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BELDADES Y MENTIRAS DE GADAFI

Rodeado de sus beldades, vocifera, desafía, miente. Y la voz telúrica en la tribuna es el canto del cisne.

COLOMBIA: UN PAÍS MINADO POR EL DESPOJO MINERO

En un país en donde nunca estamos sentados a la mesa ni para lo nuestro, no hay otra opción: Terminamos haciendo parte del menú.

REMESAS Y POBREZA EN COLOMBIA: UNA RELACIÓN EVIDENTE

Según previsiones actuales, se recuperarán niveles anteriores de remesas desde el extranjero sólo a partir de 2012 o 2013.

COLOMBIA AFRONTA EL CRECIMIENTO DEL PARAMILITARISMO

La estructura del paramilitarismo se redujo en algunas regiones del país, pero en otras permaneció intacta o hasta creció. .

ENFERMEDADES 'LEVES' QUE MATAN EN COLOMBIA

Los pacientes con diagnóstico de alguna enfermedad prevenible terminan en una gran tragedia personal y familiar, requiriendo cuidados médicos que las entidades designadas no prestan efectivamente.

lunes, 30 de mayo de 2011

Carta a mis hermanos de La Radio del Sur

Por: Patricia Rivas.


A mis compañeros Hernán Cano, Ernesto J. Navarro, Marcos Salgado, Freddy Muñoz y Aarón Corredor y a la profesora Cristina González, con quienes he tenido el honor de servir en la trinchera comunicacional, víctimas hoy de la incompetencia y la mediocridad, la falta de criterio y de coraje del "oficialismo neurótico". Gracias por ser ejemplos rutilantes del periodismo y del ser humano que necesita la revolución.

Les escribo estas líneas desde el Sur del Norte, desde el Madrid del “No pasarán”, del que salí un día afortunado de 2005 para deslumbrarme con la luz del proceso revolucionario venezolano, con la entrega y la capacidad de creer de su pueblo en un mañana compartido.
En Caracas aprendí las cosas más importantes. Y, sorprendentemente, sigo llevándome lecciones. He tardado varios días en reponerme de la última, y les pido disculpas si estas líneas, y este abrazo que viaja con ellas, llega con algún retraso.

En lo que se ha llamado el “Caso Pérez Becerra” hay varios niveles de análisis. Yo me quedo en este escrito quizá en el más primario y básico de todos. La decisión de entregar (que no extraditar) ilegalmente a un comunicador social, a un sobreviviente del genocidio perpetrado por la oligarquía colombiana y sus servidores estatales y paraestatales, a un hijo de Bolívar, pónganlo como quieran, pudo haber sido un error, causado por la precipitación, por el nerviosismo ante las inmensas presiones y chantajes que se despliegan contra el Gobierno Bolivariano, por el deseo de obtener la extradición (ésta sí dilatada durante meses) de un presunto narco-traficante refugiado en Colombia. Como quiera que sea, la entrega de Pérez Becerra al Estado colombiano fue asumida por el Presidente Chávez como una decisión de la que él es responsable. Con la misma claridad con la que el presidente Chávez afirma que la detención y entrega ilegales de -“este señor… ¿cómo es que se llama?”- Joaquín Pérez Becerra, a la jauría santanderiana para que hiciera de presa estelar en la cotidiana cacería humana que son los noticieros de RCN y Caracol, con esa misma claridad y crudeza tendrá que asumir el presidente Chávez todas las consecuencias políticas y morales ligadas a esa decisión.

Hay un problema previo a la decisión de Estado de entregar a Joaquín. Y es un comunicado emitido por el Ministero del Poder Popular para la Comunicación y la Información (MINCI), horas después de la detención del comunicador de nacionalidad sueca en el aeropuerto internacional de Maiquetía, y cuyo contenido merece ser objeto de estudio por lo que implica en cuanto a calificar la actividad de un comunicador social como “terrorismo y crimen organizado”, y cuya última frase roza cotas insospechadas de surrealismo:


http://www.minci.gob.ve/a_r_r/1/204455/gobierno_bolivariano_ratifica.html

Comunicado sobre detención de Joaquín Pérez Becerra


Gobierno Bolivariano ratifica compromiso en la lucha contra el terrorismo y el crimen organizado

El ciudadano de nacionalidad colombiana fue aprehendido cuando intentaba ingresar al país en un vuelo comercial procedente de la ciudad de Frankfurt, Alemania. Las autoridades del Gobierno de la República de Colombia fueron informadas sobre este procedimiento.

El Gobierno de la República Bolivariana de Venezuela, informa que, el día 23 de abril de 2011, fue detenido en el Aeropuerto Internacional Simón Bolívar de Maiquetía, el ciudadano de nacionalidad colombiana JOAQUÍN PÉREZ BECERRA, con cédula de ciudadanía número 16.610.245, cuando intentaba ingresar al país en un vuelo comercial procedente de la ciudad de Frankfurt, Alemania. El ciudadano Joaquín Pérez Becerra, es requerido por los órganos de justicia de la República de Colombia, a través de INTERPOL, con difusión roja, por la comisión de los delitos de concierto para delinquir, financiamiento del terrorismo y administración de recursos relacionados con actividades terroristas. De igual manera, han sido informadas las autoridades del Gobierno de la República de Colombia sobre este procedimiento.

El Gobierno Bolivariano ratifica así su compromiso inquebrantable en la lucha contra el terrorismo, la delincuencia y el crimen organizado, en estricto cumplimiento de los compromisos y de la cooperación internacional, bajo los principios de paz, solidaridad y respeto a los derechos humanos.

Caracas, 23 de abril de 2011.

Prensa MinCI


Se saldría del objeto de esta carta el análisis de lo que este comunicado oficial del Ministerio de Comunicación e Información en representación de todo el Ejecutivo Bolivariano implica, en cuanto a desconocimiento de la realidad colombiana y el sometimiento al discurso imperial de criminalización de la protesta social y la estigmatización de todos los actores que resisten al orden genocida impuesto por Bush tras el 11-S de 2001, con la letanía de la “lucha contra el terrorismo, la delincuencia y el crimen organizado”, y en pos de “la paz y el respeto a los derechos humanos”.

¿Sabían los redactores de ese comunicado y quienes lo suscribieron que “las autoridades del Gobierno de la República de Colombia” son responsables de más de 38 mil desapariciones forzadas en los últimos 3 años, o de más de cuatro mil asesinatos de civiles por las fuerza pública presentados como guerrilleros en los últimos 8 años, o de más de cuatro millones y medio de desplazados, despojados de sus tierras por la mafia narco-paramilitar que controla el Congreso, la misma que se permite perseguir y amenazar a periodistas, académicos, y jueces de la Suprema Corte cuando se vuelven molestos, la misma que armó el montaje judicial contra Joaquín usando unas pruebas que habrían servido para acusar al mismísimo presidente Chávez de “apoyar actos terroristas”?

Queda el comunicado en las hemerotecas para politólogos y estudiosis que tengan a bien analizar las fases y el encaje de las distintas piezas del proceso venezolano, paradójico hasta extremos que desafían la lógica más elemental en no pocos episodios.

Hubo algo antes del comunicado. Un “trino” del Ministro de Información y Comunicación, Andrés Izarra, a través de la red social Twitter, que ya anticipaba el desastre:

“Capturado en Venezuela colombiano solicitado por código rojo Interpol por terrorismo. En breve comunicado de nuestro Gobierno”.

“Colombiano”; “Código Rojo de Interpol”; “Terrorismo”. Los tres elementos del guión de Santos, los tres resortes de la trampa puesta al Gobierno bolivariano, eran asumidos acríticamente y con un entusiasmo que haría palidecer al mismísimo José Obdulio Gaviria, por quien tendría que haber provisto de contexto al resto del tren ejecutivo venezolano y haber actuado como filtro ante las presiones y la precipitación que se pretendía provocar y que terminaron conduciendo a un desastre en cadena que todavía no ha terminado de producir daños personales y políticos al interior del proceso venezolano.

El trino y el comunicado del ministro, así como la detención inicial de Joaquín Pérez Becerra pueden explicarse sencillamente: precipitaciones, desconocimiento, falta de criterio. En suma, errores políticos, que, en ese momento, podían reconocerse y ser subsanados.

Lo que ocurrió después fue muy grave. Se violó la Constitución venezolana y los convenios internacionales suscritos por Venezuela al recluir a Joaquín Pérez Becerra en condiciones de aislamiento, negarle el habeas corpus, negarle el derecho de ser visitado por las autoridades consulares suecas que requirieron entrevistarse con él, y entregarlo maniatado a la policía colombiana sin que se hubiera ni siquiera iniciado un proceso de extradición, saltándose a la torera todo el procedimiento contemplado en los acuerdos bilaterales suscritos por Venezuela.

Pero en las 48 horas que mediaron hasta que se consumó esta infamia, el Gobierno venezolano tuvo la oportunidad de escuchar a su base social, o a una parte muy consciente y muy firme de la misma, que le solicitó rectificación y que se protegieran los derechos de un ciudadano que no había cometido otro crimen que el de sobrevivir y resistir desde la trinchera de la comunicación alternativa el terror de Estado que aplica el régimen colombiano. Puede que cuando escribió su trino y firmó el comunicado del MINCI, Andrés Izarra creyera que Joaquín Pérez Becerra era un “peligroso terrorista de las FARC” (ya la simple asunción de este esquema es preocupante, pero no le vamos a pedir peras al olmo). Pero a las 24 horas se habían producido suficientes declaraciones dentro y fuera de Venezuela como para discernir quién era realmente Joaquín Pérez Becerra y cuáles eran las únicas “evidencias” que el Estado colombiano esgrimía para satanizarlo como un peligroso criminal: los mismos computadores mágicos con los que Uribe acusó al presidente Chávez y al presidente Correa de apoyar “el terrorismo”… una estrategia que todavía colea y se explota.

Mis compañeros de la Radio del Sur hacen entonces lo que cualquier periodista en sus cabales: busca testimonios que contribuyan a aclarar la situación, que arrojen luz sobre lo que verdaderamente está ocurriendo, que permitan discernir qué hay de hechos y qué difamación y propaganda en el guión escrito por el Gobierno de Santos y acatado acríticamente por el Gobierno venezolano. La responsabilidad y la mesura con la que actúa la Radio del Sur es encomiable. Busca los hechos, las voces que conocen de primera mano lo ocurrido. Está en juego mucho más que la vida de un hombre inocente. Está en juego la ética revolucionaria de un Gobierno cuya legitimidad radica precisamente en ser honorable, en escuchar a su pueblo.

¿Y qué ocurre? Telefonazo del MINCI a la presidenta de la Radio del Sur. Silencio. La directriz es clara: silencio sobre el tema, hasta que hable el presidente. Es domingo, 24 de abril. Se espera una alocución del presidente Chávez en la reunión del Consejo de Ministros. La alocución concluye con un anuncio inesperado: el aumento de sueldo que tradicionalmente se anuncia el 1 de Mayo. Ni palabra de Joaquín Pérez Becerra. Mientras todos los medios emiten el Consejo de Ministros en Cadena Nacional de radio y televisión, nos enteramos por el diario “El Tiempo” y la televisión colombiana de que Joaquín ha sido entregado y vemos su foto, esposado, con chaleco antibalas y flanqueado por dos soldados fuertemente armados, al estilo Robocop.

El caso Pérez Becerra encierra, de este modo, muchas infamias en cascada:

El 23 de abril fue la detención y la emisión de un comunicado por parte del Gobierno bolivariano que significa la asunción del guión imperial y la renuncia a ejercer la soberanía y al cumplimiento de la ley venezolana y del derecho internacional.

El 24 de abril fue la censura más obtusa y primaria, con un talante que hacía palidecer los “¿Por qué no te callas?” que tantas veces se habían intentado imponer al Gobierno venezolano desde otras instancias imperiales o neocoloniales. Ahora era telefonazo y “te callas porque te callas”. Más allá de la falta de respeto profesional que esto implica de parte de alguien que se considera periodista, la aplicación de esta censura directa sobre las emisiones de un medio de comunicación público, violan todos los códigos de ética, la Constitución y la Carta universal de derechos humanos, así como el más mínimo sentido democrático, por no hablar de palabras como socialismo o participación, que ponen nervioso al ministro en cuestión.

Después de la censura, vino la operación de propaganda demagógica y barata, anticipando el anuncio del aumento de salario que siempre se realiza el 1 de Mayo para distraer la atención del pueblo y conseguir un titular en los medios venezolanos al día siguiente que no dijera Joaquín por ningún lado. Lo que esto supone de falta de respeto al soberano y de emulación de los mismos mecanismos de ocultación y manipulación contra los que se rebeló el pueblo de Bolívar el 13 de abril de 2002, es mejor que sea cada venezolano y venezolana quien lo juzgue.

Pero la cadena de infamias no se detiene aquí.

El 9 de mayo es destituida fulminantemente la profesora Cristina González como presidenta de la Radio del Sur, y se designa en su puesto a Desirée Santos Amaral, una persona que se ha destacado por haberle hecho un flaco favor al Gobierno en su confusa defensa de la Ley Resorte, llegando a admitir que censuraba los contenidos de internet, que era la tesis de la oposición venezolana, y defendiendo dicha censura, que nunca estuvo en el espíritu ni en la letra de la ley. Su oficialismo acrítico y su demostrada ausencia de criterio se ven ahora recompensadas.

Los trabajadores de La Radio del Sur en asamblea respaldan la labor de su presidenta Cristina González y se solidarizan con ella ante el atropello sufrido, y hacen un llamado a la nueva presidenta a ser respetuosa con los principios de participación y funcionamiento democrático en la toma de decisiones editoriales en la emisora.

Se temen lo que anuncian rumores de pasillo: represalias y despidos contra quienes osaron cuestionar la detención y entrega de Joaquín Pérez Becerra.

Y no están errados. La nueva directiva de La Radio del Sur cumple con las instrucciones recibidas y ruedan cabezas. Cinco trabajadores son despedidos, como escarmiento de quienes quedan y como satisfacción personal del ministro.

Se ha desatado una caza de brujas, alimentada por viejas animadversiones del ministro contra periodistas que no le fueron dóciles cuando ordenó cacicadas en sus tiempos de presidente de TeleSUR. Cuando perseguía y esigmatizaba a los periodistas más conscientes, calificándolos de “tirapiedras” y entregaba el poder de decisión a los desembarcados de RCTV; cuando vetaba a determinadas caras en la pantalla de Telesur, por “gordos” o “feas”. Cuando contrataba los servicios de una consultora española de comunicación para que, a precios astronómicos, hiciera pedazos la programación y la plantilla del canal, con el criterio de que Telesur era “aburrido” y hacían falta periodistas “polivalentes”, mientras en el noticiero que ellos dirigían en la Sexta se mentía descaradamente sobre Venezuela. Cuando despedía a trabajadores por el crimen de reunirse en una asamblea para poner en común problemas y propuestas de solución, siguiendo el llamado del presidente a organizarse e impulsar procesos de revisión, rectificación y reimpulso al interno del proceso. Cuando despedía a periodistas que se habían jugado la vida por Telesur, cubriendo la guerra contra Líbano sin medios materiales ni logísticos, con las uñas, y se les dejaba a los pies de los caballos, sabiendo que su vida corría peligro. Cuando los trabajadores no percibían el salario que les correspondía, mientras se despilfarraba el dinero público en asesores, vehículos, obras faraónicas y gastos astronómicos de administración, y faltaban las cámaras con las que cubrir mínimamente los acontecimientos en la propia Caracas.

Quienes hemos trabajado con Andrés Izarra no nos extrañamos de que todo esto haya podido ocurrir. Lo que nos causa estupor es comprobar que sus goriladas sean asumidas por el Gobierno bolivariano al completo y por el propio presidente.

¿Es esta su política comunicacional? ¿La censura, la manipulación y la represión?

¿Por qué goza Andrés Izarra de impunidad ante su probada incompetencia y clamorosa ausencia de criterio político?

¿Por qué él puede dilapidar el presupuesto de la nación, despedir ilegalmente a cientos de trabajadores en Telesur (hasta el año 2008, en que le perdí la pista, todos y cada uno de los más de trescientos trabajadores que habían demandado a Telesur por despido improcedente, fueron amparados y tuvieron que ser indemnizados por el canal), entregar la administración del canal a oscuras capitanas y siniestros personajes que hipertrofian la parte administrativa hasta asfixiar las operaciones del que debería ser el canal más joven y ágil de los medios del Estado? ¿Por qué él puede hacer todo eso sin que se le cobren responsabilidades?

¿Y a Cristina González, decana y maestra de periodistas, luchadora leal a prueba de golpes de estado, de ausencia de presupuesto, de asfixia material y de todo tipo de trabas, se la sacrifica sin pensarlo dos veces, sin que nos tiemble la mano?

Cristina González es la directora de un medio de comunicación con los pantalones mejor puestos que he conocido. Su pasión por la revolución bolivariana sólo es comparable a su pasión por el periodismo con ética, que no come cuentos de equidistancias –que tanto le gustan a Izarra, por cierto- que no transa con los principios. Y la he visto sostener el teléfono con dignidad frente a funcionarios de diversos rangos, habitualmente del MINCI, pero también de otros ministerios, que llamaban a ejercer presión. A diferencia de TeleSUR, donde se levantaban notas, programas y documentales ante cualquier llamada de cualquier funcionario gubernamental latinoamericano, sin la menor capacidad de defensa de la soberanía de las decisiones editoriales del canal, en YVKE Mundial mientras la dirigió Cristina González y en La Radio del Sur, eso era mucho más improbable.

¿Es esa la cuenta que le están cobrando? ¿Son así los medios de comunicación públicos que necesita el presidente Chávez de cara a la próxima campaña electoral? ¿Acríticos? ¿Pasivas cajas de resonancia de las estrategias de propaganda diseñadas -¡ay!- por el MINCI? ¿Meros difusores de los mensajes del presidente Chávez?

A menudo los desastres sirven para poner en evidencia los límites y las fallas de un sistema, de la naturaleza que sea. El Gobierno bolivariano y la naturaleza misma del tipo de democracia que se practica en Venezuela, han sido puestos a prueba por el caso Pérez Becerra. El hecho de que fuera una trampa diseñada para poner en aprietos y arrodillar al Gobierno venezolano no atenúa en ninguna medida la dimensión de la cadena de injusticias cometidas, consentidas y sancionadas.

Corresponde al pueblo venezolano, a todos y cada uno de los ciudadanos dueños del proceso bolivariano, decidir con su acción u omisión el rumbo que tome el proceso. El presidente Chávez se beneficiará o será víctima del resultado de este proceso dialéctico. No nos equivoquemos. Si el pueblo decide dejar que Chávez gobierne solo, si no pone los límites y llena de contenido la tan traída y llevada “democracia participativa y protagónica”, no será nadie sino el pueblo el responsable de su destino.

Lo que ha ocurrido en Venezuela desde el 23 de abril es una cadena de infamias, de injusticias, de abusos y errores políticos garrafales. Están a la vista de todos las vergüenzas de las carencias del MINCI, del Gobierno en su conjunto, del Sistema Nacional de Medios Públicos, de la democracia venezolana.

No me corresponde a mí decir lo que hay que hacer. Eso sería calificado, con razón, como una injerencia imperdonable.

Pero es mi obligación solidarizarme con los caídos por la verdad y por la decencia en esta escaramuza. Decirles que todas las goriladas de Andrés Izarra no podrán eclipsar lo que fueron momentos brillantes del ejercicio del periodismo, en las ondas y a través de la web, y que deslumbraron más por el silencio y la mediocridad cobarde que los rodearon en las horas en que Pérez Becerra permanecía detenido en Caracas, en que todavía se podía evitar la infamia.

En estos días, compañeros, camaradas, colegas y compatriotas (en el sentido que ustedes me enseñaron que tiene esta palabra), en estos días de desolación pienso mucho en Joaquín Pérez Becerra, pudriéndose en una mazmorra colombiana junto con otros 7.500 presos políticos, y vienen a mi cabeza la “Balada de Sacco y Vanzetti”, de Joan Baez, dos de esos que Andrés Izarra llamaría “tirapiedras”, “terroristas” que fueron electrocutados por su admirada democracia estadounidense bajo un montaje judicial:

“Father, yes I am a prisoner / Padre, sí, soy un preso

Fear not to relay my crime / no temo revelar mi crimen

The crime is loving the forsaken / el crimen es amar a los desamparados

Only silence is shame. / solamente el silencio es vergüenza."


Me consta que ustedes asumen su decisión y que no necesitan que nadie desde otro continente venga a defenderles de absolutamente nada. Esta carta es solamente un esfuerzo personal para no contribuir a la vergüenza de permanecer en silencio ante la injusticia de la que ustedes han sido víctimas. Me consta que son personas dignas, probas y capaces, deslumbrantemente capaces. Sólo espero, deseo, por el bien de un proceso que amo y que necesito con vida, que encuentren la manera de seguir aportando, enriqueciendo, participando y sacudiendo conciencias, mientras sobreviven al desempleo y a la caza de brujas desatada por el actual ministro de Información y Comunicación de Venezuela.

Salud y que estos vientos que ahora empiezan a sacudir las plazas de esta vieja y entumecida Europa, se unan al huracán bolivariano que lleva dos décadas levantando las faldas del sistema que nos atenaza a todos. Entonces, como ahora, necesitaremos pensar con cabeza propia, y revolucionarios con escrúpulos y coraje como para aspirar a ser algo más, algo más importante –aunque tal vez peor remunerado- que “oficialistas”.

Artículo en:

Portal Rebelión (España)

viernes, 27 de mayo de 2011

La pobreza en Colombia


Todos los días, desde temprano, Gloria Tasamar empieza a envasar el desinfectante que ella misma prepara para después venderlo de casa en casa en largas jornadas de trabajo. Este producto se conoce en la zona como “Límpido”, y es la principal fuente de ingresos, tanto para ella, como para sus padres y sus cuatro hijos.

“Me toca dejarle los niños a mi mamá, pues yo a veces me voy todo el día por allá, trabajando. Yo trabajo con el Límpido. Me voy todo el día y no llego hasta por la noche. El esposo me dejó, me abandonó, y yo soy desplazada”, dice Gloria.

Las dificultades de Gloria para poder sobrevivir y sacar su familia adelante son enormes. Se beneficia de un programa asistencial del Gobierno para familias muy necesitadas, gracias al cual puede complementar sus ingresos.

“Hasta ahora yo me he quedado con los hijos, y hasta ahorita yo los estoy levantando al alcance mío, a mi capacidad. De todas maneras, a mí me ha favorecido la ayuda del Gobierno, me ha favorecido mucho la ayuda que me han dado”, cuenta la madre de familia.

Hay muchos casos parecidos en el país. Las cifras oficiales reconocen que en Colombia hay veinte millones de personas pobres y más de siete millones de indigentes. Significa que más de la mitad de la población pasa hambre.


“Es un contraste asombroso el hecho de que el país, en los últimos años, haya crecido a unas tasas de cuatro, cinco, seis por ciento. Son tasas de crecimiento importantes. Pero, estructuralmente, se mantienen la pobreza y la indigencia”, explica Héctor Moncayo, investigador del Instituto Latinoamericano de Servicios Legales Alternativos de Bogotá.

La estructura productiva del país cambió aceleradamente durante los últimos años, pasando de una economía basada en pilares como la agricultura, la ganadería y la manufactura, a desarrollar sectores como la minería y los hidrocarburos, los cuales han adquirido un peso sustancial en el producto interno bruto. Actualmente, de los 114 millones de hectáreas que conforman el territorio colombiano, un 40% está explotado en concesión minera.

“El país vive del sector servicio y del sector comercio. Es en ese sector donde encontramos buena parte de la población subempleada o con desempleo disfrazado. Eso explica por qué el país no ha podido nunca resolver la enorme franja de pobreza que existe. No ha podido resolverlo porque no hay actividades productivas que generen puestos de trabajo productivos para la población colombiana”, sigue explicando Héctor Moncayo.

Tradicionalmente, la pobreza siempre se ha atendido mediante programas asistencialistas, como Familias en Acción, que beneficia a Gloria, cuya cobertura alcanza las 2 900 000 familias, con una inversión de tres billones de pesos anuales.

Son medidas que han sido importantes pero que están lejos de resolver la base del problema y de hallar una solución integral. El Gobierno habla de una estrategia que haga frente no sólo a la pobreza, sino también a la desigualdad social. Colombia es el país en el que se presentan mayores contrastes de toda América Latina y el cuarto en el mundo, según un estudio de la ONU.

Algunos economistas reconocen avances en la política contra la pobreza, pero afirman que falta mucho para mejorar la distribución de los ingresos. También coinciden en la urgencia de atacar la cúspide de la pirámide, que son las clases altas que solo se dedican a la acumulación de riquezas, sin generar un beneficio público ni una productividad común. Es una élite poderosa, a la que por ahora ningún Gobierno ha hecho frente para intentar solucionar la raíz de un problema que asola al país.

Articulo completo en: http://actualidad.rt.com/actualidad/sociedad/issue_24737.html

martes, 24 de mayo de 2011

Despido masivo en La Radio del Sur

El colectivo de Trabajadoras y Trabajadores de La Radio del Sur denuncia persecuciòn politica y despidos masivos en la emisora y responsabiliza al ministro Andrés Izarra de la persecución.

Luego del atropello contra la profesora Cristina González, destituida de la presidencia de La Radio del Sur de forma abrupta e inexplicada, se produjo este martes 24 de mayo el despido simultáneo de un grupo de trabajadores conformado por: el periodista colombiano Fredy Muñoz Altamiranda, quien se encuentra en Venezuela en calidad de refugiado político y cumple funciones de coordinación del informativo meridiano; Marcos Salgado, periodista argentino encargado de la coordinación de Prensa y conductor de “La Vuelta al Sur”; Hernán Cano, periodista argentino encargado de la coordinación de Producción y conductor del programa “En Órbita”; Aaron Corredor, periodista colombiano encargado de la coordinación de Programación; y Ernesto J. Navarro, periodista venezolano, conductor del programa “Brújula del Sur”.

El único argumento: el “relanzamiento” y la “reorganización” de La Radio del Sur.


Denunciamos este accionar persecutorio contra compañeros comunicadores de larga trayectoria profesional, que dieron sobradas pruebas de su compromiso con la Revolución Bolivariana y las luchas de los pueblos de Nuestra América.


El lunes 9 de mayo, cuando se destituyó de su cargo a Cristina González, este colectivo de trabajadoras y trabajadores convocó a la nueva presidenta, Desireé Santos Amaral, a conversar para seguir construyendo La Radio del Sur como proyecto de comunicación al servicio de la emancipaciòn latinoamericana.

Este lunes 23, reiteramos por escrito a la presidenta Santos Amaral nuestra voluntad al diálogo, ya que durante más de 15 días no recibimos orientaciones. Sólo rumores y presiones veladas.

Responsabilizamos al Ministro de Comunicación e Información, Andrés Izarra, por este nuevo ataque contra trabajadores y trabajadoras, y exigimos el fin de la persecución laboral contra quienes “ha puesto el ojo hace tiempo”, como acaba de denunciar la ex presidenta de la emisora Cristina González.

Agradecemos a todas y todos los camaradas revolucionarios que nos acercaron su solidaridad y su repudio a estas acciones, que las evaluamos en el contexto de un ataque al proyecto polìtico-comunicacional que venimos desarrollando, priorizando las acciones y las propuestas del movimiento popular y apelando a la necesaria autocrítica dentro del proceso de profundización de la Revolución y que no quede congelada por los sectores reformistas. No hacemos otra cosa que acudir al llamado del Comandante Hugo Chávez.

Sabemos de que hay intenciones de aplicar más despidos, así como el propósito de sacar más programas del aire, además de los ya mencionados.

El Colectivo de Trabajadoras y Trabajadores se mantendrá en La Radio del Sur aportando como hasta ahora, con su alto nivel de compromiso y entrega a la Revolución Bolivariana, junto al Comandante Hugo Chávez y los pueblos en lucha por el Socialismo.

En el contexto de las más recientes agresiones que sufre Venezuela por parte de Estados Unidos, con la imposición de sanciones contra PDVSA, reiteramos que el enemigo principal es el Imperio-


Artículo relacionado:

TRABAJADORES(AS) DE LA RADIO DEL SUR RECHAZAN DESTITUCIÓN IRRESPETUOSA Y DENIGRANTE DE SU PRESIDENTA, PROFESORA CRISTINA GONZALEZ

viernes, 20 de mayo de 2011

DEFENSORES DE DD. HH. DENUNCIAN QUE SON VÍCTIMAS DE MÚLTIPLES AGRESIONES EN COLOMBIA

Por: Juan Alberto Sánchez Marín

Reportaje en RT


Uno de los organismos no gubernamentales más conocidos de Colombia, el Movimiento Nacional de Víctimas de Crímenes de Estado (MOVICE), aprovechó la visita a Bogotá del presidente de la Corte Penal Internacional (CPI), Sang-Hyun Song, para dar a conocer la problemática de la observación de los derechos humanos en este país sudamericano.

Denunciaron en un comunicado, que pese a ciertos éxitos del Gobierno en la lucha contra los grupos paramilitares, cada vez son más frecuentes los casos de violación de los derechos más fundamentales en el país. Reclaman, en especial, que no han cesado las prácticas de hacer pasar por cabecillas de la guerrilla a los líderes sindicales, estudiantiles y de otros opositores al gobierno, a pesar del cambio de gobierno.

El actual Ejecutivo ha expresado repetidamente su decisión de tolerancia cero con cualquier tipo violación de los derechos humanos en el país. “Un mensaje muy claro en el cual está empeñado el presidente Juan Manuel Santos —declaró no hace tiempo el vicepresidente, Angelino Garzón— es que ningún servidor público en Colombia debe verse involucrado en delitos que violen los derechos humanos o el derecho internacional humanitario”.


Sin embargo, afirma el comunicado del MOVICE, que “la impunidad campea y se le adeuda a las víctimas el derecho a constituirse en parte civil, según lo contempla la Ley del sistema procesal colombiano”. Y uno de sus portavoces, Franklin Castañeda, explica: “Se persigue políticamente a las personas por su opinión, porque están organizados, porque se oponen socialmente al Estado, pero también por el simple hecho de poseer un bien que le interesa al Estado colombiano, o que le interesa a una multinacional o a una empresa de gran capital colombiano”.

Castañeda era un joven estudiante en Barranquilla, su ciudad natal y la cuarta más poblada del país situada en la costa del mar Caribe. Allí se distinguió por su liderazgo en el ámbito estudiantil, pero en abril del 2006, este comprometido activista fue víctima de un atentado y pocos meses después sufrió un intento de secuestro. Luego de eso tuvo que trasladarse a Bogotá, donde reside desde entonces, y continúa luchando por los derechos de los que sufren persecución en todas las regiones del país.

“Soñamos con un proceso de verdad”, dice el portavoz del MOVICE, refiriéndose a un proceso judicial que permita “saber quién asesinó a nuestros familiares, saber por qué se nos persiguió”. “Cuando el pueblo colombiano sepa por qué tantas personas fueron masacradas en Colombia —asegura el activista— y quiénes están detrás de esa estrategia, que los hizo más ricos, mientras a otros nos hizo más pobres, el pueblo colombiano va a cambiar”.

A diferencia de muchos otros países, destacan en el colectivo de abogados 'José Alvear Restrepo', otra organización no gubernamental colombiana, la detención por razones de conciencia no se realiza en el país de manera descarada, sino que siempre se aprovechan los conflictos militares existentes en el país.

“Hay decisiones judiciales preventivas frente a la comisión de nuevos crímenes, —sugiere Alirio Uribe Muñoz, el presidente de este colectivo— y si los criminales sienten que pueden ir a lo largo y ancho del país desapareciendo, asesinando, haciendo actos de corrupción, pues esos crímenes se siguen repitiendo. Y eso es también uno de los retos que tenemos en Colombia”.

Ambas organizaciones cifran en 130 el número de ataques anuales contra los defensores de los derechos humanos entre 2002 y 2009. Siendo 16 de ellos asesinatos. Mientras que en 2009 y 2010, esos actos de agresión superaron los 170, según denunciaron las dos entidades

martes, 17 de mayo de 2011

A los tres años de extradición de 14 paramilitares campea la impunidad


Comunicado público del Movimiento de Víctimas de los Crímenes de Estado en Colombia, MOVICE



Tras el tercer aniversario de la extradición a los Estados Unidos de 14 jefes paramilitares y tomando en cuenta la visita a nuestro país de Sang Hyun Song, presidente de la Corte Penal Internacional, quien evaluará el proceso de desmovilizaciones, el Movimiento Nacional de Víctimas de Crímenes de Estado, MOVICE, hace evidente su postura respecto a los pocos avances en cuanto a los derechos de las víctimas de crímenes de Estado a la verdad, la justicia, la reparación integral y las garantías de no repetición.

En materia de verdad, es preciso enfatizar que desde un inicio las extradiciones de estos jefes paramilitares adolecieron de un proceso claro que vinculara acuerdos jurídicos de cooperación del gobierno norteamericano y el colombiano para avanzar en la verdad, lo que ha conllevado a la falta de garantías en la consecución de las confesiones, aislamientos de estos jefes paramilitares y, por consiguiente, la limitación de las víctimas en el acceso a la verdad de los crímenes cometidos por orden y mando de los mismos. A lo anterior se suman las amenazas y asesinatos que han sufrido algunos de los familiares, abogados y personas cercanas a los jefes paramilitares extraditados, además de la compra, presión y amenaza de testigos claves. Varios jefes paramilitares extraditados se han pronunciado públicamente sobre el tema y se han rehusando, caso Mancuso, a seguir colaborando con la Ley de Justicia y Paz.


En los últimos tres años, nuestro Movimiento ha logrado apenas entrevistarse directamente con los extraditados en cinco oportunidades. Estas entrevistas de víctimas y parlamentarios a los extraditados estuvieron rodeadas de múltiples dificultades por la falta de claridad y formalización de un procedimiento para acceder a las cárceles en Estados Unidos y a los procesados.

En términos de justicia, las extradiciones no han permitido ningún avance significativo en cuanto a castigo a los responsables de crímenes de Estado, que como se sabe, fueron presentadas ante la opinión pública bajo el supuesto de juicio a los jefes paramilitares. Nada de ello ha pasado. Por lo contrario, la impunidad campea y se le adeuda a las víctimas el derecho a constituirse en parte civil, según lo contempla la Ley 600 de 2000 del sistema procesal colombiano, pues los crímenes de que están acusados los extraditados fueron cometidos en su mayoría antes del año 2005, por citar tan sólo un ejemplo.

En cuanto a reparación integral, no ha habido entrega efectiva de bienes paramilitares al Fondo para las Víctimas de Acción Social; por lo contrario, éstos permanecen en las arcas estadounidenses. Es importante resaltar que “Macaco” dejó de entregar bienes apenas lo extraditaron, mientras que “Jorge 40” comenzó estas entregas después de su extradición. Además no aparecen registros de: Diego Alberto Ruíz, Diego Fernando Murillo, Eduardo Vengoechea, Juan Carlos Sierra, Manuel Enrique Torregosa, Martín Peñaranda y Nodier Giraldo Giraldo; En este sentido, no ha habido ningún avance que permita expresar la no repetición de los crímenes, ni tan siquiera un atisbo que permita dilucidar la efectiva persecución de los bienes de estos jefes paramilitares.

El MOVICE expresa, por todo lo anterior, su desacuerdo con la extradición, mecanismo ideado desde un comienzo como expresión de la impunidad por parte del gobierno Uribe, para restar las posibilidades de que estos jefes paramilitares confesaran las relaciones entre las estructuras paramilitares y el Estado colombiano. Estos tres años de extradición presentan un saldo negativo en cuanto a los derechos a las víctimas a la verdad, la justicia y la reparación integral y las garantias de no repetición. Nos sumamos a las voces que plantean el acceso pleno de las víctimas a los extraditados en los Estados Unidos; la priorización de éstas en los procesos de la justicia ordinaria, adicional a los de Ley 975 de Justicia y Paz; y la existencia de las garantías necesarias, por parte del Estado colombiano, a testigos y familiares de los extraditados, para que cooperen con la justicia colombiana.

Movimiento Nacional de Víctimas de Crímenes de Estado, Movice, 17 de mayo de 2011

lunes, 9 de mayo de 2011

Trabajadores(as) de La Radio del Sur rechazan destitución irrespetuosa y denigrante de su presidenta, profesora Cristina Gonzalez


9 de mayo de 2011. Los trabajadores(as) de La Radio del Sur, hicieron llegar a esta redacción un comunicado donde expresan su rechazo a la destitución de la directora de la misma, profesora Cristina Gonzalez. A continuación el texto del mismo:

COMUNICADO DEL COLECTIVO DE TRABAJADORAS Y TRABAJADORES DE LA RADIO DEL SUR

Ante la destitución de la presidenta de La Radio del Sur, el Colectivo de Trabajadoras y Trabajadores de La Radio del Sur, reunido en asamblea, emite el siguiente comunicado:

1)

Rechazamos la destitución de la profesora Cristina González, como presidenta de La Radio del Sur, cargo que ocupó desde mayo de 2010, decisión comunicada vía telefónica este lunes 9 de mayo por el Ministro del Poder Popular para la Comunicación y la Información, Andrés Izarra, quien informó que en su lugar se nombraría a la periodista Desireé Santos Amaral.

Consideramos irrespetuosa y denigrante la forma en que la profesora González fue separada de su cargo, sin ninguna explicación ni formalidad alguna, conducta que no es coherente con los principios socialistas.

Como trabajadoras y trabajadores, protagonistas principales de la Revolución Bolivariana, sentimos además que con esta decisión se atropella también nuestra partipación en un proceso que está llamado a cambiar la cultura verticalista y antidemocrática que está reñida con el socialismo, ya que ni siquiera fue consultada nuestra opinión.

No ponemos en duda la autoridad del presidente de la República, Hugo Chávez Frías, como líder de la Revolución Bolivariana, para realizar cambios en las direcciones de sus ministerios y entes adscritos, pero consideramos que la forma elegida por el ministro no es la correcta.


2)

Pensamos -ya que desconocemos el motivo por el cual fue destituida de la presidencia de La Radio del Sur- que esta decisión no es contra la figura y el trabajo de la profesora Cristina González, sino contra el proyecto de comunicación alternativa que venimos construyendo las trabajadoras y los trabajadores de La Radio del Sur, y que en algunos temas y procesos ha sido vanguardia informativa, en Venezuela y en Latinoamérica.

No desconocemos que existen intentos de sectores reformistas dentro de la Revolución a los que les incomoda la sola visibilización de la lucha de nuestro pueblo, de los logros que consiguen en la dura batalla contra el burocratismo y el oportunismo; de la exposición del ejercicio de la autocrítica, no como mera referencia retórica, si no como práctica revolucionaria; de la construcción de una comunicación alternativa dentro del Sistema Nacional de Medios Públicos, en donde las fuentes de la noticia son el pueblo organizado, los movimientos sociales y políticos, además de los funcionarios del Gobierno Nacional.

3)

Ante esta situación, el Colectivo de Trabajadoras y Trabajadores de La Radio del Sur, convoca a la compañera Santos Amaral a contin uar con el proceso participativo en la dirección de la emisora, junto con las trabajadoras y los trabajadores en la toma de decisiones administrativas y editoriales, que ha sido característico desde el inicio de este proyecto inédito de comunicación para la liberación de nuestros pueblos.



“De la autocrítica surge siempre la fuerza para el reimpulso” Hugo Chávez Frías



Colectivo de Trabajadoras y Trabajadores de La Radio del Sur

Marcela Cornejo Zamorano

Jessica Dos Santos J.

Gerardo Szalkowicz

Vanessa Gutiérrez

María Mercedes Cobo Echenagucia

Kevin Hernández

América Millán

Mercedes Medina

Victoria Torres

Ernesto García

Fredy Muñoz Altamiranda

Yanosky Verdi Pacheco

Carlos Echeverri Florez

Aarón D. Corredor Russi

Arlene C. Flores P.

Hernán Cano

Gabriela Gurvich

Daniel Santos

Marcos Salgado

Robert Linares

Ernesto J. Navarro

Ana Teresa Pérez Ferrer

Leticia Marinoni

Richard Osuna


Adhesiones: colectivodetrabajadores@gmail.com

Comunicado en: Aporrea

viernes, 6 de mayo de 2011

“Joaquín Pérez no fue extraditado, sino entregado irregularmente. El Gobierno venezolano aún puede rectificar”

Por: Patricia Rivas


El comunicador Joaquín Pérez Becerra, director de la Agencia de Noticias Nueva Colombia (ANNCOL), ciudadano sueco y ex refugiado con estatuto por ser sobreviviente del genocidio de la Unión Patriótica, por lo que tuvo que huir de Colombia hace dos décadas, fue detenido en el aeropuerto de Caracas el sábado 23 de abril y entregado dos días después al Estado que casi acabó con su vida y asesinó a su esposa y a más de cuatro mil de sus compañeros, militantes, candidatos y cargos electos de este partido. El Gobierno venezolano ha justificado esta entrega "exprés", ejecutada en 48 horas, en el cumplimiento de los convenios internacionales y ha recriminado al Gobierno sueco por no ejecutar el código rojo de Interpol y al propio Joaquín Pérez por viajar a Venezuela, "poniendo en riesgo a la revolución venezolana". Pero más pareciera que el Gobierno venezolano ha sido víctima de una jugada calculada del ejecutivo colombiano, a la que se ha prestado Interpol, y de su propia precipitación y negligencia en el cumplimiento de las leyes. Acudimos a un jurista experto en derecho internacional y defensor incansable de derechos humanos para que nos explique cómo debería haber sido el proceso de extradición de Joaquín Pérez Becerra, si es que un juez colombiano hubiera llegado a requerirla, y cómo se podría reencauzar el caso para que fuera respetuoso de la ley, de los convenios y los tratados internacionales suscritos por Venezuela.

Desde el punto de vista jurídico, ¿hasta qué punto se han vulnerado normas del derecho internacional y del derecho nacional venezolano con esta entrega?

Esta entrega no responde a ningún procedimiento establecido en el derecho internacional y creo que tampoco en el derecho nacional venezolano, porque desde luego, no puede equipararse a un procedimiento de extradición. Un procedimiento de extradición es un procedimiento complejo, que debe ser sustanciado siempre con las debidas garantías de defensa para el extraditable. Estamos hablando de una entrega policial exclusivamente, en la que no se han respetado los derechos del reclamado.

¿Qué es un código rojo de Interpol y qué implica?

El código rojo de Interpol no significa necesariamente una orden de detención internacional. Un código rojo de Interpol es una orden de prioridad que puede ser tanto una orden de ubicación e identificación como una orden de detención, puede ser ambas cosas. Antes de actuar respecto a una persona detenida a consecuencia de un código rojo de Interpol, cualquier Gobierno debe verificar de que clase de código rojo se trata, y a fecha de hoy nadie sabe cuál código rojo tenía Joaquín Pérez Becerra. En principio, un código rojo establece una obligación de actuar para las autoridades del país donde se ubica una persona con tal requerimiento, obligación de que se ubique esta persona y, una vez ubicado, debe ser puesto a disposición de las autoridades hasta que se confirme si hay una orden de detención contra él o no. Porque incluso un código rojo no necesariamente lleva aparejada la posterior orden de detención internacional. Es lo habitual, pero no tiene por qué ser así, podría ser simplemente una orden de ubicación.


¿Cómo es posible que Joaquín Pérez no fuera detenido en Suecia ni en Alemania, habiendo un código rojo de Interpol?

La única explicación que tiene el que, teniendo un código rojo, no hayan sido las autoridades del país donde reside, que en este caso era Suecia y es parte del sistema de Interpol, quienes lo hayan detenido, es que dicha orden de Colombia a Interpol no se hubiera cursado hasta que Joaquín Pérez hubiera abandonado Suecia. No hay otra explicación al hecho de que las autoridades suecas no le hubieran visitado y no lo hubieran –al menos- informado de que tenía un código rojo y, en su caso, le hubieran notificado si ese código rojo llevaba aparejada una detención con fines extradicionales y el inicio de un procedimiento de extradición con puesta a disposición de las autoridades, o bien le hubieran comunicado que se trataba de una solicitud de ubicación.

El hecho de solicitar la extradición de un nacional del país al que se le solicita -por ejemplo, solicitar la extradición de un sueco a Suecia- requiere la aplicación de unas normas específicas que, en resumen, consisten en que el Estado sueco, una vez concluido el procedimiento de extradición y aunque hubiera una resolución judicial de entrega, el Estado sueco puede decidir no entregar a un ciudadano de esa nacionalidad y proceder a juzgarlo en Suecia por los mismos delitos por los que se reclama la extradición. Este supuesto habría sido el más probable en Suecia atendiendo a la condición de Joaquín Pérez como antiguo refugiado en Suecia, considerando que la Convención de Ginebra de 1951 sobre refugiados prohíbe taxativamente la enterga de un refugiado o de quien lo haya sido, al país del que huyó debido a una persecución.

Por ello es absolutamente obligatorio, una vez recibida la solicitud de detención internacional (código rojo), que las autoridades del país donde reside o se encuentra la persona reclamada por Interpol, en primer lugar, se lo notifiquen al reclamado y procedan a garantizar el procedimeinto de extradicion, siempre con intervención judicial, ya sea mediante una detención o mediante una medida cautelar que garantice que el extraditable no pueda abandonar el país hasta que concluya el procedimiento de extradición.

A la vista de lo anterior, todo indica que no existía ningún código rojo ni ninguna orden de detención internacional respecto a Joaquín Pérez mientras que éste se encontraba en Suecia.

Por otra parte, si ha viajado a Venezuela través de Alemania, ha entrado en Alemania y tampoco ha sido advertido por las autoridades alemanas de que existía ese código rojo, es evidente que tampoco existía ninguna reclamación colombiana u orden de Interpol mientras que Joaquín Perez estaba en Alemania.

La orden de Interpol se tiene que haber emitido en el momento en que se subió al avión en Alemania y ya había pasado los controles de fronteras de ese país. Eso encaja perfectamente con la sorpresa que a todo el mundo ha causado el hecho de existir esa orden internacional de detención de Interpol cuando Joaquin Perez llega al aeropuerto de Caracas. Por ello, es obvio el seguimiento que por parte de las autoridades colombianas y, probablemente sin orden judicial, desde Suecia se le venía efectuando a este hombre.

Las autoridades colombianas sabían perfectamente cuándo llegaba a Venezuela, en qué vuelo y desde dónde llegaba. Es decir, estaba siendo sometido a un seguimiento, con lo cual todo indica que ha habido una nueva utilización fraudulenta de Interpol, igual que ocurrió con la intervención de Interpol a solictud de las autoridades colombianas, respecto a los supuestos ordenadores de Raúl Reyes encontrados en el ataque a Sucumbíos: nuevamente en este caso las autoridades colombianas intentaron dar visos de legalidad a una actuación legalmente fraudulenta, a través de la intervención de Interpol. De alguna forma han obtenido la connivencia de Interpol para legalizar una actuación que probablemente ha sido irregular.

Cada vez son más las sospechas sobre el comportamiento imparcial de un organismo como Interpol, no en este sino en otros asuntos. Hay que recordar que, recientemente y por primera vez, en noviembre de 2010, Interpol se ha negado a introducir en su sistema órdenes de busca y captura y detención con fines extradicionales, concretamente las órdenes emitidas por el Juzgado Central de Instrucción nº 1 de la Audiencia Nacional en el caso José Couso, respecto a los tres militares estadounidenses procesados pro el asesinato del cámara de televisón en Bagdad. Ha sido la primera vez en la historia de Interpol que este organismo se ha negado a cumplir una orden judicial. En este caso es todavía más sorprendente esta negativa, porque en la primera fase del proceso de Couso, hasta el año 2007, fecha en que se archivó la causa por orden de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacioanl – luego reabierto por decisión del Tribunal Supremo- los tres militares estadounidenses tenían orden de busca y captura internacional a través del sistema de Interpol, tenían un código rojo e Interpol había introducido los datos. El hecho de que posteriormente, en fechas recientes, Interpol se haya negado a introducir unas órdenes que ya había introducido en su momento alegando que no tiene competencia porque no es una cuestión criminal sino política o militar, que es lo que han alegado en aplicación del artículo 3 del Estatuto de Interpol, viene a poner de manifiesto la deriva en los últimos años, especialmente desde que llegó a la secretaría general de Interpol el señor Noble, y la supeditación absoluta a las indicaciones de Estados Unidos, que son quienes tienen el control de Interpol en estos momentos. Interpol no es un organismo imparcial, sino que es un organismo policial internacional al servicio de los Estados Unidos.

La operación ha sido clara: se ha coordinado con Interpol por parte de las autoridades colombianas, le han cursado la orden de código rojo cuando estaba ya embarcado en el avión desde Alemania, de forma que ni Joaquín Pérez ni nadie podía saber que cuando llegara a Caracas y abandonara la Unión Europea – de la que es ciudadano- iba a tener este código rojo.


La acusación contra Joaquín Pérez Becerra se sustenta, que sepamos, hasta el momento, únicamente en supuestas pruebas halladas en los computadores supuestamente encontrados en el campamento bombardeado de Raúl Reyes. ¿Pero no fue acaso el informe pericial de Interpol el que también, desde el primer momento, puso en duda esas pruebas?

Claro. El informe tenía la finalidad de validar lo actuado por las autoridades colombianas y el contenido que según las autoridades colombianas había en esos ordenadores. Lo que ocurre es que el mismo informe de Interpol, que, claramente tiene esa intencionalidad, no pudo evitar indicar que había irregularidades en el manejo de esos computadores. Y así, Interpol señalaba que había varios miles de archivos con fechas posteriores a la incautación o fechas de manipulación posteriores a la incautación. Y también que había ficheros a los que, en el lapso de tiempo transcurrido entre la supuesta fecha de intervención de los ordenadores y el momento en que se los entregan a Interpol para hacer su informe pericial, se había accedido. Esto lo hace constar el informe de Interpol, si bien ellos luego en el mismo informe intentan dar una explicación diciendo que eso no tiene mayor valor jurídico. Lo que es evidente es que no es Interpol quien tiene que decir si eso tiene o no valor jurídico, eso lo tendrán que decir los jueces en un procedimiento judicial con las debidas garantías.

La intervención de Interpol en todo lo relativo a Colombia ha sido siempre una actuación que ha buscado amparar las maniobras de intoxicación del Gobierno colombiano y legalizar pruebas obtenidas de forma irregular y contraria a derecho.


Una vez aclarado cuál es el procedimiento por el que se pone en marcha el código rojo de Interpol y en qué momento, ¿cuáles son las opciones que las autoridades venezolanas tenían y cuál habría sido la forma legal de proceder en este caso?

El "Acuerdo de cooperación y asistencia judicial en materia penal entre el Gobierno de la República de Colombia y el Gobierno de la República de Venezuela", suscrito en Caracas, el veinte (20) de febrero de mil novecientos noventa y ocho (1998), en su articulo 3 excluye expresamente la detención de personas con el fin de que sean extraditadas, y a las solicitudes de extradición;
Existe un Acuerdo de Extradición suscrito por las Repúblicas de Ecuador, Bolivia, Perú, Colombia y Venezuela, adoptada en Caracas, Venezuela en 1911, que recoge la totalidad de los principios aplicables a los procedimientos de extradición, que se resume en la necesidad de sustanciar un procedimiento judicial antes de acordar la entrega al estado que solicita la extradición.

Por otra parte, la Convención Interamericana sobre Asistencia Mutua en materia penal contempla la entrega temporal de detenidos entre países de la OEA, a efectos únicamente de realizar diligencias judiciales y con obligación de devolución al estado que ha entregado al detenido. Dicha Convención incluso contempla como causa de denegación de la entrega la negativa del afectado.

La extradición se regula en base a unos principios fundamentales que constan en todos los convenios y luego a través de un entramado de convenios bilaterales y multilaterales.

Entre los principios del derecho extradicional destaca que estos procedimientos no pretenden dilucidar la culpabilidad o inocencia del extraditable, sino que se pretenden garantizar el juzgamiento del extraditable en el país que lo requiere o el cumplimiento de una condena si ya hubiera sido condenado, lo que no es el caso de Joaquín Pérez.

En el supuesto de la extradición con fines de ser sometido a juicio en Colombia, es imprescindible verificar que existe una orden de detención emitida por este Estado de forma ajustada a Derecho, y si esa orden de detención se ha emitido por delitos contemplados por las legislaciones de ambos paises el requerido y el que requiere (lo que se conoce como la “doble incriminación”). Posteriormente, siempre en un procedimiento judicial de extradición, es imprescindible verificar si los delitos por los que se pide la extradición no intentan encubrir una acusación de índole política, en cuyo caso nunca se podría conceder la extradición, o si existe alguna circunstancia legal –ser refugiado o haberlo sido por ejemplo- que impida la entrega del extraditable. Y finalmente, los tratados de extradición también tienen que velar por que el extraditable nunca pudiera ser, en el país que pide la extradición, sometido a malos tratos, tortura o ser condenado a una pena que se considere inhumana, cruel o degradante, como pena de muerte, cadena perpetua, trabajos forzados, etc. Es de destacar que el extraditado únicamente podrá ser juzgado en el país al que ha sido entregado pro los delitos que haya establecido el tribunal del país requerido que haya sustanciado el proceso de extradición.

Un procedimiento de extradición no necesariamente significa el encarcelamiento de la persona sometida al mismo, sino que las autoridades del país al que se solicita la extradición tienen que garantizar que esa persona va a estar a disposición del procedimiento extradicional. De hecho, en los procedimientos de extradición únicamente se utiliza la prisión cuando no hay otra forma para garantizar que la persona va a estar a disposición del procedimiento.

Cuando el procedimiento de extradición concluye, una vez verificadas estas cuestiones, y tras la apelación correspondiente, porque siempre ha de existir posibilidad de apelación, entra en funcionamiento la cláusula de soberanía. El país que ha recibido la solicitud de extradición tiene, por varios motivos de índole política, la capacidad para denegar la entrega, con necesidad en ese caso de juzgar al extraditable en ese país, salvo en determinadas circunstancias excepcionales donde no existiría esa obligación.

Si la entrega se deniega porque esa persona es nacional del país al que se le ha pedido la extradición, en ese caso lleva aparejada la obligación de que esa persona sea juzgada en el país que ha denegado la extradición, conforme a las leyes de dicho país y por los hechos de los que se le acusa en el país que ha requerido la extradición.

Pero existe incluso la posibilidad, y se contempla en todos los tratados internacionales, de que, simplemente, atendiendo a criterios políticos, humanitarios o de solidaridad, por una decisión de soberanía política, el poder ejecutivo, que es a quien corresponde la decisión, decida no ejecutar una decisión judicial de extradición.

En todo caso, el procedimiento de extradición tiene que garantizar siempre el derecho a la defensa, que no se produzcan situaciones de indefensión, y garantizar los derechos del ciudadano. En este caso concreto, con Joaquín Pérez Becerra ocurre que esta persona fue refugiado político. La Convención de Ginebra de 1951 –suscrita por Colombia y por Venezuela- y la inmensa mayoría de leyes de extradición contemplan que ninguna persona refugiada o que haya disfrutado del estatuto de refugiado –aunque lo haya perdido luego, ya sea porque haya mejorado su estatus al acceder a la nacionalidad del país que le dio el asilo, que es el caso de Joaquín Pérez Becerra, o incluso en casos de cesación o de exclusión del estatuto de refugiado, por actividades contrarias al Estado que le concedió el asilo, o porque se ha llegado a la conclusión de que esa persona no era merecedora del estatuto de refugiado porque había incurrido en crímenes de guerra o de lesa humanidad (que son causas para cesar el estatuto previamente concedido). Pero incluso en esos casos de cesación o exclusión del estatuto de refugiado, según la Convención de Ginebra y los convenios de extradición de la inmensa mayoría de los países, nunca puede ser entregado un extraditable al país en el que sufrió una persecución que ameritó que se le concediera el asilo. Joaquín Pérez Becerra nunca podría ser entregado en un procedimiento de extradición a Colombia porque es un ciudadano colombiano de origen que tuvo que abandonar su país por sufrir persecución precisamente por parte de las autoridades colombianas y que obtuvo el estatuto de refugiado conforme a la Convención de Ginebra de 1951 en Suecia. Él ahora ya no lo tiene, porque ha variado su estatus jurídico al acceder a la nacionalidad sueca, pero incluso en ese caso, esa cláusula es de aplicación por estar expresamente establecida en la Convención de Ginebra.

En segundo lugar, por la forma en que se ha producido la entrega a Colombia de Joaquín Pérez, se ha vulnerado la Convención de Viena sobre asistencia diplomática y consular. La Convención de Viena establece el derecho de cualquier detenido en un país que no es el suyo, a contar con el asesoramiento en entrevista directa y con la defensa por parte del Estado del que es nacional. En este caso, durante la detención en Venezuela, a las autoridades consulares suecas les negaron la posibilidad de entrevistarse con Joaquín Pérez Becerra, lo que ha motivado incluso una protesta formal de las autoridades suecas.

En tercer lugar, se han violado todos los principios contenidos en los tratados internacionales en materia de extradición y el Convenio de asistencia mutua en materia penal de la OEA, que establecen la necesidad de someter a estas personas que tienen un requerimiento de detención internacional a un procedimiento con las debidas garantías, donde pueda defenderse, pueda contar con su abogado y no sufra indefensión.

Eso en términos prácticos implica que tras la detención, habría tenido que entrevistarse con las autoridades consulares suecas; a continuación tendría que haber comparecido ante un juez venezolano, que tendría que haber decidido en qué situación quedaba o si se adoptaban medidas cautelares: es decir, si quedaba en libertad, con retirada del pasaporte y prohibición de abandonar el país o si quedaba en prisión provisional, sometido al procedimiento de extradición, o la medida cautelar que hubiera decidido el juez. Y en ese momento da inicio el procedimiento de extradición.

Además, es importante tener en cuenta que la orden de detención internacional con fines extradicionales cursada por un Estado, no necesariamente tiene por qué tramitarse a través de Interpol, sino también puede realizarse bilateralmente, atendiendo a los Convenio bilaterales de ambos países en materia de extradición y asistencia en materia penal.

Una vez que se recibe la orden de extradición y se detiene a la persona hay un plazo muy perentorio, que no suele superar en ningún tratado los 40 días, donde se tiene que formalizar esa petición de extradición. Si no se formaliza enviando directamente la petición, no ya a través de Interpol sino por el país que ha requerido al país que es requerido, no puede comenzar el procedimiento de extradición. Y si no llega en ese plazo, queda sin efecto la solicitud de detención internacional cursada a través de Interpol o bilateralmente, y queda sin efecto el procedimiento de extradición. Y respecto a ese expediente extradicional se exige que incluya determinada información para su examen por el juez competente en la extradición y por la defensa del extraditable: en primer lugar, se tienen que indicar los hechos concretos por los cuales se pide la extradición, los hechos que supuestamente son delictivos en el país que pide la extradición y verificar que esos mismos hechos son delitos en el país requerido; en segundo lugar, se tiene que enviar toda la legislación del país que pide la extradición en la que se acredita que esos hechos que se le imputan son delito conforme a esa legislación; y luego hay que enviar la orden original dictada por el juez del país requirente que ha pedido la extradición.

El juez que ha pedido la extradición se lo envía al juez que tiene a su disposición al detenido a efectos extradicionales, y se cursa a través de los ministerios de Exteriores. En Colombia puede ser el juez o la Fiscalía. Tienen que enviarlo al Ministerio de Justicia colombiano; éste a su vez al Ministerio de Exteriores colombiano, que lo mandaría al Ministerio de Exteriores venezolano y éste a su vez al Ministerio de Justicia venezolano, que es quien tiene que remitirlo al juez venezolano.

Esto es importante. La mera existencia de un código rojo en Interpol no significa que vaya a llegar una orden de extradición, porque puede haber muchos factores que posteriormente impidan la llegada en plazo de la solicitud extradicional.

Que Interpol haya cursado erróneamente la orden, por ejemplo, por una petición del poder Ejecutivo y no del poder judicial, haría inviable la extradición. El juez no se relaciona directamente con Interpol. Quien se relaciona con Interpol es el poder Ejecutivo, son los ministerios de Interior. Entonces, un primer supuesto de error, intencionado o no, puede ser que haya sido el poder Ejecutivo colombiano sin que exista una resolución judicial o del ministerio fiscal colombiano, quien haya mandado a Interpol la orden de detención, con lo cual esa orden no tendría ningún tipo de efecto si no se produce en ese período de validación la llegada de la orden judicial. Y eso no se ha llegado a producir en este caso, con lo cual nunca sabremos si realmente había una solicitud de extradición cursada formalmente. Un código rojo de Interpol o una solicitud de detención internacional a efectos de extradición cursada bilateralmente no necesariamente lleva aparejada una orden judicial. Este requisito siempre debe ser verificado.

Parece que en este caso, atendiendo a la rapidez con la que se ha producido la entrega a Colombia, la normativa de extradición se ha incumplido, y también parece que se ha incumplido flagrantemente toda la normativa relativa a la prevención de la tortura, en especial la Convención para la Prevención del delito de Tortura, los tratos inhumanos, crueles y degradantes de 1984, que establece claramente que no puede ser, no ya extraditado, sino entregado ni enviado de ninguna manera, ni por resolución administrativa ni por resolución judicial a un tercer país, sea o no el de origen del detenido, si en ese país hay sospecha de que esa persona vaya a ser sometida a malos tratos, tortura, tratos inhumanos, crueles o degradantes.

Y en este caso, Colombia tiene innumerables condenas por tortura a detenidos, por maltrato a detenidos. En estos momentos existen denuncias de multitud de organismos internacionales sobre la situación de los presos políticos en las cárceles en Colombia. La dramática situación ha motivado la puesta en marcha de una campaña internacional para denunciar esta situación, y no hay que olvidar que incluso hay ya dos jurisdicciones, la danesa, que ya decidió en primera instancia que Colombia es un país donde se practica habitualmente la tortura y recientemente la chilena en los mismos términos, caso Olate, con una primera resolución que ahora está pendiente de la Corte de Casación chilena.


¿Qué consecuencias tiene esta forma de proceder del Gobierno venezolano con respecto al derecho de asilo, teniendo en cuenta que Venezuela hace frontera con Colombia y la cantidad de refugiados colombianos que han buscado refugio en el país vecino?

Esta situación es realmente dramática. Ya al margen de cómo puede afectar a Joaquín Pérez Becerra, es una pena porque el Gobierno venezolano se ha venido caracterizando en los últimos años por ser uno de los gobiernos más escrupulosamente respetuosos con la Convención de Ginebra sobre refugiados. Tiene en su haber varias felicitaciones del Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados por el trato dado a los refugiados colombianos llegados a su país, y esto es una mancha en ese expediente de respeto a la Convención de Ginebra.

Es un incumplimiento gravísimo y muy claro de la Convención de Ginebra y además es el mayor incumplimiento posible de la Convención de Ginebra. Porque, entre otras cosas, lo que se está haciendo es entregar a una persona sobre la cual hay una resolución del Gobierno sueco conforme a la Convención de Naciones Unidas, es decir, hay un estatuto de refugiado emitido por el Gobierno sueco y cuya protección también incumbe a las Naciones Unidas, y ese estatuto se ha obviado absolutamente y se ha entregado a una persona protegida privándola de las garantías. En especial, privándola de las garantías establecidas en la Convención de Ginebra, además de parecer que se han vulnerado muchos otros Tratados que impedirían haber hecho esta entrega. Desgraciadamente, esto puede calificarse como la mayor de las violaciones posibles de la Convención de Ginebra.


Una vez en esta situación, ¿habría todavía alguna oportunidad de rectificar legalmente?

Efectivamente. Las autoridades venezolanas deberían rectificar este incumplimiento y pedir al Gobierno colombiano, con fundamento en la Convención de la OEA de asistencia mutua en materia penal, la devolución de esta persona, para que fuera sometida, una vez verificado que llega la orden judicial colombiana de extradición, al procedimiento extradicional con las debidas garantías.

Desde mi punto de vista, una solicitud de extradición a Colombia de Pérez Becerra, en este caso, por haber sido refugiado, clarísimamente habría sido desestimada por el juez competente venezolano, a pesar incluso de que este hubiera determinado que se cumplía el principio de doble incriminación, que las penas no fueran crueles, inhumanas o degradantes. Además es imprescindible que el juez extradicional verifique las penas aplicables en el país que solicita la extradición. Las extradiciones no pueden concederse por delitos que lleven aparejada una pena inferior a seis meses según el tratado de extradición de 1911 entre Colombia y Venezuela, y en la mayoría de los países no se conceden por delitos que lleven aparejadas penas inferiores a un año.

Lo procedente sería ahora mismo que las autoridades venezolanas pidieran retrotraer la situación, la entrega de este ciudadano a Venezuela para que fuera sometido al procedimiento de extradición. Esto es lo que deberían estar ya solicitando las autoridades venezolanas.



(*) Enrique Santiago es abogado, experto en Derechos Humanos y Derecho Internacional. En la actualidad es el abogado de la familia del camarógrafo español José Couso, asesinado por fuerzas militares de EEUU, y ha adelantado causas contra funcionarios que participaron en el golpe de estado en Honduras. Estuvo en el equipo que solicitó la detención de Augusto Pinochet en 1998 y elaboró el prontuario de Álvaro Uribe Vélez.

(*) Patricia Rivas es comunicadora y periodista española. Ha sido trabajado en medios como Mundo Obrero, Telesur y YVKE Mundial.


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sábado, 30 de abril de 2011

Pobre Joaquín, en medio del silencio

Por: Juan Alberto Sánchez Marín


Relaciones Colombia-Venezuela: Santos sabe lo mucho que gana con lo poco que apuesta. Joaquín Pérez Becerra: Ahora no tiene la zozobra de que lo frieguen, sino la certeza de que lo jodieron.

Desde aquellos días, que ahora parecen muy pretéritos, pero que en realidad no alcanzan el lustro, cuando los presidentes Álvaro Uribe y Hugo Chávez daban vía libre al gasoducto binacional y se abrazaban en Punto Fijo, Venezuela, o en Cartagena de Indias, Colombia, cualquiera con dos dedos de frente sabía que en esa amistad aspaventosa, de vereda tropical, iba a pasar algo. Y pasó.

Presidentes, cancilleres, ministros, asesores y afines de los dos países iban y venían, fungían y fingían, lucían y se lucían, pasaban y posaban. Por ahí quedan las fotos, engavetadas y llenas de borrones digitales y re encuadres a la brava. Los opositores venezolanos las usan de cuando en cuando para burlarse de Chávez, los uribistas de acá las manosean para destacar las virtudes dialogales de su mesías.

Se dijo de puentes colgantes para arriba y de oleoductos enterrados para abajo. De aquí para allá y de allá para acá. ¡Puentes con doble vía!

Se conversó de la carretera marginal de la selva, un salvaje megaproyecto neoliberal enmarcado dentro de la Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Suramericana, IIRSA, por el cual ponían la cara el BID y la CAF (1), que en realidad promovían el Departamento de Estado de los Estados Unidos y las grandes transnacionales, y que entre muchas otras cosas inútiles y de expoliación para los pueblos servía para despellejar las calvas cabelleras de los indígenas apacentados durante siglos en su ruta. Una técnica de los viejos pueblos indios de la pradera, que los puritanos blanquitos de hoy dominan bien.


Se discutió sobre la integración férrea, con imaginarios trenes bala desperdigados por las geografías y confundidos entre el fragor de las balas de verdad de la guerra colombiana.

De otras obras magnas de infraestructura también se debatió, como el puente entre La Chinita y La Fría, para bien de la vida de los miles de colombianos y venezolanos de la frontera común, que facilitara su comercio ancestral y de paso el contrabando legal que permite que el vivo viva del bobo y el bobo de Papá y Ma’…

Ambos presidentes hablaron de cooperación fronteriza, energética, económica y comercial. Vicisitudes serias. Nadie sabe si la obra tipo entremés se la creían; eso sí, todos sabían que las obras nunca serían.


Pelea cantada


Ya en diciembre de 2004, Uribe se inauguró como nuevo presidente vecino con el secuestro de Rodrigo Granda, jefe de la guerrilla colombiana de las FARC, en pleno centro de Caracas. El hecho, perpetrado por un comando asalariado del Ministerio de Defensa colombiano, perturbó las relaciones entre ambos países. (2) Pero los melindres concluyeron poco después, en febrero, con un fraterno abrazo entre los dos mandatarios. Todo no fue más allá de una alteración gastrointestinal y una ligera laberintitis de Uribe. La una causada por las mentiras que dijo y la otra por las que oyó.

Casi un año después, la retórica y los buenos modales hicieron su agosto en pleno diciembre de 2005. Volvieron y jugaron el gasoducto, el oleoducto y ningún reducto ideológico de ninguno ni de nadie.

2005 acabó para los dos países en la Quinta de San Pedro Alejandrino, Santa Marta, Colombia, hacia las 16H37 (21H37 GMT) del 17 de diciembre; 175 años, 3 horas y 30 minutos después de la muerte de Simón Bolívar en la misma estrecha habitación. (3)

La temporada navideña de aquel año fue animada con dos muñecos, “Made in China”, vendidos como pan caliente: Uribito y Chavecito. (4) De Chavecito se supo que alcanzó los 60 centímetros. De Uribito se confirmó que por la divina gracia del modelo original llegó a ser pre candidato presidencial del partido de la U y derrotado por la opositora más bruta que país alguno haya tenido en una historia que brilla justamente por la escasez de lumbreras, sean del sexo que sean. De destacar que dicha contrincante por lo menos podría llegar a ser presidenta de un equipo de fútbol, en tanto que el muñeco Uribito corre el riesgo de ir a la cárcel.

2007 fue un año aciago. A petición de la senadora colombiana Piedad Córdoba, Chávez se monta en el paseo de mediar entre el gobierno colombiano y la guerrilla de las FARC buscando un acuerdo humanitario que permitiera el canje de presos y rehenes.

El gobierno colombiano aplaudió tal cooperación. Todo fue viento en popa mientras la barcaza no se movió de puerto. Cuando lo hizo fue la hora llegada. Uribe, iracundo por los avances previsiblemente imposibles, pero ciertos; Chávez de la noche a la mañana colgado de la brocha.

La banal retórica de la paz es reemplazada de súbito por la densa de la guerra. Ambas, al fin y al cabo, retóricas, parrandeados culteranismos.

2007, 2008. 2009, 2010. Cuatro años más, donde hermanos de hecho debían volverse enemigos del alma, o donde vecinos por obligación tenían que ser extraños por elección. Léase, mejor, por capricho.

Un tiempo en que, por lo menos, Chávez era el malo para el gobierno colombiano y para la rancia derecha colombiana y venezolana, como Uribe lo era para cualquier ciudadano progresista colombiano o venezolano. Cada quien con su cada cual.

Hasta que la Corte Constitucional le cerró el paso a la aspiración de Uribe de una nueva reelección, y el siniestro pero hábil mandatario pasó a ser un twittero irrefrenable, que en estos lapsos invernales desborda aún más al país con los trinos propios de su talante.

Y mientras, engrosa el sanedrín de la derecha continental, haciendo lo que bien se paga a los que ya no son: dictar conferencias en universidades del Opus; reunirse en círculos con otros pesos pasados, como Savater o Vargas Llosa; redactar ditirambos para el imperio; lanzarle infructuosos anatemas al antiguo amigo y visceral enemigo Chávez.


Fresco de bagazos


Se fue Uribe, pero llegó Santos. Nuevo estilo, otro matiz, distinta manera, diferente índole, remozados mozos de cuadra en el hípico país lleno de cagajón que dejó el antecesor. Y nada que no sea igual.

Santos vuelve a bañarse dos veces en el mismo río y con la misma agua. Quizás eso no era posible en lo apartados tiempos del Oscuro de Éfeso, pero en las turbias épocas de ahora sí.

Y Santos tampoco es claro ni es otro, es el mismo. No juega cartas en el Country, se las juega en Palacio. No se volvió santo varón, sólo disimula el apellido. No azuza recuas como ministro, se aplaca a sí mismo de presidente.

Y vuelve y juega el ardid trillado: vecino, compañero, mejor nuevo amigo. Abrazo va, sonrisa viene y la ideología en un punto se mantiene.

Si hay algo más peligroso e inmanejable que la franca disputa y los dientes pelados, es la devoción fingida. Una cosa es la diplomacia, que sigue cursos legales, adecuada para la buena vecindad, necesaria para dos pueblos hermanos. Otra la guachafita de gobiernos que manejan las relaciones internacionales como asunto de solares o de comadres que conferencian de postigo a postigo. Y así estamos de nuevo.

Uribe y Chávez manejaron una vez las relaciones cual finqueros. Ahora todo se cuadra como entre tahúres: full sorpresa, póker que mata, deshojada Flor Imperial, ¿as bajo qué manga? Apenas hay que apuntar que Santos juega Texas Hold’em desde chiquito.

Antes era cuestión de tiempo. Ahora, también. ¿Hasta cuándo será aguantado el cañazo de querer el bien pagándolo a punta de males? Lo mismo que ningún fin justifica los medios, ningunos medios justifican el fin. Así, el fin se vuelve acabose.


¡Estaba escrito…!


No se trata tanto de si Joaquín Pérez Becerra es culpable o no, de qué o en cuáles niveles. Es probable que tendrá a cuestas más pecados de los que él mismo sepa o llegare a mencionar, y, de seguro, es muchísimo más inocente de lo que el gobierno colombiano lo acusa a partir de unos cacharros de pacotilla, hurgados, invalidados, puestos a la carrera, como utilería, para ambientar escenas en la obra sinfín que es la Colombia metida de bruces en la lucha contra sí misma.

Y hay muchas dudas en el aire, que más que interrogantes son cuestionamientos evidentes al gobierno de Venezuela. Es natural que muchos sectores de la izquierda hayan puesto el grito en el ancho cielo bolivariano y que algunos otros no entiendan adónde fueron los marcos legales, los conceptos jurídicos, los acuerdos internacionales o la propia Constitución Bolivariana, un fajo de cosas que ya todos los expertos están empezando a citar con parágrafos, pelos y señales.

Ni siquiera hay que preguntarse por la suerte de los acervos nomotéticos o de locuciones locas como coherencia, lealtad, respeto, confianza.

La amistad de Chávez con Uribe no dio sino sinsabores, supo a cacho y arruinó caminos de menor jolgorio, pocas serpentinas, pero de mayor madurez y más certidumbres.

La amistad con Santos, o lo que sea que signifique la fruslería lingüística de hacerse pasar por los mejores nuevos amigos de la región, puede tener para el presidente venezolano el agrio sabor de las amistades de Gadafi con Sarkosy o Berlusconi: entrañables camaradas, socios de la alianza internacional contra el terrorismo, que ahora mismo y muy prestos le rocían la jaima con misiles.

La frescura de Chávez, ese carácter impetuoso, una dignidad innegable y la mollera chispeante, entran raspando en los abrazos taimados de Santos y de toda una clase dirigente, poderosa y calculadora, que le recrimina al presidente colombiano ese acercamiento, pero que lo lleva a cabo sencillamente porque presidente y gobierno son ella misma. Y ese espíritu Santos sabe bien lo mucho que gana con lo poco que apuesta.

Con el tráfago, la voluntad se distorsiona en llamadas telefónicas tramposas y se asfixian los avances en favores pedidos con una prisa calculada de antaño. En acuerdos de colaboración contra el narcotráfico, luchas contra el terrorismo y otros abominables mandados de los gringos se enreda un camino de por sí lleno de abrojos, en el que a veces, por demás, ya ha sido probado, también sale el Lobo (Sosa, Porfirio).

Qué bueno que uno en estas charadas sólo gozara. Que los arrumacos en vivo se aguaran en la tele y la monserga de las relaciones productivas, de integración y paz saltara de los protocolos a la vida. Que no se pagaran tan caras esas sobras de gracia colgadas por doquier. Pero no es así.

Como dice el título del último álbum del joven cantante chileno Santos Chávez (que no otro Santos Chávez, el difunto pintor y grabador de origen mapuche), “Estaba escrito…” (5)


Amistades que matan


Pérez Becerra militó en el partido equivocado, la Unión Patriótica, dejado a la deriva por la guerrilla de las FARC y exterminado por el tentáculo paramilitar de la derecha colombiana. Joaquín también cometió a la sazón el error craso de no cambiarse de bando, de no abjurar de su pensamiento, o de no volverse político o sapo.

Al contrario, se hundió a voluntad en el desliz de dirigir un medio de comunicación empachado de informaciones a contracorriente, revolucionarias, más bien panfletarias. Y cometió la simpleza de salirse una tarde del país donde vivía asilado, y se metió de lleno en el cerco estrecho de un mundo lleno de paranoias infundadas y de terrorismos diseñados más en los escritorios de los gobiernos que en la realidad.

Para colmo, se embarcó cándido en un avión rumbo a un país en el que confiaba: Venezuela. De no haberlo hecho hubiera sido un exiliado de todo del totazo, incluso, de los suyos.

No le pasó a Joaquín por la mente que en Maiquetía no lo recibirían amigos, sino esposas. No las suyas, que una fue asesinada antes de que él tuviera que salir de Colombia y la otra se quedará quién sabe cuánto sentada en Estocolmo esperando a su Godot, sino las esposas metálicas del país que lo vio nacer y a cuya nacionalidad, en un arrebato de sensatez, prefirió renunciar hace una década.

Pasó por alto que patrias como la suya siempre tienen en cuenta a sus naturales cuando se trata de apachurrarlos, sobre todo, en medio de una realidad mediática ávida de trofeos de guerra, de carnes de cañón y de medios silenciados, que de paso sirve para poner contra las cuerdas a un amigo que en el fuero interno nunca dejará de ser considerado como un apestoso enemigo.

En otras palabras, Joaquín Pérez Becerra desairó tantas formas importantes de la estrategia rebelde más elemental, que se le hace a uno muy difícil ubicarlo como un curtido guerrillero transnacional, versado en negociaciones y filigranas, y en cambio sí lo vuelven muy sospechoso de ser un comunicador nato.

Y hablando de medios, en Venezuela, los revolucionarios por decreto ni fu ni fa. Ni tanto blablablá, más bien ni mu. A lo sumo unos pocos dijeron pío. Poquísimos esta boca es mía. Mi boquita un punto. Y medios de poca o menor bendición que marcaron la diferencia, como Aporrea, los comunitarios, los barriales; los descastados, mas no desgastados. No debió coincidir siempre la idea de lo revolucionario con la talanquera de las directrices ministeriales. Ante un yerro, ¡pues a “yerrar” se dijo! Y se llegó así a la uniformidad más odiosa del mundo: la de todos los medios oficiales mudos, la de todos los funcionarios del gobierno callados, la de todos los versados con los oídos tapados, la de todo un país silbando y mirando para otro lado.

En Colombia, por el contrario, clarísimo el libreto. Los medios lo dijeron todo, desde la misma perspectiva: Pérez Becerra, terrorista, guerrillero. No se calló nada, aunque nunca se dejó entrever otro sesgo, alguna idea de algo más, ni siquiera asomó el beneficio de la duda para el acusado. Grandes titulares, variados estilos, innúmeros formatos: todo el despliegue requerido para que todos vean lo que tienen que ver y oigan lo que tienen que oír. Poco trabajaron las oficinas de prensa de Palacio o Cancillería. Los medios colombianos han aprendido a ejecutar las misiones sin que se las manden, a hacerlo todo solos, solícitos y mejor. Santos ha sabido siempre ser jefe de redacción sin que se lo vea. De medios algo aprendió desde antes de la cuna. Por genética, por ósmosis, y, a la final, como medio para luego darse el gusto de causarnos la mortificación de tenerlo donde está.

Joaquín, pues, nunca debió creer posible que la distancia filosófica existente entre el gobierno del país que visitaba y la del gobierno del país natal que lo perseguía llegara a ser tan corta como los pocos metros que por más de mil doscientos kilómetros separan una patria de la otra. ¡Quién iba a creerlo!

Joaquín quedó entonces parado en un lugar peor que aquel que dejó atrás hace dos décadas. Hoy, en una celda de la cárcel La Modelo de Bogotá, no tiene la zozobra de que lo frieguen, sino la certeza de que lo jodieron.


“El hombre ya se sabe que está aquí,
condenado desde el nacimiento…

Pobre Joaquín, pobre Joaquín,
en medio del silencio
”.


En febrero de 1968, el grande poeta y compositor uruguayo Rubén Lena escribió la milonga “Pobre Joaquín”, a la que corresponden estos versos. Lena, según cuenta él mismo, escribió la canción a partir de una nota en el diario sobre un hombre sin nombre que había aparecido muerto en una calle. (6)

Joaquín Pérez Becerra está vivo. ¿Pobre Joaquín? O pobres de nosotros, en medio del silencio.


NOTAS:

(1) Portal de IIRSA. Áreas de acción. En: http://bit.ly/mOQWM9
(2) Ver recuento cronológico de esta crisis, según la BBC. En: http://bbc.in/eQLC9W

(3) GARCÍA MÁRQUEZ, Gabriel. El general en su laberinto. Ed. Sudamericana. Primera edición. Pág. 153. Buenos Aires, 1989.

(4) Ver artículo al respecto en Wikinoticas. En: http://bit.ly/fX6ocv

(5) Uruguay lyrics. Pobre Joaquín. En: http://bit.ly/moLw0m

(6) Página oficial del cantante. En: http://www.santoschavez.cl

viernes, 29 de abril de 2011

EL SECTOR AGRÍCOLA EN COLOMBIA, CAMPO DE COMBATE DE TRANSNACIONALES Y CAMPESINOS

Reportaje de Juan Alberto Sánchez en RT.



Los campesinos colombianos enfrentan una grave crisis agrícola. Las transnacionales ocupan los territorios fértiles desplazando a los que los han cultivado durante décadas.

Gildardo, dueño de una pequeña parcela, sobrevive del cultivo de café, cítricos y algunos otros frutales. Pero en Colombia no resulta fácil la incursión en otros productos agrícolas ya que históricamente ha sido un país dedicado durante décadas al monocultivo del café. Comenta: "Que sean cultivos rentables, no. Pues mire, ahora está duro el plátano, el banano… y frutas, todo lo que usted saca al pueblo. Mire, ahora, en estos días pasados, un señor tumbó toda la finca en café y la metió en cítricos. Ese señor está… Por ahí le van a embargar la finquita, ya está otra vez que volviendo a sembrar café".

Según las estadísticas, las multinacionales y las grandes empresas se concentran cada vez más en la producción agrícola, de la que son desplazados los campesinos y los pequeños propietarios.


Fernando Zapata, un experto agrícola, acentúa: "Ha habido desplazamiento de campesinos, y básicamente han sido los grupos más vulnerables los que han sido desplazados. Especialmente la población negra y la población indígena. Allí ha habido un desplazamiento y una concentración de la tierra por parte de grupos económicos poderosos".

El Gobierno actual de Colombia expresó su voluntad de volver la vista al campo apoyando a los productores pequeños mediante una Política Integral de Tierras. En este sentido, la Ley de Restitución de Tierras, que actualmente está siendo examinada por el Congreso, atiende el derecho a la restitución de los terrenos despojados a la población desplazada.

Según Zapata, la ley contribuirá a "devolverle la tierra a sus antiguos dueños. A la gente que fue presionada a vender a más bajo precio o, simplemente, que fue desplazada por la fuerza, a punta de fusil". Sin embargo, el experto subraya que la nueva legislación deberá contar con un apoyo permanente del Gobierno "no solamente para producir, sino para que no vuelvan otra vez a desplazarlos".

Sin embargo, la dificultad con el transporte de los productos del pequeño agricultor, la fluctuación de precios, la desventaja tecnológica y los riesgos ambientales siguen siendo los principales desafíos del sector. Y según los expertos, son factores cada vez más determinantes del desplazamiento.

Colombia ha experimentado una brusca apertura económica durante los últimos años, pero las condiciones de infraestructura, tecnología o comunicaciones no han ido a la par en el proceso, lo que ha hecho daño al campo

martes, 19 de abril de 2011

Colombia afronta el crecimiento del paramilitarismo



Reportaje en RT.


Varias regiones de Colombia están viviendo un crecimiento del paramilitarismo. Los residentes locales sostienen que estos grupos armados y al margen de la ley, que antes ocupaban las zonas rurales, ahora se están desplazando hacia las grandes ciudades.

“Ya hay grupos paramilitares que están ejerciendo control acá en el barrio, hay mucho microtráfico, han influenciado mucho las niñas y los niños a que consuman (narcóticos)”, afirma María Eugenia Cruz, quien ahora reside en Bogotá, después de que fue desplazada por la violencia, y añade que “hay niños de 9, 7 años, que ya roban y atracan”.

María Eugenia Cruz es una líder comunitaria, y por su labor ya ha recibido varias amenazas por parte de los paramilitares. Su situación se agrava al tener dos hijas menores, a quienes por ahora prefiere mantener encerradas en casa debido a la inseguridad existente.


El problema actual apareció con algo, en teoría, bastante positivo. Durante el gobierno del anterior presidente, Álvaro Uribe, fueron desmovilizadas las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), una organización reconocida como terrorista por muchos países, incluida la propia Colombia, EE. UU. y la Unión Europea.

Pero resultó desmovilizada solo parcialmente. Aunque en algunas regiones la estructura de la organización se redujo, en otras permaneció intacta o hasta creció. Los grupos criminales resultantes de la organización ahora se denominan por el gobierno como “las bacrim”.

“Tienen armas bélicas, control territorial, ejercen un control social coercitivo violento, mantienen alianzas con sectores políticos, con élites regionales o locales. Inclusive, mantienen alianzas con sectores de la fuerza pública y de algunas instituciones”, así las describe el presidente de la Fundación Cultura Democrática Bogotá, Álvaro Villarraga.

El gobierno colombiano ya declaró que grupos de esta índole se han convertido en el nuevo enemigo del país. Pero a las ONGs de Colombia no las parece bastante esta denominación. Exigen acciones más concretas y decisivas frente al problema.

Algunas de ellas, creen, pueden implicar el reconocimiento oficial de la naturaleza paramilitar de estas bandas y poner en marcha un ataque frontal a la potente economía paralela de las mismas. Entre otras soluciones proponen: la creación de una estrategia completa de lucha, que incluiría también cambios estructurales en los sistemas de seguridad y de Justicia del país.

jueves, 7 de abril de 2011

Enfermedades "leves" que matan en Colombia



En Colombia, enfermedades como la tuberculosis causan fuertes estragos en la población. En el país latinoamericano es muy alta la tasa de mortalidad de enfermedades que en otras partes del mundo son consideradas leves.

Según las estadísticas la tuberculosis, básicamente, a nivel nacional, tiene una incidencia de 25 personas enfermas por cada cien mil habitantes.

De acuerdo con los expertos, las condiciones del país, en términos económicos, sociales y nutricionales, configuran un ambiente propicio para la presencia y desarrollo de estas patologías.

“Las condiciones sociales de nuestra población, que son bastante difíciles, hacen que la enfermedad aparezca como tal. La asociación con el VIH Sida es también una causa importante para nosotros, la fármaco dependencia, todo este conjunto de situaciones hacen que se presente con mayor incidencia la enfermedad.”, comentó a RT Adriana García Gutiérrez, médica y epidemióloga.


Recluida en un centro hospitalario

Edna Martínez es una paciente que se encuentra en una fase terminal y no es mucho lo que puede hacerse. Madre de un niño de cuatro años, no puede gozar de su compañía. Ella padece de tuberculosis desde hace tres años y ahora debe permanecer recluida en un centro hospitalario.

“Cuando uno sale y no sigue el tratamiento, vuelve igual, o sea, vuelve con la enfermedad reactivada. Y eso es lo que me pasó a mí. Yo ya dos veces lo he empezado y no lo he terminado. No he tenido una parte donde… pues yo esté bien alimentada, porque se necesita una buena alimentación para tomarse uno ese tratamiento. Porque si no le cae muy mal a uno”, dice Martínez.

Como en el caso de Edna, los pacientes con diagnóstico de alguna enfermedad prevenible terminan en una gran tragedia personal y familiar, requiriendo cuidados médicos que las entidades designadas no prestan efectivamente.


La atención después de la enfermedad

La estructura del sistema de salud colombiano, basado en el aseguramiento, se enfoca en la atención después de la enfermedad, no antes.

“Eso ha hecho que el estado no asigne recursos para las acciones públicas requeridas para disminuir la prevalencia de la enfermedad. Para hacer una advertencia, hay que dar promoción de la salud para modificar las condiciones de infraestructura, de agua, de educación, de vivienda, de condiciones ambientales, a fin de disminuir la enfermedad”, afirma el Dr. Carlos Rozo, Director del Hospital San Juan de Dios.

Gracias a una ley aprobada en Colombia, el estado transfiere los recursos de la salud a los intermediarios. Las empresas privadas dedicadas a la prestación del servicio de salud no están interesadas en efectuar los gastos requeridos para prevenir las enfermedades o para diagnosticarlas oportunamente.

Según el Dr. Carlos Rozo, “la carga de la enfermedad que tiene que llevar cada uno de estos pacientes es una carga muy costosa, desde el punto de vista humano, muy dolorosa, y desde el punto de vista médico muy frustrante, sin contar con la carga social que eso genera, por la incapacidad, por las secuelas, por la inmovilidad, por la pérdida de productividad, por la pérdida de integración a su componente social. Entonces la desgracia es muy grande producto de unas definiciones equívocas en las políticas de la salud pública del país”.


Instituciones médicas: la reforma no resuelve las fallas estructurales

El Gobierno adelanta un proceso de reforma a la salud, que busca enmendar la problemática. Sin embargo, instituciones del sector, que agrupan a médicos, asociaciones científicas y los hospitales públicos, han mostrado su desacuerdo. Consideran que la reforma no resuelve las fallas estructurales y no garantiza el derecho integral a la salud de los colombianos.

Algunas instituciones, a pesar de la ausencia de políticas y de recursos públicos, siguen comprometidas con la atención especializada de estas enfermedades.

Una lucha dura y solitaria, mientras siga siendo prioritario el equilibrio financiero y no la salud de la gente. Y se siga privilegiando la atención de la enfermedad, y no su prevención.



Noticia en:  RT

domingo, 27 de febrero de 2011

Beldades y mentiras de Gadafi (1)



Por: Juan Alberto Sánchez Marín.


Los Estados Unidos tienen una imprudencia espléndida para ayudar a destripar los príncipes infelices que tienen regados por el mundo.

Sólo es comparable con el disimulo sinvergüenza que los caracteriza para ayudar a apuntalarlos cuando son sus aliados, secuaces y perros de presa en las maduras. Un pábulo a la larga bueno, porque nutre de una vez la antimateria, los procesos inversos, y termina desmenuzando las propias dictaduras, como ocurrió con las de la América Latina.

Pero que tiemblen esos amigos en las verdes, cuando sus pedestales se tambalean. Que lo digan Ben Alí, en Tunez, o Mubarak, en Egipto. Ayer, Noriega, en pleno canal de Panamá. O Saddam Hussein, allá en el rancho grande del polvorín. Hoy, Gadafi, en Libia.

Mañana… Mohammed VI, en Marruecos; Abdullah II y su primer ministro de afán, Maouf Bakhit, en Jordania; Ali Abdullah Saleh , y su vice Abd al-Rab Mansur al-Hadi, en Yemen, quienes han prometido salir en 2013 pensando escurrir así el hecho de tener que irse ahora mismo; Hamad Ibn Isa Al Khalifa y su primer ministro, Khalifa bin Salman Al Khalifa, en Bahrein.


Hasta Abdalá Bin Abdelaziz Al Saud, en Arabia Saudí; Yalal Talabani y su primer ministro, Nuri al Maliki en, en Irak, por supuesto, o Mahmud Ahmadineyad y el Líder Supremo Ayatolá Ali Jamenei, en Irán, que oran callados mientras silencian el runrún. La lista es larga.

En la cuerda floja, asustados, por lo menos advertidos, están Mohamed Ould Abdel Aziz, en Mauritania; Bashad Al-Assad, en Siria; Abdelaziz Bouteflika, en Argelia; Michel Suleiman y su provisional primer ministro Najib Mikati, en Líbano; Isaías Afewerki, en Eritrea; Omar Hassan al-Bashir, en Sudán; o Qabus ibn Said, en el Sultanato de Omán, un remedo de país cuyo día nacional, cómo no, es el cumpleaños del sultán. La lista es larguísima.

Monarquías absolutas, dinastías legendarias, herencias caducas, nepotismos sin disimulo; democracias de papel, constitucionales de adorno; presidentes de rémora y parlamentos de fábula; oposición entorpecida, opiniones proscritas; partidarios movilizados y pagos, contrincantes exiliados. Porra contra avión, piedras contra fusiles: soluciones de rejo y policía.



Y el gringo ahí



La Unión Europea y su brazo siniestro, la OTAN; Estados Unidos e Israel, donde no se sabe bien quién es el apoyo nefasto de quién: Van y vienen, arrojan redes, procuran pescar en el río revuelto del Medio Oriente (tan Próximo, como lo ven los españoles), del Magreb y de todo el noreste de África, y azuzan la jauría mediática para reforzar la confusión. ¿Qué tanto, un galimatías premeditado?

Hacen falta días, para mover las fichas, para trepar a los podios vacantes a nuevos cofrades, otros fanáticos de esas tiranías que dan pábulo a las democracias protocolares que les sirven, y a las realezas y soberanías que lo mismo.

Y tiempo, precisamente, es lo que no hay. Las bolas de nieve ruedan imparables sobre los ardientes desiertos. Los aludes van arriados por las mesetas, los llanos y las planicies. Y uno vuelve y se pregunta, ante la inesperada baraúnda: ¿esperada por cuántos, inesperada para quiénes?

“Los países de la región tienen el mismo tipo de retos en términos demográficos: las aspiraciones de su pueblo, la necesidad de reformas” , dijo hace poco el portavoz del Departamento de Estado de los Estados Unidos, Philip Crowley. “Animamos a estos países a tomar acciones específicas, que respondan a las aspiraciones y las necesidades y las esperazas del pueblo.”

Una frase que no por etérea deja de ser invulnerable. Y si no fuera porque es tenida como mentira por el gobierno que la sostiene y dicha como tal por el portavoz que la desabrocha, valdría la pena, además de citarla, repetirla por ahí.

Cualquiera creería, incluso, que es tomada de modo literal de lo dicho por algún ideólogo progresista, como dicen ellos con eufemismo, anti imperialista y nada patán.

Por eso mismo, tal vez, a muchos les pone los pelos de punta oír a CNN hablando de revolución, insurrección y rebelión por esas tierras del olvido. Rebelión, una palabra que escandaliza a la Wikipedia, ahora la trillan los gráciles reporteros de los medios occidentales. Un asunto sospechoso.

Dirán: “oportunismo gringo”; tildémoslo de rapacidad imperial, pero es pura pericia, simple y llanamente. Son años sometiendo, urdiendo, acallando.



La siemprelibia



Libia ha sido, ancestralmente, una tierra de nadie, y, por lo mismo, de todos los que cruzan por allí.

Morada de mercenarios contratados por el Antiguo Egipto, posesión cartaginesa en tiempos de Aníbal, dominio romano; invadida por los árabes, sojuzgada por los vándalos y tomada por los turcos otomanos, hados sin gracia llevaron a Libia a ser colonia de Italia en 1911.

De Italia, nada más ni nada menos; aquella patria grave cuya Roma pasó de la teta de la loba a mamar y mamarse de lobos como el Duce Mussolini, Craxi, Andreotti… ¡Berlusconi! De Italia, ni más ni menos, tan lejos de Dios y tan cerca del Papa (2). Italia, que en un agotado arrebato imperial, a comienzos del siglo XX, no halló a mano sino la desolación Libia. Y la tomó.

En territorio libio, durante la Segunda Guerra Mundial, se batieron a muerte el Afrika Korps, de Rommel, y las tropas británicas, de Montgomery. Un zorro (3) y un vizconde levantando con sus blindados el polvo de los desiertos.

Libia fue tres regiones desde tiempos inmemoriales: Cirenaica, Fezzán y Tripolitania, unidas a finales de 1950 para conformar la monarquía federal del Reino de Libia. Libia fue la primera colonia africana en lograr su independencia.

Regiones una vez vueltas provincias, luego llamadas gobernaciones, más acá nombradas distritos, desde las revueltas recientes todo aparenta que rebotan al mismo estado que tenían hace un siglo: el de vilayatos; de ahí, a un paso del de tribus.

Mientras se escinden las ideas de la izquierda en el mundo en torno al tema, Libia se escinde como nación.



El peso marrón



Para los gobiernos occidentales, Gadafi vale pocos dinares (LYDs, pues), pero Libia vale petróleo, muchísimo petróleo ligero, marrón claro, del bueno, que para los Estados Unidos y la Alianza es más que oro, más que todo, y harto más que lo que pueden significar seis millones de bereberes y árabes y un puñado de nómadas o seminómadas.

El imperio, está claro, busca ganarlo todo sin apostar nada. Nosotros no podemos caer en la trampa de la trama eterna: apostarlo todo para ganar nada.

A cuento de qué enredarnos en la ficción de que Gadafi es un sol. Magnánimos, diremos, se cotiza en dirhams (monedas), abalorios y túnicas, también, color marrón. El revolucionario que fue, y lo fue, o pudo serlo, ya no es.

Socialista junto al presidente Chávez, espada de Bolívar en alto; capitalista peculiar con Berlusconi o Aznar; sátrapa vil entre Mugabe, Mubarak y Ben Alí: Gadafi chocante de cada día, en una fase que lleva ya varios años.

Jefe beduino trepado a Guía, Líder, Hermano Líder… Gran Hermano de una tierra que a sí misma nombró la Gran Jamahiriya Árabe Libia Popular Socialista: un país que en su historia ha tenido un rey, Idris I, primero y único, 18 años en el poder, al que Muamar en buena hora bajó de un tajo. Un reycillo proveniente de Cirenaica, la misma región oriental que hace días dice Italia que “ha sido liberada” de Gadafi. Como para atar cabos.

Y que ha tenido un solo paladín en el poder, año tras año vuelto cada vez más totalitario: Gadafi, claro.

Gadafi es el jefe de Estado más antiguo del mundo. Con excepción de las monarquías, desde luego, y aunque la suya pareciera ahora otra de tantas y cada vez más afín a la que tumbó.

Gadafi, en los años setenta, se libra de las bases extranjeras y nacionaliza varias empresas petrolíferas. En 1977, proclama la Jamahiriya o Estado de las Masas, influenciada por Nasser y con clara tendencia socialista. Apoyó en un tiempo a las guerrillas y subversivos del mundo. Fue panarabista. Fue panafricanista. En 1986, el gobierno republicano estadounidense de Ronald Reagan bombardeó a Libia, asesinó a Jana, una hija adoptiva de Gadafi, y chamuscó la jaima en Trípoli.

Gadafi deshizo jerarquías militares, trastocó generalatos y estamentos encumbrados. Reclutó unas buenas docenas o centenas de mujeres vírgenes, por qué dudarlo, y con ellas conformó su guardia personal, que demostró su eficacia en el atentado contra el líder hace unos años.

Veremos ahora qué tan útil es tener un dragoneante al frente de la tropa y dentro de poco él reconfirmará lo de las vírgenes cuidándole las espaldas.



Parafernalias del oportunismo



Casi con el cambio de milenio, o apenas un poco antes, la política exterior de Gadafi experimentó un fuerte viraje.

La condescendencia alega que fue una adaptación de su pensamiento a los nuevos tiempos y del país a la realidad, que en casi 1.800.000 kilómetros cuadrados apenas alberga poco más de 6 millones de habitantes, comprendidos todos, kilómetros y habitantes, sobre una de las riquezas petroleras más grandes del mundo.

La vana esperanza indicaría que todo es una estrategia para conocer mejor al enemigo, para fortalecer la revolución, para no cejar en el empeño de afianzar los logros.

Los hechos apuntan a que el pequeño niño beduino se hizo viejo, egocéntrico y opresor. El malicioso capitán del Cuerpo de Señales fue olvidando al Ché Guevara y a Nasser. El anticolonialismo resuelto de otrora es episódico. El Libro Verde maduró biche (4): las hojas, en el otoño súbito del patriarca, son hojarasca.

La jaima, genuino símbolo de identidad, se volvió el armazón pintado de un gobernante excéntrico, que se instalaba por el ancho mundo. En los jardines del Hotel Marigny de Paris. O en Alcalá de Guadaira, en Sevilla, o en los jardines del palacio de El Pardo, en Madrid, en España. En el vistoso Jardín Villa Pamphili de Roma, en Italia. O junto al Kremlin. O en Nueva York.

En Libia o afuera, en Trípoli o en las afueras, la jaima se atiborró de negocios controvertibles e invitados azarosos y zalameros, como Zapatero y los reyes de España; Aznar y su Botella; Sarkozy y su Carla; Il Cavaliere y quién sabe cuál; Moratinos; Micheline Calmy-Rey; Lawrence Gonzi; Tony Blair. El etcétera no acaba.

Al presente, Gadafi se aferra al poder, aunque mande sólo entre la tribu Qadhadhfa, que es su familia, sus allegados y él mismo, arrinconados junto al Mediterráneo, en la Tripolitania original, en un caudillaje que ahora no va más allá de la incertidumbre.

Quiera este tiempo que sea su desobediencia al pasado lo que lo tumbe, es decir, el pueblo cansado de lo mismo y de él mismo, y no los tejemanejes afanados de los Estados Unidos y la OTAN, cuyos misiles de buena voluntad y cazas pacificadores calientan los motores, al aliento de las grandes transnacionales, que por la gracia del etéreo ven aparecer otra Irak en las narices.

Gadafi, entre tanto, rodeado de sus beldades, vocifera, desafía, miente. Y la voz telúrica en la tribuna es el canto del cisne.



(1) CABRERA INFANTE, Guillermo. Beldad y mentira de Marilyn Monroe. En su: Cine o sardina. España, Punto de Lectura, 1997. Pp. 322-330.

(2) Paráfrasis de la frase pronunciada por el dictador mexicano Porfirio Díaz: "¡Pobre México!, tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos."

(3) Erwin Rommel, Mariscal de Campo alemán durante la Segunda Guerra Mundial, era conocido como el “Zorro del Desierto”.

(4) Biche: Adj. Col. Dicho especialmente de un fruto: Que no ha alcanzado su plenitud o culminación (DRAE).


Artículo disponible en:

Agencia Latinoamericana de Información
Rebelión (España)
Kaos en la Red (España)
Diario Universal (España)
Aporrea (Venezuela)
Sur y Sur (Venezuela)
Question Digital (Venezuela)
Argenpress (Argentina)
Indymedia
Agencia Periodística de Información Alternativa, APIA



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