que la búsqueda de una nueva reelección no sea un propósito, sino una urgente necesidad. Hay que seguir evitando a toda costa que las cosas puedan ser llamadas por su nombre. Para que las verdades incómodas no se desatranquen, los payasos, los equilibristas, los malabaristas, los zancudos, los acróbatas, todos, tienen que seguir inventando, armando, cavilando, gerundiando.

Crasa desgracia que personas como Evelio Loaiza Muñoz y Fernando Rendón hayan caído en esos malabares nefastos de tantos señaladores asalariados, funcionarios diligentes, militares acuciosos y patrones ávidos. Y sí no son eufemismos.

Son modalidades de un infortunio aún mayor: tareas, encomiendas, líneas de mando y deberes ciegamente cumplidos, que desgracian por entero al país. Porque, parafraseando a John Donne, en palabras que Hemingway retomó varios siglos más tarde para titular una de sus obras, en este país que se disuelve en pólvora y sangre y mentiras, no hay que preguntar por quién doblan las campanas: doblan por todos.

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martes, 14 de julio de 2009

Evelio Loaiza Muñoz*

Por: Lisandro Duque Naranjo

EL 1º DE JULIO, EN CALI, SE LE HIZO un allanamiento en su casa al médico cirujano Evelio Loaiza Muñoz, por parte del CTI de la Fiscalía y numerosas unidades del ejército que se tomaron por completo la cuadra en ese operativo de captura. Razón del mismo: que el allanado es “miembro de la Dirección Nacional del Eln y comandante del Frente Norte de esa organización”.

La perrita Nieves —mascota de Evelio y su mujer, Ana Luz Pineda— no dejó de ladrarles y tirarles mordiscos a cuantos cumplieron ese aparatoso procedimiento, digno de una celebridad de la delincuencia. Nieves tiene doce años y fue salvada de la calle por la pareja hace diez. Su pelambre es gris, herencia de algún abuelo schnauzer irresponsable. Cuando fueron a llevarse a Evelio, el animal lo agarró de la manga del pantalón para impedir que se consumara la diligencia. Su dueño, entonces, la levantó diciéndole que él no se demoraba, fundiéndose ambos en un abrazo que conmovió a todos los presentes. La funcionaria del CTI alcanzó a decirle a Ana Luz que un hombre así no podía sino ser bueno. Y arrancaron con su preso.


No comparto esa opinión, pues para ser un amor con las mascotas no se necesita ser buena persona. Lo que se manifestó en esa despedida patética entre una pequeña bestia y un ciudadano que cumplirá el 15 de julio 69 años, fue una prueba contundente de la inocencia de éste, la cual deberá tomarse en cuenta a la hora del juicio. En efecto, si Evelio lleva, según el expediente, “quince años comandando en Paraguachón, la Sierra Nevada, el Perijá y el Catatumbo a docenas de guerrilleros elenos con los que ha sembrado el terror”, ¿será que por allá rompía los cercos militares y dejaba acéfalos a sus hombres para volarse a cada rato hacia Cali, a consentir a Nieves, no fuera que ésta se olvidara de moverle la cola y de pararse en las patas para lamerle la cara? Yo tengo también una perra, y sé que éstas se vuelven dignísimas e indiferentes con sus dueños demasiado ausentistas. Al juicio de Evelio debiera llevarse a un especialista en animales afectivos. O citar a la propia Nieves.

Pero no es apenas el instinto de la naturaleza el que concurre a absolver a Evelio. Sus vecinos, en la Ciudadela Comfandi, entre ellos un policía que vive al frente, fueron los primeros en acudir a ofrecer sus testimonios de que llevan quince años viéndolo a diario saliendo por la mañana y regresando por la noche a su casa con su maletín de médico luego de prestar sus servicios a la E.S.E Oriental de los Seguros Sociales en Cali. Y sacando, además, tiempo para atender las emergencias de salud de los del barrio, que se enfermaban tranquilos de saber que contaban, a cualquier hora, con un doctor a mano. Y si algún malicioso preguntara por qué les constaba que tan peligroso cirujano adonde dirigía sus pasos era a su consultorio del ISS, en vez de hacia Paraguachón en La Guajira, están también sus pacientes del Seguro, que han llenado, sin que se les pidiera, de hojas firmadas al abogado en las que testimonian la forma misional como este hombre cumplía su tarea hipocrática.

Y si quedaran dudas, aquí está la prueba reina de cuál ha sido la zona de “operaciones” del cirujano Evelio Loaiza: la resolución del ISS # 900578, del 2009, “confirmando (…) que el tiempo laboral cotizado por el asegurado a entidades de salud del Estado hasta el 28 de febrero de 2009, es de 1.032 semanas, razón por la cual no se le concede la jubilación, pues el tiempo que debe acreditar es de 1.150 semanas”.

Raro un comandante guerrillero de semejante talla, con RUT al día, pasado judicial vigente y elevando derechos de petición ante el ISS para que le reconozcan su jubilación. Y encima de eso sobrándole tiempo para pasársela en el Festival del Bolero en Caicedonia, el de Jazz en Sevilla, el pueblo suyo y mío, en el que fundó, junto a una mano de locos, la Casa de Poesía Pablo Neruda.

Es tan inverosímil todo lo que se le imputa a este hombre, que cuando el general de la III Brigada de Cali, Justo Eliseo Peña, lo presentó esposado ante los medios, se inventó de afán que era “El comandante del Frente Sur Occidental del Eln”, trasladándolo de un solo viajado a una responsabilidad completamente ajena a la que figura en el expediente.
*Miembro del Eln entre 1969 y 1977, año éste en el que, según sus palabras, “abandoné totalmente la militancia insurgente para proyectar de otra manera mi vida personal”.

En la columna: Lo divino y lo humano, del diario El Espectador (Colombia)

jueves, 2 de julio de 2009

Honduras: Al diario “El País” se le sale el golpismo



Por: Patricia Rivas

El buque insignia del Grupo PRISA, el diario de Madrid “El País”, publica este lunes un editorial de esos que hay que guardar, porque revela en toda su dimensión la doble moral y la ideología acomodaticia al poder económico, de éste que trata de presentarse como un diario “de prestigio”, defensor de los valores democráticos y unta de barniz progresista una línea editorial que en nada se diferencia a la derecha más casposa.

El editorial de este lunes, 29 de junio de 2009 se titula “La vuelta del golpe” (http://www.elpais.com/articulo/opinion/vuelta/golpe/elpepuopi/20090629elpepiopi_1/Tes), y es interesante porque la dirección editorial del diario “El País” comienza escribiendo lo evidente: que en Honduras se ha producido un golpe de estado militar completamente denostable y reclamando la restitución del presidente legítimo, Manuel Zelaya… PERO “El País” no se queda ahí. Y subrayamos este pero, porque ahí está el núcleo de la intencionalidad que ha configurado la forma como este diario ha presentado, o mejor dicho, desfigurado la realidad de Honduras durante toda la última semana, desde que los brazos civil y militar de la oligarquía hondureña desafiaron al presidente y sabotearon una consulta popular, una sencilla pregunta al electorado hondureño sobre si estaba de acuerdo o no con la posibilidad de que se pudiera convocar a un referéndum para preguntarle a la ciudadanía si quería una Asamblea Constituyente.

No era -como presentó “El País”- el asunto de la reelección presidencial o la “perpetuación en el poder del presidente”, lo que estaba en juego, ni lo que las élites que siempre han gobernado Honduras rechazaron hasta el punto de quebrar la legalidad constitucional. “El País” lleva una semana presentando al presidente Manuel Zelaya como un “provocador” desafiante a las instituciones democráticas, incluso cuando estaba ya en marcha el golpe militar, con la desobediencia expresa de los militares y su negativa a distribuir las urnas para la consulta del domingo. Por eso, incluso después de conocer el brutal secuestro del presidente y de la canciller, la agresión a los embajadores de Cuba y Venezuela en Honduras por los militares golpistas, y el apagón informativo, el toque de queda y la persecución de dirigentes sociales desatada, el diario “El País” no puede evitar llegar a la conclusión de que el golpe militar es repudiable, pero de alguna forma, “Mel se lo buscó”.

“Pero aunque la condena ha de ser inequívoca y se debe exigir el inmediato regreso del presidente a Tegucigalpa para reasumir funciones, porque el Ejército no es quien para juzgar los actos de Zelaya, no parece que pretenda amodorrarse en las instituciones. Y lo cierto es que ayer domingo el presidente o los militares, unos u otros, iban inevitablemente a violar la legalidad. Zelaya, con una consulta no prevista por la Constitución, y a la que se habían opuesto el Congreso, la autoridad electoral y el Supremo, y los militares tomándose por su mano una justicia que no les corresponde. El Ejército, que ha detenido a la mayoría de los miembros del Ejecutivo y patrulla las calles, parece estar detrás de la designación por el Congreso del presidente de la propia Cámara, Roberto Micheletti, como sucesor de Zelaya. El objetivo sería quitarse el golpe de encima”.

El rotativo estandarte de la socialdemocracia española rechaza única y exclusivamente, el aspecto militar del golpe, mientras avala a los protagonistas civiles de la asonada: la Corte Suprema, el Congreso y el poder electoral.

¿Por qué “El País”, un diario “progresista”, “demócrata”, que hace 30 años incluso veía con simpatía la lucha de los pueblos nicaragüense y salvadoreño por su liberación nacional contra los escuedrones de la muerte, toma hoy partido por la más rancia oligarquía hondureña? Todos sabemos que esta clase política es cómplice del sangriento papel que Honduras ha desempeñado en América Central durante el último siglo, y ahora se aferra a sus privilegios y recurre a sus gorilas, formados por el Pentágono en la Escuela de las Américas, para preservar por la fuerza lo que el pueblo hondureño está desafiando: un marco jurídico-político excluyente, que blinda los privilegios de la clase dominante y es apenas un remedo de democracia.

“El País” revela el porqué de su sesgo en el último párrafo de este sabroso editorial:

“Lo que aquí se dirimía era, en definitiva, el equilibrio de fuerzas en América Latina, de forma que si Zelaya se salía con la suya en la consulta reeleccionista, ganaba terreno el chavismo en América Central, donde ya la Nicaragua de Daniel Ortega hace las veces de fiel escudero del presidente venezolano. Y la misma semana pasada se celebraba, con la asistencia de Zelaya, una solemne ceremonia en Venezuela para subrayar el ingreso de Ecuador en el ALBA, la alternativa económica de Chávez al ALCA que domina Estados Unidos. Pero sea cual fuere el conflicto de ideologías en Iberoamérica, algo ha de quedar claro: los problemas de la política los solventan los políticos, y el Ejército, calladito y encerrado en sus cuarteles”.

Ahora conocemos cuál es, según “El País”, el pecado del presidente constitucional de Honduras: haberse adherido al ALBA, favoreciendo la correlación de fuerzas de la izquierda latinoamericana frente a los intereses de Estados Unidos. Y sabemos también que el diario “El País” se opone única y exclusivamente a la intervención de los militares en política, pero avala completamente las tesis de la oligarquía golpista que controla el poder legislativo, judicial y electoral. Es decir, que si lo que hubiéramos presenciado hubiera sido una destitución del presidente por estos poderes, no habría, según el diario “El País”, mayor conflicto.

Ante esta confesión tan obscena de la ideología que corre por las venas editoriales de este panfleto burgués, lo único que nos resta por añadir, es que “El País” soltó una mentira muy, muy grande y vergonzosa en este mismo editorial, cuando escribe:

“¿Acaso puede tener hoy futuro el golpismo militar en América Latina? La última asonada con éxito se produjo en Ecuador el año 2000, cuando una acción conjunta de fuerzas armadas y movimientos indígenas depuso al presidente Jamil Mahuad, y la siguiente oportunidad ya no pasó de intentona, con ocasión de que el Ejército venezolano depusiera al presidente Hugo Chávez, aunque volvió al poder 48 horas después. La condena era general en América y Europa”.

“¿La condena era general en América y Europa?” No, señores de “El País”, hasta los jóvenes tenemos memoria de lo que ocurrió hace siete años, esa mentira sí no cuela.

La condena no fue general. El gobierno de Estados Unidos avaló el golpe de Estado contra el presidente legítimo de Venezuela, Hugo Chávez, pero fue después de que lo hiciera el cómplice gobierno español del inefable José María Aznar, quien se demoró más en reconocer a los golpistas que el propio ex presidente y amigo carnal (de uña y carne, no sean maliciosos) de connotados golpistas venezolanos, y gurú del diario “El País”, Felipe González.

Lo que fue general en América y Europa fue el apoyo al golpe de Estado en Venezuela, con la excepción de Cuba. Ésa es la verdad que no puede ocultar “El País”, como tampoco puede borrar de las hemerotecas y de los archivos digitales su vergonzoso editorial del día 13 de abril de 2002. Lo reproducimos a continuación, para volver a dejar constancia de la iniquidad, de la traición de este diario a los más elementales principios democráticos, por no hablar de los pueblos y de los oprimidos, que hace ya muchos años que no tienen en “El País” a un defensor, ni a un observador “objetivo”.

Golpe a un caudillo (http://www.elpais.com/articulo/opinion/Golpe/caudillo/elpepiopi/20020413elpepiopi_2/Tes)


13/04/2002

“Sólo un golpe de Estado ha conseguido echar a Hugo Chávez del poder en Venezuela. La situación había alcanzado tal grado de deterioro que este caudillo errático ha recibido un empujón. El ejército, espoleado por la calle, ha puesto fin al sueño de una retórica revolución bolivariana encabezada por un ex golpista que ganó legítimamente las elecciones para, convertirse desde el poder en un autócrata peligroso para su país y el resto del mundo. Las fuerzas armadas, encabezadas por el general Efraín Vásquez, han obrado con celeridad al designar como jefe de un gobierno de transición a un civil, Pedro Carmona Estanga, presidente de la patronal venezolana, a la vez que destituía a los mandos militares compañeros y amigos del depuesto presidente.

Aprovechando la ola de hartazgo de tanta gente con la corrupción del anterior sistema de partidos, Chávez arrasó en las urnas, para hacer luego un uso abusivo de ese poder, con un autoritarismo que llegó incluso a las aulas de los colegios. Su final se veía venir tras las cada vez más numerosas declaraciones de diversos militares, el deterioro de la situación económica y la marea de protesta de la clase media, que creció con la aprobación en diciembre pasado de 49 decretos-leyes de inspiración castrista. Chávez introdujo varios centenares de asesores cubanos en Venezuela, al tiempo que suministraba a La Habana petróleo gratuito, un grifo que ahora se cierra.

La gota que colmó el vaso y levantó a los militares fue la represión protagonizada por la policía y francotiradores adictos a Chávez, que causaron 15 muertos y un centenar de heridos el jueves, en la tercera jornada de una huelga general que unió paradójicamente a sindicatos y empresarios. La protesta recibió un impulso extraordinario cuando paró la estratégica compañía Petróleos de Venezuela (PDVSA) y Chávez ordenó por televisión el cese de algunos de sus directivos. El régimen chavista ha sido tan desastroso que ni siquiera ha sabido gestionar con eficacia esta riqueza nacional, que le convierte en el cuarto exportador mundial, lo que puede obligarle en los próximos meses a bombear y refinar a pleno rendimiento para llenar las cajas de su hacienda pública, en contra de la voluntad de otros países de la OPEP (Organizazión de Países Exportadores de Petróleo), temerosos de que caigan los precios.

La resistencia civil contra Chávez, que atacó a los medios de comunicación y amenazó con nacionalizar las cadenas privadas de televisión, en cuyas emisiones irrumpía, se había organizado en redes que constituyen una esperanzadora semilla de desarrollo de una sociedad civil, y que utilizaron Internet como 'trinchera de la modernidad'. Esta resistencia pacífica esperaba una salida constitucional, aunque fuera para cambiarla a continuación. Por desgracia, lo ocurrido demuestra que en Venezuela el ejército sigue siendo el árbitro de última instancia. A la luz de los hechos, hay que elogiar al menos la decisión de la cúpula militar de ceder el poder a un civil, aunque resulte singular que el elegido sea el presidente de la patronal.

Vaciadas las cúpulas de los partidos políticos tradicionales, es necesario convocar elecciones cuanto antes y redactar una Constitución que restablezca el equilibrio de poderes que Chávez eliminó a su medida, como hiciera Fujimori en Perú. El nuevo presidente interino, Ricardo Carmona, se ha comprometido a nombrar un Gobierno de concentración 'con gente intachable' y a convocar elecciones en el plazo de un año. Además de preparar la transición, tendrá que abordar sin demagogia algunos de los graves problemas sociales que padece el país.

Chávez ha jugado con fuego dentro y fuera. La sombra de EE UU -que importa de Venezuela un 13% del crudo que consume y que ayer le acusó de buscar su propio final- se puede presentir detrás de lo ocurrido. Chávez no parecía haberse percatado de cómo ha cambiado el mundo tras el 11-S: evitó condenar los atentados de Nueva York y el Pentágono, viajó a Bagdad para expresar su apoyo de Sadam Hussein, apoyó la guerrilla colombiana de las FARC, estrechó sus relaciones con Castro y acogió a Montesinos, la mano negra de Fujimori. Retrospectivamente, no es la mejor muestra de acierto que Aznar, al recibirle en Madrid en 1999, subrayara su 'profunda confianza' en Chávez. Tiene ahora, como presidente del Consejo Europeo, una ocasión para que la UE contribuya a la instauración en Venezuela de un régimen democrático normal y estable. Sería bueno que Chávez y algunos de sus colaboradores detenidos rindieran cuentas de sus desmanes autoritarios y corruptos ante los tribunales de su propio país. Su experiencia, como la de Fujimori, debe servir para que se difunda la lección de que la democracia no son sólo votos, sino también usos”.

Artículo disponible en:
Rebelión
YVKE Radio Mundial

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