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BELDADES Y MENTIRAS DE GADAFI

Rodeado de sus beldades, vocifera, desafía, miente. Y la voz telúrica en la tribuna es el canto del cisne.

COLOMBIA: UN PAÍS MINADO POR EL DESPOJO MINERO

En un país en donde nunca estamos sentados a la mesa ni para lo nuestro, no hay otra opción: Terminamos haciendo parte del menú.

REMESAS Y POBREZA EN COLOMBIA: UNA RELACIÓN EVIDENTE

Según previsiones actuales, se recuperarán niveles anteriores de remesas desde el extranjero sólo a partir de 2012 o 2013.

COLOMBIA AFRONTA EL CRECIMIENTO DEL PARAMILITARISMO

La estructura del paramilitarismo se redujo en algunas regiones del país, pero en otras permaneció intacta o hasta creció. .

ENFERMEDADES 'LEVES' QUE MATAN EN COLOMBIA

Los pacientes con diagnóstico de alguna enfermedad prevenible terminan en una gran tragedia personal y familiar, requiriendo cuidados médicos que las entidades designadas no prestan efectivamente.

viernes, 6 de mayo de 2011

“Joaquín Pérez no fue extraditado, sino entregado irregularmente. El Gobierno venezolano aún puede rectificar”

Por: Patricia Rivas


El comunicador Joaquín Pérez Becerra, director de la Agencia de Noticias Nueva Colombia (ANNCOL), ciudadano sueco y ex refugiado con estatuto por ser sobreviviente del genocidio de la Unión Patriótica, por lo que tuvo que huir de Colombia hace dos décadas, fue detenido en el aeropuerto de Caracas el sábado 23 de abril y entregado dos días después al Estado que casi acabó con su vida y asesinó a su esposa y a más de cuatro mil de sus compañeros, militantes, candidatos y cargos electos de este partido. El Gobierno venezolano ha justificado esta entrega "exprés", ejecutada en 48 horas, en el cumplimiento de los convenios internacionales y ha recriminado al Gobierno sueco por no ejecutar el código rojo de Interpol y al propio Joaquín Pérez por viajar a Venezuela, "poniendo en riesgo a la revolución venezolana". Pero más pareciera que el Gobierno venezolano ha sido víctima de una jugada calculada del ejecutivo colombiano, a la que se ha prestado Interpol, y de su propia precipitación y negligencia en el cumplimiento de las leyes. Acudimos a un jurista experto en derecho internacional y defensor incansable de derechos humanos para que nos explique cómo debería haber sido el proceso de extradición de Joaquín Pérez Becerra, si es que un juez colombiano hubiera llegado a requerirla, y cómo se podría reencauzar el caso para que fuera respetuoso de la ley, de los convenios y los tratados internacionales suscritos por Venezuela.

Desde el punto de vista jurídico, ¿hasta qué punto se han vulnerado normas del derecho internacional y del derecho nacional venezolano con esta entrega?

Esta entrega no responde a ningún procedimiento establecido en el derecho internacional y creo que tampoco en el derecho nacional venezolano, porque desde luego, no puede equipararse a un procedimiento de extradición. Un procedimiento de extradición es un procedimiento complejo, que debe ser sustanciado siempre con las debidas garantías de defensa para el extraditable. Estamos hablando de una entrega policial exclusivamente, en la que no se han respetado los derechos del reclamado.

¿Qué es un código rojo de Interpol y qué implica?

El código rojo de Interpol no significa necesariamente una orden de detención internacional. Un código rojo de Interpol es una orden de prioridad que puede ser tanto una orden de ubicación e identificación como una orden de detención, puede ser ambas cosas. Antes de actuar respecto a una persona detenida a consecuencia de un código rojo de Interpol, cualquier Gobierno debe verificar de que clase de código rojo se trata, y a fecha de hoy nadie sabe cuál código rojo tenía Joaquín Pérez Becerra. En principio, un código rojo establece una obligación de actuar para las autoridades del país donde se ubica una persona con tal requerimiento, obligación de que se ubique esta persona y, una vez ubicado, debe ser puesto a disposición de las autoridades hasta que se confirme si hay una orden de detención contra él o no. Porque incluso un código rojo no necesariamente lleva aparejada la posterior orden de detención internacional. Es lo habitual, pero no tiene por qué ser así, podría ser simplemente una orden de ubicación.


¿Cómo es posible que Joaquín Pérez no fuera detenido en Suecia ni en Alemania, habiendo un código rojo de Interpol?

La única explicación que tiene el que, teniendo un código rojo, no hayan sido las autoridades del país donde reside, que en este caso era Suecia y es parte del sistema de Interpol, quienes lo hayan detenido, es que dicha orden de Colombia a Interpol no se hubiera cursado hasta que Joaquín Pérez hubiera abandonado Suecia. No hay otra explicación al hecho de que las autoridades suecas no le hubieran visitado y no lo hubieran –al menos- informado de que tenía un código rojo y, en su caso, le hubieran notificado si ese código rojo llevaba aparejada una detención con fines extradicionales y el inicio de un procedimiento de extradición con puesta a disposición de las autoridades, o bien le hubieran comunicado que se trataba de una solicitud de ubicación.

El hecho de solicitar la extradición de un nacional del país al que se le solicita -por ejemplo, solicitar la extradición de un sueco a Suecia- requiere la aplicación de unas normas específicas que, en resumen, consisten en que el Estado sueco, una vez concluido el procedimiento de extradición y aunque hubiera una resolución judicial de entrega, el Estado sueco puede decidir no entregar a un ciudadano de esa nacionalidad y proceder a juzgarlo en Suecia por los mismos delitos por los que se reclama la extradición. Este supuesto habría sido el más probable en Suecia atendiendo a la condición de Joaquín Pérez como antiguo refugiado en Suecia, considerando que la Convención de Ginebra de 1951 sobre refugiados prohíbe taxativamente la enterga de un refugiado o de quien lo haya sido, al país del que huyó debido a una persecución.

Por ello es absolutamente obligatorio, una vez recibida la solicitud de detención internacional (código rojo), que las autoridades del país donde reside o se encuentra la persona reclamada por Interpol, en primer lugar, se lo notifiquen al reclamado y procedan a garantizar el procedimeinto de extradicion, siempre con intervención judicial, ya sea mediante una detención o mediante una medida cautelar que garantice que el extraditable no pueda abandonar el país hasta que concluya el procedimiento de extradición.

A la vista de lo anterior, todo indica que no existía ningún código rojo ni ninguna orden de detención internacional respecto a Joaquín Pérez mientras que éste se encontraba en Suecia.

Por otra parte, si ha viajado a Venezuela través de Alemania, ha entrado en Alemania y tampoco ha sido advertido por las autoridades alemanas de que existía ese código rojo, es evidente que tampoco existía ninguna reclamación colombiana u orden de Interpol mientras que Joaquín Perez estaba en Alemania.

La orden de Interpol se tiene que haber emitido en el momento en que se subió al avión en Alemania y ya había pasado los controles de fronteras de ese país. Eso encaja perfectamente con la sorpresa que a todo el mundo ha causado el hecho de existir esa orden internacional de detención de Interpol cuando Joaquin Perez llega al aeropuerto de Caracas. Por ello, es obvio el seguimiento que por parte de las autoridades colombianas y, probablemente sin orden judicial, desde Suecia se le venía efectuando a este hombre.

Las autoridades colombianas sabían perfectamente cuándo llegaba a Venezuela, en qué vuelo y desde dónde llegaba. Es decir, estaba siendo sometido a un seguimiento, con lo cual todo indica que ha habido una nueva utilización fraudulenta de Interpol, igual que ocurrió con la intervención de Interpol a solictud de las autoridades colombianas, respecto a los supuestos ordenadores de Raúl Reyes encontrados en el ataque a Sucumbíos: nuevamente en este caso las autoridades colombianas intentaron dar visos de legalidad a una actuación legalmente fraudulenta, a través de la intervención de Interpol. De alguna forma han obtenido la connivencia de Interpol para legalizar una actuación que probablemente ha sido irregular.

Cada vez son más las sospechas sobre el comportamiento imparcial de un organismo como Interpol, no en este sino en otros asuntos. Hay que recordar que, recientemente y por primera vez, en noviembre de 2010, Interpol se ha negado a introducir en su sistema órdenes de busca y captura y detención con fines extradicionales, concretamente las órdenes emitidas por el Juzgado Central de Instrucción nº 1 de la Audiencia Nacional en el caso José Couso, respecto a los tres militares estadounidenses procesados pro el asesinato del cámara de televisón en Bagdad. Ha sido la primera vez en la historia de Interpol que este organismo se ha negado a cumplir una orden judicial. En este caso es todavía más sorprendente esta negativa, porque en la primera fase del proceso de Couso, hasta el año 2007, fecha en que se archivó la causa por orden de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacioanl – luego reabierto por decisión del Tribunal Supremo- los tres militares estadounidenses tenían orden de busca y captura internacional a través del sistema de Interpol, tenían un código rojo e Interpol había introducido los datos. El hecho de que posteriormente, en fechas recientes, Interpol se haya negado a introducir unas órdenes que ya había introducido en su momento alegando que no tiene competencia porque no es una cuestión criminal sino política o militar, que es lo que han alegado en aplicación del artículo 3 del Estatuto de Interpol, viene a poner de manifiesto la deriva en los últimos años, especialmente desde que llegó a la secretaría general de Interpol el señor Noble, y la supeditación absoluta a las indicaciones de Estados Unidos, que son quienes tienen el control de Interpol en estos momentos. Interpol no es un organismo imparcial, sino que es un organismo policial internacional al servicio de los Estados Unidos.

La operación ha sido clara: se ha coordinado con Interpol por parte de las autoridades colombianas, le han cursado la orden de código rojo cuando estaba ya embarcado en el avión desde Alemania, de forma que ni Joaquín Pérez ni nadie podía saber que cuando llegara a Caracas y abandonara la Unión Europea – de la que es ciudadano- iba a tener este código rojo.


La acusación contra Joaquín Pérez Becerra se sustenta, que sepamos, hasta el momento, únicamente en supuestas pruebas halladas en los computadores supuestamente encontrados en el campamento bombardeado de Raúl Reyes. ¿Pero no fue acaso el informe pericial de Interpol el que también, desde el primer momento, puso en duda esas pruebas?

Claro. El informe tenía la finalidad de validar lo actuado por las autoridades colombianas y el contenido que según las autoridades colombianas había en esos ordenadores. Lo que ocurre es que el mismo informe de Interpol, que, claramente tiene esa intencionalidad, no pudo evitar indicar que había irregularidades en el manejo de esos computadores. Y así, Interpol señalaba que había varios miles de archivos con fechas posteriores a la incautación o fechas de manipulación posteriores a la incautación. Y también que había ficheros a los que, en el lapso de tiempo transcurrido entre la supuesta fecha de intervención de los ordenadores y el momento en que se los entregan a Interpol para hacer su informe pericial, se había accedido. Esto lo hace constar el informe de Interpol, si bien ellos luego en el mismo informe intentan dar una explicación diciendo que eso no tiene mayor valor jurídico. Lo que es evidente es que no es Interpol quien tiene que decir si eso tiene o no valor jurídico, eso lo tendrán que decir los jueces en un procedimiento judicial con las debidas garantías.

La intervención de Interpol en todo lo relativo a Colombia ha sido siempre una actuación que ha buscado amparar las maniobras de intoxicación del Gobierno colombiano y legalizar pruebas obtenidas de forma irregular y contraria a derecho.


Una vez aclarado cuál es el procedimiento por el que se pone en marcha el código rojo de Interpol y en qué momento, ¿cuáles son las opciones que las autoridades venezolanas tenían y cuál habría sido la forma legal de proceder en este caso?

El "Acuerdo de cooperación y asistencia judicial en materia penal entre el Gobierno de la República de Colombia y el Gobierno de la República de Venezuela", suscrito en Caracas, el veinte (20) de febrero de mil novecientos noventa y ocho (1998), en su articulo 3 excluye expresamente la detención de personas con el fin de que sean extraditadas, y a las solicitudes de extradición;
Existe un Acuerdo de Extradición suscrito por las Repúblicas de Ecuador, Bolivia, Perú, Colombia y Venezuela, adoptada en Caracas, Venezuela en 1911, que recoge la totalidad de los principios aplicables a los procedimientos de extradición, que se resume en la necesidad de sustanciar un procedimiento judicial antes de acordar la entrega al estado que solicita la extradición.

Por otra parte, la Convención Interamericana sobre Asistencia Mutua en materia penal contempla la entrega temporal de detenidos entre países de la OEA, a efectos únicamente de realizar diligencias judiciales y con obligación de devolución al estado que ha entregado al detenido. Dicha Convención incluso contempla como causa de denegación de la entrega la negativa del afectado.

La extradición se regula en base a unos principios fundamentales que constan en todos los convenios y luego a través de un entramado de convenios bilaterales y multilaterales.

Entre los principios del derecho extradicional destaca que estos procedimientos no pretenden dilucidar la culpabilidad o inocencia del extraditable, sino que se pretenden garantizar el juzgamiento del extraditable en el país que lo requiere o el cumplimiento de una condena si ya hubiera sido condenado, lo que no es el caso de Joaquín Pérez.

En el supuesto de la extradición con fines de ser sometido a juicio en Colombia, es imprescindible verificar que existe una orden de detención emitida por este Estado de forma ajustada a Derecho, y si esa orden de detención se ha emitido por delitos contemplados por las legislaciones de ambos paises el requerido y el que requiere (lo que se conoce como la “doble incriminación”). Posteriormente, siempre en un procedimiento judicial de extradición, es imprescindible verificar si los delitos por los que se pide la extradición no intentan encubrir una acusación de índole política, en cuyo caso nunca se podría conceder la extradición, o si existe alguna circunstancia legal –ser refugiado o haberlo sido por ejemplo- que impida la entrega del extraditable. Y finalmente, los tratados de extradición también tienen que velar por que el extraditable nunca pudiera ser, en el país que pide la extradición, sometido a malos tratos, tortura o ser condenado a una pena que se considere inhumana, cruel o degradante, como pena de muerte, cadena perpetua, trabajos forzados, etc. Es de destacar que el extraditado únicamente podrá ser juzgado en el país al que ha sido entregado pro los delitos que haya establecido el tribunal del país requerido que haya sustanciado el proceso de extradición.

Un procedimiento de extradición no necesariamente significa el encarcelamiento de la persona sometida al mismo, sino que las autoridades del país al que se solicita la extradición tienen que garantizar que esa persona va a estar a disposición del procedimiento extradicional. De hecho, en los procedimientos de extradición únicamente se utiliza la prisión cuando no hay otra forma para garantizar que la persona va a estar a disposición del procedimiento.

Cuando el procedimiento de extradición concluye, una vez verificadas estas cuestiones, y tras la apelación correspondiente, porque siempre ha de existir posibilidad de apelación, entra en funcionamiento la cláusula de soberanía. El país que ha recibido la solicitud de extradición tiene, por varios motivos de índole política, la capacidad para denegar la entrega, con necesidad en ese caso de juzgar al extraditable en ese país, salvo en determinadas circunstancias excepcionales donde no existiría esa obligación.

Si la entrega se deniega porque esa persona es nacional del país al que se le ha pedido la extradición, en ese caso lleva aparejada la obligación de que esa persona sea juzgada en el país que ha denegado la extradición, conforme a las leyes de dicho país y por los hechos de los que se le acusa en el país que ha requerido la extradición.

Pero existe incluso la posibilidad, y se contempla en todos los tratados internacionales, de que, simplemente, atendiendo a criterios políticos, humanitarios o de solidaridad, por una decisión de soberanía política, el poder ejecutivo, que es a quien corresponde la decisión, decida no ejecutar una decisión judicial de extradición.

En todo caso, el procedimiento de extradición tiene que garantizar siempre el derecho a la defensa, que no se produzcan situaciones de indefensión, y garantizar los derechos del ciudadano. En este caso concreto, con Joaquín Pérez Becerra ocurre que esta persona fue refugiado político. La Convención de Ginebra de 1951 –suscrita por Colombia y por Venezuela- y la inmensa mayoría de leyes de extradición contemplan que ninguna persona refugiada o que haya disfrutado del estatuto de refugiado –aunque lo haya perdido luego, ya sea porque haya mejorado su estatus al acceder a la nacionalidad del país que le dio el asilo, que es el caso de Joaquín Pérez Becerra, o incluso en casos de cesación o de exclusión del estatuto de refugiado, por actividades contrarias al Estado que le concedió el asilo, o porque se ha llegado a la conclusión de que esa persona no era merecedora del estatuto de refugiado porque había incurrido en crímenes de guerra o de lesa humanidad (que son causas para cesar el estatuto previamente concedido). Pero incluso en esos casos de cesación o exclusión del estatuto de refugiado, según la Convención de Ginebra y los convenios de extradición de la inmensa mayoría de los países, nunca puede ser entregado un extraditable al país en el que sufrió una persecución que ameritó que se le concediera el asilo. Joaquín Pérez Becerra nunca podría ser entregado en un procedimiento de extradición a Colombia porque es un ciudadano colombiano de origen que tuvo que abandonar su país por sufrir persecución precisamente por parte de las autoridades colombianas y que obtuvo el estatuto de refugiado conforme a la Convención de Ginebra de 1951 en Suecia. Él ahora ya no lo tiene, porque ha variado su estatus jurídico al acceder a la nacionalidad sueca, pero incluso en ese caso, esa cláusula es de aplicación por estar expresamente establecida en la Convención de Ginebra.

En segundo lugar, por la forma en que se ha producido la entrega a Colombia de Joaquín Pérez, se ha vulnerado la Convención de Viena sobre asistencia diplomática y consular. La Convención de Viena establece el derecho de cualquier detenido en un país que no es el suyo, a contar con el asesoramiento en entrevista directa y con la defensa por parte del Estado del que es nacional. En este caso, durante la detención en Venezuela, a las autoridades consulares suecas les negaron la posibilidad de entrevistarse con Joaquín Pérez Becerra, lo que ha motivado incluso una protesta formal de las autoridades suecas.

En tercer lugar, se han violado todos los principios contenidos en los tratados internacionales en materia de extradición y el Convenio de asistencia mutua en materia penal de la OEA, que establecen la necesidad de someter a estas personas que tienen un requerimiento de detención internacional a un procedimiento con las debidas garantías, donde pueda defenderse, pueda contar con su abogado y no sufra indefensión.

Eso en términos prácticos implica que tras la detención, habría tenido que entrevistarse con las autoridades consulares suecas; a continuación tendría que haber comparecido ante un juez venezolano, que tendría que haber decidido en qué situación quedaba o si se adoptaban medidas cautelares: es decir, si quedaba en libertad, con retirada del pasaporte y prohibición de abandonar el país o si quedaba en prisión provisional, sometido al procedimiento de extradición, o la medida cautelar que hubiera decidido el juez. Y en ese momento da inicio el procedimiento de extradición.

Además, es importante tener en cuenta que la orden de detención internacional con fines extradicionales cursada por un Estado, no necesariamente tiene por qué tramitarse a través de Interpol, sino también puede realizarse bilateralmente, atendiendo a los Convenio bilaterales de ambos países en materia de extradición y asistencia en materia penal.

Una vez que se recibe la orden de extradición y se detiene a la persona hay un plazo muy perentorio, que no suele superar en ningún tratado los 40 días, donde se tiene que formalizar esa petición de extradición. Si no se formaliza enviando directamente la petición, no ya a través de Interpol sino por el país que ha requerido al país que es requerido, no puede comenzar el procedimiento de extradición. Y si no llega en ese plazo, queda sin efecto la solicitud de detención internacional cursada a través de Interpol o bilateralmente, y queda sin efecto el procedimiento de extradición. Y respecto a ese expediente extradicional se exige que incluya determinada información para su examen por el juez competente en la extradición y por la defensa del extraditable: en primer lugar, se tienen que indicar los hechos concretos por los cuales se pide la extradición, los hechos que supuestamente son delictivos en el país que pide la extradición y verificar que esos mismos hechos son delitos en el país requerido; en segundo lugar, se tiene que enviar toda la legislación del país que pide la extradición en la que se acredita que esos hechos que se le imputan son delito conforme a esa legislación; y luego hay que enviar la orden original dictada por el juez del país requirente que ha pedido la extradición.

El juez que ha pedido la extradición se lo envía al juez que tiene a su disposición al detenido a efectos extradicionales, y se cursa a través de los ministerios de Exteriores. En Colombia puede ser el juez o la Fiscalía. Tienen que enviarlo al Ministerio de Justicia colombiano; éste a su vez al Ministerio de Exteriores colombiano, que lo mandaría al Ministerio de Exteriores venezolano y éste a su vez al Ministerio de Justicia venezolano, que es quien tiene que remitirlo al juez venezolano.

Esto es importante. La mera existencia de un código rojo en Interpol no significa que vaya a llegar una orden de extradición, porque puede haber muchos factores que posteriormente impidan la llegada en plazo de la solicitud extradicional.

Que Interpol haya cursado erróneamente la orden, por ejemplo, por una petición del poder Ejecutivo y no del poder judicial, haría inviable la extradición. El juez no se relaciona directamente con Interpol. Quien se relaciona con Interpol es el poder Ejecutivo, son los ministerios de Interior. Entonces, un primer supuesto de error, intencionado o no, puede ser que haya sido el poder Ejecutivo colombiano sin que exista una resolución judicial o del ministerio fiscal colombiano, quien haya mandado a Interpol la orden de detención, con lo cual esa orden no tendría ningún tipo de efecto si no se produce en ese período de validación la llegada de la orden judicial. Y eso no se ha llegado a producir en este caso, con lo cual nunca sabremos si realmente había una solicitud de extradición cursada formalmente. Un código rojo de Interpol o una solicitud de detención internacional a efectos de extradición cursada bilateralmente no necesariamente lleva aparejada una orden judicial. Este requisito siempre debe ser verificado.

Parece que en este caso, atendiendo a la rapidez con la que se ha producido la entrega a Colombia, la normativa de extradición se ha incumplido, y también parece que se ha incumplido flagrantemente toda la normativa relativa a la prevención de la tortura, en especial la Convención para la Prevención del delito de Tortura, los tratos inhumanos, crueles y degradantes de 1984, que establece claramente que no puede ser, no ya extraditado, sino entregado ni enviado de ninguna manera, ni por resolución administrativa ni por resolución judicial a un tercer país, sea o no el de origen del detenido, si en ese país hay sospecha de que esa persona vaya a ser sometida a malos tratos, tortura, tratos inhumanos, crueles o degradantes.

Y en este caso, Colombia tiene innumerables condenas por tortura a detenidos, por maltrato a detenidos. En estos momentos existen denuncias de multitud de organismos internacionales sobre la situación de los presos políticos en las cárceles en Colombia. La dramática situación ha motivado la puesta en marcha de una campaña internacional para denunciar esta situación, y no hay que olvidar que incluso hay ya dos jurisdicciones, la danesa, que ya decidió en primera instancia que Colombia es un país donde se practica habitualmente la tortura y recientemente la chilena en los mismos términos, caso Olate, con una primera resolución que ahora está pendiente de la Corte de Casación chilena.


¿Qué consecuencias tiene esta forma de proceder del Gobierno venezolano con respecto al derecho de asilo, teniendo en cuenta que Venezuela hace frontera con Colombia y la cantidad de refugiados colombianos que han buscado refugio en el país vecino?

Esta situación es realmente dramática. Ya al margen de cómo puede afectar a Joaquín Pérez Becerra, es una pena porque el Gobierno venezolano se ha venido caracterizando en los últimos años por ser uno de los gobiernos más escrupulosamente respetuosos con la Convención de Ginebra sobre refugiados. Tiene en su haber varias felicitaciones del Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados por el trato dado a los refugiados colombianos llegados a su país, y esto es una mancha en ese expediente de respeto a la Convención de Ginebra.

Es un incumplimiento gravísimo y muy claro de la Convención de Ginebra y además es el mayor incumplimiento posible de la Convención de Ginebra. Porque, entre otras cosas, lo que se está haciendo es entregar a una persona sobre la cual hay una resolución del Gobierno sueco conforme a la Convención de Naciones Unidas, es decir, hay un estatuto de refugiado emitido por el Gobierno sueco y cuya protección también incumbe a las Naciones Unidas, y ese estatuto se ha obviado absolutamente y se ha entregado a una persona protegida privándola de las garantías. En especial, privándola de las garantías establecidas en la Convención de Ginebra, además de parecer que se han vulnerado muchos otros Tratados que impedirían haber hecho esta entrega. Desgraciadamente, esto puede calificarse como la mayor de las violaciones posibles de la Convención de Ginebra.


Una vez en esta situación, ¿habría todavía alguna oportunidad de rectificar legalmente?

Efectivamente. Las autoridades venezolanas deberían rectificar este incumplimiento y pedir al Gobierno colombiano, con fundamento en la Convención de la OEA de asistencia mutua en materia penal, la devolución de esta persona, para que fuera sometida, una vez verificado que llega la orden judicial colombiana de extradición, al procedimiento extradicional con las debidas garantías.

Desde mi punto de vista, una solicitud de extradición a Colombia de Pérez Becerra, en este caso, por haber sido refugiado, clarísimamente habría sido desestimada por el juez competente venezolano, a pesar incluso de que este hubiera determinado que se cumplía el principio de doble incriminación, que las penas no fueran crueles, inhumanas o degradantes. Además es imprescindible que el juez extradicional verifique las penas aplicables en el país que solicita la extradición. Las extradiciones no pueden concederse por delitos que lleven aparejada una pena inferior a seis meses según el tratado de extradición de 1911 entre Colombia y Venezuela, y en la mayoría de los países no se conceden por delitos que lleven aparejadas penas inferiores a un año.

Lo procedente sería ahora mismo que las autoridades venezolanas pidieran retrotraer la situación, la entrega de este ciudadano a Venezuela para que fuera sometido al procedimiento de extradición. Esto es lo que deberían estar ya solicitando las autoridades venezolanas.



(*) Enrique Santiago es abogado, experto en Derechos Humanos y Derecho Internacional. En la actualidad es el abogado de la familia del camarógrafo español José Couso, asesinado por fuerzas militares de EEUU, y ha adelantado causas contra funcionarios que participaron en el golpe de estado en Honduras. Estuvo en el equipo que solicitó la detención de Augusto Pinochet en 1998 y elaboró el prontuario de Álvaro Uribe Vélez.

(*) Patricia Rivas es comunicadora y periodista española. Ha sido trabajado en medios como Mundo Obrero, Telesur y YVKE Mundial.


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sábado, 30 de abril de 2011

Pobre Joaquín, en medio del silencio

Por: Juan Alberto Sánchez Marín


Relaciones Colombia-Venezuela: Santos sabe lo mucho que gana con lo poco que apuesta. Joaquín Pérez Becerra: Ahora no tiene la zozobra de que lo frieguen, sino la certeza de que lo jodieron.

Desde aquellos días, que ahora parecen muy pretéritos, pero que en realidad no alcanzan el lustro, cuando los presidentes Álvaro Uribe y Hugo Chávez daban vía libre al gasoducto binacional y se abrazaban en Punto Fijo, Venezuela, o en Cartagena de Indias, Colombia, cualquiera con dos dedos de frente sabía que en esa amistad aspaventosa, de vereda tropical, iba a pasar algo. Y pasó.

Presidentes, cancilleres, ministros, asesores y afines de los dos países iban y venían, fungían y fingían, lucían y se lucían, pasaban y posaban. Por ahí quedan las fotos, engavetadas y llenas de borrones digitales y re encuadres a la brava. Los opositores venezolanos las usan de cuando en cuando para burlarse de Chávez, los uribistas de acá las manosean para destacar las virtudes dialogales de su mesías.

Se dijo de puentes colgantes para arriba y de oleoductos enterrados para abajo. De aquí para allá y de allá para acá. ¡Puentes con doble vía!

Se conversó de la carretera marginal de la selva, un salvaje megaproyecto neoliberal enmarcado dentro de la Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Suramericana, IIRSA, por el cual ponían la cara el BID y la CAF (1), que en realidad promovían el Departamento de Estado de los Estados Unidos y las grandes transnacionales, y que entre muchas otras cosas inútiles y de expoliación para los pueblos servía para despellejar las calvas cabelleras de los indígenas apacentados durante siglos en su ruta. Una técnica de los viejos pueblos indios de la pradera, que los puritanos blanquitos de hoy dominan bien.


Se discutió sobre la integración férrea, con imaginarios trenes bala desperdigados por las geografías y confundidos entre el fragor de las balas de verdad de la guerra colombiana.

De otras obras magnas de infraestructura también se debatió, como el puente entre La Chinita y La Fría, para bien de la vida de los miles de colombianos y venezolanos de la frontera común, que facilitara su comercio ancestral y de paso el contrabando legal que permite que el vivo viva del bobo y el bobo de Papá y Ma’…

Ambos presidentes hablaron de cooperación fronteriza, energética, económica y comercial. Vicisitudes serias. Nadie sabe si la obra tipo entremés se la creían; eso sí, todos sabían que las obras nunca serían.


Pelea cantada


Ya en diciembre de 2004, Uribe se inauguró como nuevo presidente vecino con el secuestro de Rodrigo Granda, jefe de la guerrilla colombiana de las FARC, en pleno centro de Caracas. El hecho, perpetrado por un comando asalariado del Ministerio de Defensa colombiano, perturbó las relaciones entre ambos países. (2) Pero los melindres concluyeron poco después, en febrero, con un fraterno abrazo entre los dos mandatarios. Todo no fue más allá de una alteración gastrointestinal y una ligera laberintitis de Uribe. La una causada por las mentiras que dijo y la otra por las que oyó.

Casi un año después, la retórica y los buenos modales hicieron su agosto en pleno diciembre de 2005. Volvieron y jugaron el gasoducto, el oleoducto y ningún reducto ideológico de ninguno ni de nadie.

2005 acabó para los dos países en la Quinta de San Pedro Alejandrino, Santa Marta, Colombia, hacia las 16H37 (21H37 GMT) del 17 de diciembre; 175 años, 3 horas y 30 minutos después de la muerte de Simón Bolívar en la misma estrecha habitación. (3)

La temporada navideña de aquel año fue animada con dos muñecos, “Made in China”, vendidos como pan caliente: Uribito y Chavecito. (4) De Chavecito se supo que alcanzó los 60 centímetros. De Uribito se confirmó que por la divina gracia del modelo original llegó a ser pre candidato presidencial del partido de la U y derrotado por la opositora más bruta que país alguno haya tenido en una historia que brilla justamente por la escasez de lumbreras, sean del sexo que sean. De destacar que dicha contrincante por lo menos podría llegar a ser presidenta de un equipo de fútbol, en tanto que el muñeco Uribito corre el riesgo de ir a la cárcel.

2007 fue un año aciago. A petición de la senadora colombiana Piedad Córdoba, Chávez se monta en el paseo de mediar entre el gobierno colombiano y la guerrilla de las FARC buscando un acuerdo humanitario que permitiera el canje de presos y rehenes.

El gobierno colombiano aplaudió tal cooperación. Todo fue viento en popa mientras la barcaza no se movió de puerto. Cuando lo hizo fue la hora llegada. Uribe, iracundo por los avances previsiblemente imposibles, pero ciertos; Chávez de la noche a la mañana colgado de la brocha.

La banal retórica de la paz es reemplazada de súbito por la densa de la guerra. Ambas, al fin y al cabo, retóricas, parrandeados culteranismos.

2007, 2008. 2009, 2010. Cuatro años más, donde hermanos de hecho debían volverse enemigos del alma, o donde vecinos por obligación tenían que ser extraños por elección. Léase, mejor, por capricho.

Un tiempo en que, por lo menos, Chávez era el malo para el gobierno colombiano y para la rancia derecha colombiana y venezolana, como Uribe lo era para cualquier ciudadano progresista colombiano o venezolano. Cada quien con su cada cual.

Hasta que la Corte Constitucional le cerró el paso a la aspiración de Uribe de una nueva reelección, y el siniestro pero hábil mandatario pasó a ser un twittero irrefrenable, que en estos lapsos invernales desborda aún más al país con los trinos propios de su talante.

Y mientras, engrosa el sanedrín de la derecha continental, haciendo lo que bien se paga a los que ya no son: dictar conferencias en universidades del Opus; reunirse en círculos con otros pesos pasados, como Savater o Vargas Llosa; redactar ditirambos para el imperio; lanzarle infructuosos anatemas al antiguo amigo y visceral enemigo Chávez.


Fresco de bagazos


Se fue Uribe, pero llegó Santos. Nuevo estilo, otro matiz, distinta manera, diferente índole, remozados mozos de cuadra en el hípico país lleno de cagajón que dejó el antecesor. Y nada que no sea igual.

Santos vuelve a bañarse dos veces en el mismo río y con la misma agua. Quizás eso no era posible en lo apartados tiempos del Oscuro de Éfeso, pero en las turbias épocas de ahora sí.

Y Santos tampoco es claro ni es otro, es el mismo. No juega cartas en el Country, se las juega en Palacio. No se volvió santo varón, sólo disimula el apellido. No azuza recuas como ministro, se aplaca a sí mismo de presidente.

Y vuelve y juega el ardid trillado: vecino, compañero, mejor nuevo amigo. Abrazo va, sonrisa viene y la ideología en un punto se mantiene.

Si hay algo más peligroso e inmanejable que la franca disputa y los dientes pelados, es la devoción fingida. Una cosa es la diplomacia, que sigue cursos legales, adecuada para la buena vecindad, necesaria para dos pueblos hermanos. Otra la guachafita de gobiernos que manejan las relaciones internacionales como asunto de solares o de comadres que conferencian de postigo a postigo. Y así estamos de nuevo.

Uribe y Chávez manejaron una vez las relaciones cual finqueros. Ahora todo se cuadra como entre tahúres: full sorpresa, póker que mata, deshojada Flor Imperial, ¿as bajo qué manga? Apenas hay que apuntar que Santos juega Texas Hold’em desde chiquito.

Antes era cuestión de tiempo. Ahora, también. ¿Hasta cuándo será aguantado el cañazo de querer el bien pagándolo a punta de males? Lo mismo que ningún fin justifica los medios, ningunos medios justifican el fin. Así, el fin se vuelve acabose.


¡Estaba escrito…!


No se trata tanto de si Joaquín Pérez Becerra es culpable o no, de qué o en cuáles niveles. Es probable que tendrá a cuestas más pecados de los que él mismo sepa o llegare a mencionar, y, de seguro, es muchísimo más inocente de lo que el gobierno colombiano lo acusa a partir de unos cacharros de pacotilla, hurgados, invalidados, puestos a la carrera, como utilería, para ambientar escenas en la obra sinfín que es la Colombia metida de bruces en la lucha contra sí misma.

Y hay muchas dudas en el aire, que más que interrogantes son cuestionamientos evidentes al gobierno de Venezuela. Es natural que muchos sectores de la izquierda hayan puesto el grito en el ancho cielo bolivariano y que algunos otros no entiendan adónde fueron los marcos legales, los conceptos jurídicos, los acuerdos internacionales o la propia Constitución Bolivariana, un fajo de cosas que ya todos los expertos están empezando a citar con parágrafos, pelos y señales.

Ni siquiera hay que preguntarse por la suerte de los acervos nomotéticos o de locuciones locas como coherencia, lealtad, respeto, confianza.

La amistad de Chávez con Uribe no dio sino sinsabores, supo a cacho y arruinó caminos de menor jolgorio, pocas serpentinas, pero de mayor madurez y más certidumbres.

La amistad con Santos, o lo que sea que signifique la fruslería lingüística de hacerse pasar por los mejores nuevos amigos de la región, puede tener para el presidente venezolano el agrio sabor de las amistades de Gadafi con Sarkosy o Berlusconi: entrañables camaradas, socios de la alianza internacional contra el terrorismo, que ahora mismo y muy prestos le rocían la jaima con misiles.

La frescura de Chávez, ese carácter impetuoso, una dignidad innegable y la mollera chispeante, entran raspando en los abrazos taimados de Santos y de toda una clase dirigente, poderosa y calculadora, que le recrimina al presidente colombiano ese acercamiento, pero que lo lleva a cabo sencillamente porque presidente y gobierno son ella misma. Y ese espíritu Santos sabe bien lo mucho que gana con lo poco que apuesta.

Con el tráfago, la voluntad se distorsiona en llamadas telefónicas tramposas y se asfixian los avances en favores pedidos con una prisa calculada de antaño. En acuerdos de colaboración contra el narcotráfico, luchas contra el terrorismo y otros abominables mandados de los gringos se enreda un camino de por sí lleno de abrojos, en el que a veces, por demás, ya ha sido probado, también sale el Lobo (Sosa, Porfirio).

Qué bueno que uno en estas charadas sólo gozara. Que los arrumacos en vivo se aguaran en la tele y la monserga de las relaciones productivas, de integración y paz saltara de los protocolos a la vida. Que no se pagaran tan caras esas sobras de gracia colgadas por doquier. Pero no es así.

Como dice el título del último álbum del joven cantante chileno Santos Chávez (que no otro Santos Chávez, el difunto pintor y grabador de origen mapuche), “Estaba escrito…” (5)


Amistades que matan


Pérez Becerra militó en el partido equivocado, la Unión Patriótica, dejado a la deriva por la guerrilla de las FARC y exterminado por el tentáculo paramilitar de la derecha colombiana. Joaquín también cometió a la sazón el error craso de no cambiarse de bando, de no abjurar de su pensamiento, o de no volverse político o sapo.

Al contrario, se hundió a voluntad en el desliz de dirigir un medio de comunicación empachado de informaciones a contracorriente, revolucionarias, más bien panfletarias. Y cometió la simpleza de salirse una tarde del país donde vivía asilado, y se metió de lleno en el cerco estrecho de un mundo lleno de paranoias infundadas y de terrorismos diseñados más en los escritorios de los gobiernos que en la realidad.

Para colmo, se embarcó cándido en un avión rumbo a un país en el que confiaba: Venezuela. De no haberlo hecho hubiera sido un exiliado de todo del totazo, incluso, de los suyos.

No le pasó a Joaquín por la mente que en Maiquetía no lo recibirían amigos, sino esposas. No las suyas, que una fue asesinada antes de que él tuviera que salir de Colombia y la otra se quedará quién sabe cuánto sentada en Estocolmo esperando a su Godot, sino las esposas metálicas del país que lo vio nacer y a cuya nacionalidad, en un arrebato de sensatez, prefirió renunciar hace una década.

Pasó por alto que patrias como la suya siempre tienen en cuenta a sus naturales cuando se trata de apachurrarlos, sobre todo, en medio de una realidad mediática ávida de trofeos de guerra, de carnes de cañón y de medios silenciados, que de paso sirve para poner contra las cuerdas a un amigo que en el fuero interno nunca dejará de ser considerado como un apestoso enemigo.

En otras palabras, Joaquín Pérez Becerra desairó tantas formas importantes de la estrategia rebelde más elemental, que se le hace a uno muy difícil ubicarlo como un curtido guerrillero transnacional, versado en negociaciones y filigranas, y en cambio sí lo vuelven muy sospechoso de ser un comunicador nato.

Y hablando de medios, en Venezuela, los revolucionarios por decreto ni fu ni fa. Ni tanto blablablá, más bien ni mu. A lo sumo unos pocos dijeron pío. Poquísimos esta boca es mía. Mi boquita un punto. Y medios de poca o menor bendición que marcaron la diferencia, como Aporrea, los comunitarios, los barriales; los descastados, mas no desgastados. No debió coincidir siempre la idea de lo revolucionario con la talanquera de las directrices ministeriales. Ante un yerro, ¡pues a “yerrar” se dijo! Y se llegó así a la uniformidad más odiosa del mundo: la de todos los medios oficiales mudos, la de todos los funcionarios del gobierno callados, la de todos los versados con los oídos tapados, la de todo un país silbando y mirando para otro lado.

En Colombia, por el contrario, clarísimo el libreto. Los medios lo dijeron todo, desde la misma perspectiva: Pérez Becerra, terrorista, guerrillero. No se calló nada, aunque nunca se dejó entrever otro sesgo, alguna idea de algo más, ni siquiera asomó el beneficio de la duda para el acusado. Grandes titulares, variados estilos, innúmeros formatos: todo el despliegue requerido para que todos vean lo que tienen que ver y oigan lo que tienen que oír. Poco trabajaron las oficinas de prensa de Palacio o Cancillería. Los medios colombianos han aprendido a ejecutar las misiones sin que se las manden, a hacerlo todo solos, solícitos y mejor. Santos ha sabido siempre ser jefe de redacción sin que se lo vea. De medios algo aprendió desde antes de la cuna. Por genética, por ósmosis, y, a la final, como medio para luego darse el gusto de causarnos la mortificación de tenerlo donde está.

Joaquín, pues, nunca debió creer posible que la distancia filosófica existente entre el gobierno del país que visitaba y la del gobierno del país natal que lo perseguía llegara a ser tan corta como los pocos metros que por más de mil doscientos kilómetros separan una patria de la otra. ¡Quién iba a creerlo!

Joaquín quedó entonces parado en un lugar peor que aquel que dejó atrás hace dos décadas. Hoy, en una celda de la cárcel La Modelo de Bogotá, no tiene la zozobra de que lo frieguen, sino la certeza de que lo jodieron.


“El hombre ya se sabe que está aquí,
condenado desde el nacimiento…

Pobre Joaquín, pobre Joaquín,
en medio del silencio
”.


En febrero de 1968, el grande poeta y compositor uruguayo Rubén Lena escribió la milonga “Pobre Joaquín”, a la que corresponden estos versos. Lena, según cuenta él mismo, escribió la canción a partir de una nota en el diario sobre un hombre sin nombre que había aparecido muerto en una calle. (6)

Joaquín Pérez Becerra está vivo. ¿Pobre Joaquín? O pobres de nosotros, en medio del silencio.


NOTAS:

(1) Portal de IIRSA. Áreas de acción. En: http://bit.ly/mOQWM9
(2) Ver recuento cronológico de esta crisis, según la BBC. En: http://bbc.in/eQLC9W

(3) GARCÍA MÁRQUEZ, Gabriel. El general en su laberinto. Ed. Sudamericana. Primera edición. Pág. 153. Buenos Aires, 1989.

(4) Ver artículo al respecto en Wikinoticas. En: http://bit.ly/fX6ocv

(5) Uruguay lyrics. Pobre Joaquín. En: http://bit.ly/moLw0m

(6) Página oficial del cantante. En: http://www.santoschavez.cl

viernes, 29 de abril de 2011

EL SECTOR AGRÍCOLA EN COLOMBIA, CAMPO DE COMBATE DE TRANSNACIONALES Y CAMPESINOS

Reportaje de Juan Alberto Sánchez en RT.



Los campesinos colombianos enfrentan una grave crisis agrícola. Las transnacionales ocupan los territorios fértiles desplazando a los que los han cultivado durante décadas.

Gildardo, dueño de una pequeña parcela, sobrevive del cultivo de café, cítricos y algunos otros frutales. Pero en Colombia no resulta fácil la incursión en otros productos agrícolas ya que históricamente ha sido un país dedicado durante décadas al monocultivo del café. Comenta: "Que sean cultivos rentables, no. Pues mire, ahora está duro el plátano, el banano… y frutas, todo lo que usted saca al pueblo. Mire, ahora, en estos días pasados, un señor tumbó toda la finca en café y la metió en cítricos. Ese señor está… Por ahí le van a embargar la finquita, ya está otra vez que volviendo a sembrar café".

Según las estadísticas, las multinacionales y las grandes empresas se concentran cada vez más en la producción agrícola, de la que son desplazados los campesinos y los pequeños propietarios.


Fernando Zapata, un experto agrícola, acentúa: "Ha habido desplazamiento de campesinos, y básicamente han sido los grupos más vulnerables los que han sido desplazados. Especialmente la población negra y la población indígena. Allí ha habido un desplazamiento y una concentración de la tierra por parte de grupos económicos poderosos".

El Gobierno actual de Colombia expresó su voluntad de volver la vista al campo apoyando a los productores pequeños mediante una Política Integral de Tierras. En este sentido, la Ley de Restitución de Tierras, que actualmente está siendo examinada por el Congreso, atiende el derecho a la restitución de los terrenos despojados a la población desplazada.

Según Zapata, la ley contribuirá a "devolverle la tierra a sus antiguos dueños. A la gente que fue presionada a vender a más bajo precio o, simplemente, que fue desplazada por la fuerza, a punta de fusil". Sin embargo, el experto subraya que la nueva legislación deberá contar con un apoyo permanente del Gobierno "no solamente para producir, sino para que no vuelvan otra vez a desplazarlos".

Sin embargo, la dificultad con el transporte de los productos del pequeño agricultor, la fluctuación de precios, la desventaja tecnológica y los riesgos ambientales siguen siendo los principales desafíos del sector. Y según los expertos, son factores cada vez más determinantes del desplazamiento.

Colombia ha experimentado una brusca apertura económica durante los últimos años, pero las condiciones de infraestructura, tecnología o comunicaciones no han ido a la par en el proceso, lo que ha hecho daño al campo

martes, 19 de abril de 2011

Colombia afronta el crecimiento del paramilitarismo



Reportaje en RT.


Varias regiones de Colombia están viviendo un crecimiento del paramilitarismo. Los residentes locales sostienen que estos grupos armados y al margen de la ley, que antes ocupaban las zonas rurales, ahora se están desplazando hacia las grandes ciudades.

“Ya hay grupos paramilitares que están ejerciendo control acá en el barrio, hay mucho microtráfico, han influenciado mucho las niñas y los niños a que consuman (narcóticos)”, afirma María Eugenia Cruz, quien ahora reside en Bogotá, después de que fue desplazada por la violencia, y añade que “hay niños de 9, 7 años, que ya roban y atracan”.

María Eugenia Cruz es una líder comunitaria, y por su labor ya ha recibido varias amenazas por parte de los paramilitares. Su situación se agrava al tener dos hijas menores, a quienes por ahora prefiere mantener encerradas en casa debido a la inseguridad existente.


El problema actual apareció con algo, en teoría, bastante positivo. Durante el gobierno del anterior presidente, Álvaro Uribe, fueron desmovilizadas las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), una organización reconocida como terrorista por muchos países, incluida la propia Colombia, EE. UU. y la Unión Europea.

Pero resultó desmovilizada solo parcialmente. Aunque en algunas regiones la estructura de la organización se redujo, en otras permaneció intacta o hasta creció. Los grupos criminales resultantes de la organización ahora se denominan por el gobierno como “las bacrim”.

“Tienen armas bélicas, control territorial, ejercen un control social coercitivo violento, mantienen alianzas con sectores políticos, con élites regionales o locales. Inclusive, mantienen alianzas con sectores de la fuerza pública y de algunas instituciones”, así las describe el presidente de la Fundación Cultura Democrática Bogotá, Álvaro Villarraga.

El gobierno colombiano ya declaró que grupos de esta índole se han convertido en el nuevo enemigo del país. Pero a las ONGs de Colombia no las parece bastante esta denominación. Exigen acciones más concretas y decisivas frente al problema.

Algunas de ellas, creen, pueden implicar el reconocimiento oficial de la naturaleza paramilitar de estas bandas y poner en marcha un ataque frontal a la potente economía paralela de las mismas. Entre otras soluciones proponen: la creación de una estrategia completa de lucha, que incluiría también cambios estructurales en los sistemas de seguridad y de Justicia del país.

jueves, 7 de abril de 2011

Enfermedades "leves" que matan en Colombia



En Colombia, enfermedades como la tuberculosis causan fuertes estragos en la población. En el país latinoamericano es muy alta la tasa de mortalidad de enfermedades que en otras partes del mundo son consideradas leves.

Según las estadísticas la tuberculosis, básicamente, a nivel nacional, tiene una incidencia de 25 personas enfermas por cada cien mil habitantes.

De acuerdo con los expertos, las condiciones del país, en términos económicos, sociales y nutricionales, configuran un ambiente propicio para la presencia y desarrollo de estas patologías.

“Las condiciones sociales de nuestra población, que son bastante difíciles, hacen que la enfermedad aparezca como tal. La asociación con el VIH Sida es también una causa importante para nosotros, la fármaco dependencia, todo este conjunto de situaciones hacen que se presente con mayor incidencia la enfermedad.”, comentó a RT Adriana García Gutiérrez, médica y epidemióloga.


Recluida en un centro hospitalario

Edna Martínez es una paciente que se encuentra en una fase terminal y no es mucho lo que puede hacerse. Madre de un niño de cuatro años, no puede gozar de su compañía. Ella padece de tuberculosis desde hace tres años y ahora debe permanecer recluida en un centro hospitalario.

“Cuando uno sale y no sigue el tratamiento, vuelve igual, o sea, vuelve con la enfermedad reactivada. Y eso es lo que me pasó a mí. Yo ya dos veces lo he empezado y no lo he terminado. No he tenido una parte donde… pues yo esté bien alimentada, porque se necesita una buena alimentación para tomarse uno ese tratamiento. Porque si no le cae muy mal a uno”, dice Martínez.

Como en el caso de Edna, los pacientes con diagnóstico de alguna enfermedad prevenible terminan en una gran tragedia personal y familiar, requiriendo cuidados médicos que las entidades designadas no prestan efectivamente.


La atención después de la enfermedad

La estructura del sistema de salud colombiano, basado en el aseguramiento, se enfoca en la atención después de la enfermedad, no antes.

“Eso ha hecho que el estado no asigne recursos para las acciones públicas requeridas para disminuir la prevalencia de la enfermedad. Para hacer una advertencia, hay que dar promoción de la salud para modificar las condiciones de infraestructura, de agua, de educación, de vivienda, de condiciones ambientales, a fin de disminuir la enfermedad”, afirma el Dr. Carlos Rozo, Director del Hospital San Juan de Dios.

Gracias a una ley aprobada en Colombia, el estado transfiere los recursos de la salud a los intermediarios. Las empresas privadas dedicadas a la prestación del servicio de salud no están interesadas en efectuar los gastos requeridos para prevenir las enfermedades o para diagnosticarlas oportunamente.

Según el Dr. Carlos Rozo, “la carga de la enfermedad que tiene que llevar cada uno de estos pacientes es una carga muy costosa, desde el punto de vista humano, muy dolorosa, y desde el punto de vista médico muy frustrante, sin contar con la carga social que eso genera, por la incapacidad, por las secuelas, por la inmovilidad, por la pérdida de productividad, por la pérdida de integración a su componente social. Entonces la desgracia es muy grande producto de unas definiciones equívocas en las políticas de la salud pública del país”.


Instituciones médicas: la reforma no resuelve las fallas estructurales

El Gobierno adelanta un proceso de reforma a la salud, que busca enmendar la problemática. Sin embargo, instituciones del sector, que agrupan a médicos, asociaciones científicas y los hospitales públicos, han mostrado su desacuerdo. Consideran que la reforma no resuelve las fallas estructurales y no garantiza el derecho integral a la salud de los colombianos.

Algunas instituciones, a pesar de la ausencia de políticas y de recursos públicos, siguen comprometidas con la atención especializada de estas enfermedades.

Una lucha dura y solitaria, mientras siga siendo prioritario el equilibrio financiero y no la salud de la gente. Y se siga privilegiando la atención de la enfermedad, y no su prevención.



Noticia en:  RT

domingo, 27 de febrero de 2011

Beldades y mentiras de Gadafi (1)



Por: Juan Alberto Sánchez Marín.


Los Estados Unidos tienen una imprudencia espléndida para ayudar a destripar los príncipes infelices que tienen regados por el mundo.

Sólo es comparable con el disimulo sinvergüenza que los caracteriza para ayudar a apuntalarlos cuando son sus aliados, secuaces y perros de presa en las maduras. Un pábulo a la larga bueno, porque nutre de una vez la antimateria, los procesos inversos, y termina desmenuzando las propias dictaduras, como ocurrió con las de la América Latina.

Pero que tiemblen esos amigos en las verdes, cuando sus pedestales se tambalean. Que lo digan Ben Alí, en Tunez, o Mubarak, en Egipto. Ayer, Noriega, en pleno canal de Panamá. O Saddam Hussein, allá en el rancho grande del polvorín. Hoy, Gadafi, en Libia.

Mañana… Mohammed VI, en Marruecos; Abdullah II y su primer ministro de afán, Maouf Bakhit, en Jordania; Ali Abdullah Saleh , y su vice Abd al-Rab Mansur al-Hadi, en Yemen, quienes han prometido salir en 2013 pensando escurrir así el hecho de tener que irse ahora mismo; Hamad Ibn Isa Al Khalifa y su primer ministro, Khalifa bin Salman Al Khalifa, en Bahrein.


Hasta Abdalá Bin Abdelaziz Al Saud, en Arabia Saudí; Yalal Talabani y su primer ministro, Nuri al Maliki en, en Irak, por supuesto, o Mahmud Ahmadineyad y el Líder Supremo Ayatolá Ali Jamenei, en Irán, que oran callados mientras silencian el runrún. La lista es larga.

En la cuerda floja, asustados, por lo menos advertidos, están Mohamed Ould Abdel Aziz, en Mauritania; Bashad Al-Assad, en Siria; Abdelaziz Bouteflika, en Argelia; Michel Suleiman y su provisional primer ministro Najib Mikati, en Líbano; Isaías Afewerki, en Eritrea; Omar Hassan al-Bashir, en Sudán; o Qabus ibn Said, en el Sultanato de Omán, un remedo de país cuyo día nacional, cómo no, es el cumpleaños del sultán. La lista es larguísima.

Monarquías absolutas, dinastías legendarias, herencias caducas, nepotismos sin disimulo; democracias de papel, constitucionales de adorno; presidentes de rémora y parlamentos de fábula; oposición entorpecida, opiniones proscritas; partidarios movilizados y pagos, contrincantes exiliados. Porra contra avión, piedras contra fusiles: soluciones de rejo y policía.



Y el gringo ahí



La Unión Europea y su brazo siniestro, la OTAN; Estados Unidos e Israel, donde no se sabe bien quién es el apoyo nefasto de quién: Van y vienen, arrojan redes, procuran pescar en el río revuelto del Medio Oriente (tan Próximo, como lo ven los españoles), del Magreb y de todo el noreste de África, y azuzan la jauría mediática para reforzar la confusión. ¿Qué tanto, un galimatías premeditado?

Hacen falta días, para mover las fichas, para trepar a los podios vacantes a nuevos cofrades, otros fanáticos de esas tiranías que dan pábulo a las democracias protocolares que les sirven, y a las realezas y soberanías que lo mismo.

Y tiempo, precisamente, es lo que no hay. Las bolas de nieve ruedan imparables sobre los ardientes desiertos. Los aludes van arriados por las mesetas, los llanos y las planicies. Y uno vuelve y se pregunta, ante la inesperada baraúnda: ¿esperada por cuántos, inesperada para quiénes?

“Los países de la región tienen el mismo tipo de retos en términos demográficos: las aspiraciones de su pueblo, la necesidad de reformas” , dijo hace poco el portavoz del Departamento de Estado de los Estados Unidos, Philip Crowley. “Animamos a estos países a tomar acciones específicas, que respondan a las aspiraciones y las necesidades y las esperazas del pueblo.”

Una frase que no por etérea deja de ser invulnerable. Y si no fuera porque es tenida como mentira por el gobierno que la sostiene y dicha como tal por el portavoz que la desabrocha, valdría la pena, además de citarla, repetirla por ahí.

Cualquiera creería, incluso, que es tomada de modo literal de lo dicho por algún ideólogo progresista, como dicen ellos con eufemismo, anti imperialista y nada patán.

Por eso mismo, tal vez, a muchos les pone los pelos de punta oír a CNN hablando de revolución, insurrección y rebelión por esas tierras del olvido. Rebelión, una palabra que escandaliza a la Wikipedia, ahora la trillan los gráciles reporteros de los medios occidentales. Un asunto sospechoso.

Dirán: “oportunismo gringo”; tildémoslo de rapacidad imperial, pero es pura pericia, simple y llanamente. Son años sometiendo, urdiendo, acallando.



La siemprelibia



Libia ha sido, ancestralmente, una tierra de nadie, y, por lo mismo, de todos los que cruzan por allí.

Morada de mercenarios contratados por el Antiguo Egipto, posesión cartaginesa en tiempos de Aníbal, dominio romano; invadida por los árabes, sojuzgada por los vándalos y tomada por los turcos otomanos, hados sin gracia llevaron a Libia a ser colonia de Italia en 1911.

De Italia, nada más ni nada menos; aquella patria grave cuya Roma pasó de la teta de la loba a mamar y mamarse de lobos como el Duce Mussolini, Craxi, Andreotti… ¡Berlusconi! De Italia, ni más ni menos, tan lejos de Dios y tan cerca del Papa (2). Italia, que en un agotado arrebato imperial, a comienzos del siglo XX, no halló a mano sino la desolación Libia. Y la tomó.

En territorio libio, durante la Segunda Guerra Mundial, se batieron a muerte el Afrika Korps, de Rommel, y las tropas británicas, de Montgomery. Un zorro (3) y un vizconde levantando con sus blindados el polvo de los desiertos.

Libia fue tres regiones desde tiempos inmemoriales: Cirenaica, Fezzán y Tripolitania, unidas a finales de 1950 para conformar la monarquía federal del Reino de Libia. Libia fue la primera colonia africana en lograr su independencia.

Regiones una vez vueltas provincias, luego llamadas gobernaciones, más acá nombradas distritos, desde las revueltas recientes todo aparenta que rebotan al mismo estado que tenían hace un siglo: el de vilayatos; de ahí, a un paso del de tribus.

Mientras se escinden las ideas de la izquierda en el mundo en torno al tema, Libia se escinde como nación.



El peso marrón



Para los gobiernos occidentales, Gadafi vale pocos dinares (LYDs, pues), pero Libia vale petróleo, muchísimo petróleo ligero, marrón claro, del bueno, que para los Estados Unidos y la Alianza es más que oro, más que todo, y harto más que lo que pueden significar seis millones de bereberes y árabes y un puñado de nómadas o seminómadas.

El imperio, está claro, busca ganarlo todo sin apostar nada. Nosotros no podemos caer en la trampa de la trama eterna: apostarlo todo para ganar nada.

A cuento de qué enredarnos en la ficción de que Gadafi es un sol. Magnánimos, diremos, se cotiza en dirhams (monedas), abalorios y túnicas, también, color marrón. El revolucionario que fue, y lo fue, o pudo serlo, ya no es.

Socialista junto al presidente Chávez, espada de Bolívar en alto; capitalista peculiar con Berlusconi o Aznar; sátrapa vil entre Mugabe, Mubarak y Ben Alí: Gadafi chocante de cada día, en una fase que lleva ya varios años.

Jefe beduino trepado a Guía, Líder, Hermano Líder… Gran Hermano de una tierra que a sí misma nombró la Gran Jamahiriya Árabe Libia Popular Socialista: un país que en su historia ha tenido un rey, Idris I, primero y único, 18 años en el poder, al que Muamar en buena hora bajó de un tajo. Un reycillo proveniente de Cirenaica, la misma región oriental que hace días dice Italia que “ha sido liberada” de Gadafi. Como para atar cabos.

Y que ha tenido un solo paladín en el poder, año tras año vuelto cada vez más totalitario: Gadafi, claro.

Gadafi es el jefe de Estado más antiguo del mundo. Con excepción de las monarquías, desde luego, y aunque la suya pareciera ahora otra de tantas y cada vez más afín a la que tumbó.

Gadafi, en los años setenta, se libra de las bases extranjeras y nacionaliza varias empresas petrolíferas. En 1977, proclama la Jamahiriya o Estado de las Masas, influenciada por Nasser y con clara tendencia socialista. Apoyó en un tiempo a las guerrillas y subversivos del mundo. Fue panarabista. Fue panafricanista. En 1986, el gobierno republicano estadounidense de Ronald Reagan bombardeó a Libia, asesinó a Jana, una hija adoptiva de Gadafi, y chamuscó la jaima en Trípoli.

Gadafi deshizo jerarquías militares, trastocó generalatos y estamentos encumbrados. Reclutó unas buenas docenas o centenas de mujeres vírgenes, por qué dudarlo, y con ellas conformó su guardia personal, que demostró su eficacia en el atentado contra el líder hace unos años.

Veremos ahora qué tan útil es tener un dragoneante al frente de la tropa y dentro de poco él reconfirmará lo de las vírgenes cuidándole las espaldas.



Parafernalias del oportunismo



Casi con el cambio de milenio, o apenas un poco antes, la política exterior de Gadafi experimentó un fuerte viraje.

La condescendencia alega que fue una adaptación de su pensamiento a los nuevos tiempos y del país a la realidad, que en casi 1.800.000 kilómetros cuadrados apenas alberga poco más de 6 millones de habitantes, comprendidos todos, kilómetros y habitantes, sobre una de las riquezas petroleras más grandes del mundo.

La vana esperanza indicaría que todo es una estrategia para conocer mejor al enemigo, para fortalecer la revolución, para no cejar en el empeño de afianzar los logros.

Los hechos apuntan a que el pequeño niño beduino se hizo viejo, egocéntrico y opresor. El malicioso capitán del Cuerpo de Señales fue olvidando al Ché Guevara y a Nasser. El anticolonialismo resuelto de otrora es episódico. El Libro Verde maduró biche (4): las hojas, en el otoño súbito del patriarca, son hojarasca.

La jaima, genuino símbolo de identidad, se volvió el armazón pintado de un gobernante excéntrico, que se instalaba por el ancho mundo. En los jardines del Hotel Marigny de Paris. O en Alcalá de Guadaira, en Sevilla, o en los jardines del palacio de El Pardo, en Madrid, en España. En el vistoso Jardín Villa Pamphili de Roma, en Italia. O junto al Kremlin. O en Nueva York.

En Libia o afuera, en Trípoli o en las afueras, la jaima se atiborró de negocios controvertibles e invitados azarosos y zalameros, como Zapatero y los reyes de España; Aznar y su Botella; Sarkozy y su Carla; Il Cavaliere y quién sabe cuál; Moratinos; Micheline Calmy-Rey; Lawrence Gonzi; Tony Blair. El etcétera no acaba.

Al presente, Gadafi se aferra al poder, aunque mande sólo entre la tribu Qadhadhfa, que es su familia, sus allegados y él mismo, arrinconados junto al Mediterráneo, en la Tripolitania original, en un caudillaje que ahora no va más allá de la incertidumbre.

Quiera este tiempo que sea su desobediencia al pasado lo que lo tumbe, es decir, el pueblo cansado de lo mismo y de él mismo, y no los tejemanejes afanados de los Estados Unidos y la OTAN, cuyos misiles de buena voluntad y cazas pacificadores calientan los motores, al aliento de las grandes transnacionales, que por la gracia del etéreo ven aparecer otra Irak en las narices.

Gadafi, entre tanto, rodeado de sus beldades, vocifera, desafía, miente. Y la voz telúrica en la tribuna es el canto del cisne.



(1) CABRERA INFANTE, Guillermo. Beldad y mentira de Marilyn Monroe. En su: Cine o sardina. España, Punto de Lectura, 1997. Pp. 322-330.

(2) Paráfrasis de la frase pronunciada por el dictador mexicano Porfirio Díaz: "¡Pobre México!, tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos."

(3) Erwin Rommel, Mariscal de Campo alemán durante la Segunda Guerra Mundial, era conocido como el “Zorro del Desierto”.

(4) Biche: Adj. Col. Dicho especialmente de un fruto: Que no ha alcanzado su plenitud o culminación (DRAE).


Artículo disponible en:

Agencia Latinoamericana de Información
Rebelión (España)
Kaos en la Red (España)
Diario Universal (España)
Aporrea (Venezuela)
Sur y Sur (Venezuela)
Question Digital (Venezuela)
Argenpress (Argentina)
Indymedia
Agencia Periodística de Información Alternativa, APIA



martes, 15 de febrero de 2011

Colombia: Un país minado por el despojo minero

La locomotora de la minería y los hidrocarburos que el presidente Juan Manuel Santos pretende poner en marcha para jalonar la economía y que figura en el Plan Nacional de Desarrollo, como los proyectos ferrocarrileros del siglo XIX, hechos de la mano del capitalismo y a punta de muertos y de prácticas esclavizantes, amenaza con aplastar todo lo que se le ponga por delante. Para empezar, lo que tiene enfrente es, ni más ni menos, el futuro del país

Estragos de la minería de alta montaña en el Páramo de Las Hermosas, límite de los departamentos de Tolima y Valle del Cauca, en la Región Andina de Colombia. (Foto: JASM)

El tema de la minería ha venido haciendo estragos mediáticos en Colombia. Los libretistas de la ficción informativa y noticiosa nacional han estado encantados, y los medios para los que trabajan no han escatimado minutos para divulgar en lacrimógenas historias la dura realidad de los mineros. Historias de vida subidas de melodrama.

Porque nuestra idiosincrasia no da para los finales rosa al estilo de los 33 mineros chilenos de Piñera, los nuestros vuelan en pedazos por los aires oscuros de los túneles y se quedan atascados por siempre al otro lado del endeble agujero de la vida, o sea, muertos, y ni siquiera sirven para abrazos por entre un tubo o para circenses espectáculos políticos.

Las montañas son destripadas y, cómo no, cada hueco explota y pulveriza lo que tenga adentro. Son minas, literalmente, echadas por tierra.


En junio de 2003, 73 mineros murieron en una explosión en la mina de carbón San Fernando, municipio de Amagá, departamento de Antioquia. En Sardinata, Norte de Santander, a finales de enero de este año, una nueva explosión en la mina de carbón La Preciosa, ¡qué fea ironía!, dejó 21 muertos más.

Otros cinco mineros murieron una semana después tras otra explosión de gas metano en otro yacimiento carbonífero en Peñas del Boquerón, departamento de Cundinamarca, que se suman a los enunciados y a los 173 que en total perecieron durante el año pasado en explosiones parecidas en el país.

Pero resulta que el tema no es de lloriqueos ni de frases dichas de labios para afuera. Mineros muertos, heridos o inválidos, familias pobres y desamparadas, huérfanos del carbón e infantes hundidos en socavones, son sólo una parte de un problema que pareciera que el país descubre cada cierto tiempo, tragedia de por medio, y olvida en menos de lo que reabren las minas cerradas por el gobierno en medidas desviroladas o vuelven a hundirse en la tierra los miles de pobres que en Colombia no saben ni pueden hacer otra cosa.

Esta es la cara que escandaliza, que ocasiona santiguadas con exaltación en las fotos, golpes de pecho hipócritas en la televisión, pero que no le importa a nadie. Ni al estado con el disfraz del gobierno que tenga, ni a muchos del resto de colombianos que creemos que no vivimos hundidos aun más abajo del subsuelo.

La faz que importa, como siempre, no se ve. Las lentes de las cámaras están hechas para mirar sólo lo que los aturdidos ojos detrás quieren mirar. Y los ojos de los medios están hechos para no ver y los periodistas pululantes están contratados para no mostrar.

La otra parte del problema no la vemos porque es grande, grandísima, y demasiado importante. Es oculta porque despedaza al país, de verdad lo hace más miserable, pero también enriquece infinitamente a funcionarios de todos los ámbitos y niveles, medios de todos los caletres y coberturas, y riquísimos de bisoñé entero y no de medio pelo, que no son de aquí y sí son de allá, o que si son de aquí trabajan a sueldo para los de allá, los de las metrópolis, en el sentido colonial del término.

Es la megaminería a cielo abierto. Una práctica infame extendida en el país, que amenaza con propagarse cada vez más, con el beneplácito gubernamental y la aquiescencia del legislativo. Nada nuevo, claro está. Un funesto legado ancestral del despojo colonial en su forma económica más característica: el enclave.

Las transnacionales poseen más de 43 mil kilómetros cuadrados en concesión, un área tan grande como los departamentos de Boyacá y Cundinamarca juntos. Pero es apenas el comienzo. En los mapas de perfiles y proyecciones mineras figura casi todo el territorio nacional (1). No se escapan ni las llamadas zonas protegidas, las reservas estratégicas ambientales, como los páramos, por ley intocables, pero feriados por la gracia divina de Álvaro Uribe Vélez durante su gobierno, ni siquiera al mejor postor, sino a los peores: las empresas transnacionales.


Desde la fuente viene el agua sucia

El principal lazo de unión de los europeos con el Nuevo Mundo fue la producción minera y el comercio desarrollado alrededor de ella.

España tuvo durante mucho tiempo el dominio sobre el suelo y el subsuelo de América, en virtud del último gran acto de soberanía universal del pontificado romano: Las Bulas de Donación de Alejandro VI a los Reyes de Castilla, en 1494. Esto determinó que quienes se dedicaran a la actividad extractiva debían pagar a la Corona un impuesto del 20% del producto, conocido entonces como “el quinto real”.

Hoy en día, las transnacionales cancelan al estado colombiano unas regalías irrisorias, que no llegan al uno por ciento del total saqueado. En mordaz contraprestación, reciben altísimos descuentos en el impuesto de rentas. Y no pagan cinco centavos por la destrucción causada a la tierra, al agua, la biodiversidad y las comunidades. Menos aún por las graves consecuencias genéticas que el uso de tóxicos tiene para las ciudades y pueblos que perjudican. Mejor dicho, aunque también insuficiente por lo grave de su actividad, estas transnacionales están lejos de pagar siquiera el quinto real de otrora.

Los indígenas, en los tiempos pretéritos de la Conquista, fueron la fuerza de trabajo de la minería, y blancos y mestizos eran los supervisores y propietarios. Una costumbre que nunca se perdió, aunque se diversificaran o variaran las prioridades de la codicia: plata, caucho, maderas, petróleo, en fin, toda clase de materias primas que hicieron parte de la voracidad de las metrópolis y se unieron pronto a la del oro.

Más de 85 millones de indígenas murieron a causa de la invasión, las pestes y el trabajo esclavo. “Lo que no lograron con sangre, lo consiguieron con sobornos”, como afirma el cineasta argentino Fernando Solanas (2).

Unas prácticas y unas estrategias que se mantienen intactas y vigentes. Los indígenas siguen sufriendo por los siglos de los siglos el desplazamiento de sus territorios y el asesinato de sus líderes. A ellos se les unen ahora los miles de pobres que habitan los pueblos mineros, los cientos de miles que habitan un poco más abajo y que dentro de poco quedarán sin agua y padecerán las malformaciones, y los millones de colombianos que nos vamos quedando sin páramos, sin bosques, sin país.

Hasta 1650, España se había llevado de América más de 4 mil toneladas de oro y 16 mil de plata. Cifras que pueden parecer altas, pero que no lo son tanto si las comparamos con la producción actual de estos minerales.

Las obvias mejoras de la productividad industrial del sector minero y de la tecnología de extracción, unidas a las técnicas más sofisticadamente despiadadas, permiten que actualmente, en un solo año, la producción mundial de oro supere las 2,300 toneladas, es decir, más de la mitad de todo lo extraído por los españoles en 120 años. Y que, para el caso de la plata, sólo la producción de México, en un año, esté alrededor de las 2.800 toneladas (3). Así, sólo un país, que concentra el 16% de la producción mundial, alcanza en un año el 17.5% de todo el recurso saqueado durante la Conquista.


Páramo de Las Hermosas, Colombia: Un peladero más en ciernes, donde los grandes mineros ya hacen lo suyo. Ahora, además, es una mina de oro en la mira de la AngloGold. (Foto: JASM)


"El oro no apaga la avaricia" (Plutarco)

Al maestre de campo y gobernador de Chile, don Pedro de Valdivia, lo sorprendieron Caupolicán y Lautaro, al frente de araucanos sublevados. Fabula Eduardo Galeano y dice que entonces los indios “le hacen tragar tierra, puñado tras puñado, le hinchan el cuerpo de tierra de Chile, mientras le dicen: "-¿Quieres oro? Come oro. Hártate de oro.” (4)

¿Cuánto metal precioso se necesita para hinchar de oro, digamos, a AngloGold Ashanti, GreyStar, Cerromatoso, Carboandes, Drummond o Muriel Mining Corporation? El maestre de campo don Pedro, quien rasguñó valles enteros chilenos buscando oro y apenas halló la muerte, viéndolo bien, padecía un apetito aurífero ligero si lo cotejamos con la avidez del presente.

La acometida transnacional minera al país se lleva a cabo en casi todas las regiones, en casi todos los flancos y causando todos los daños, sin el casi. Según la propia Ingeominas, desde 2004 el gobierno ha entregado 1.536 títulos para explorar y explotar yacimientos de oro, y hay otros 7.770 en trámite.

Las riquezas del Nuevo Mundo sirvieron para dividir las naciones y empobrecer a sus pueblos. El mismo flaco servicio prestan ahora. Las transnacionales de la minería minan las comunidades y las dividen para reinar. Financian las fiestas populares, costean las carrozas y sufragan los abalorios de las reinas del pandebono y la aguapanela; seducen a dirigentes y sobornan a burócratas; adquieren investigaciones universitarias e investigadores; compran en rebaja togas y jueces.

Y, mientras tanto, siembran cizaña contra los pequeños mineros, demonizan a los opositores y se valen del aval gubernamental para deshacerse de cualquier incomodidad.

Hace varios siglos, conquistadores obnubilados por el oro, como Sebastián de Belalcázar, Gonzalo Jiménez de Quesada, Nicolás de Federmann, Francisco de Orellana, Gonzalo Pizarro, Sir Walter Raleigh, Felipe de Utre o Lope de Aguirre, padecían las inclemencias de las tierras vírgenes, atiborradas de pantanos y mosquitos.

Ahora, desde un sillón en cualquier parte, se hacen movimientos especulativos y se compran y se venden estas tierras prósperas, pero sin dios y sin ley lo mismo que hace 400 o 500 años. Los campesinos, los indígenas, los afrodescendientes, son los mosquitos.

Como la canadiense Medoro Resources, que ha comprado en el país reservas de 12 millones de onzas de oro, que cuestan unos 8.400 millones de dólares, por la bicoca de 37.5 millones. Un ejemplo gráfico del asunto. Transnacional que, a propósito, dejó en el baúl sus 11 títulos mineros en la misérrima Malí, y, muy creíblemente, el yacimiento “Lo Increíble” en Venezuela, donde paso a paso están tratando de meter en cintura a estas compañías, y pareciera que orientó sus fauces hacia Colombia, específicamente, a Marmato, en el departamento de Caldas, como se puede deducir con una simple ojeada a su portal (5).


La locomotora loca

La locomotora de la minería y los hidrocarburos que el presidente Juan Manuel Santos pretende poner en marcha para jalonar la economía y que figura en el Plan Nacional de Desarrollo, como los proyectos ferrocarrileros del siglo XIX, hechos de la mano del capitalismo y a punta de muertos y de prácticas esclavizantes, amenaza con aplastar todo lo que se le ponga por delante. Para empezar, lo que tiene enfrente es, ni más ni menos, el futuro del país.

Sin pautas claras, con instituciones débiles, cada quien con cartas bajo la manga, cuando ni siquiera existe la capacidad para inspeccionar o vigilar las minas registradas, ni la voluntad de hacerlo, o con los bríos comprados para lo contrario, lo que esta locomotora promete es acentuar los deterioros conseguidos por años, cruzando desbocada por donde se le antoje y menoscabando aún más el medio ambiente.

La mentada inversión extranjera, durante 2009, se orientó, en un 98%, hacia la minería. Son dudosos, por decir lo menos, unos gobiernos que asientan tantas esperanzas en tan viejas prácticas, haciendo de Colombia un país con la economía basada en la extracción de recursos. Una vuelta al pasado gracias al juego del libre comercio, que impide el desarrollo de la ciencia y la tecnología, y sofoca cualquier posibilidad de industrialización.

En las regiones donde las transnacionales mineras tienen intereses manifiestos, las comunidades mineras empiezan a ser amenazadas por los grupos paramilitares, ahora denominados Águilas Negras, Nueva Generación, Rastrojos y/o Bandas Emergentes o Bandas Criminales (6).

El gobierno ha hecho referencia a la presencia de intereses de la guerrilla en la minería, pero ni en voz baja ha mencionado la profunda infiltración paramilitar en el sector. Y en el medio, los mineros, los pequeños mineros o “barequeros”, criminalizados por el propio presidente Juan Manuel Santos, quien ve en ellos una fuente de financiación de las FARC y los grupos criminales.

Un allanamiento del camino para las transnacionales, donde el miedo y el terror hacen la limpieza territorial necesaria para adelantar las explotaciones. El aparato represor completa así el trabajo institucional abierto del engaño y del engatusamiento. A las buenas o a las malas, la protesta social es impedida. Los lugareños nunca son consultados, los estudios desfavorables son alterados o desconocidos, las opiniones en contravía son espantadas. No es hipocondría, es que de cierto estamos graves. Ni es paranoia, es que de a de veras nos persiguen. Miremos bien para atrás, si no.

La sudafricana Anglogold Ashanti ha sido una transnacional de prácticas malvadas y mafiosas. Su llegada al país, incluso, fue a hurtadillas, bajo seudónimo, con nombres camuflados y socios testaferros que en realidad eran altos funcionarios internacionales de sí misma, o sea, de la Anglogold, según investigaciones del periodista Gearóid O. Loingsigh. (7) Su verdadera identidad sólo se revela cuando se anuncia el descubrimiento de La Colosa, en Cajamarca, departamento del Tolima. Ahora la transnacional reconoce que está en el país desde el año 2000, “tres años antes de fundar su empresa fachada”.

Con un pasado negro en Sudáfrica, beneficiaria del Apartheid, donde generó “grandes ganancias a costa de las mayorías negras”, y que tuvo que pedir perdón por el “error” de financiar grupos paramilitares en la República Democrática del Congo, lo menos que transnacionales como la Anglogold deben generarnos es mucha desconfianza.

Y eso que esta es de las buenas. De las que, a lo menos, prometen que rearmarán y reverdecerán las montañas que derrumben, lavarán las aguas que infesten, se tragarán los charcos letales que provoquen y reconstruirán con prótesis los niños que desfiguren. De las buenas, insisto, porque otras ni siquiera se toman el trabajo de mentir. Se quedan en el descabezamiento de los sindicalistas, como la Drummond, o en la protección acérrima de sus secuaces, como la Drummond, defendiendo a Uribe de las acusaciones en una corte de Estado Unidos por vínculos de la empresa con los paramilitares.

Tarareamos hasta la fatiga que somos un país rico en biodiversidad. El cuarto, según el Instituto Humboldt. Los bosques cubren un 40% del país, que acogen el 10 por ciento de las especies vivas del planeta. La única cosa en la que con certeza podemos considerarnos una potencia. Cosa nada despreciable, pues por ahí andan las estrechas posibilidades de perdurabilidad que tenemos como especie, en un planeta que estamos volviendo un desierto, un desaguadero, un moridero.

La megaminería a cielo abierto por lixiviado con cianuro provoca impactos devastadores sobre los ecosistemas y los humanos, y desertifica y modifica la superficie terrestre. Metales pesados y metaloides, como el cianuro y el arsénico, se utilizan por toneladas, y el agua potable se ensucia por metros cúbicos. Por decir algo, para obtener un gramo de oro se gastan mil litros de agua por segundo. En otros términos, una mina se gasta en un día de extracción el agua que consume una ciudad de más de medio millón de habitantes.

Dijo una vez el Mahatma Gandhi que “en la tierra hay suficiente para satisfacer las necesidades de todos, pero no tanto para satisfacer la avaricia de algunos". En un país en donde nunca estamos sentados a la mesa ni para las cosas nuestras, no hay otra opción: Terminamos haciendo parte del menú.

Los mineros muertos año tras año en el país, los que mencioné y los cientos que vendrán, son parte de él. Y dado que la francachela y la gran comilona arrecian: Desestabilizadas las laderas, alterada la dinámica fluvial y deprimido el nivel freático, entre tantas otras cuitas, ¿cuál agujereado polvorón o qué amargo bistec somos?


NOTAS:

(1) Portal de Información Minera Colombiana. http://www.imcportal.com
(2) “Tierra sublevada: Oro impuro”. Dir. Fernando E. Solanas. 92 min. Argentina, 2009.
(3) Wikipedia. Revolución de los precios. http://es.wikipedia.org/wiki/Revolución_de_los_precios
(4) Galeano, Eduardo. Memorias del Fuego, I. Los nacimientos. Pág. 139. Ed. Siglo veintiuno editores, 1982.
(5) Portal de Internet de la transnacional canadiense Medoro Resources, en: http://www.medororesources.com/
(6) Kaos en la Red. “Paramilitares amenazan de muerte a los que denuncian irregulares concesiones a Multinacionales Mineras”. Organizaciones de DDHH. Alvear Restrepo. En: http://www.kaosenlared.net/noticia/alerta-paramilitares-amenazan-muerte-denuncian-irregulares-concesiones
(7) “El lado oscuro de Anglogold Ashanti”. Revista El Salmón. Págs. 4 y 5. Julio – Diciembre de 2009.


Artículo también disponible en:

REBELIÓN (España)
Instituto Alexander von Humboldt (Colombia)
ALAI - Agencia Latinoamericana de Información
Patria Grande - La Revista del ALBA
Kaos en la Red (España)
Indymedia - Colombia
Sur y Sur (Venezuela)
Periódico Desde Abajo (Colombia)
Alba Tv (Venezuela)
Diario Universal (España)
Planeta Paz (Colombia)
QUESTION (Venezuela)
Observatorio de Conflictos Mineros de A. Latina, OCMAL
La Radio del Sur (Venezuela)
Observatorio de Multinacionales en América Latina - OMAL


viernes, 11 de febrero de 2011

Remesas y pobreza en Colombia: Una relación evidente



La crisis mundial ha afectado con fuerza al volumen de las remesas que perciben muchos países de América Latina y en particular Colombia.

Según los datos oficiales, si en el año 2007 el país recibió 4.800 millones de dólares en concepto de remesas, esta cifra se vio reducida a menos de 4.000 millones durante 2010. Este fenómeno, junto a la revaluación del peso colombiano, ha influido mucho en el bienestar de la población colombiana, el 10% de la cual (más de 4 millones de personas) vive en el exterior.

La crisis financiera que sufrieron los países a los que tradicionalmente emigran los ciudadanos colombianos, como Estados Unidos y España, obligó a estos residentes a afrontar el aumento del desempleo y la consecuente disminución de los salarios.


"El desempleo ha aumentado cada día más. Y se ha sentido, porque antes le resultaba a uno más trabajo, haciendo limpieza en pisos o como camarera en bares, y bueno, ahora uno va y lleva allí los currículum y es… pasan días y días y ahí", cuenta Blanca Libia Salazar, emigrante colombiana que vive en España.

Como consecuencia, se han reducido también las remesas que los emigrantes constantemente enviaban a sus familias a Colombia y que significan beneficios tributarios, convirtiéndose en una de las principales fuentes de ingresos. Esto ha provocado que muchos colombianos estén al borde de la pobreza actualmente.


"Los niveles de pobreza aumentan cuando las remesas disminuyen. De hecho, el impacto del desempleo en Colombia, en estos momentos, es mucho mayor en las regiones del Eje Cafetero, que es una de las regiones de mayor impacto migratorio. Por ejemplo, en Pereira el desempleo sobrepasa el 20%, lo mismo que en Armenia. Allí el impacto económico de la crisis global afecta directamente a estas comunidades locales", según Óscar Gómez Díez, el director de la Fundación 'Esperanza', una organización local de la sociedad civil.

De acuerdo con el experto, la disminución del dinero enviado incide también sobre otros ámbitos esenciales del desarrollo. "Las remesas tienen un impacto importante en la educación de los hijos de los emigrantes. Lo que pudimos notar en las encuestas que hicimos es que en las familias receptoras de remesas, sus hijos logran una mayor permanencia escolar en años de estudio respecto a aquellas familias que no perciben remesas", indica.

Según las previsiones actuales, se podrán recuperar los niveles anteriores de las remesas desde el extranjero sólo a partir de 2012 o 2013.

martes, 8 de febrero de 2011

Traslado descoordinado: Fuga ordenada

Video demuestra cómo "se fugó" paramilitar, o, mejor dicho, no se escapó "propiamente, sino que tomó un taxi durante un traslado", como lo dice Noticias UNO en este reportaje.

El paramilitar ha asesinado al menos a 1000 (MIL) personas. Los guardias del INPEC (autoridad carcelaria) sólo fueron "suspendidos 90 días": Impunidad total para los paramilitares.


Los paramilitares han sido una fuerza usada para masacrar, acallar reivindicaciones sociales, mediante despariciones y asesinatos; su otra función clave es producir desplazamientos masivos de poblaciones, para vaciar las tierras de habitantes y aminorar las resistencias al saqueo multinacional.


En varias regiones del país los paramilitares actúan en coordinación con el ejército colombiano, y son co-financiados por multinacionales y latifundistas, ganaderos y narcotraficantes, gozando en muchas ocasiones de la protección estatal.


También disponible en: Kaos en la Red

jueves, 27 de enero de 2011

Colombia: Mineros sin mina

La impunidad con la que operan las multinacionales, en contravía de la legislación vigente, explotando zonas vedadas y con técnicas prohibidas, contrasta con la criminalización de la minería en menor escala.





Video disponible en:

RT - Televisión de Rusia

lunes, 10 de enero de 2011

Chávez frente a Insulza y la OEA



La OEA critica nuevamente a Venezuela siguiendo las políticas de Washington.
Nota de RT TV - La Televisión de Rusia.2

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