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BELDADES Y MENTIRAS DE GADAFI

Rodeado de sus beldades, vocifera, desafía, miente. Y la voz telúrica en la tribuna es el canto del cisne.

COLOMBIA: UN PAÍS MINADO POR EL DESPOJO MINERO

En un país en donde nunca estamos sentados a la mesa ni para lo nuestro, no hay otra opción: Terminamos haciendo parte del menú.

REMESAS Y POBREZA EN COLOMBIA: UNA RELACIÓN EVIDENTE

Según previsiones actuales, se recuperarán niveles anteriores de remesas desde el extranjero sólo a partir de 2012 o 2013.

COLOMBIA AFRONTA EL CRECIMIENTO DEL PARAMILITARISMO

La estructura del paramilitarismo se redujo en algunas regiones del país, pero en otras permaneció intacta o hasta creció. .

ENFERMEDADES 'LEVES' QUE MATAN EN COLOMBIA

Los pacientes con diagnóstico de alguna enfermedad prevenible terminan en una gran tragedia personal y familiar, requiriendo cuidados médicos que las entidades designadas no prestan efectivamente.

miércoles, 27 de mayo de 2009

Desinformación. Cómo los medios ocultan el mundo

Novedad editorial de Pascual Serrano

Un recorrido por los principales acontecimientos de los últimos años que nos muestra que lo sucedido no es lo que nos han contando.

La mayoría de los ciudadanos considera que, después de leer la prensa o ver los telediarios, está informada de la actualidad internacional. Sin embargo, la realidad dista mucho de ser la imagen unívoca ofrecida por los medios. Este libro recorre los principales acontecimientos de los últimos años mostrando —mediante entrevistas con expertos, bibliografía especializada y consulta de medios alternativos— que lo sucedido no es lo que nos han contando.

Pascual Serrano, con una incisiva mirada, desentraña el funcionamiento de los grandes medios de masas para hacernos comprender que la desinformación es una constante. Lo que creemos que está sucediendo en el mundo es sólo una falsa composición al servicio de unos intereses que van, poco a poco, conformando la opinión pública. La obra, además, propone técnicas y hábitos de lectura para fomentar una nueva actitud, independiente, ante la información y promover así una ciudadanía resistente a la manipulación.

"Este nuevo libro de Pascual Serrano establece de modo definitivo, con un catálogo abrumador de hechos, datos y ejemplos, la prueba del ADN de que los medios desinforman".
Ignacio Ramonet


Pascual Serrano. "Desinformación. Cómo los medios ocultan el mundo". Editorial Península. Madrid. Junio 2009 ISBN 978-84-8307-880-8 Páginas 624 pgs. Precio 25,90€. A la venta en librerías desde el 28 de mayo de 2009.

ÍNDICE

Prólogo de Ignacio Ramonet

Introducción

I. Así funciona el modelo

Cómo se selecciona la información

¿Pasa lo que nos cuentan?

Sin contextos ni antecedentes

El lenguaje

Adscribirse la opinión pública

El etnocentrismo y las jerarquías

Detrás de los líderes

Silencio con las marcas

El falso pluralismo

Fuentes y analistas

Silencio/portada
II. Europa, sin conocer lo que pasa en casa

Unión Europea

Constitución Europea y Tratado de Lisboa

Ex Yugoslavia

Vuelos de la CIA y cárceles clandestinas

Emigración. Silenciamiento y criminalización

Vuelve la guerra fría con Rusia

Reverencia a las monarquías

Los correctos políticos europeos

El proceso de Bolonia

Silencios

III . América Latina, ¡que viene el populismo!

Populismo

Lo que silencian

Venezuela, el acoso

La conjura contra Cuba

Acariciar a Colombia
IV. EE. UU., todo bajo control

Katrina

Lenguaje

Elecciones

Imagen positiva en los medios

Silenciamientos

V. Asia, la «guerra contra el terrorismo» y el doble rasero dominan la agenda

El islam, los musulmanes, los árabes

El desequilibrio palestino-israelí

Iraq, apoyando la invasión y ocultando la resistencia

Afganistán, una imagen mediática

Líbano. Hezbolláh el Satán

China, la gran amenaza
VI. África, el gran olvido

Congo y Ruanda, los medios al servicio del genocidio

Somalia, otra invasión buena

Buenos y malos en África

Sahara terrorista y Marruecos democrático

Kenia, otra explosión de odio étnico

Los eventos y la realidad

VII. Qué hacer

Preguntas ante un medio

Defensa y desconfianza

Ojo al súbito satán

Participar/protestar

Si somos emisores

Otra información es posible

Algo de paciencia

El referente intelectual

Bitácoras

Si nos hemos perdido

Elijamos nosotros

Periódico personalizado

Tecnofilia/Tecnofobia

Un llamamiento

Epílogo

Cronología

viernes, 1 de mayo de 2009

Diario El País decide prestarse como órgano propagandístico para la reelección de Uribe

Por: Patricia Rivas

El diario español "El País", propiedad del Grupo PRISA, con fuertes intereses en Colombia, publica este jueves una "noticia" titulada "las empresas españolas apuestan por la reelección de Álvaro Uribe". Ni una palabra sobre las ejecuciones extrajudiciales, los vínculos de Uribe con el narco-paramilitarismo, y los escándalos de las escuchas del DAS.


(Foto: Archivo) Francisco González destacó el compromiso de BBVA con Colombia enla presentacion de Alvaro Uribe en el Foro de Europa Press.


El diario español "El País", propiedad del Grupo PRISA, con fuertes intereses en Colombia, publica este jueves una "noticia" titulada "las empresas españolas apuestan por la reelección de Álvaro Uribe", en la que destaca que en su visita al Reino de España, "el mandatario colombiano se ha llevado consigo el visto bueno de las empresas españolas presentes en Colombia a su posible reelección el próximo año, aún sin dilucidar". Ni una palabra sobre las ejecuciones extrajudiciales, los vínculos de Uribe con el narco-paramilitarismo, y los escándalos de las escuchas del DAS.

Fragmento de la portada de la edición digital de El País este jueves.


Reproducimos a continuación apartes de la información-propaganda del diario El País:

"Al término del encuentro que mantuvo con los empresarios ayer por la mañana, el presidente de las Cámaras de Comercio, Javier Gómez-Navarro, aseguró que la posibilidad de que Uribe se vuelva a presentar -lo que supondría, en caso de ganar, un tercer mandato, y para lo cual es necesario una reforma constitucional- "es una buena noticia".

"[Uribe] ha demostrado que cumple sus promesas, lo que, a su vez, da seguridad a las empresas", afirmó Gómez-Navarro tras una reunión con el presidente colombiano, "un gran conocedor de la realidad de su país y de las inversiones españolas". Asimismo, reconoció que el mandatario aportó información "muy valiosa" de la situación económica de su país a los empresarios, que han asumido "muchos riesgos" para invertir en Colombia. El presidente de las Cámaras recordó, a la salida del acto, que Colombia ha sido el único país latinoamericano que jamás ha renegociado su deuda y, a pesar del daño que ha hecho el terrorismo, Uribe ha logrado que las empresas recuperen la confianza para que acudan al país sin ningún temor.

Al encuentro con los empresarios, que según la delegación colombiana desbordó las previsiones, asistieron, entre otros, presidentes y consejeros del Grupo PRISA (editor de EL PAÍS), Endesa, Iberia, Telefónica Latinoamérica, BBVA y Cepsa.

Al concluir el acto, el presidente colombiano se entrevistó en la Embajada de Colombia con el líder del Partido Popular, Mariano Rajoy, a quien reconoció que la situación económica española, debido a la crisis, está afectando a Colombia, ya que España es el segundo país inversor, informa Efe. Como ya ocurrió el martes por la tarde con el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, Uribe también abordó con Rajoy la lucha antiterrorista, con especial énfasis en la que mantiene su país con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

Uribe, galardonado

Esa labor contra el terrorismo ha propiciado que el Ayuntamiento de Cádiz concediese a Uribe el Premio Libertad Cortes de Cádiz, un obsequio criticado por más de 150 colectivos, que opinan que premiar a Uribe, a quien consideran "autoritario" y "cómplice" de delitos de lesa humanidad, por ese motivo es insultar a los derechos humanos.

En su discurso de agradecimiento, muy similar al que ofreció el día anterior en un coloquio organizado por el Foro de la Nueva Economía, Uribe ofreció el premio a los cerca de 1.700 "soldados y policías" de su país mutilados por las minas antipersonas, y que aún se encuentran en algún hospital militar de Colombia recuperándose".


Ésta es solamente una muestra de cómo un diario que se vendió en su día como un medio independiente, se pliega a los intereses empresariales para no informar de las protestas que hubo en Madrid, exigiendo que le retiraran los honores, por las sistemáticas violaciones a los derechos humanos que la política de "seguridad democrática" promovida por el presidente Álvaro Uribe promueve en Colombia, entre ellas las más de mil ejecuciones extrajudiciales de ciudadanos asesinados por el ejército y presentados como guerrilleros caídos en combate en el marco de la "lucha antiterrorista" y los probados vínculos del uribismo con organizaciones criminales paramilitares, responsables de incontables masacres y del desplazamiento forzado de millones de colombianos, además de delitos de narcotráfico, por cierto.

Con respecto al tema de la reelección presidencial, llama poderosamente la atención el doble rasero que sin ningún pudor exhibe el diario El País, distinguiendo entre presidentes que "aspiran a la reelección" y presidentes que "concentran el poder".

Véase si no, el editorial de El País del 17 de febrero de este año, tras el triunfo de la reforma constitucional que abrió en Venezuela la posibilidad de postularse sucesivamente a la reelección de los cargos públicos, sin otro límite que la voluntad popular expresada en las urnas.

O, sin ir más lejos, véase en la edición de ayer, el artículo de Miguel Ángel Bastenier, editorialista y ex responsable de internacional del diario, titulado gráficamente: "Correa, centro del mundo". Vale recordar la respuesta que certeramente le dedicó Pascual Serrano al mismo columnista, por haberse dedicado a insultar a los presidentes latinoamericanos democráticamente elegidos que no son del gusto del periódico, vale decir, del capital, español.

Artículo disponible en:
YVKE
Rebelión

domingo, 5 de abril de 2009

Acción y opción de la crítica en Venezuela

Por: Juan Alberto Sánchez Marín

Día y noche, 1938. M.C. Escher. Litografía.


El pensamiento crítico en Venezuela tiene una tradición que se remonta a los albores del siglo XIX... Una época dorada de la que no es ajeno Simón Bolívar... Hugo Chávez viene de esa vena esencial.


En un proceso como el que vive Venezuela, las etapas plenas y placenteras son sucedidas por etapas espinosas. Y lo contrario. Empiezan y terminan unas y otras, o, simplemente, se transforman, en tandas sin fin que desconciertan, a la vez que propagan la esperanza. O se reinician, para usar un término de moda aplicable. Como en cualquier sociedad, el destino se escribe a medida que se dan los pasos y se queman las etapas. Y ahí podemos hacer una deducción elemental: que las cosas quietas no determinan procesos. Sin embargo, no todo lo que se mueve configura un proceso, que, ante todo, significa avance. Y tenemos una premisa significativa: que no todo lo que se mueve avanza. Lo explica bien el escritor francés Boris Vian: “Evidentemente, cuantos más obstáculos ha vencido uno, más tentado se siente de creer que ha llegado más lejos. Eso es falso. Luchar no significa avanzar” (1).


Ya irá estando exento cada vez más el ánimo de los afanes, serán decididos los lastres e identificados mejor los ruidos en el sistema, ya se ponen en los anaqueles los adalides de las viejas causas, con su polvo y bagatelas, y se ignoran los cantos de sirenas roncas y pitos agudos de la Colomina, la Chirinos, la Angola, del Kiko o del Castillo (2). Importa la comprensión de lo que hay en juego y su valoración constante.

El siempre sinuoso devenir histórico, el tira y afloje del contexto mundial, las agridulces gracias de una cohabitación forzada con un sistema decrépito, poblado de energúmenos conserjes y siervos chiflados, y la supervivencia como si nada bajo un imperio que lo quiere todo, no hacen posible dejar la lucha, y esto a la vez hace difícil no creer que cualquier reyerta de esquina es un avance. Es el engaño. Y la meta es el desgaste. Pero elemental la manera de hacerle frente: no perder la perspectiva, esa trapisonda de las matemáticas, que desde Brunelleschi, en el Renacimiento, es un recurso de la pintura y, por analogía, del modo en que podemos desarmar una realidad engañosamente plana.

Lazo de unión, 1956. M.C. Escher. Litografía.


Flexión y reflexión permanentes

La profundización en la ideología socialista, la mayor claridad en lo que se pretende, la terquedad en algunos aspectos y la sincera convicción en otros, el desarrollo natural del proceso y mil elementos condicionantes más, hacen que las estrategias, las prioridades, los vínculos, incluso, los axiomas, sean reconsiderados cada cierto tiempo. Esa flexibilidad y capacidad de adaptación a las circunstancias cambiantes, también debe cruzar de manera transversal otros aspectos del proceso, para que las honduras del abismo no se vengan encima.

El modelo en obra, por ejemplo, no puede dejar de ser incluyente. Áspero con el enemigo, férreo con el desestabilizador, pero permeable a la crítica, que es un mecanismo fundamental de evaluación. La crítica no es constructiva ni destructiva, ni puede ser favorable o desfavorable. Simplemente, está bien o mal hecha. Es honesta o no. Sirve de muy poco la que nos gusta y lisonjea, y, en todo caso, no más que la que nos ataca con cándida virulencia o con perversa saña. La crítica es análisis, reflexión, examen.

Y, claro está, la mejor crítica viene de adentro, de las propias entrañas. Yo sé por qué he errado, por qué he acertado, cuánto me faltó, qué se estropeó, cómo mejoro, dónde está la cuestión. También: A quién engaño y por qué o por cuánto. Por eso es personal, familiar, grupal, comunal, barrial, municipal, regional, nacional. En ese orden. Es la revisión: la evaluación nuestra de cada día, como el pan o cualquier necesidad fisiológica. Y que, como la reflexión, la participación o la comunicación, es inherente, nace de adentro, del interior de la persona, de la comunidad, del pueblo. Si no, no sirve. La evaluación inducida sólo es útil para generar artimañas para evadirla.


La crítica: opción impajaritable

Una de las cosas que caracterizan la llamada oposición al proceso venezolano es que la crítica brilla por su ausencia. Se lanzan diatribas, emponzoñadas aseveraciones, comentarios malintencionados, frases reiteradas y vacías que se vuelven lemas o cuñas por sus medios masivos, sin sentido, sin observación, sin distanciamiento. La crítica comprometida con uno u otro lado no es crítica, es militancia. Sirve para fastidiar, para desviar la atención, o como propaganda, pero nada para edificar, y poco para corregir errores o reorientar rumbos.

Oscar Wilde, con su esteticismo característico, dijo algo así como que es muy difícil ser bueno con los amigos, pero que en cambio sí es fácil serlo con los enemigos. Nada más cierto. Qué sencillo es decirle al odioso que muy bien por donde va, darle unas palmaditas en el hombro y que siga rumbo al despeñadero. Al amigo, en cambio, cuando menos, toca pararlo y decirle que por ahí no es. Y muy idiota sería aquel amigo que en solidaridad siga caminando callado al lado. Como se dice tanto: con esos amigos, para qué enemigos.

La disensión es parte del análisis, y el cuestionamiento no puede estar aparte del reconocimiento. Es una dialéctica vieja, elemental. La uniformidad atrofia. De poco sirven los dirigentes que comen callados, los ministros que tragan entero, los jefes que no degluten y no toman decisiones, así choquen. Estos son males que se superan cuando el pueblo ya no es apenas una invención de los políticos tradicionales o de los tantos rebeldes que se quedaron sin causa. La unidad, tan necesaria, es contraste, matices, diversidad. Ahí anida el complemento y así se enriquece lo único que tiene que enriquecerse en un socialismo verdadero: el criterio.


El pueblo y el difícil ejercicio de sí mismo

El pueblo venezolano, y esa es la participación hecha a pulso y el Verbo hecho carne, ahora marcha, vota, habla, invalida o convalida. Dice sí o dice no, cuando hay que decir sí o decir no. Para no ir más lejos, acaba de decir que sí, como tantas otras veces. Sí al proceso en marcha, donde el liderazgo probado es aprobado, y tiene la puerta abierta para entrar de nuevo al ruedo. Nada más, pero eso basta y sobra para el aliento, que ha de ser duradero.

No se trata del vocablo pueblo metido a los trancazos en el discurso, para aderezarlo, buscar congracias y pescar incautos. Una cosa es avanzar codo a codo con María Engracia, la del alto, o el negro Pepe Pérez, y otra distinta tomar la palabra con pinzas y con el tapabocas puesto. Mucho media entre personajes de “taranovela”, como Rosales, Ledezma, Mendoza, Borge, López, Capriles, Ocariz, y un extenso etcétera, que meten al “pueblo” en cualquier frase de cajón de sus discursos acomodados, de agencia, y Chávez, metido hasta el tuétano en las barriadas del 23 de Enero, Catia o Petare, oyendo con sus propios oídos el rosario de cuitas de fulano, mengano y zutano. Hasta las de Perencejo.

El pueblo de la oposición venezolana, el que le importa y al que se dirige, es netamente ciudadano, donde ciudadanos son específicamente los moradores de ciertos sectores privilegiados de las ciudades (v.g. “Aló, ciudadano”). No son ciudadanos los habitantes de las afueras, de los cerros, de las cañadas, de los derrumbes, que a pesar de llevar décadas en la ciudad aún llevan encima pasto llanero, musgo andino o arenas de la Guaira. ¿Qué ciudadanos pueden ser entonces los habitantes de las extensas zonas rurales del país, o los de costas al olvido, monte adentro o socavón abajo? Sencillo: No habitan la ciudad, no son ciudadanos, ergo, no existen.

Pueblo: palabra humilde, venteada, que es conjunto, que añade, que siempre tratan de quebrantar. Me decía Fernando Birri, el cineasta argentino, piedra angular del Nuevo Cine Latinoamericano, que nadie había enfermado tantas palabras del idioma español como las dictaduras militares de Sur América. Y doy un ejemplo en Colombia, donde nunca se declaró oficialmente una dictadura de este tipo, porque los militares han tenido siempre tanto poder que nunca necesitaron la Casa de Nariño para regir los destinos del país. En Colombia, la sola palabra “brigada” dio miedo durante años, pues puertas adentro de estas instituciones militares se cometían las más viles torturas y atrocidades durante los tiempos del Estatuto de Seguridad del gobierno de Turbay Ayala, un antecedente poco preclaro de la actual Seguridad Democrática de Álvaro Uribe. Una palabra enferma en Colombia, que gozaba de plena salud en Cuba, donde las brigadas de alfabetizadores, de jóvenes recolectores, de zafreros, o de lo que fuera, construían palmo a palmo la isla. La palabra “pueblo” tiene que seguir así de sana, en Venezuela y donde sea, para afrontar la peste que la asedia, sobre todo, en el campo mediático, en el que tantas bocas habría que poner en cuarentena.

De la misma manera que el pueblo asume a plenitud su capacidad para ejercer la crítica y la auto crítica, en relación con la construcción social en marcha, también refina con cuidado la palabra dulce que lo evoca y lo invoca en el anzuelo. El pueblo sabe ya harto de eso. Son años. Con los mismos, en las mismas, ejerciendo el terror, la amenaza, la falacia, la distracción y lo baladí. Porque ahí sí que no hay crítica. La palabra es espina. La frase tiene doble filo. El comentario es dentellada.


La palabrería desde la orilla opuesta

Miren que es difícil no haber logrado detener, al cabo de tantos años, la ascendente pelea de perros y la división de unos y otros en la oposición. Y hay que estar muy perdidos para creer que un personaje como el filósofo del Zulia, Manuel Rosales, sin carisma, sin proyección, sin discurso, derrotado comediante que se embrolla solo, pudiera haberle hecho algún día algún contrapeso a Chávez. Y debe estar aún más grave esa misma oposición para que, además de apostarle al hampón como su candidato presidencial, vaya gastando por estos días su mojada pólvora en escudar un gallinazo con orden de detención solicitada por la Fiscalía, edil en efugios y alcaldía en fuga.

Y que en diez años, porque la oposición en Venezuela sí que lleva el tiempo completo maquinando, urdiendo y fraguando, desde las tonterías más nimias originadas en algún té canasta, hasta el magnicidio, acariciado desde los medios, con la presta colaboración de las oligarquías de Colombia y sus muchachos, los paramilitares, que en diez años se le siga siendo fiel al lema inútil de que todos los tiempos pasados eran mejores, y conciban todo avance como un estorbo, toda señal de desarrollo como un progresismo barato, la movilización del pueblo como populismo, la soberanía como desgracia, o el liderazgo asumido y comprometido, como dictadura.

Pero, ante todo, miren que era muchísimo más fácil, a estas alturas del partido, haberse inventado alguna alternativa para plantear, y, en cambio, muy difícil llegar a lo que sí logró esta oposición: estar con las manos vacías, a una década de camino, rezando novenas para que se caiga el proceso bolivariano, poniéndole palos y puntillas a las llantas, difamando y saboteando lo que formula y cimienta, abandonando el barco como ratas, porque siempre han creído, querido y pregonado que el barco se hunde. O que ya se hundió.

Tal vez esa ausencia de verdadero análisis por parte de quienes hacen oposición en Venezuela, que ha sido bueno a la hora de dejarle tomar cuerpo al proceso en marcha, cuando estaba tan famélico desde tantos puntos de vista, ha sido negativo precisamente por la misma causa, cuando genera exceso de confianza, “sobradez”, manda las preocupaciones hacia tonterías, no inquieta sobre los resbalones dados, mucho menos sobre el rumbo avante, o termina haciendo pensar que la defensa a ultranza de cualquier pifia es justa y necesaria, pues al saber que no hay análisis, que no hay crítica, sino burdo ataque, pues se defiende a capa y espada todo lo que sea señalado. Eso hace mucho daño, no porque sea una estrategia eficaz, pues es claro que ni siquiera es una táctica, sino porque se le sigue el juego, porque se termine creyendo o haciendo creer que cualquier chambonada es una virtud, o una característica.

En otras palabras, una oposición que no enciende las alarmas sobre los individuos o las cosas que no sirven en el proceso amplio de la construcción del país, sino que desvía la atención y alerta sobre quienes no le sirven a sus intereses particulares o sobre aquello que le estorba al libre desarrollo de su avidez desmedida.

La larga vida del sano juicio

En un contexto de guerra mediática como el que se vive en el país, puede que la crítica certera no se reconozca o no se acepte de manera pública, que incluso haya que negarla una y otra vez, aunque se desgañite el gallo, eso es otra cosa. Pero lo que no puede ser es que en el fuero interno no se tenga en cuenta ni se haga hasta lo imposible para desarmar los yerros que la suscitan. Ese es el desafío, ahí yace la verdadera sinceridad con lo que se arma como idea, se busca como proyecto, se funda como pueblo.

El pensamiento crítico en Venezuela tiene una tradición que se remonta a los albores del siglo XIX, con personajes de tanto peso como Simón Rodríguez, Andrés Bello, Cecilio Acosta o Fermín Toro, entre muchos otros. Una época dorada de la que no es ajeno Simón Bolívar, quien ejerció la crítica constante de su tiempo y su mundo, y una crítica despiadada contra sí mismo y sus propias realizaciones. Hugo Chávez viene de esa vena esencial que, de una parte, interpreta el espíritu de la época y del momento, y se nutre de experiencia y conocimiento, y, de otra, la aplica en la manera de actuar, pensarnos y proyectarnos. Esa herencia es la que empieza a hacerse visible en la calle, en el barrio, en la vereda. Tiene que ser así. Ese beneficio es el que tiene que sembrarse sin tregua, en todo lado y a toda hora.


(1) Vian, Boris (1982). La hierba roja (Trad. Jordi Martí). España: Bruguera (original en francés, 1950).
(2) Periodistas de los medios privados que se han erigido en actores políticos de la oposición.


Artículo disponible en:
YVKE Radio Mundial
Rebelión
Radio Nacional de Venezuela

jueves, 2 de abril de 2009

España: 70 años vencidos

Por: Patricia Rivas

Este 1 de abril se cumplieron 70 años desde el fin de la Guerra Civil Española, cuando las tropas franquistas alzadas contra el Gobierno legítimo de la República española, por fin pasaron por encima del pueblo de Madrid. Comenzaba una dictadura que lo dejó todo atado y bien atado. Hasta el día de hoy.


La historia de la Guerra Civil española es la de muchos héroes y heroínas anónimos, de todos los pueblos de España y de cientos de pueblos del mundo, que entregaron su vida a la causa de la libertad, de la defensa de la legalidad constitucional, de la lucha a brazo partido contra el fascismo.

Es la historia de horrendos crímenes contra la humanidad, durante y después de la guerra, que apenas fueron un ensayo de lo que sufriría toda Europa bajo la bota de Hitler y Mussolini.

Gernika es solamente una de tantas páginas que dejó la contienda civil española para la historia de la depravación. Una metáfora de la guerra y sus víctimas inocentes. Pero fueron muchos los episodios oscuros que llenan la historia más negra de España: la matanza de civiles en la Plaza de Toros de Badajoz, que hizo correr literalmente ríos de sangre por las calles; los bombardeos sobre la población civil de las principales ciudades, que dejaron estampas de mujeres y niños muertos, tan familiares a las que espantaron nuestras retinas durante la reciente masacre israelí en Gaza; las cientos de miles de ejecuciones extrajudiciales durante y después de la guerra, las cunetas, todavía hoy, atestadas de cadáveres por los que nadie se ha atrevido a preguntar en 60 años… Los niños evacuados, separados de sus madres para siempre ante el avance de las tropas fascistas. El exilio de más de un millón y medio de españoles. El hambre, la humillación y la opresión para los que se quedaron dentro.

Madrid no fue la tumba del fascismo. Los franquistas pasaron. Y se quedaron. Ahí siguen, bien instalados en las juntas de accionistas de las principales empresas del país, en los altos cargos de la administración pública, en la judicatura, en el ejército, en la jerarquía católica.

(Foto: Archivo) Primera plana del diario "La Vanguardia" el 1 de abril de 1939. Los Estados Unidos reconocieron al gobierno golpista, ¡qué cosas!


No ha podido la desmemoria, institucionalizada por los arquitectos de esa gran traición al pueblo español que fue la llamada “transición a la democracia”, borrar la línea entre vencedores y vencidos, entre latifundistas y campesinos sin tierra, entre las dos Españas que vislumbró José Ortega y Gasset ya a principios de siglo (y el visionario Francisco de Goya mucho antes que él en el terrible y profético “Duelo a bastonazos”).

Basta con salir a la calle y mirar las placas: Avenida del Generalísimo, Calle General Mola, Calle General Varela, Calle Moscardó… Búsquele una calle a Durruti, a Pasionaria, a Manuel Azaña, a las Brigadas Internacionales, a la República. Son los vencedores quienes escriben la historia, y le ponen nombre a las ciudades.

La desmemoria es una asignatura obligada en España para las personas de mi generación, que nacimos cuando el carnicero ya era un anciano moribundo, aunque todavía firmaba sentencias de muerte. La desmemoria fue la materia con la que se construyó el consenso y la “reconciliación nacional”, la que hizo posible el regreso del Borbón, designado por el dictador como sucesor al frente del Estado.

(Foto: Archivo) Pancarta legendaria en la calle Toledo de Madrid con la consigna de Dolores Ibarruri que ha quedado como lema de resistencia contra el fascismo: "No pasarán"


Pero la monarquía constitucional española tiene cadáveres insepultos, que inexplicablemente y para espanto de sus centrados gobernantes, se escapan inopinadamente del armario y salen a campar por sus respetos, generando molestia y disgusto a los “padres de la democracia” española.

De vez en cuando, miles de campesinos sin tierra se plantan en la Puerta del Sol de Madrid a exigir reforma agraria, recordándole al gobierno “socialista” que la mayor terrateniente de España sigue siendo, desde la Edad Media, la Duquesa de Alba, una señora muy simpática, por lo demás.

De vez en cuando, y cada vez más a menudo, la bandera tricolor ondea en las marchas de estudiantes, de trabajadores, contra la guerra, en defensa de la revolución cubana, de la soberanía de Venezuela. Y no la portan ancianos de 80 años, sino jóvenes que no conocieron a Franco, y que apenas eran niños cuando Felipe González nos metió en la OTAN, privatizó las joyas de la Corona y armó la guerra sucia del GAL.

La guerra terminó hace 70 años. Pero no ha llegado la paz a España. El 1 de abril de 1939 Francisco Franco firmó el último parte de guerra, pero no ha dejado de haber vencedores y vencidos. Ahora, que la crisis aprieta, son más visibles los yugos e inocultables los desesperados intentos de los vencedores porque la cosa no se les vaya de las manos.

Este aniversario llega en un momento oportuno. Las lecciones del siglo XX son vitales para que los pueblos de España entiendan lo que les espera, y para que los pueblos del Sur puedan reconocerse e identificarse con una tierra que con tanta frecuencia simplifican en una caricatura con trazos de país-desarrollado-del-Norte e Imperio colonialista, olvidándose de la otra España, del hilo rojo de la resistencia de los que, por ahora, llaman “vencidos”.

(Foto: Archivo) La jerarquía católica tuvo a los carniceros bajo palio 40 años. "Por sus actos los conoceréis"...

domingo, 29 de marzo de 2009

Venezuela: Una oposición en deposición

Por: Juan Alberto Sánchez Marín

El ex alcalde de Chacao y dirigente de Primero Justicia, Leopoldo López, en sus tiempos de "tirapiedras", antes de que la Contraloría General de la República lo inhabilitara para ejercer cargos públicos por malversador.

La oposición venezolana llora cada que puede con el estilo tortuoso legado por Félix B. Caignet. Cuando no sufre en los púlpitos por “el paraíso perdido” u ofrece a sus adictos, a través de sus medios de segunda y su discurso de tercera, un “mundo feliz” que ni pintado. La nostalgia de un futuro, ni dable, ni deseable. Unas ansias desesperadas de un pasado que nunca fue, pues la Cuarta República nunca acarició nada parecido. Y, por suerte, ya no habrá sexta que ratifique el despropósito. Porque no hay quinta mala. Y porque John Milton y Aldous Huxley suenan a esquizofrenias puestos ahora así sobre la mesa.

Lo incómodo

En un proceso en desarrollo como el venezolano, están a toda hora el ataque y las zancadillas de los que pierden. Para ser más exactos: de quienes dejan de ganar tanto. Los que se hacen ricos y dejan de ser riquísimos a fuerza de que muchísimos miserables coman. O se tomen una aspirina. O, incluso, aprendan a leer la propia prensa tramposa y a entender con sus ojos lo que dicen con pluma emponzoñada quienes abogan por más paz y mejores futuros para el pueblo.

Un desatino que, para el caso, la oposición venezolana, no soporta. Ni la de ningún lado. Y por eso se unen. Y lo hacen de la mejor manera que saben y con lo más fructuoso que tienen: los medios de comunicación masivos. Utilizando lo que país tras país y año tras año comprueban que sirve: las mentiras. Que difundidas, repetidas, intercaladas y acomodadas a medias, hacen menos mezquinos a los poderosos y más infames a los pobres y miserables: Los unos injustamente pierden algo de lo mucho que tienen, los otros merecidamente deben apretarse el cinturón que no tienen para corregir algún indicador o ajustar la cifra que sea.

Que la situación no se puede ver de modo tan elemental y circunscribirlo todo a un problema de clases. Que de fondo hay mucho más y en últimas hay que volver al país feliz, donde los sin pan no protestaban ni bajaban de los cerros, y ni siquiera los ricos estaban inconformes... Desmemoria mayúscula la que se necesita. Bien lo enrostró en su momento el vecino Jorge Zalamea, en plena gloria de Rómulo Betancourt, el cacareado “primer gobierno constitucionalista”, el inconmensurable fundador del lastre “adeco”: “Venezuela humeante de petróleo, husmeante de pan”. Ahora, sigue habiendo petróleo, y mucho, pero no hay hambre. O, por lo menos, existe la preocupación sincera para que no la haya más. En todo caso, la progresiva superación del desbalance pareciera que desagrada. Qué pareciera, si es que no sólo es eso, !enfurece!

En lo de las clases, claro, hay su razón. Es que no puede haber problemas de clase donde apenas hay una sola ralea reconocida y verdadera, frente a un tropel de descastados. Desde esa visión, invisibilidad e imbecilidad van de la mano. Qué lucha de clases podría haber cuando el único país existente y feliz era el del pragmatismo, el consumismo y el mercado. Una lógica fatídica que pervive, quién lo niega, pero de cuya caverna cada vez más venezolanos salen y se percatan de que otro mundo no sólo es posible, sino necesario. Platón lo predijo y Saramago lo narró en forma de “Sambil” o “San Ignacio”, o qué sé yo.

El ex alcalde de Chacao y dirigente de Primero Justicia, Leopoldo López, en sus tiempos de "tirapiedras", antes de que la Contraloría General de la República lo inhabilitara para ejercer cargos públicos por malversador.


La calaña

Venezuela construye su camino brindando plenas garantías a los opositores. Los llamados presos políticos, que tanto invocan los países que sí los tienen y muchos personajes que saben de sobra que no lo son, pues los detenidos tienen cuentas serías con la justicia en materias que no son de poca monta: secuestro, terrorismo, asesinato y golpismo.

Venezuela es tal vez el único país del mundo donde un presidente legal y constitucionalmente elegido, al que le han dado un golpe de estado, regresa al Palacio Presidencial gracias a un nexo afortunado de militares y pueblo, para desalojar de él a un empresario usurpador y bribón, acolitado por una hueste de rufianes, que en menos de 48 horas de gobierno le cambió el nombre al país y le quitó a la república el decoro de ser bolivariana, violó la Constitución como pudo, disolvió la Asamblea Nacional, derogó 48 decretos y firmó uno solo, que no lo olvide la clase media, para restituir los créditos indexados abolidos una vez por Chávez, que permitían que los costos de la vivienda y de las cuotas se incrementaran anualmente según la inflación, y le permitían a los bancos el cobro de intereses sobre los intereses, volviendo a la final la vida imposible para los “beneficiados” con estos créditos. También, destituyó “al Presidente y demás Magistrados del Tribunal Supremo de Justicia, al Fiscal General de la República, al Contralor General de la República, al Defensor del Pueblo y a los Miembros del Consejo Nacional Electoral”. Un florilegio único.

Algunos periodistas que, excepto comunicadores, han sido de todo antes y siguen siéndolo todavía, conspiretas, embajadores chivatos, guerrilleros evangelizados por el capital, mercachifles, amos y patrones, gritan a voz en cuello, día tras día, de la mañana a la noche, por todos los medios disponibles (que son muchos), en ruedas de prensa y por el gangoso parlante de la SIP, que aquí no hay libertad de expresión ni de prensa. Muchos empresarios, que acaparan, especulan, roban y desvalijan el bolsillo del pueblo (corrijo: de los clientes, porque en esos lugares poco pueblo compra, pues a decir verdad hay que tener buena plata para entrar y es más bien una especie de auto robo que se hacen los mismos que votan contra Chávez) miran con recelo los programas gubernamentales de suministro de alimentos con precios justos para la población, como Mercal y Pdval, en un libre juego planteado por ellos y con unos precios que ellos mismos se inventan al antojo.

En todos los casos, un juego con fuego, que aquí ha chamuscado muy pocos culpables, y que en otra parte, en “democracias consolidadas”, como en la Colombia de Álvaro Uribe y Juan Manuel Santos, les habría valido un tiro de gracia extrajudicial, o la horca fulminante en los Estados Unidos de Bush, o una dulce electrocución en los Estados Unidos dicen que más humanos de Obama.

La oposición venezolana es declaradamente fascista. La cruzan pensamientos a lo Posada Carriles, un hosco Pinochet se le sale cada tanto del alma, al menor esfuerzo le palpitan en la sien un Videla o un Massera, muy de seguido un Stroessner le nubla la vista y un Pérez Jiménez las remembranzas, y a toda hora transpira el resentimiento cubano feroz de la “Pequeña Habana” de Miami, cuya labia estentórea y anacrónica se nota en cada frase que arman los adalides locales, todo para ventura del proceso revolucionario venezolano.

Por eso no se entiende que personajes del caletre de Capriles Radonski, Leopoldo López, Manuel Rosales, Antonio Ledezma, y varios más, todavía anden sueltos por la calle y silvestres como pollos de finca. Y que hablen del pueblo, y lo aludan, y hasta aparenten creerse el cuento de que no tienen el espíritu siniestro que los define de la cabeza a las cuatro patas, muy a lo Mussolini. O que se vean a sí mismos por la televisión o la prensa diciendo y haciendo las bellaquerías más grandes, y tengan el desparpajo para acusar a Chávez de deslenguado. Sólo un ejemplo, el menor.


Entuertos des – cifrados

La nave va. El cambio no se tararea, se hace, se percibe. Las cifras darán alguna idea de la evolución, las estadísticas algo acotarán con sus indicadores. Afuera, en lo que ocurre de las mañanas a las tardes y en lo que se mueve entre los cuatro puntos cardinales del país. Transformaciones que tienen que ser de todo tipo: sociales, políticas, económicas, y, en la esencia, culturales. No se trata del cambio que tantos candidatos y partidos pregonan elección tras elección, con el único fin de mantenerlo todo igual. Como el ejemplo del peripatético “cambio” anunciado y criado en el Distrito Metropolitano de Caracas, con el actual alcalde a la cabeza.

El pasado 11 de Noviembre de 2008, un desmemoriado, pero bien amaestrado joven, Yon Goicoechea, hizo público su respaldo al candidato a la Alcaldía Metropolitana de Caracas, Antonio Ledezma, afirmando que “quienes estamos comprometidos con el cambio apoyamos a Ledezma”. Después del triunfo de Ledezma, Goicoechea pasó a dirigir el Instituto Metropolitano de la Juventud. Para él, por lo menos, las cosas cambiaron, pasó de estudiante a ex-tudiante. El lema de campaña del propio candidato era: “¡Ya es hora de cambiar!”. Ahora bien, ¿Ledezma, el cambio? A no ser la vuelta al más atrás (un vaivén del más allá), el cambio en reversa, el avance de cangrejo, pues muy difícil. Ledezma, en la Cuarta República, fue todo lo que cualquier político aspira a ser, y empezó como cualquier político de aquellos tiempos empezaba a hacerse, de arriba para más por encima: diputado, senador, gobernador, alcalde. Hasta se preparó para ser precandidato, pero su sueño “precluyó” pronto.

Ledezma fue y sigue siendo un digno representante de Carlos Andrés Pérez en el país, y al igual que su jefe, cada vez más despistado. Como diputado no se lo recuerda. Como alcalde perdió la reelección y apenas en la Contraloría Municipal no se lo olvida, por avivato. En su papel de gobernador del Distrito Federal es tristemente recordado por varias muertes dolorosas: de la periodista Verónica Tessári, a quien le fracturaron el cráneo con una bomba lacrimógena; de la buhonera Leonarda Reyes, del líder social del 23 de enero Sergio Rodríguez, y de la estudiante Belinda Álvarez, asesinados por la policía de Ledezma. Adeco vergonzante, para disimularlo, como cualquier político de aquellos días, también fundó un partido: la Alianza Bravo Pueblo, que ni es alianza, ni es brava, ni ha tenido nunca en cuenta al pueblo, excepto para los consabidos temas electorales, como referencia obligada para emperifollar discursos y peroratas.

En materia de encuestas, la oposición venezolana ha contratado las habidas y por haber, con encuestadoras de garaje, tramposas sin prurito, surgidas de la nada, o las de los aliados y los amigos de vieja data. Y, excepto para algo bueno, se han contratado para todo: hacer creer que el candidato frustrado va viento en popa, que el triunfo del colero será excesivo, y para desautorizar por adelantado al Consejo Nacional Electoral (CNE), alegar trampas o convalidar “guarimbas”.

En este terreno minado, llaman la atención los resultados de una encuesta del Instituto Venezolano de Análisis de Datos (IVAD) de enero pasado, no encargada por el Gobierno, sino por varios grupos económicos y algunos actores de la oposición. La encuesta , que arrojó datos claros sobre el panorama político del país, le atribuyó un 66,5% de aprobación al presidente Chávez.

Ante la pregunta: ¿Con cuál de los partidos políticos se siente usted más identificado, es decir, es militante, simpatizante o le da su apoyo?, los encuestados respondieron así: 41,6 con el Partido Socialista Unido de Venezuela, PSUV, el partido promovido y orientado por el presidente Chávez, y 32,8% con “ninguno”. Y de ahí a los restantes el trecho es largo. La sumatoria de los diez partidos opositores nacionales, no alcanzó ni la mitad del respaldo logrado por el principal partido político de la revolución bolivariana. Los partidos emblemáticos de la derecha opositora quedaron mal parados, con una representatividad reducida al 5,4% para Un Nuevo Tiempo, 4,6% para Acción Democrática, 4,2% para Primero Justicia. Así, pues, mucho tilín tilín, pero pocas paletas y aun menos representatividad.

Estos dirigentes opositores, enraizados en el pasado y en las armazones corroídas del sistema, que agobian y cansan, son quienes pretenden dar al traste con la esperanza. Flechas caídas en el camino: confunden y desvían. El proceso venezolano andará mucho tiempo y probablemente sin término “desfaciendo” los entuertos que ocasionan y desyerbando los abrojos que siembran al paso. Qué se le va a hacer. Ley de contrarios, correlación de fuerzas, dialéctica del ser y la sustancia, gobierno de la multitud con la minoría y de los más con los menos, se entiende y acepta. Después de eso, ningún negocio. Si la palabra traiciona, si la frase desfalca, ¿adónde el diálogo, cómo la conjunción?


Una profecía desobediente

Una prueba reciente del desconocimiento total que la oposición tiene del proceso que vive Venezuela, tiene que ver con las recientes medidas económicas anunciadas por el presidente Chávez. El problema no es que la oposición haya estado siempre afuera y siga afuera, eso es lógico. Lo complicado es que siga viendo lo que pasa, que no es poco, con los ojos puestos en la misma esquina llena de telarañas de toda la vida. Claro, el resultado es una visión turbia de lo que acontece.

No de otra manera se explica que los expertos analistas económicos de la oposición hayan vaticinado medidas de todo tipo y dimensiones, y no hayan acertado en ninguna. Los programas de radio y de televisión, los titulares de prensa y los editoriales, anunciaban al unísono lo que se venía. Los pronósticos más certeros apenas le pegaron al aumento en el IVA, pero descacharon en el porcentaje. En todas las demás medidas realmente tomadas por el gobierno, ni por asomo. En cambio, sí dieron a conocer con todas sus voces las medidas que había que tomar, los recortes que había que hacer, y los apretones imprescindibles, y dejaron al descubierto, como dijo el propio presidente Chávez, las medidas neoliberales que ellos mismos habrían tomado, con detalle, justificación y consecuencias.

Para estos expertos, que adivinaron tan poco, no hay alternativa. El mundo entero trastabilla. Los Estados Unidos, la primera economía del mundo, añade cada mes cientos de miles de desempleados a su cifra de casi 13 millones, lo que deja el índice de desempleo trepado al 8.1%. La Unión Europea es incapaz de ponerse de acuerdo en algo, una estrategia o cualquier cosa, para hacerle frente a la crisis, y deja abiertas, de par en par, debilidades que nunca se calcularon. Los chinos están lejos de una recesión, pero han dejado de crecer al ritmo que traían y han disminuido las revoluciones por minuto que le daban empuje a buena parte de la economía mundial. El petróleo, base de la economía venezolana, pasó en cuatro meses de casi ciento cincuenta a menos de cincuenta dólares el barril. El presupuesto del país, que ya ha sido reajustado, se hizo sobre la base de sesenta dólares por barril. Costo errado, es cierto, pero más atinado que el de una recua de expertos del capitalismo, que lo figuraban estable en los cien dólares.

En todo caso, así las cosas, Venezuela, “se hunde porque se hunde”, es el veredicto de la oposición. Para evitarlo, la solución mágica no es otra que adoptar por enésima vez el recetario fracasado afuera, vuelto a fracasar en toda parte, que tiene ahora a un país tras otro rodando cuesta abajo por un voladero al que todavía no se le avista fondo.

Pero que, digamos, en el caso de la devaluación de la moneda, que se veía así en las bolas de cristal de todos los expertos economistas comarcales, eso sí, salvaguardaría los capitales fugados, que son todos en dólares; abultaría más las chequeras de los exportadores, en un país de importación, donde los que venden afuera son un minúsculo grupo de pudientes; sería una bendición para las corporaciones transnacionales, o para esa buena gente que son los grandes empresarios y, quién lo duda, los banqueros.

Y el pueblo a vérselas con una inflación sumada de pronto a una que ya es muy alta, y a la que quienes más contribuyen a desbocar son precisamente los pocos que todavía tienen el control de tanto. El pueblo de bruces contra menos productos más caros en los anaqueles. Antes de estas recientes disposiciones, Hugo Chávez era acusado por la oposición de que incurriría en las medidas neoliberales que tanto impugnaba. Como no las adoptó, la misma oposición, que se sintió defraudada, ahora arremete contra el presidente por haber tomado providencias castro comunistas. Porque faltan medidas o porque sobran, porque son tardías, improcedentes e innecesarias.

Las medidas tomadas no indican que la crisis vaya a pasar de largo. En el contexto de la crisis mundial, más allá de estas y de las medidas siguientes y de las subsiguientes, el tema ineludible está en la producción, donde hay un talón de Aquiles que la oposición ni menciona, y que constituye un eslabón roto fundamental para lograr una verdadera soberanía en todos los aspectos. Hacia allí se orientan baterías, pero, ¿son suficientes? Mientras exista una descompensación tan grande en esta balanza, el país tiene una cuenta pendiente con el desarrollo del proceso revolucionario en marcha. Una piedra en el zapato del tamaño de todo el campo, una tuerca del tamaño de toda la industria.

Venezuela, ahora, cuenta con un importante margen de maniobra, que no se inventa de la noche a la mañana. Es y tiene que ser la garantía de un proceso que en términos económicos no puede moverse por reacción, por rumores, por sustos, por especulación, por conveniencias y coyuntura, por escuetas leyes de mercado. Premisas consustanciales a las maneras de hacer oposición en este país.

En unos meses, seguramente, nuevos decretos serán necesarios y pedidos, económicos o de lo que sea, de ajuste o reajuste. Si se toman algunos, ¡qué inoportunos! Si dos o tres, ¡qué pocos! Si tres o cuatro, ¡qué barbaridad, no hacía falta tantos! Si no afectan temas estructurales, ¡superficiales! Pero si lo hacen, ¡cómo nos desarman el país! Es que si el gobierno venezolano toma alguna opción para afrontar la actual crisis, ¡se coarta la libre opción de hundirnos! Y si no lo hace, ¡indolencia excesiva! Venezuela avanza, ¡qué lento! No lo hace, ¡qué gobierno! Si lento, ¡incompetencia! Si rápido, ¡inercia! Así, pues sí. Ah no, pues no. Que importen un bledo o dos, tantísimas ideas depuestas y la artillería mojada de posiciones tan poco serias, que ni antítesis u oposición fraguan.


miércoles, 25 de marzo de 2009

Venezuela: La construcción sin tregua

Por: Juan Alberto Sánchez Marín

Un proceso particular en el que las etapas no estaban señaladas y nadie tiene en las manos el mapa con las equis.

Hugo Chávez asumió la presidencia en 1999. Desde entonces, su gobierno ha afrontado un golpe de estado, un paro petrolero, un referendo revocatorio, una guerra mediática desigual, toda clase de sabotajes, y embestidas internas y externas. Pero la Revolución Bolivariana, diez años después, sigue su marcha inexorable hacia un país más soberano y justo.


Luis Pasteur, en la segunda mitad del siglo XIX, echó por tierra la creencia popular de la generación espontánea. Hasta el microbio menor proviene de otro microorganismo, y este a su vez se origina en otro ser vivo. Es una cadena de generación de vida, que empieza su quehacer lento desde el más impensado resquicio. Así mismo pasa con las cosas de fondo. Es casi de rigor el hecho de que nada acaece porque sí, aunque los niños, con su tesón firme, a veces nos lo hagan creer. No ocurren las cosas que valen la pena, aun las más personales e íntimas, en días, ni siquiera en meses. Las decisiones traquean adentro antes de tomarse. A no ser que alguien se gane la lotería, alguno tenga un traspié garrafal o la teja del alero le caiga al desprevenido transeúnte, el rumbo de la vida de cualquiera no se tuerce de buenas a primeras. En un sentido parecido, si el río suena, es porque piedras trae.

El devenir de las regiones, los países, las comunidades, está marcado por ese ir y venir sin afán que se toma la historia. Cuando el muro de Berlín se cayó a martillazos, hacía mucho tiempo que las barreras estaban fracturadas y los cimientos pegados con goma. El mismo Obama acaba de decirlo, refiriéndose a la crisis inmobiliaria, financiera y general que ahora hace su agosto: “El hecho es que nuestra economía no comenzó a deteriorarse de la noche a la mañana. Tampoco se iniciaron todos nuestros problemas cuando el mercado de vivienda colapsó o la bolsa de valores se desplomó.” Y es cierto: El descalabro no sólo se presumía, sino que se sabían al dedillo los malabares especulativos de todo el sistema financiero internacional, desde hacía décadas. La cuestión apenas era: ¿Cuándo será ese cuando…? Otra cosa distinta es que a veces no veamos lo que pasa o no lo queramos ver. O que necesitemos no verlo. Como en el precepto religioso de tener que creer a ciegas ciertos embutidos, apenas cuestionados alguna vez por el denigrado Tomás.

Y eso que es claro que las cosas se caen o terminan más rápido de lo que se levantan. Se desmontan en un solo aguacero de pocas horas los nimbos que tardan días en hacerse cirrus. La independencia de América Latina, con excepción de Puerto Rico y Cuba (que para la segunda independencia pondría patas arriba la secuencia) con juntas, campañas militares y todo, tomó menos de dos décadas. La conquista había durado tres siglos (y en muchas partes y aspectos todavía se mantiene). Hasta las fases duras del desamor son breves junto a las largas y regocijantes de la pasión.

Las cosas se desploman o construyen a través de procesos. Algo que pasa en un rato será un accidente, a lo sumo un suceso. Es en este campo donde pastan los medios de comunicación y sus noticiarios. Famélicas vacas mediáticas, que pocas veces se pasan la alambrada de este estrecho, pero cómodo, campo. Eso lo sabe cualquier ganadero.

Más allá está lo complejo. Donde las cosas, más que tomarse tiempo, tienen tempo, un ritmo inevitable para hacerse ciertas. Cualquier proceso de transformación supone fases, identificables y diferenciables. A veces, cuando permitimos que los árboles no nos dejen ver el bosque, incluso, pareciera que se devuelven.

Sólo los procesos garantizan una verdadera transformación. El resto son virajes, cambios de tercio, naves a la deriva, vueltas de la tortilla, en todo caso, lecturas fortuitas y falsas de la realidad. O, por lo menos, desatinos, chapaleos, caprichos. Los sinónimos no se agotan, para nombrar lo que atinadamente definió el poeta colombiano León de Greiff, desde 1936: “Variaciones alrededor de nada”.

Un proceso, desde luego, está lleno de repetidas variaciones, específicas o generales, perceptibles a primera vista o infinitesimales, fraguadas o aleatorias, nacidas y criadas en las comunidades más alejadas, o como logros de acciones diseñadas en los centros estratégicos gubernamentales. Del centro a la periferia, o viceversa. De arriba abajo, o viceversa.

Venezuela avanza en transformaciones valiosas, que señalan un nuevo rumbo. En la foto, el Hospital Cardiológico Infantil Latinoamericano, el mayor de su tipo en el continente.


El proceso

En la República Bolivariana de Venezuela, esto es lo que se adelanta en el presente, en un desarrollo lento, pero seguro, cuya proyección social y en el tiempo fue ratificada hace poco, como para que no quepan dudas. De abajo para arriba, como siempre es mejor que sea.

Stéphane Mallarmé, el escritor francés, simbolista y maldito, no estaba tan despistado cuando afirmó que “las grandes innovaciones casi nunca son revolucionarias”. Es una forma de decirlo, claro está, que no desdice nada de la palabra revolución, sino que más bien nos obliga a entenderla mejor, como referencia a un hecho o una serie de hechos que no ocurren de sopetón, sino que obedecen a un largo y complejo encadenamiento de causas y efectos, al decir de Borges, más que de contingencias. Complicándolo: Más azahares que azares.

Todo proceso implica gazapos, metidas de pata, y hasta tropezar dos veces con la misma piedra. Ha pasado, pasa y pasará. Aquí y acullá. Claro que esto afecta cualquier desarrollo. Y no puede aceptarse ni convalidarse. Ahí es donde vemos que la plata fue más para hacer menos. Que las reuniones sobraron y los hechos faltaron. Que el último en la fila tenía razón y que debimos empezar de atrás para adelante, para que así no le alcanzara tanto a los primeros. Que el presidente del comité de aplausos se las ingeniaba para cobrar por cada palmetazo, o que el destituido por crítico y fastidioso era el mejor y leal. O que esas entelequias, manidas y fáciles y hermanas, llamadas burocracia, desidia y corrupción, tienen siempre nombres propios, sean cien o mil, todos y cada uno tienen registro de nacimiento y están a la mano. Alguien los sabe. Muchos los saben. ¿Quién abre la boca y tira la primera piedra? He ahí la cuestión…

Estos y otros descalabros, desde luego, entorpecen, no digamos el sueño, al menos al inicio, que está impoluto y puesto bien arriba, sino esos días con colas vanas, rabias atoradas y aguaceros tropicales, que unos tras otros son la vida de casi todos. Y no pueden ser los males necesarios. Ni el mal que por bien no viene. Ese sí sería el consuelo de tontos. Al contrario, para domeñar tan nefasto mal ya se han dado pasos largos: se sabe de los problemas y se aceptan, y se han identificado algunos de los existentes. Se les reconoce. Se les combate. Desde el único lado que tiene que hacerse: desde dentro.

Este y no otro, pues, con agobios, aprietos u oscilaciones, pero también con voluntad y esperanzas, es el proceso que da la cara en Venezuela. Una experiencia vital que sirve de referente para una buena parte del resto de países de América Latina, que de no ser así seguramente no estarían tratando de ser como ellos mismos quieren ser, sino quizás volviéndose como Colombia, el país al que no hacen rojo rojito las banderas de un partido, sino la sangre de los miles de opositores, o simplemente inconformes, que son asesinados, para bien del para–país en ciernes.

"Un paso más hacia la independencia", según Chávez, y un innegable avance tecnológico, cuya significación ha sido menospreciada e ignorada por los medios opositores venezolanos.


El avance, la búsqueda

El proceso venezolano actual, que las palabras dejan pasar rápido, significa cambios esenciales, de estructura. Ahora no hay en Venezuela ningún tipo de comunismo, que tanto aterra a tantos tan tontos, por lo general, en un aspaviento premeditado y engañoso. Tampoco hay socialismo o algo acabado que se le parezca. Rastros hay en la arena y pasos van añadiéndose. Se arman las bases de un sistema social nuevo, adecuado al propio país y a los tiempos actuales: Socialismo del siglo XXI. Una causa en construcción, un sentido en pesquisa, unos propósitos a cuyo lomo apunta la flecha.

Empresas esenciales para la economía del país han pasado a manos del estado, o, por lo menos, han quedado bajo su control accionario. Algo más que significativo en ese largo camino de cortarle el paso al capital privado y a las trasnacionales, en aspectos estratégicos para la economía del país. Petróleo, siderurgia, cemento, telefonía, energía, entre otros recursos y servicios han sido nacionalizados mediante la adquisición consensuada de las empresas. Una decencia costosa para un gobierno ceñido a las reglas de juego constitucionales, que, sin embargo, es acusado de irrespetar la propiedad privada, algo tan elogiado y sacro, que tiene rabo de paja en el modo insano con el que se hizo de ambas cosas: propiedad y privada.

Ha comprado Venezuela, dólar sobre dólar, lo que le había sido robado, o arrebatado en trapisondas, o vendido a huevo con la aquiescencia de la corruptela criolla. Pero la voracidad capitalista queda insatisfecha. Se varían, digamos, las proporciones injustas para el país y los términos desfachatados de las concesiones de las empresas básicas petroleras en la Faja del Orinoco, y las transnacionales Exxon-Mobil y Conoco-Phillips ponen el grito en el cielo y sus yupis se rasgan las vestiduras. Y las cosas están tan patas arriba que los aullidos apenas menguan cuando una corte británica, en un juego de espanto que metía en un congelador “preventivo” una fuerte suma de activos de la estatal petrolera, falla a favor del estado venezolano.

"Something is rotten in the state of Denmark", dice Marcelo en el Acto 1 del Hamlet. Y no sólo hay algo podrido en Dinamarca, sino en medio mundo, para no exagerar. Si no, cómo se explica que el ladrón exija indemnización al atracado, el usurero clame justicia a los cielos, el asesino acuse a la víctima de insubordinación indebida, o que los Estados Unidos de América crean que la República Bolivariana de Venezuela les va a creer el cuento chino de que no hay trampa en su ayuda contra las drogas, contra el terrorismo, por la democracia en Colombia, por la seguridad en el Caribe, por el desarrollo de la región.

Venezuela avanza en transformaciones valiosas, que señalan un nuevo rumbo, unidas a los avances considerables en sectores como la educación y la salud. Pero más allá de los logros importantes en estas y otras materias, que benefician de modo directo a las poblaciones usualmente menos atendidas, hay que destacar los conseguidos en el desarrollo y el fortalecimiento de nuevas dinámicas de participación, organización y construcción social. Son consecuciones que marcan un progreso evidente de las comunidades, para elegir, determinar y proyectar su destino, y que está en los prolegómenos para afianzarse como pueblo. Tres íes esenciales: interrelación, interacción e interdependencia, a las que se añaden de la mano las tres erres machacadas por el presidente Chávez: revisión, rectificación y reimpulso.

El control de la industria petrolera y otras nacionalizaciones: Avances significativos en el largo camino de cortarle el paso al capital privado y a las trasnacionales, en aspectos estratégicos para la economía del país.


Del “Caracazo” hasta acá

Mucho media entre el pueblo de hoy y aquel atribulado y frenético del “Caracazo”, hace 20 años, en 1989, que bajó de los cerros y llenó la ciudad de negros y mulatos, con tenis rotos y camisetas sin marca, y que además no sabían inglés. Que saqueó mercados para paliar el hambre, enfrentó guardias y policías en las esquinas, y quedó desperdigado en calles y plazas víctima de la represión desesperada de una oligarquía que no había oído nunca los campanazos. Porque aquel desbarajuste tampoco fue de sopetón. El paquete económico de Carlos Andrés Pérez sólo fue la copa que derramó un vaso grande y lleno. El pueblo ignaro sabía y sentía en carne propia lo que pasaba. Pero quienes tenían la sartén por el mango no oyeron o no quisieron oír, ni más ni menos, que se les estaba acabando el siglo, el XX, que pasaba la alambrada retorciéndose y crujiendo los goznes. Como dijo infaliblemente alguna vez, también el presidente Chávez, “en el “Caracazo” terminó el siglo XX en Venezuela, y empezó el XXI”. Sin embargo, hay quienes aún ahora no se percatan de que la Cuarta República ya acabó. Quizás porque en el inconmensurable mundo de Globovisión, los centros comerciales y los cocteles eso sea cierto.

El pueblo de esos días aciagos tenía, vamos a ver, lo que tenía que tener: brío y fuerza, que son poder, y así lo evidenció. Durante estos años ha ganado conciencia política. Aprehende, se forma, comunica y construye conocimiento. Organiza y se organiza, y participa desde los que son los asientos del andamiaje: comunidades y barrios. Fases inherentes y constitutivas del desarrollo social del país.

El gobierno del presidente Hugo Chávez ha celebrado ya los 10 años. No obstante, no puede afirmarse que el proceso de cambios alcance ese tiempo. En un análisis juicioso, los cambios apenas si comprenden los últimos 5 años, en los cuales se han llevado a cabo las nacionalizaciones, se han emprendido las misiones, procesos productivos e industriales nuevos, y en el cuarto oscuro que era la Venezuela de antes se ha visto con más claridad la luz hacia la cual el país se mueve. Porque en este proceso particular las etapas no estaban señaladas. Nadie tenía en las manos el mapa con las equis. Una buena parte de los primeros años de gobierno se quemaron en la defensa de los ataques despiadados desde todos los ángulos de la estructura vigente, el saboteo económico, el acorralamiento político y hasta una exclusión generalizada. Unos años, también, en los que, entre golpes bajos y ataques, se hizo flexible y saludable un proceso en el que muchas de las cosas que se hacen todavía no se ven, porque su naturaleza así lo determina, porque falla la estrategia de divulgación, porque a veces no basta con mostrar, sino que hay que demostrar, como parecería que tiene que hacerse con aquello que se logra con sudor y lágrimas a cada momento, y es desvirtuado o no reconocido.

domingo, 8 de marzo de 2009

Juan Manuel Santos: La amenaza de un interés presidencial

EL MINISTRO DE DEFENSA COLOMBIANO A LA OFENSIVA

Por: Juan Alberto Sánchez Marín (YVKE)



Uribe entre dos Santos: "Pachito", el vicepresidente, y Juan Manuel, el ministro de Defensa.


La presidencia es el fin reconocido de Juan Manuel Santos, pero su jefe, Álvaro Uribe, no termina de sincerar sus propósitos de reelección. En un momento decisivo para Santos, donde puede catapultarse o quedar tendido en el asfalto de la política, el ministro luce exasperado, buscando figuración a toda costa. Brinca la cuerda tensa de la seguridad nacional, agrede a los países vecinos y quisiera remojar en ácido sulfúrico a sus contendientes. Con poco tiempo para renunciar al ministerio sin inhabilitarse y ávido de espectáculos mediáticos que lo reencauchen, Santos es un peligro andante para el país y la región.



Estos han sido días ordinarios en Colombia: economía sin control, marchas sin orden, lluvias sin freno, y un ministro de defensa también sin disciplina. Unos días comunes y corrientes, en los que todo es un típico desbarajuste, por Uribe y para Uribe.

Juan Manuel Santos, el ministro de Defensa, se ha caracterizado por ser bastante lenguaraz e incendiario. También, porque no da puntada sin dedal. Su ambición última y declarada es la presidencia de la república. Desde esa perspectiva, todo lo que asume, todo lo que hace y todo lo que dice, es sólo un trampolín o una mera triquiñuela para lograrlo.

Eso es algo muy bueno: como reconoce lo que en últimas pretende, deja al aire sus farsillas de cada día, sus repetidas celadas políticas, las superlativas deslealtades que le caracterizan y que viste como una evolución de su pensamiento, y, ni más faltaba, los “falsos positivos”, que así se entienden como una estructura mental y una forma de concebir la eficiencia, y no como trata de hacerlos ver la institución castrense: un interminable rosario de accidentes fortuitos y aislados.

Carrera sin relevos

La representación de Colombia ante la Organización Internacional del Café, la OIC, le sirvió a Juan Manuel Santos para ser el primer ministro de Comercio Exterior. Este ministerio lo usó para ser el último Designado del país, una figura que desapareció con la Constitución de 1991 y se transformó en la actual Vicepresidencia, una instancia guabinosa que ahora ocupa su primo, Francisco Santos Calderón. Su familia le sirvió para ser periodista, y el periodismo para hacerse político. De “El Tiempo” se ha valido para escribir una hoja de vida intachable, donde las metidas de pata son tácticas y los descalabros, aciertos.

A los buenos oficios de la gestión de Santos se debe el ingreso de Colombia a la Organización Mundial del Comercio, la OMC, algo que alguna vez fue bueno para los países ricos, siempre muy malo para los países pobres, y a la final malísimo para todos, como instrumento de globalización, privatización y desregulación de la economía. Esperará Santos la mejor ocasión para salir a despotricar de esta Organización, sin que le tiemble un solo músculo de la cara, de la misma forma que lo hizo en 2002 al criticar el libre comercio en la OIC, donde él se hizo y deshizo, al darse cuenta, muchos años después, cuando cientos de miles de cafeteros y sus familias estaban parados frente al pelotón de fusilamiento, que los países consumidores ricos se aprovechaban de los países productores pobres.

Santos ha sido un prestante burócrata internacional en muchas otras instituciones, que a duras penas han conservado su prestigio después del paso del colombiano por ellas, como la UNCTAD y la CEPAL, y de algunas que le han venido como anillo al dedo, como la CAF. Ha fundado y dirigido partidos políticos, en un país en el que estos nacen, se juntan y mueren a granel y a conveniencia.

Como Ministro de Hacienda de Andrés Pastrana, Juan Manuel Santos estuvo al frente de la venta de la participación del Estado en el contrato de Asociación CARBOCOL-INTERCOR, de explotación de las minas de carbón en el Cerrejón Zona Norte, en la Guajira colombiana. En esta negociación se transgredieron disposiciones legales y constitucionales en detrimento del interés público, en beneficio de particulares. Santos fue vinculado a una investigación adelantada por la Contraloría General, por “responsabilidad fiscal por daño patrimonial en contra del Estado”, dado que cuando se puso a la venta no se posibilitó la participación masiva de ofertantes. Por esta gracia el Estado perdió aproximadamente US$ 200 millones, por vender a un 13.5% menos de lo que en realidad costaba.

Pero esta visión del Juan Manuel enredado y enredador, conspiretas cuando el gobierno del presidente Ernesto Samper, que le ha prendido velas a Dios y al diablo según los vientos, es casi virtual. En un país desmemoriado y crédulo de los pitos y dulzainas de los medios, pareciera que el Santos cierto es el de las truculencia baratas de la Operación Jaque, un logro indiscutible toda vez que significó la liberación de un importante grupo de colombianos, pero que no tiene nada de la espectacularidad mentirosa con la que fue mostrado al país y al mundo. Un simple soborno de guerrilleros, que dejó a Santos en olor de santidad.

Cara o sello


Santos y Uribe, ¿un vínculo sobre ruedas?

No dista mucho el Juan Manuel de frac y chapines del Uribe de ruana y alpargatas. No tanto como ellos mismos creen y mucho menos de lo que sus secuaces aceptan. Ni Londres ni Kansas, ni Harvard, quitan la valentía. Junto al claro sentido de pertenencia al mundo de aristogatos capitalino o de la alpargatocracia paisa, hay una identidad volátil, de manada, que sale a flote en el carácter de pendencias calculadas de ambos. Y lo que puede ser una rara dignidad en sus compatriotas, o, cuando menos, un accidente llevadero, en Álvaro y Juan Manuel, por igual, se vuelve un dolor de cabeza por la razón más sencilla del mundo: la de que el uno es presidente y el otro quiere serlo. La no salida a la sin salida.

Con sus fanfarronadas sin control, Juan Manuel pone en juego la seguridad nacional. De buenas a primeras, desafía los acuerdos del país en materia de fronteras, la aceptación de la violación injustificada e injustificable del territorio de un país vecino y el compromiso de Colombia de no volver a hacerlo. Una bofetada a la resolución del Grupo de Río adoptada hace justamente un año, a la OEA, y al propio presidente. En últimas, un pulso más de Uribe y Santos, dos zorros disfrazados de corderos, donde hay que pagar balcón para ver quién engulle a quién. Aunque la sangre de estos tarascazos, que no son los primeros, se lavó en casa y de afán, las heridas van dejando cicatrices en las pieles curtidas de ambos.

Santos dijo que "golpear a terroristas que sistemáticamente están atentado contra la población de un país, así éstos no se encuentren dentro de su territorio, es un acto de legítima defensa y una doctrina cada vez más aceptada por la comunidad y el derecho internacional". Uribe descalificó a Santos por esta andanada y de una vez se descalificó a sí mismo, pues unos cuantos días atrás, el 20 de febrero, el mismo presidente había jurado que no habría terrenos vedados para los jefes de las FARC. En uno de sus consejos comunitarios los acusó de posar como poetas e intelectuales, sentenciando que “allá donde se encuentren, discretamente, pero eficazmente, en algún momento les llegaremos". Y es de creerle: es su digno estilo. Pero, entonces, ¿quién los entiende?

El salto con garrocha


El júbilo por "Jaque", la operación que también resultó ser un montaje. Juan Manuel Santos y el comandante de las Fuerzas Militares, Freddy Padilla.

El despropósito de Santos, según lo previsto, despertó la inmediata reacción de Ecuador y Venezuela. Como figura arrullada desde la cuna por las rotativas y como buen fruto maduro mediático, Juan Manuel convocó el Consejo Superior de Seguridad y Defensa del modo que más le encaja: públicamente, saltándose todas las talanqueras por la verja.

Juan Manuel también propuso en Washington cerrar el Departamento Administrativo de Seguridad (DAS), el organismo colombiano de inteligencia, que depende de la presidencia, cuando los medios dijeron lo que él y medio mundo hace años que sabían: que espiaba a políticos, periodistas, magistrados, jueces, al igual que a los funcionarios contratantes. Una propuesta que sonaría bien, teniendo en cuenta lo desgraciada de la institución, un nido de paramilitares y narcotraficantes, si no fuera por la sarta de improcedencias obvias que tiene: La hace quien no debe ni tiene por qué, en donde no es ni debería ser, y, quién lo duda, otra vez, en una conferencia de prensa.

Santos tiene plazo hasta mayo para dejar el Ministerio de Defensa, si no quiere inhabilitarse como candidato presidencial para 2010. De ahí que el ministro haya iniciado ahora una frenética búsqueda de protagonismo en la escena nacional. Y él sabe de sobra que uno de los ruedos más floridos para sus intenciones es el internacional. Echándole leña al fuego del conflicto diplomático con Ecuador, Santos también espera echarle más tierra al inoportuno escándalo de los falsos positivos, algo tan oprobioso que ni el forzado derrumbe de las pirámides y de DMG logró tapar.

El gringo ahí


Juan Manuel Santos y el almirante Michael Mullen, jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos, promotor de la "colombianización" de México.

Y mientras el mundo se caía encima y Uribe trataba de agarrar el desbocado toro por los cuernos, el altivo ministro atendía servil a un almirante, Michael Mullen, jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos. Porque el espanto sabe a quien le sale. Y ahí mismo dijo lo que tenía que decir: “Luego de una revisión al tema de los Derechos Humanos, se llegó a la conclusión de que el problema de las ejecuciones extrajudiciales quedó resuelto”. No es un chiste. Juan Manuel lo dijo textualmente, al término de la reunión con el almirante gringo, en la que “negociaba” la ampliación del acceso de los Estados Unidos a las bases colombianas.

Varios interrogantes en relación con las palabras de Santos y varias certezas en cuanto a su reunión con el almirante. En lo primero: ¿Revisión al tema de los Derechos Humanos? ¿Como por qué o para qué? ¿Revisados por quiénes? ¿El ministro y sus militares? Según la forma de decirlo, ¿se llegó a una conclusión final o más bien se está partiendo de un dictamen a priori? ¿O es una plegaria de esas que funcionan de tanto repetirlas? ¿Problema resuelto? Otra vez, ¿para quién o quiénes? ¿Por qué suena la frase como si fuera el párrafo final de alguna de las resoluciones inútiles que el ministro prepara? Como para: “¡Publíquese y créase!”, en “El Tiempo”, claro, el gran reparador de entuertos de Santos, que tiene la vistosa virtud de “trocar lo sucio en oro”.

En lo segundo, en todo caso, Juan Manuel Santos lo que viene negociando no son bases, que ya están entregadas, sobre todo, cuando los del norte tienen que poner antes de siete meses los pies en polvorosa de la base militar de Manta, en Ecuador, ahora campechanamente llamada “puesto de operaciones avanzadas” (FOL, en inglés). Tampoco negocia extradiciones, que ya están listas.

Lo que Juan Manuel Santos anda buscando donde no se le ha perdido es la venia Obama para su candidatura en ciernes. A eso fue en su último periplo al imperio, en el que Uribe lo encartó con Jorge Bermúdez, una especie de hábil ordenanza que funge como Canciller. Bush bendijo a Uribe en su rancho de Texas, Santos busca urgido que lo unjan y le santigüen su soñado virreinato. Al fin y al cabo, él se cuidó de juntarse más de lo debido con Bush, apenas si una foto. Nunca fue un muchacho bendito en la Aeronáutica Civil de Pablo Escobar, su nombre no figura en ningún listado de narcotraficantes de la CIA, y lo malo que pueda endilgársele, o son órdenes de arriba, o son insubordinaciones y desobediencias de abajo.


La foto con George W. Bush: ¿Una orden del corazón o del jefe?

Meta a la vista

Santos es un peligro andante, que ve molinos por todos lados. En verso: Un negativo cierto, que no ha quedado resuelto. En prosa: Un riesgo de candidato presidencial, al que le importan los fines mas no los medios para lograrlos. Un Juan Manuel hasta ahora ilusionado con las mentirillas que el jefe le metió a la Merkel en Alemania, donde aseguró sin que nadie le preguntara, ni le entendiera, ni le importara, que no buscaría una segunda reelección. Un Santos acorralado entre un ministerio que ya le quedó pequeño y una candidatura presidencial que a estas alturas todavía le queda grande, pues al igual que al resto de uribistas, mientras Uribe siga siendo presidente y siga siendo candidato presidente, ellos no serán ni lo uno ni lo otro.

El partido de la U, un engendro de Juan Manuel Santos otrora con futuro, al que le llegó el porvenir y fue partido y repartido de mala manera, salió de atarantado a convalidar la aventurada perorata de su ex jefe. Tal vez para compensar a su patricio por haberle cortado el paso hace poco, negando la opción de que el presidente de la colectividad fuera a la vez candidato a la presidencia del país, una aspiración evidente de Juan Manuel, para matar dos cargos con un solo ministerio.

El pobre partido de la U, en el que ocho de los 23 fundadores están metidos hasta el tuétano en el proceso que lleva la Corte Suprema por su presunta relación con el paramilitarismo. Sus militantes sostuvieron una vez que era la “u” de la unidad, cuando todo el mundo sabía que era una “U” con mayúscula, lambona y oportunista, que se colgaba de un Uribe muy popular. Efímero partido que ahora quema sus últimos cartuchos defendiendo a sus jefes idos: a Carlos García Orjuela, de la Fiscalía, detenido desde el año pasado acusado de vínculos con las buenas almas que sabemos; a Luis Guillermo Giraldo, por cerril, que se enredó solo en las cuentas de su idea peregrina del referendo reeleccionista, y ahora a Juan Manuel de sí mismo, por mezquino y porque la ambición no deja de romperle el saco.

Santos de votos


Santos en campaña, ¿militar y electoral?

Ecuador y Venezuela deberán prender velas para que este Santos se entretenga en los asuntos de su competencia, que son muchos, como ministro mandando tropas a Afganistán o la península del Sinaí, como candidato en su pelea de gallos con Germán Vargas Lleras, como ministro candidato prometiendo plata para carreteras y metiéndole el palo a la rueda de tantos, como jefe de partido deshaciéndose de sus principales colegas y seguidores, como fundador de fundaciones para el buen gobierno (un embeleco del que ya los Clinton ni se acuerdan), como dueño de medios tejiendo y destejiendo la red y haciendo alardes de perito en desinformación y despistes, o como asesor en presentaciones de Power Point.

Y los colombianos prendiéndolas y rogando que se solace en sus operaciones “Fénix”, “Jaque” o “Libertad” (¿duradera?), asuma con dignidad la responsabilidad política de sus actos, haga a un lado las cajas de dinamita y apague los fósforos, y que, por Dios santo, no siga reduciendo la cantidad de pobres en el país a fuerza de aumentarlos en las fosas comunes. Causas inútiles, ya lo sabemos.

Con el Grupo Planeta de España adentro del periódico El Tiempo (el 55%), el mundo de antes ya no es el mismo. Aunque hay un subalterno en la dirección, también le rendirá a otros jefes, quienes además aseguran que fundamentan su filosofía en principios como la ética. Y tampoco está el hermano, Enrique, que se fue de “Contraescape”, mejor dicho, de codirector a columnista. Un enredo para Juan Manuel, que en este campo le quedaría el refugio de una columna, si los socios pasan por alto lo de la moral, la ética y demás guarniciones.

A Juan Manuel, entonces, apenas le queda abierta la puerta de la política. Y aunque aquí no hay españoles ni asuntos de ética a la vista, sí queda muy poco del otro tiempo, el que no se mide en ediciones ni tirajes, sino en días y semanas. En Colombia, las carreras políticas están llenas de precipicios y los contendientes salen de los matojos de las encuestas. Juan Manuel lo sabe bien. Le quedará difícil repetir de ministro. Bastan tres ministerios seguidos a cuestas.

Juan Manuel no puede correr el riesgo de estar más años a la vera del camino, porque lo más probable es que se quede viendo un chispero. Es ahora o nunca. He ahí, no la cuestión, sino el riesgo. Porque cómo será Juan Manuel de peligroso, que los Estados Unidos lo ven con buenos ojos; los militares colombianos no quieren de ministro a otro que no sea él; la extrema derecha lo honra, y Pedro Carmona Estanga, el empresario bribón y golpista venezolano, que conspira contra el gobierno del presidente Chávez desde su asilo en Colombia, lo considera su amigo.

El lobo feroz ya se ha comido una buena parte de la abuelita y tiene ante sí el último chance de comerse la Caperucita presidencial. Ojos despiertos y oídos atentos. Que Santos no se resignará de nuevo a ser el motivo de un viejo chiste de salón, según el cual, en las encuestas, él siempre pierde frente al margen de error.


¿Y al ministro quién lo ronda?


Artículo reproducido por: 
Rebelión, Telesur, Patria Grande - El periódico del ALBA, Kaosenlared.

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